En un año en el que varios países de América Latina atraviesan procesos electorales de forma paralela, México se consolida como uno de los principales destinos para capitales que buscan reducir su exposición frente a la incertidumbre política. Mientras Perú acaba de celebrar la primera vuelta presidencial este 12 de abril, Colombia se dirige a su elección del 31 de mayo y Brasil mantiene su calendario para octubre, la economía mexicana opera sin elecciones federales, con un marco institucional sin cambios previstos en el corto y mediano plazo.
El ciclo electoral se desarrolla en medio de una demanda sostenida por minerales críticos, vinculada a la transición energética y tecnológica, y con un proceso gradual de reducción de tasas de interés tras el endurecimiento monetario iniciado en 2021. Al mismo tiempo, las preferencias del electorado muestran un desplazamiento hacia agendas centradas en estabilidad macroeconómica, seguridad y crecimiento.
En este contexto, los procesos electorales en Sudamérica están incidiendo de manera directa en la percepción de riesgo país. El caso de Perú, con una primera vuelta marcada por fallas operativas y un resultado fragmentado, ofrece un primer indicio de las tensiones que atraviesa la región y de cómo la incertidumbre política puede trasladarse rápidamente a la lectura de los mercados. ¿Hasta qué punto estos factores pueden incidir en la estabilidad política y en las decisiones de inversión?
Para José Luis Gutiérrez Azpe, socio de Ramírez, Gutiérrez-Azpe, Rodríguez-Rivero y Hurtado S.C., los procesos electorales en América Latina no solo introducen incertidumbre en el corto plazo, sino que también condicionan las decisiones de inversión en función de la claridad de las señales institucionales. En contextos de fragmentación política, explica, los mercados tienden a adoptar una postura más cautelosa, priorizando jurisdicciones con mayor previsibilidad regulatoria y estabilidad en las reglas del juego.
Si bien México ha enfrentado cambios recientes, Gutiérrez identifica tres factores que lo diferencian dentro de la región:
- La realidad del nearshoring en el país: la proximidad geográfica y logística de México con el mayor mercado de consumo del mundo lo aísla de disrupciones transoceánicas y de buena parte de las tensiones comerciales globales, a lo que se suma la autosuficiencia energética de Norteamérica y una sólida red de tratados de libre comercio que respalda el establecimiento de centros productivos en el país.
- Integración productiva regional: la economía mexicana está profundamente integrada a la manufactura avanzada de Norteamérica, especialmente en el sector automotriz y sus cadenas de valor, lo que sostiene una demanda productiva alineada al dinamismo del bloque EE.UU.-Canadá-México, incluso en contextos de tensiones comerciales, con factores adicionales como su perfil demográfico que refuerzan esta complementariedad.
- Estabilidad macroeconómica relativa: pese a sus propios debates internos, México ha mantenido disciplina fiscal, un banco central autónomo (Banxico) y niveles de deuda sobre el PIB controlados frente a sus pares regionales, lo que refuerza su posicionamiento como destino de inversión y puerta de entrada a otros mercados.
Es en este punto donde algunos mercados comienzan a perfilarse como alternativas dentro del propio reacomodo regional. Santiago Ferrer, socio de Cuatrecasas México, sostiene que el país azteca ofrece un marco más predecible, apoyado en su integración con Estados Unidos y en la continuidad del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Para el abogado, esta combinación ha llevado a inversionistas a revisar su exposición regional y a considerar activos mexicanos como alternativa para reducir volatilidad.
“Ante la creciente incertidumbre política global y, en particular, en varias economías sudamericanas, México se está consolidando como destino de inversión por varios factores. Su proximidad física y comercial con Estados Unidos y la existencia del T-MEC —a pesar de su próxima renegociación— ofrecen a los inversores cadenas de suministro más cortas y reglas del juego previsibles, reduciendo costos logísticos y de cumplimiento. A esto se suma un mercado interno significativo y clústeres industriales consolidados (automotriz, electrónica, aeroespacial), que hacen de México una opción natural para relocalizar producción o ampliar capacidades”, explica los factores positivos.
Así, mientras Sudamérica enfrenta un escenario marcado por la volatilidad electoral, México capitaliza su integración económica y certidumbre regulatoria como ancla relativa de estabilidad, en un momento en que los inversionistas reconfiguran sus estrategias en la región.
Perú: primera vuelta entre disrupciones
En el caso de Perú, la primera vuelta presidencial se desarrolló el domingo 12 de abril en medio del caos y desorden que afectó la jornada electoral. El cierre de algunos locales de votación, la apertura tardía de otros y problemas logísticos con un proveedor de la ONPE dejaron a aproximadamente 60.000 votantes sin poder emitir su voto. Ante esta situación, las autoridades extendieron la jornada un día adicional para permitir que los electores afectados pudieran sufragar.
