REPORTAJES


BREXIT: Una fractura en la sociedad británica

El referendo que tiene de cabeza los mercados internacionales y a la sociedad británica no es jurídicamente vinculante. Sin embargo, ha sido una respuesta inesperada, a pesar de recurrente en otros rincones del mundo, a la demagogia de un grupúsculo de políticos. Queda claro que el populismo es para todos, y que puede llegar incluso a los espacios donde la democracia es más sólida.

El 23 de junio de 2016, 72 % de los electores en Reino Unido votó sobre su permanencia (Brexin) o retirada (Brexit) de la Unión Europea (UE). La participación, en este caso, fue menor a la registrada en otras consultas similares como lo fue el referendo por medio del cual los escoceses votaron para permanecer en el Reino Unido en 2014 —precisamente para que no los sacaran de la UE—, que contó con el voto del 84,59 % del electorado. El triunfo de aquella elección, por cierto, aseguró la reelección de David Cameron a Primer Ministro en 2015.

17.4 millones de personas (51,9 %) votó a favor de la salida del bloque europeo, mientras que 16.1 millones (48,1 %) quería permanecer en la comunidad. Hubo regiones que votaron mayoritariamente a favor de permanecer en la UE: Gibraltar con 95,9 %, Escocia con 62 %, Irlanda del Norte con 55 % y Londres con 60 %; pero en Inglaterra 53,2 % prefirió la salida, y en Gales 51,5 % hizo lo propio.

Nicola Sturgeon, Primera Ministra de Escocia, ya se encuentra haciendo campaña en Bruselas para que su país pueda hacerse de un lugar en la UE, en caso de que se desprendan del Reino Unido vía referendo. Edimburgo fue la región que votó con más fuerza a favor de la permanencia del bloque, sus 32 circunscripciones querían mantener su estatus actual.

Desarrollo económico vs. soberanía nacional

Aquellos que querían permanecer en la Unión Europea se enfocaban principalmente en la economía como pilar de su campaña. Salirse del bloque comunitario implicaría la renegociación de unos 100 tratados de comercio internacional.

Mientras que quienes querían la salida, utilizaron como punta de lanza de su campaña la inmigración y la soberanía nacional: anualmente ingresan a Reino Unido unas 300 mil personas. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadística,  al menos 188 mil inmigrantes no provienen de países miembros de la UE, y unos 184 mil sí. Adicionalmente, alegaban que el bloque europeo se inmiscuía en muchos aspectos de las políticas públicas del país, perdiendo así autonomía para gobernar.

Los mayores decidieron el futuro de los jóvenes

La población sufragó con una marcada diferenciación por edad. El grupo entre 18 a 21 años apoyó en 71 % la permanencia, y sólo el 29 % votó por la salida; el 54 % de aquellos entre 25 a 49 años prefirió el Brexin, y el 46 % el Brexit. Pero los adultos mayores decidieron la votación: 40 % de las personas entre 50 a 64 años preferían quedarse, y 60 % irse; y sólo 36 % de los mayores de 65 años quería permanecer en el bloque, mientras que 64 % optó por salir (cifras obtenidas del portal YouGot, que mide la opinión pública y su comportamiento).

Tomando en cuenta que la expectativa de vida entre los ingleses es de 90 años, YouGot estima que los adultos mayores que predominantemente deseaban salirse de la UE tendrán entre 16 a 31 años para vivir con las consecuencias de su decisión; mientras que los jóvenes afectados por el voto pasarán entre 52 a 69 años sufriendo las consecuencias, a menos que en el futuro se logre una nueva adhesión al bloque comunitario —o que simplemente no se ratifique.

Entre preferencias ideológicas también hubo grandes diferencias: 39 % de los conservadores votaron por el Brexin frente a 61 % que lo hizo por el Brexit; 65 % de los laboristas quería mantenerse en la comunidad, 35 % quería irse; 68 % de los demócratas liberales apoyaban la permanencia, 32 % la salida; sólo 5 % de los seguidores del partido eurófobo UKIP avalaban la estabilidad actual, 95 % prefería irse; mientras que 80 % de los verdes o ambientalistas quería quedarse, contra 20 % que optó por irse.

Londres tiene dos años para abandonar el bloque, una vez se convoque lo contemplado en el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Si no logra un acuerdo en dicho período, la discusión se puede extender si y sólo si, hay un acuerdo unánime de los otros 27 países socios.

¿Podría Reino Unido reintegrarse a la Unión Europea en el futuro?

Sí, Reino Unido podría ser reintegrado en el bloque en el futuro. “La esencia misma de la Unión Europea es la resolución de los problemas y la integración, ésta última es tan imporante al extremo de que jamás se instituyó sobre la posibilidad que algún día un miembro se retirase. Fue apenas en 2009 cuando se incluyó en el Tratado de Lisboa el artículo 50, que estipula de forma vaga y ambigua, el proceso de retiro y fin de la adhesión de un país miembro. Una situación jurídica y política nebulosa y sui generis“ estima Luis De Lion, abogado y especialista en Derecho y Política Internacional.

