Ante los aranceles de Trump, Lula responde con Plan Brasil Soberano y nuevos socios comerciales

Donald Trump debió ceder y permitir la entrada de casi 700 productos brasileños a EE. UU. con arancel de 10 % ./ X de Lula.
Donald Trump debió ceder y permitir la entrada de casi 700 productos brasileños a EE. UU. con arancel de 10 % ./ X de Lula.
La guerra arancelaria contra Brasil es a todas luces un arma geopolítica que no ha surtido los efectos esperados por Washington.
Fecha de publicación: 29/08/2025

Aunque sin una reacción altisonante, Brasil no se ha cruzado de brazos y ha buscado alternativas para minimizar las repercusiones que tendrá el aumento de hasta 50 % a los aranceles que impuso Estados Unidos a sus exportaciones, una medida que muchos analistas creen pudiera tener un efecto contrario al esperado por Washington.

Vista más como arma política que como estrategia económica, el fuerte incremento en los gravámenes a los productos brasileños no tomó por sorpresa al gigante sureño, que desde hace muchos años ha venido trabajando para reducir su dependencia de las exportaciones y ha mostrado estar preparado para afrontar problemas relativos al comercio internacional, pese a lo cual necesita encarar la contingencia que incidirá, sobre todo, a los pequeños y medianos productores y exportadores.

Los esfuerzos para colocar los embarques que posiblemente ya no irá a las costas estadounidenses, se centran en reforzar sus relaciones con otros países, entre ellos los que conforman el grupo BRICS, así como establecer mecanismos de compensación y ayuda que ya han comenzado a ser aplicados, en una acción rápida que terminará por recomponer el mapa comercial de Brasil.


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Entre la economía y la política

Donald Trump no tuvo ningún prurito en señalar, el pasado 31 de julio, que la imposición de aranceles de 50 % a las exportaciones brasileñas era una respuesta política a las “infracciones” cometidas por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva contra la libertad de expresión y por violación a los derechos humanos, todo ello en referencia al juicio que se le sigue a “su amigo”, el expresidente Jair Bolsonaro, por promover un golpe de Estado en 2022 tras perder las elecciones.

“Esto quiere decir que las relaciones comerciales pueden depender menos de fundamentos económicos y más de alineamientos políticos. Esto desalienta la confianza en Estados Unidos como socio previsible e incentiva a los países a diversificar sus alianzas”, señala en un artículo reciente Filipe Porto, especialista en relaciones internacionales de la Universidad Federal del ABC de Brasil.

La opinión de Porto deja claro que el uso de los aranceles como arma geopolítica puede tener más consecuencias negativas para EE. UU. de lo que el mismo gobierno cree, pues, como muchos analistas consideran, Washington ha autoinfligido un profundo daño a su reputación como socio comercial confiable, con lo cual ha estimulado a quienes han sido hasta ahora sus aliados más cercanos a buscar nuevos socios y relaciones menos vulnerables a los vaivenes de la política.


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Un paso atrás

Si bien el presidente Lula rechazó tajantemente la imposición de los aranceles, la estrategia de su gobierno ha sido muy distinta a la seguida por otros países: no ha emitido amenaza alguna, ni ha aplicado, al menos hasta ahora, la Ley de Reciprocidad (Medida Provisional nº 1.309) promulgada en julio pasado en atención al derecho que le asiste. Tampoco hizo concesiones leoninas a Washington ni pactó acuerdo alguno que ponga en minusvalía su posición, como sí ocurrió con otras naciones.  

A primera vista, la estrategia brasileña ha rendido buenos réditos. Bien sea porque Washington recapituló sobre las incidencias que tendrá el alza de aranceles para sus ciudadanos o bien para evitar que China siga consolidando su posición en América Latina a través de Brasil, lo cierto es que Estados Unidos parece haber dado un paso atrás.

Contrario a lo anunciado a finales de julio, Trump autorizó excepciones a poco menos de 700 productos brasileños que solo pagarán 10 % de arancel, una conclusión a la que llegó, posiblemente, luego de sacar cuentas y ver que algunos de esos productos son indispensables para los consumidores estadounidenses e insustituibles de momento, pues ello incidirá en un mayor aumento de precios que provocaría más inflación.

En la lista de productos que resultan insustituibles están:

  • Aeronaves y sus componentes: cerca de 60 % de los envíos de Embraer van a EE. UU.
  • Maquinarias, motores y generadores: EE. UU. recibe más de 60 % de las exportaciones.
  • Jugo de naranja: más del 55 % de consumo estadounidense es brasileño.
  • Madera y sus derivados: 40 % de las exportaciones de Brasil van a EE. UU.
  • Petróleo y derivados: 13 % de la oferta exportable brasileña va a EE.UU.