En el plano político, los resultados preliminares confirman un escenario fragmentado, en una contienda en la que participaron más de 30 candidatos. Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, se ubica en el primer lugar con alrededor del 17 % de los votos y, según el conteo rápido, su partido también alcanzaría una presencia relevante tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. Sin embargo, la principal fuente de incertidumbre radica en la definición del segundo lugar.
Con cerca del 93 % de actas procesadas a nivel nacional, existe un empate técnico entre tres candidatos: Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú (partido de izquierda), con 12 %; Rafael López Aliaga, de Renovación Popular (partido derecha más conservadora), con 11,8 %; Jorge Nieto, del Partido del Buen Gobierno (partido de centro derecha), con 11 %. La brecha estrecha entre estos resultados y el hecho de que aún faltan contabilizar actas del interior del país mantienen abierto el escenario de cara a la segunda vuelta.
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Colombia: reformas fiscales y de seguridad
Colombia se encamina a la elección presidencial del 31 de mayo en un contexto de polarización sobre la trayectoria económica y la política de seguridad. Tras las primarias del 8 de marzo, la senadora Paloma Valencia, del partido Centro Democrático, obtuvo 3,2 millones de votos, equivalentes al 55% del total en las consultas interpartidarias, superando a las opciones de centro e izquierda.
La contienda se perfila como una disputa entre dos enfoques. Por un lado, una agenda orientada a restablecer la disciplina fiscal, fortalecer la seguridad y reactivar la relación con el sector privado. Por otro, una propuesta asociada al oficialismo que plantea la continuidad de la expansión del gasto social, reformas en pensiones y salud, y un rol más activo del Estado en la economía, representada por personajes como Iván Cepeda del movimiento político Pacto Histórico.
Además, el déficit fiscal se sitúa en torno al 6,9%, la inflación se mantiene elevada y existen tensiones en la conducción de la política monetaria. A ello se suma un Congreso fragmentado, donde ningún bloque cuenta con mayoría.
Brasil: competencia ajustada
Por otro lado, Brasil se prepara para las elecciones generales del 4 de octubre en un escenario de competencia estrecha entre Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro. Las últimas encuestas de marzo muestran una reducción de la ventaja del oficialismo, acercando la contienda a márgenes similares a los de la elección de 2022.
El país enfrenta desafíos fiscales, con un déficit cercano al 8,5% del PIB, en un contexto de expansión del gasto social y mayor intervención estatal. Al mismo tiempo, la agenda electoral incorpora debates sobre seguridad, política industrial, inserción internacional y el rol del país en bloques como los BRICS.
La oposición plantea un retorno a la disciplina fiscal, mayor apertura a la inversión privada y un ajuste en la política exterior. El oficialismo, por su parte, sostiene la continuidad de un modelo con mayor protagonismo del Estado y énfasis en políticas sociales. El resultado electoral tendrá efectos sobre la orientación de la política económica y el posicionamiento internacional del país.
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México: receptor de flujos regionales
En un contexto en el que las principales economías sudamericanas atraviesan procesos electorales con resultados abiertos, los inversionistas han comenzado a revaluar su exposición en la región. En ese escenario, México aparece como una jurisdicción que combina la continuidad institucional, la liquidez y un menor exposición a eventos políticos en 2026.
Esta percepción se apoya en una serie de factores estructurales y de mercado:
• Ausencia de elecciones federales en 2026, lo que reduce la volatilidad política de corto plazo;
• Integración productiva con Estados Unidos y continuidad del T-MEC como marco comercial;
• Mercado accionario con menor exposición a materias primas frente a otras economías de la región;
• Profundidad y liquidez financiera que facilitan la entrada y salida de capitales;
• Posicionamiento como destino dentro de estrategias de relocalización de cadenas de suministro.
Para algunos especialistas, esta combinación posiciona a México como un mercado intermedio entre economías emergentes y desarrolladas. En el mercado accionario, la estabilidad no implica necesariamente mayores retornos, pero sí una plataforma para preservar valor en contextos de volatilidad regional. Sectores como el consumo básico, los servicios financieros con altos niveles de capitalización, las empresas exportadoras con ingresos en dólares y los vehículos inmobiliarios aparecen como posibles receptores de flujos.