Lo que implicará para los británicos la salida de la Unión Europea

En principio pierden todos. La UE aún no se recupera – igual que Estados Unidos – de la crisis de 2008. Dicha crisis ha servido para fundamentar las ideas populistas, lo vemos en Washington con el vertiginoso ascenso de Donald Trump, y con la decisión de los británicos, que tras años de intercambios, de interacción, de desarrollo mutuo, libre comercio y libre circulación que trajeron beneficios para ambos lados hoy apoyan su salida, advierte De Lion.

Con la salida de Londres, la UE quedaría con 65 millones de habitantes menos: los británicos representan 13 % de los 508 millones de habitantes de la comunidad.

Tras la votación, Oxford Economics -empresa comercial adscrita a la Universidad de Oxford-, actualizó su pronóstico sobre Reino Unido, en el que prevé un crecimiento del PIB del 1,8 % este año y de 1,4 % en 2017 y 2018. Las previsiones anteriores a la votación mostraban una tasa de 1.8 %, 2.3 % y 2.2 %, respectivamente.

“Sea cual sea la solución comercial que se adopte habrá un impacto estructural a largo plazo en las economías de Reino Unido y la Unión Europea. Londres es la segunda mayor economía del bloque y casi la mitad de toda su inversión en el extranjero procede de la UE, al igual que una proporción similar de sus ingresos por exportaciones. Como tal, las decisiones de inversión y negocios se verán afectadas tanto en el corto como en el largo plazo“, advierte el análisis económico.

Para Oxford Economics, existen ciertos escenarios con el Brexit que podrían imponer costos significativos a los ciudadanos de Reino Unido y las empresas nacionales. Como peor escenario, los resultados implicarían una pérdida de ingresos per cápita de £ 1.000 (USD 1.306) para 2030. Mientras que en el mejor de los casos, el escenario del instituto académico advierte que habría un pequeño aumento en el ingreso per cápita de £ 40 (USD 52,1) para el año 2030.

Las implicaciones económicas de Brexit son mucho más importantes para Reino Unido que para el resto del mundo. El impacto en el resto de la UE es muy modesto, pero Irlanda sería el Estado miembro más vulnerable, por sus fuertes lazos comerciales y de inversión con Londres.

El PIB real en Irlanda cae hasta en 2,2 % en el peor de los casos. Dublín sería particularmente vulnerable a Londres de no firmar un acuerdo comercial preferencial, enfatiza Oxford Economics.

Sobre el efecto general en el bloque, la UE tendría una caída en su producción del 17 %: Reino Unido aporta actualmente € 2,6 mil millones (USD 3,38 mil millones) de la producción económica del bloque, la cual se ubica en € 14,2 mil millones (USD 18,48 mil millones).

Mientras que para América Latina el comercio británico es limitado. Colombia es el país que más depende de las compras británicas, representando 2,5 % de las exportaciones colombianas, 1,7 % de las exportaciones brasileras y 1 % de las mexicanas.

En Colombia representa la segunda inversión extranjera más importante (USD 6 mil millones en los últimos 8 años). En Perú representó 18 % de la inversión extranjera en 2014.

En lo político, el liderazgo en el Reino Unido se encuentra descompuesto. Cameron anunció su salida del Gobierno antes de octubre, con el objetivo de que un nuevo premier realice las negociaciones sobre la salida con la comunidad europea. Paradójicamente, quienes fueron los principales promotores del Brexit: Nigel Farage, exlíder del partido UKIP y Boris Johnson, ex-alcalde de Londres por el Partido Conservador, han descartado su intención de asumir dicho papel (el de Primer Ministro).

Una medida reversible pero con un costo político

Luego de conocerse los resultados del referendo, más de 3 millones de británicos firmaron una solicitud para realizar una nueva consulta. La solicitud supera con creces las 100 mil firmas necesarias para que la Cámara de los Comunes considere la petición en el Parlamento Británico.

“Son muchos los diputados en el Parlamento que quieren promover el debate que desconozca la aplicación del referéndum, y en consecuencia buscar la suspensión de la invocación del art 50 del Tratado de Lisboa. Pero el costo político es muy alto y vista la enorme crisis partidista actual, no luce imposible pero sí cuesta arriba desconocer la votación,” explica De Lion.

En alza los crímenes de odio

Luego de conocerse el resultado del Brexit, se ha registrado un aumento del 57 % en los crímenes de odio en Reino Unido.

“A pesar de que la sociedad británica es una de las más multiculturales y multiétnicas que el mundo conozca, los populistas y demagogos como Farage y Boris Johnson, fueron a buscar, exaltar y darle tribuna a ese sentimiento bajo y oscuro, y muy mal entendido en estos tiempos de comunicación en vivo“, estima el especialista en política internacional, al tiempo que advierte que dichos argumentos han sido muy utilizados en campañas electorales en Europa.

¿Crecerá el euroescepticismo?

Aunque mucho se ha hablado de que los británicos son fundamentalmente euroescépticos, no es algo exclusivo. También lo viven en gran medida Austria, Eslovaquia y Holanda.

“El euroescepticismo comenzó a hacerse palpable en los años 90. En el presente, en Francia e Italia ha subido mucho el euroescepticismo en la opinión pública, pero aún no alcanza los niveles de eurofobia. En lo personal, visto el descalabro financiero y político que provocó el Brexit en las primeras horas, no creo en el llamado efecto dominó“, sentencia el analista.


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