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Estudiante de la Escuela Integral ‘La Coromoto’ / Asopica

El pro bono en Venezuela en tiempos de crisis, el caso de ARAQUEREYNA

Manuel Reyna, socio fundador de la firma, habla sobre los retos de sostener los programas de un despacho durante la etapa más difícil en el país
por Ana Karen de la Torre
publicado el15/10/2019

Cada vez son más los programas de responsabilidad social que patrocinan las firmas venezolanas. En opinión de Manuel Reyna, socio fundador de ARAQUEREYNA —estudio jurídico reconocido como ‘pro bono del año’ por la fundación Provene— las firmas nacionales están institucionalmente vinculadas con el dolor de la gente y sus necesidades, algo que en gran medida ha sido sembrado por las universidades desde sus clínicas jurídicas. “Hay gente a la que le ha salido la buena vena con todo este tema y yo siento que la juventud es mucho más proclive a ayudar que las generaciones nuestras”, mencionó el abogado.

—¿La etapa más difícil de la crisis ya pasó? 

—Está pasando, ¿quién va a emprender en estas condiciones? La posibilidad de que vengan clientes nuevos es difícil; tenemos clientes que se han ido y hemos liquidado compañías. Pero el despacho se mantiene y decidimos no poner a nadie en la calle porque sabemos que si despedimos a alguien así se queda.

Manuel Reyna es una institución para hablar sobre el tema: hace 16 años inició un proyecto para enseñar a leer y escribir a la infancia indígena Yaruro y Pumé del Caño La Pica, en el estado Apure. Este proyecto fue acogido desde el día uno por la firma. “Nuestra escuela está en el medio del monte, en una zona árida con unos ríos muy lindos”, mencionó el abogado. Dijo que la marginación es tal que para llegar ahí se deben recorrer 560 kilómetros desde Caracas, con un solo punto de abastecimiento de gasolina, “yo encuentro la forma de ir, pero para los de allá significa aislamiento”. 

El programa creció a la par del progreso de sus estudiantes y en unos años se creó la asociación Asopica, nombre que hace referencia a La Pica, el río de la zona, un elemento clave para contar el inicio de todo: eran habituales los paseos de Manuel Reyna y su familia para pescar en esa zona. En un viaje se le ocurrió que podía ser complicado vivir ahí por el clima árido y las distancias entre casa y casa que podían ser hasta de 10 kilómetros; sin movilidad ni vehículos. 

Con Asopica se creó la escuela integral ‘La Coromoto’, ubicada entre los ríos Capanaparo y Cinaruco. Comenzó con primero, segundo y tercer grado de primaria pero al suscribir convenios con las escuelas Granja Padre Gumilla, de Fe y Alegría; Hato La Guanota y Casa Hogar San Fernando, de una congregación franciscana, se extendió hasta el sexto grado para que los niños pudieran continuar su formación. “Tienen la opción de seguir en una escuela técnica, nosotros apoyamos a los muchachos aunque hay una deserción importante”, afirmó el abogado.

"Al principio eran tres días de clase y cuatro para sus casas, hoy en día tenemos un modelo de dos semanas en el colegio y una semana para su casa. Recoger a un niño nos puede tomar hasta dos días”. 

Hay dos retos en este momento, refirió: “en cuanto al transporte, los repuestos de vehículos son caros y sufren mucho porque pasan ríos y arena. Y la comida porque nosotros alimentamos a los niños que se estaban muriendo de hambre con menús razonablemente balanceados”. Entre risas el abogado añadió “algún día me retiro de mi despacho para dedicarme a esto”. 

En números, Asopica ha alfabetizado a 500 infantes indígenas Yaruro y Pumé, más de la mitad concluyeron el bachillerato. En cuanto a los estudios universitarios, los seis apoyos actuales están siendo aprovechados por mujeres. La intención es crear otro colegio. “Nosotros nos hemos mantenido en la actitud de trascender con la esperanza de que esto cambie, no sé si nos vamos a morir con esa esperanza pero la tenemos”.

Responsabilidad social en ARAQUEREYNA 

Manuel Reyna está convencido de que la responsabilidad social viene desde el interior de la firma: “Es hacer bien nuestro trabajo y funcionar bien internamente, no solo como una estrategia de negocios, sino porque debemos entender cuál es nuestra función en la sociedad. Desde pagarle bien a la gente en la medida de nuestras posibilidades y servir de plataforma a todos nuestros profesionales para que se proyecten, sin perder de vista que Venezuela está pasando por una crisis muy seria”.

Detalla que para ARAQUEREYNA es importante que los socios se sientan en casa, como una familia, y que se identifiquen con los valores de ella: “Nosotros fundamos este despacho cuando teníamos menos de 30 años, pero con una orientación clara de estar entre los despachos más grandes e importantes del país. Lo fundamos -por supuesto- con la idea de ganar dinero, de sostenernos y ejercer nuestra profesión sin que eso fuera el fin último del despacho, yo te puedo decir que, sin que nosotros seamos una institución de caridad, el dinero no es la prioridad aquí, los valores pesan”. 

El tiempo que nuestros abogados invierten en atender casos pro bono o proyectos como el de la Escuela Integral ‘La Coromoto’, se cuenta como trabajo facturable para su bonificación. El propósito es que este trabajo no se deje de lado.

Aquí está sufriendo todo el mundo, no es ninguna perita en dulce, esto está complicado. Yo creo que por eso hay un convencimiento general en Venezuela de ‘tenemos que hacer algo’, ¿sabes?”, concluyó Reyna.

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