Según explica el socio Ferrer, para atraer mayores flujos de inversión es clave que el Estado genere certeza jurídica y adopte mecanismos que simplifiquen y agilicen la implementación de nuevas inversiones. El experto añade que también es necesario avanzar en la armonización de la regulación sectorial con estándares internacionales, así como en el desarrollo de esquemas de coinversión público-privada y mecanismos alternativos de resolución de controversias que refuercen la confianza de los inversionistas.
En la misma línea, Ferrer sostiene que la integración económica y regulatoria con Estados Unidos debe entenderse como un factor de previsibilidad en la evaluación de riesgo.
“El alineamiento normativo y las reglas de origen del T-MEC reducen la probabilidad de sorpresas regulatorias facilitando la integración de las cadenas productivas y convirtiendo a México en una alternativa preferente frente a mercados latinoamericanos con mayor volatilidad política. Esto se traduce en mayor interés de fondos norteamericanos y europeos, mejor acceso a financiamiento y condiciones de seguro más favorables”, comenta.
Sin embargo, como advierte el propio Ferrer, esta ventaja no es absoluta: la dependencia de la demanda estadounidense, eventuales cambios en políticas internas y el resultado de la revisión del T-MEC son riesgos que deben ser gestionados contractualmente y acompañados por políticas públicas coherentes.
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México: el desafío de sostener la confianza inversora
Más allá de sus ventajas, el posicionamiento de México como receptor de flujos de inversión depende también de la solidez de su marco institucional. En ese punto, el foco se desplaza desde el atractivo de mercado hacia las condiciones que sostienen, o limitan, esa confianza en el largo plazo.
Para el socio de Ramírez, Gutiérrez-Azpe, Rodríguez-Rivero y Hurtado S.C., el reto no pasa únicamente por capitalizar la ubicación geográfica del país, sino por evolucionar su marco regulatorio y jurídico en línea con las exigencias de los inversionistas globales.
"Entre los instrumentos legales que podrían contribuir a facilitar mayores flujos de inversión a México, tenemos a la recientemente publicada Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el desarrollo, así como la Legislación del sector Eléctrico. Un ejemplo de otros mecanismos que dan certeza a los inversionistas es el Padrón Único de Fomento a la Confianza Ciudadana, registro donde las empresas manifiestan cumplir con sus obligaciones fiscales y regulatorias bajo protesta de decir verdad, estableciendo mecanismos para reducir la carga de verificaciones", cita el abogado.
También señala que la seguridad jurídica y el estado de derecho continúan entre las principales preocupaciones de los inversionistas y que, tras las reformas al sistema judicial, ha sido necesario replantear las estructuras contractuales para resguardar adecuadamente los intereses de los clientes.
"Es importante que México fortalezca la autonomía de los órganos reguladores y recupere la independencia del poder judicial que garantice la ejecución de contratos y la resolución imparcial de controversias", recomienda.
Un elemento central en esta ecuación es el T-MEC. Más allá de su definición comercial, Gutiérrez Azpe lo considera como una línea de vida para las inversiones al ofrecer blindaje contra la política doméstica y posibles embestidas judiciales ya que limita el margen de maniobra para cambios regulatorios abruptos o políticas proteccionistas, proporcionando un paraguas protector que ningún otro país latinoamericano posee con EE.UU. a este nivel de profundidad.
“Las disposiciones sobre protección a la inversión y los mecanismos de resolución de controversias Inversionista-Estado (ISDS) brindan a los capitales, especialmente en sectores estratégicos, recursos legales directos”, agrega.
El calendario regional
Regresando al ciclo electoral de este año, se encuentra en desarrollo y concentra una serie de hitos relevantes para los mercados.
- 19 de abril: segunda vuelta para las gobernaciones en Bolivia.
- 31 de mayo: elección presidencial en Colombia (primera vuelta).
- 7 de junio: elecciones legislativas estatales en Coahuila, México.
- 07 de junio: segunda vuelta presidencial en Perú.
- 21 de junio: segunda vuelta presidencial en Colombia (de ser necesaria).
- 4 de octubre: elecciones presidenciales, legislativas y estatales en Brasil.
- 25 de octubre: segunda vuelta presidencial y elecciones a gobernaciones en Brasil
De cara a 2026, el principal foco de atención será la revisión del acuerdo prevista para julio. Aunque el escenario base apunta a su continuidad, el proceso introduce un margen de incertidumbre que podría reflejarse en sectores como el automotriz, autopartes, manufactura y agroindustria.
El abogado Gutiérrez concluye que la estrecha interconexión de México con sus principales socios comerciales, junto con el monitoreo constante de estas relaciones, contribuye a reducir de manera significativa los riesgos jurisdiccionales frente a otros países y bloques económicos de la región.







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