REPORTAJES


Inteligencia emocional en la firma: qué es y por qué me beneficia

Puede que la imagen que la sociedad tiene del abogado sea la de una persona culta, equilibrada, segura y que siempre encuentra la solución a los problemas de los demás. La industria legal es la de una profesión sometida a un escrutinio constante que, por otra parte, goza de prestigio y respeto. El entorno entiende que quien pudo estudiarse manuales enteros de Derecho, tendrá seguro las herramientas necesarias para alcanzar un pleno éxito y reconocimiento laboral. Sin embargo, ¿cómo abordan estas personas tan exitosas en lo académico la inteligencia emocional (IE)? ¿cómo reaccionan a las críticas, el estrés o los malentendidos entre compañeros de trabajo o con clientes? ¿qué conocimientos tienen para resolver problemas que no se abordan en la universidad?

La realidad y la práctica nos devuelven a la tierra y, a diario, nuestras aptitudes sociales pueden ser la clave del más resonado éxito, pero también del más profundo fracaso. Cuando llegamos a la oficina, varias personas nos esperan no solo para entregar unos resultados, sino que tienen expectativas acerca de lo que aportamos a la empresa. ¿Cómo nos enfrentamos a un día de trabajo en el que nos sintamos superados por el estrés, una pérdida, o momentos de tensión producidos por la discrepancia de opiniones? Sabemos que esta realidad puede ser un camino pedregoso, pero también tenemos la fortuna de vivir una era donde las emociones y nuestro bienestar interior –por fin– se están convirtiendo en la prioridad de nuestros desarrollos personales y profesionales.

El psicólogo y divulgador estadounidense Daniel Goleman define la inteligencia emocional como la habilidad para reconocer y entender las emociones de uno mismo y de los demás, de forma que dicha advertencia sirva para gestionar el comportamiento y las relaciones con otros. Goleman ha definido los cinco componentes de la inteligencia emocional como: conciencia de sí mismo, autocontrol, motivación, empatía y habilidades sociales.

Las firmas legales están poniendo atención a las iniciativas internas que buscan que sus equipos incorporen procesos de aprendizaje social y emocional. Esto cobra más sentido en los procesos de experiencias negativas que puedan contaminar los despachos y en consecuencia perjudicar los servicios prestados, así como las relaciones en el equipo. Richard Davidson, neuropsicólogo de la Universidad de Wisconsin – Madison, hace énfasis en la capacidad para controlar emociones negativas, para que cuando ocurra una adversidad, estas no persistan más de lo necesario. Él lo tiene claro “las personas pueden aprender a disipar estas emociones para volver al estado inicial”. 

Carlos Domínguez

Retomando el estudio de Goleman, hicimos el ejercicio con Carlos Domínguez, socio de Hoet Peláez Castillo & Duque, de buscar una definición personal para cada uno de los componentes en el contexto de la abogacía. Este abogado venezolano nos explica qué entiende por cada uno de los componentes de la inteligencia emocional.

  1. Conciencia de sí mismo/a: “hay que comenzar por reconocer nuestras virtudes y nuestros defectos. Debemos explotar nuestras virtudes positivamente, e identificar los defectos para trabajar en ellos y mejorar. Esto en el ejercicio de la abogacía funciona igual. Conocer estos dos polos permite enfocar nuestra carrera en un sentido más acertado, y en la calidad de nuestros servicios.”
  2. Autocontrol: “es de suma importancia para poder reaccionar principalmente ante clientes difíciles, situaciones injustas, y cuando se pierde un caso. Si no nos controlamos, nuestra reacción será solo impulsiva, no pensada.”
  3. Motivación: “sin motivación solo tendremos acciones mecánicas, pero no habrá pasión, entrega ni compromiso.”
  4. Empatía: “identificarse o relacionarse de manera activa con la realidad de otra persona. Esta es precisamente la labor de un buen abogado. Ponerse en los zapatos de su cliente para prestar un buen servicio.”
  5. Habilidades sociales: “Si entendemos las habilidades sociales como las competencias para comunicarnos con los demás, es esencial que los profesionales del derecho tengan las mejores habilidades sociales.”

Las impresiones expuestas por Domínguez son importantes para prestar un buen servicio y  para fomentar el bienestar de las personas en el equipo. Cualquier abogado o abogada puede presenciar o sufrir el bloqueo profesional debido al mal manejo de emociones como la arrogancia, el ego, la volatilidad, la rigidez y el egoísmo en el ámbito de trabajo. María Teresa Quiñones, socia de Rodrigo, Elías & Medrano Abogados, reconoce que “cuando una es más joven tiende a ser más rígida y arrogante con los estándares.  Era muy exigente con que todos los miembros de mi equipo cumplieran con todos los checks de la lista del buen abogado. Creo que esta rigidez me llevó a perder la oportunidad de tener a gente que podría haber sido muy valiosa y que ciertamente podría haber enriquecido la dinámica del equipo. La rigidez puede llevar a que no saques lo mejor de tu equipo. Si sabes aprovechar la inteligencia emocional, vas a sacar lo mejor de cada individuo.” 

María Teresa Quiñones

En este mismo sentido está la importancia de trasladar a estas habilidades el ejercicio del liderazgo, donde por otro lado se hace necesario el enfoque de género. Ursula Ben-Hammou, asociada de Rodrigo, Elías &Medrano Abogados señala que “varias investigaciones apuntan a que las mujeres son mejores líderes de equipo. Estamos en un proceso de transición. Una tiene que aprender a desarrollar IE para entender el momento que estamos, que no es perfecto, pero estamos avanzando. Aún por estos días las mujeres pueden ser catalogadas con etiquetas por tener aspiraciones y características en su práctica profesional que son consideradas socialmente como masculinas.” 

Las firmas legales tienden cada vez más a poner en práctica programas que partiendo de conceptos más amplios como la mentoría o la diversidad, buscan implícitamente que las personas sepan gestionarse a sí mismas y en equipo. Según Jonathan García-Allen, director de Psicología y Mente, “El autoconocimiento permite que un individuo evalúe sus valores y su sistema de creencias, ya que en muchas ocasiones las creencias limitantes interfieren en el potencial y el desarrollo profesional”. 

Ursula Ben-Hammou

Algunos ejemplos de acciones concretas para poner en práctica la IE implican que las personas responsables de un departamento hagan un análisis de sus propias emociones y bienestar, permitiendo tiempo a los demás para hacer lo mismo. La práctica de técnicas de reducción de estrés como la relajación, la meditación y la valoración de la vida serían también un buen apoyo para los equipos. Para algunos despachos esto es todavía algo ajeno. Carlos Domínguez reflexiona sobre su caso, “Deberíamos practicar estas técnicas. El manejo del estrés en Venezuela hoy en día es algo fundamental”.


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