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Privatización de aeropuertos en Brasil

Privatización de aeropuertos en Brasil

por Andoni Hernández
publicado el15/03/2017
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A menos de una semana para la celebración de la ansiada subasta para la privatización de cuatro nuevos aeropuertos (Salvador, Fortaleza, Florianópolis y Porto Alegre), nos encontramos con serios indicios de que el ejercicio puede no responder a las expectativas generadas. Esto lo convertiría en un revés a la confianza en la capacidad del país para optimizar sus oportunidades en la reconciliación con los inversores (especialmente los internacionales), pese a la voluntad y esfuerzos del Gobierno por introducir ajustes en el modelo para mitigar algunas de las preocupaciones típicas de otros certámenes. La realidad es que muchos potenciales inversores han desistido, incluso aquellos que con más fe lo han estudiado hasta los últimos días.


Las causas más aparentes pueden resumirse en tres:


1. La primera y más evidente: el divorcio entre las estimativas, actualizadas sobre la base de las últimas cifras disponibles de demanda (tráfico y número de pasajeros), y el precio mínimo requerido (otorga). No dan las cuentas.


2. El segundo aspecto, no menos relevante, es que la estructura de inversión y financiación es mucho más desafiante para los inversores.


Sin la presencia tradicional del Banco Nacional para el Desarrollo (BNDES), que está intentando cambiar su rol cediendo protagonismo a la iniciativa privada, a través de la reducción de su financiación directa y apostando por el apoyo para la generación de un mercado de deuda hoy inexistente (con bonos incentivados negociables, las "debentures de infraestructura"). Es un modelo que aún tiene que rodar y ajustarse. Cierto es que el gobierno ha implementado medidas como la de compartir el riesgo cambiario tratando de mitigar los problemas para la obtención de recursos en el exterior (en dólares), pero el modelo no deja de ser más exigente en cuanto a la aportación de capital (equity) por los inversores. Este tema de la financiación se culmina con la falta de verdaderas estructuras de "Project Finance" en las que sea el propio proyecto, a través de los flujos estables y predecibles de ingresos, el que garantice los recursos para su financiación, sin depender de garantías de los propios inversores más allá del equity comprometido.


3. Por último, pero con grandísima trascendencia y repercusión, tenemos el problema de la falta de definición de una solución para los "activos patológicos" de ediciones anteriores.


Muchas -si no todas- las empresas concesionarias de los aeropuertos previamente privatizados están en situación de incumplimiento. El gobierno no ha conseguido tramitar y convertir en ley, con anticipación a la  subasta, su medida estrella: la Medida Provisoria (MP752/2016), en la que se preveía la posibilidad de sustitución de socios en las concesionarias o la entrega voluntaria de las concesiones a cambio de una indemnización como procedimiento alternativo al de cancelación / revocación forzada.


Sin aclarar el panorama para quienes incumplen y para la viabilidad de la concesión sobre los aeropuertos más relevantes, resulta complicado esperar un compromiso de los inversores para estos proyectos. Podría incluso comparecer alguno que otro inversor internacional que pueda servir a las instituciones como coartada para justificar un éxito pírrico, pero por capacidad y ambición, Brasil no debería conformarse con lo mínimo.


Hay espacio para lograr un entorno más atractivo que garantice una participación y competencia mayor. Por eso, no es aún descartable que el gobierno decida en el último minuto atrasar la subasta, y visto lo visto, puede que sea hasta deseable.

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