REPORTAJES


¿Por qué los presidenciables estadounidenses se oponen al TPP?

El pasado viernes 12 de agosto, la Casa Blanca envió una  notificación al Congreso de los Estados Unidos, por medio de la cual anunció que próximamente se les estará enviando un proyecto de ley para la ratificación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

El presidente Barack Obama quiere llevar adelante el TPP, y dejarlo como parte de su legado antes de que venza su periodo presidencial en noviembre. Los dos principales candidatos a la presidencia han manifestado su rechazo a dicho tratado.

La administración Obama presiona al Congreso para que se lleve a cabo la votación sobre la aprobación  del acuerdo antes de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre de 2016, pero incluso si los congresistas (los Republicanos son mayoría en las dos Cámaras) respaldan el acuerdo, el próximo presidente tendría medios para articular el retiro del pacto Transpacífico.

El argumento de Obama para aprobar el tratado es simple: sin él, China avanzará globalmente dejando rezagado a los Estados Unidos. “Con el TPP podemos reescribir las reglas del comercio en beneficio de la clase media de Estados Unidos. Porque si no lo hacemos, los competidores que no comparten nuestros valores, al igual que China, van a intervenir para llenar ese vacío”, ha declarado.

Para Maritza Reátegui Valdiviezo, socia de Muñiz, Ramírez, Pérez-Taiman & Olaya, Abogados, en el Perú, el acuerdo que busca concretar Obama con la aprobación del Congreso sería un buen antecedente, un acuerdo histórico de su gobierno con el que se intentaría “contraatacar a China“ comercialmente.

La posición de los candidatos

Hillary Clinton, exSecretaria de Estado de Obama y candidata Demócrata; Donald Trump, candidato Republicano; y Jill Stein, del Partido Verde, se oponen al acuerdo, argumentando que perjudicará a los trabajadores estadounidenses porque generaría pérdida de empleos. Mientras que Gary Johnson, del partido Libertario, es el único candidato que mostró su beneplácito por el TPP porque considera que ayudaría a “avanzar en el libre comercio”.

En julio, WikiLeaks reveló unos documentos sobre el TPP en el que advierten que el tratado estaría diseñado para favorecer a las corporaciones transnacionales. Además, permitiría a las mismas demandar a los gobiernos y solicitar millonarias indemnizaciones a cuenta de los contribuyentes.

Ante la conformación de tratados de libre comercio siempre salen a relucir los intereses económicos de quienes se benefician, y críticas de los sectores que podrían verse perjudicados, pero en medio de una muy disputada contienda presidencial en los Estados Unidos, en la que ambos candidatos principales buscan atraer al electorado con medidas populistas, la regla ha sido el rechazo al acuerdo. Incluso los republicanos muestran una línea discursiva que va en contra de lo que ha sido su doctrina política en la historia contemporánea de la nación.

Trump, quien en su campaña se muestra como el único capaz de solucionar los problemas de su país, ha dicho que es también la única alternativa política para detener la consolidación del TPP en Washington. Según las estimaciones de campaña del candidato republicano, si se llega a instaurar el TPP en Estados Unidos se perderían cerca de 2 millones de puestos de trabajo.

Gene Sperling, un asesor económico de la campaña de Clinton, dijo que la candidata quiere dejar de lado “nuevas iniciativas comerciales, incluida la denostada TPP, y centrarse en la creación de empleos, infraestructura, reforma migratoria, el alivio a las deudas de la educación superior, y la licencia médica de la familia“, acotó.

Ante las sugerencias mediáticas de que Clinton podría cambiar de opinión si llegase a la Casa Blanca, en mayo la demócrata fue enfática en señalar “me opongo al acuerdo TPP. Y eso significa antes y después de las elecciones”.

Pero esas sospechas no son infundadas. Habrá que ver qué ocurre si el presidente Obama y el parlamento avanzan con la aprobación del TPP. La posición de la candidata por el Partido Demócrata frente al tratado, fue una concesión que tuvo que hacer luego del retiro de Bernie Sanders, con miras a unificar al partido frente a unas primarias sumamente polarizadas.

Luego de las convenciones, en gira por los estados indecisos por las candidaturas presidenciales, Clinton dijo: “detendré cualquier acuerdo comercial que destruya los trabajos y rebaje salarios, incluido el TPP”.

Pero los candidatos no son los únicos opuestos. Elizabeth Warren, senadora demócrata en auge dijo: “Espero que el Congreso haga uso de su autoridad constitucional para poner fin a esta oferta antes de que haga las cosas aún más difíciles y peligrosas para las familias más trabajadoras de Estados Unidos”.

La legisladora de Massachusetts fue una de las 38 senadores que votaron en contra de un proyecto de ley propuesto el año pasado que permitiría al Presidente aprobar por “vía rápida“ acuerdos comerciales en el Congreso en una votación con mayoría simple, impidiéndole incluso a los senadores la posibilidad de modificar la oferta comercial inicial.

Reátegui explica que para evitar desventajas con el TPP es necesario negociar con los sectores de empleo, a fin de proteger la industria local (de cada uno de los 12 países que conforman el acuerdo).

“No hay sustento legal para decir que con el TPP va a haber pérdida de empleos en EE. UU. o cualquiera de los países que buscan suscribir el acuerdo. Es mucho más beneficioso para la economía de estos países, es un tratado histórico“, sentencia la experta de Estudio Muñiz.

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En manos del legislativo

La abogada explica que los países latinoamericanos participantes del TPP (México, Perú y Chile), se mantienen a la espera de la aprobación del tratado por parte de sus correspondientes parlamentos.

Santiago aún no lo ha llevado al Congreso. Lima lo envió hace un mes pero con el cambio de mando no existen expectativas de que se discuta en 2016, y en Ciudad de México se llevará al legislativo el próximo año, acota Reategui.

Por su parte, Alejandro Luna Arena, socio de Santamarina y Steta SC, señala que aunque en México aún no se ha llevado el tratado a consideración del Legislativo, ya han empezado a generarse cambios comerciales para permitir que ocurra: ha habido una degradación arancelaria, y liberación del comercio con los países involucrados en el acuerdo.

Luna explica que entre los sectores que mayor beneficio tendrían con el TPP están aquellos relacionados con el ámbito industrial y el comercio electrónico.

El experto de Santamarina y Steta considera sumamente populistas los discursos de Trump y Clinton —en relación a que el TPP generaría pérdida de trabajo en EEUU—, y afirma que aunque en México los sectores agrícolas y de manufactura ven con recelo el tratado, es posible evitar un desbalance que perjudique a los países pequeños con mecanismos que eviten la discriminación de precios, y que ofrezcan mayores ventajas competitivas.

Sin EE. UU., muere el TPP

Existe una disposición legal dentro del TPP, por medio de la cual se requiere que al menos 80 % del Producto Interno Bruto (PIB) total de los 12 países firmantes debe haber aprobado el tratado (ante los poderes legislativos correspondientes) para que entre en vigencia. EE. UU. representa 50 %; Japón, 20 %, y los diez países restantes otro 30 %, advierte Luna.

Aunque la disposición pone en aprietos la negociación si EE. UU. no lo aprueba, siempre será factible una reconsideración del mismo, previo acuerdo de las partes involucradas. Sin embargo, habría que preguntarse si valdrá la pena avanzar con el acuerdo sin EE. UU.

En todo caso, también habría que preguntarse si en efecto la amenaza de los candidatos no es más que un bluff para ganar el voto popular, y hacerse de la oficina más importante del mundo.

 


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