Con un escenario geopolítico convulso y una agenda salpicada de asimetrías, México, Estados Unidos y Canadá inician el 1 de julio la revisión formal del tratado que ha redefinido las fronteras comerciales de Norteamérica, cuya permanencia es considerada esencial para el fortalecimiento económico de los tres países y de todo el continente.
A diferencia de las evaluaciones técnicas periódicas, en esta oportunidad los tres socios llegan a la mesa con incentivos disímiles y agendas que sobrepasan los límites de lo estrictamente comercial. Temas como la seguridad nacional, el control migratorio y la soberanía tecnológica se han instalado en la discusión, desplazando el foco de los beneficios económicos del tratado y dificultando la construcción de consensos sobre su futuro
En este contexto, el primer debate girará en torno a si el proceso será una revisión técnica o una renegociación del tratado. A lo largo de más de tres décadas, el T-MEC y su antecesor han dado forma a un sistema industrial, logístico y de cadenas de suministro profundamente integrado, cuya alteración podría acarrear costos significativos para los tres países.
El desafío será preservar la estabilidad de un bloque comercial que en 2025 registró un intercambio trilateral de 3,1 billones de dólares, equivalente a cerca del 16 % del comercio mundial.
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Algo más que comercio
Sustentando en el Artículo 34.6, la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) busca evaluar el cumplimiento de los compromisos asumidos y adaptar las reglas a los cambios políticos, económicos y comerciales que imperan hoy.
Tras su entrada en vigencia en 2020, esta primera revisión periódica arranca con la sombra de disputas no resueltas en sectores específicos, como el agrícola, el mercado energético y las cadenas de suministro tecnológicas.
“La revisión del T-MEC enfrenta obstáculos que van mucho más allá de una evaluación técnica del funcionamiento del acuerdo. El principal desafío es que los tres socios llegan a la mesa de negociación con incentivos y posiciones muy distintas”, apunta Luis Mancera, socio de Pérez-Llorca - México.
El tema político, en efecto, tendrá mucho peso y será abordado desde puntos de vista muy distintos y con disparidad de fuerzas: mientras México y Canadá buscan preservar la estabilidad del bloque con menor poder de presión, Estados Unidos ha aprovechado su fortaleza para disparar un arsenal de mensajes contradictorios que ponen en duda su deseo de permanencia.
Mancera añade un elemento relevante para México: la creciente vinculación de temas comerciales con asuntos de seguridad, Estado de Derecho y cooperación bilateral -puntos que EE. UU. ha utilizado como parte del contexto, aumentando la complejidad política de la revisión.
Félix Ponce-Nava, consejero de comercio exterior de la misma firma, ratifica esta posición y agrega que, desde una perspectiva jurídica, la revisión enfrenta retos derivados de la ampliación de la agenda hacia materias ajenas al objeto original del tratado, como migración, combate al tráfico de drogas o seguridad fronteriza.
“Otro factor relevante es el uso simultáneo de instrumentos comerciales unilaterales por parte de EE. UU., lo que debilita la lógica trilateral del acuerdo. Además, persiste una preocupación entre inversionistas y sectores empresariales respecto de la certidumbre regulatoria y la previsibilidad de las reglas aplicables en México, elementos que inevitablemente influyen en el tono y alcance de la revisión”, apunta.
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¿Revisión o renegociación?
Desde antes de instalarse en la Oficina Oval por segunda ocasión, Donald Trump viene insistiendo en la necesidad de reconfigurar el tratado bajo una visión favorable a los intereses de Washington. Sin embargo, esto podría ser más difícil de lo que prevé el mandatario estadounidense.
“Una renegociación integral sería un proceso complejo, políticamente costoso y con resultados inciertos para los tres países. Por ello, es más probable que Washington busque ajustes puntuales en sectores estratégicos que una reapertura total del acuerdo”, dice Vidaur Mora, socio de la firma Rivadeneyra Treviño.
Su colega Sergio Barajas, socio de Basham, Ringe y Correa, sostiene que el principal riesgo de una eventual negativa de Estados Unidos a prorrogar el tratado es la incertidumbre que genera sobre en los inversionistas, las cadenas de suministro y las decisiones de negocio en América del Norte.
“Las industrias de los tres países están apostando para que prevalezca la integración comercial, pues sus inversiones ya tienen raíces muy profundas; financieramente, una denuncia tendría un enorme costo económico, político y comercial, además de los daños colaterales relacionados con la competencia global en los diversos bloques comerciales”.
Pese a las amenazas, en Rivadeneyra Treviño no consideran que al desmantelamiento del T-MEC como escenario realista, en particular por la profunda integración de las cadenas productivas regionales y los significativos costos económicos que representaría para los tres países.
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China y la regla de oro
Dos de las prioridades de Estados Unidos en la mesa de negociación serán:
- minimizar la entrada de insumos chinos en los procesos industriales de Norteamérica;
- reducir el déficit comercial con sus socios de USD 243.000 millones (de ellos USD 197.000 corresponden a México).
El foco estará en revisar la regla de origen. Así lo recoge la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), cuya web oficial señala el gran interés por estudiar el tema, con el firme propósito de incrementar el contenido estadounidense en los productos regionales.
Para Sergio Barajas, la inclusión de temas de seguridad económica en la agenda impulsada por Estados Unidos busca avanzar en esa línea. El fin es garantizar una mayor coordinación de los controles a la exportación y mecanismos de revisión de inversiones extranjeras, sobre todo de aquellas que pongan en riesgo el interés de Washington a la hora de incrementar el contenido nacional.
“Las reglas de origen podrían jugar un papel importante para esa limitación en sectores estratégicos como telecomunicaciones, energía, puertos, minerales críticos y tecnologías avanzadas, en particular cuando involucran capital chino”, comenta.
Mora y Ponce-Nava refrendan esta posición, y prevén que Washington impulsará medidas orientadas a fortalecer la trazabilidad y el contenido regional de los productos, especialmente en sectores considerados estratégicos. Entre las posibles medidas a tomar destacan:
- Endurecimiento de reglas de origen, con la elevación de los umbrales de valor de contenido regional en vehículos eléctricos, baterías y semiconductores, principalmente.
- Homologación de filtros de inversión: mayor presión para adoptar en México y Canadá mecanismos estrictos comparables al sistema CFIUS (The Committee on Foreign Investment in the United States) de Estados Unidos.
- Cláusula de economía de no mercado (Art. 32.10): con la expansión de mecanismos para supervisar inversiones extranjeras y cadenas de suministro.
- Control de minimal processing: interpretación rigurosa aduanera para evitar procesos limitados de ensamblaje o etiquetado en México.
Barajas añade a esta lista el fortalecimiento de mecanismos para combatir el trabajo forzoso, que implicaría ajustes al marco normativo para mejorar la identificación, investigación y restricción de mercancías producidas mediante trabajo forzoso.
Adicionalmente, Estados Unidos podría impulsar una mayor coordinación regional en materia arancelaria frente a terceros países para evitar posibles esquemas de desvío de comercio.
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IA en la mesa
El carácter disruptivo de la inteligencia artificial hace imprescindible su inclusión en el temario de las discusiones, planteando retos regulatorios inéditos para el bloque por la disparidad de criterios en cada país.
“Mientras Estados Unidos favorece un modelo relativamente flexible basado en innovación y autorregulación sectorial, Canadá ha avanzado hacia esquemas más regulatorios, y México aún se encuentra en una etapa incipiente de desarrollo normativo”, compara Mora.
Estas diferencias pueden traer costos adicionales de cumplimiento en sectores altamente integrados, como automotriz, logística, manufactura inteligente y servicios digitales, y generar fricciones en materias como:
- transferencia transfronteriza y protección de datos personales;
-
uso de modelos de IA en sectores regulados y responsabilidad por decisiones automatizadas;
- propiedad intelectual sobre contenidos generados mediante IA;
- ciberseguridad y protección de infraestructura crítica;
- restricciones a la exportación de tecnologías avanzadas.
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El mercado no ha parado
Aunque muchos analistas presumían una posible parálisis del mercado corporativo hasta tanto se definiera el rumbo de la revisión, esto no ha ocurrido. El comportamiento ha sido más bien mixto: si bien algunos inversionistas de proyectos a largo plazo han adoptado una postura cautelosa, muchos otros están acelerando transacciones para consolidar sus operaciones antes de cualquier cambio normativo.
Félix Ponce-Nava, por su parte, advierte una transformación profunda en la fiscalización operativa. A su juicio, el due diligence comercial está migrando de una lógica documental a una estructural, en el que cobran mayor relevancia el control de la cadena los proveedores, el origen económico real del valor agregado y la exposición a marcos regulatorios cada más sensibles.
“La trazabilidad de la cadena de suministro se está convirtiendo en un requisito operativo indispensable. No basta con cumplir materialmente las reglas de origen; es necesario contar con evidencia documental robusta capaz de soportar auditorías y verificaciones de las autoridades aduaneras.”
El consejero de comercio exterior de Pérez-Llorca México estima que el escrutinio continuará extendiéndose al ámbito laboral, anticipando la intensificación en la aplicación del Capítulo 23 y el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida del tratado durante los próximos años.
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Para tomar en cuenta
Prepararse para un escenario de mayores exigencias regulatorias, en particular lo referente al cumplimiento y la trazabilidad, son las principales recomendaciones de los especialistas para el sector corporativo, algo que estiman se hará evidente al margen de los resultados de las negociaciones.
Para lograr esa preparación, las firmas consultadas sugieren tener presente los siguientes temas:
- Auditorías integrales de origen: conocer con precisión los porcentajes actuales de contenido regional, las listas de materiales y tener expedientes de soporte robustos ante auditorías aduaneras.
- Mapeo y diversificación de proveeduría: evaluar alternativas de regionalización o sustitución de insumos críticos provenientes de Asia (especialmente China) para sectores expuestos como el automotriz, electrónico y metalúrgico.
- Reforzamiento del vendor due diligence: mediante el fortalecimiento de la fiscalización de proveedores de segundo y tercer nivel, identificando beneficiarios finales, estructuras corporativas y cumplimiento de obligaciones laborales.
- Flexibilidad contractual: incorporar cláusulas y análisis de riesgos regulatorios y geopolíticos en las decisiones de inversión para adaptarse con rapidez a modificaciones arancelarias o regulatorias derivadas de las mesas de negociación.
- Monitoreo gremial y legislativo: seguir de cerca no solo las rondas oficiales del tratado, sino también las iniciativas estadounidenses vinculadas con seguridad nacional y resiliencia de cadenas de suministro.
- Claridad en mecanismos: revisar el alcance de las protecciones disponibles bajo el marco de inversión del T-MEC y evaluar posibles estrategias preventivas de gestión de controversias.
“La revisión del tratado debe entenderse menos como una amenaza y más como una oportunidad para que las empresas fortalezcan su posición competitiva dentro de una región que seguirá siendo una de las más relevantes del comercio global”, concluye Vidaur Mora.






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