Aunque productos como café, caña de azúcar y carne de res, entre otros, sentirán el impacto del 50 %, el gobierno brasileño considera como una victoria su táctica, tomando en cuenta que solo 36 % de sus exportaciones a EE. UU. se verán afectadas por la mayor tasa impositiva aplicada por Washington.


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Buscando alternativas

Brasil ha demostrado estar mejor preparado de lo que se creía para afrontar la actual coyuntura, que impactará menos de lo que se esperaba, en parte gracias a que se trata de una economía relativamente cerrada, además de haber ido reduciendo su dependencia de las exportaciones.

Aun así, habrá afectación, pero de momento los exportadores brasileños tienen como una primera salida aferrarse a lo que es habitual en el comercio internacional: en caso de existir pedidos previos o contratos de compra vigentes antes del 6 de agosto, pueden negociar con sus clientes cuál de las partes asumirá la carga del arancel, que por lo general es el importador. De este modo, los productores del país sudamericano pueden preservar su margen.

Tiago Severini, socio del área tributaria en la firma Vieira Rezende, señala que, en el caso de ventas futuras, es previsible que las partes negocien con cierta reducción del margen por parte del exportador, pudiendo variar según el arancel correspondiente al producto en cuestión.

“Obviamente, esta reducción del margen no beneficia a nadie, pero puede ser preferible a una acumulación de inventario o ventas alternativas con márgenes aún menores”, dice.

Si las partes no llegan a un acuerdo, la opción podría ser entablar relación con otro importador o vender en el mercado interno a precios más bajos. En el primer caso, desde un primer momento Brasil ha echado mano de su rol como fundador del grupo de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los que se han sumado Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia) para reforzar los lazos con los países miembros, especialmente con China, su principal aliado comercial.

En cuanto a la venta en el mercado interno, el gobierno anunció recientemente un programa de compras de varios de los productos destinados al mercado estadounidense, para ser destinados a programas alimentarios en escuelas, universidades, hospitales, las Fuerzas Armadas y prisiones, entre otros entes estatales.

En principio, las compras gubernamentales, cuyos montos no han sido precisados, están centradas en frutas como açaí, uvas, mango y castañas, agua de coco, miel y pescados. Por el momento, no está prevista la compra de rubros que sí pagarán el arancel más alto, como café, azúcar de caña o carne bovina, pues aseguran que existen otros mercados hacia los cuales dirigirlos.

Al respecto, el bufete Demarest Advogados precisó en un comunicado que entre los beneficios otorgados por la medida está el prescindir de la licitación y la elaboración de estudios técnicos preliminares para la compra, así como la presentación simplificada de los términos de referencia y la adopción del sistema de registro de precios, con lo cual se agiliza la transacción.


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Plan de ayuda

Las compras gubernamentales se inscriben en el marco del Plan Brasil Soberano, una medida provisional lanzada a mediados de agosto por el gobierno para paliar los efectos de los aranceles y que prevé utilizar más de 5.500 millones de dólares para otorgar diversos beneficios a productores y exportadores.

El ambicioso plan, dirigido particularmente a la micro, pequeña y mediana empresa, amplía la cobertura del fondo dedicado a las operaciones de crédito para el comercio exterior, así como prever el otorgamiento de créditos a través del Programa de Emergencia de Acceso a Crédito  operado por el Fondo de Garantía de Inversión (PEAC-FGI) para los exportadores afectados.

Asimismo, contempla beneficios fiscales, al aportar recursos para el reembolso o reintegro de impuestos federales, así como el aplazamiento del pago de dichas contribuciones.

Al respecto, el comunicado de Demarest señala que el Ministro de Hacienda podrá establecer condiciones y criterios para otorgar prioridad en el proceso de reembolso y devolución de créditos fiscales, además de aplazar la fecha de vencimiento de los impuestos federales y cuotas relacionadas con la deuda activa de la Unión.

El plan también prevé otorgamiento de una prórroga excepcional de hasta un año en el período de suspensión tributaria bajo el régimen de drawback, con lo cual busca que los exportadores usuarios tengan mayores lapsos para negociar las ventas, adelantándose a la posible cancelación del pedido por parte de clientes estadounidenses.

“También se prevé la cobertura de los servicios logísticos mediante los beneficios del drawback, lo que genera una reducción significativa de costos en la logística de entrega. Esto tiende a compensar, aunque sea parcialmente, la compresión de márgenes”, apunta Severini.


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¿Será esto suficiente?

Aunque ayuda a paliar las consecuencias que los aranceles tendrán para los micro, pequeños y medianos productores, los efectos del Plan Brasil Soberano son limitados y temporales, ello sin contar posible incidencia negativa en las finanzas públicas.

Ruy Dourado, socio de Dourado & Cambraia Advogados, está entre quienes así lo creen y agrega que el gobierno se muestra reacio a implementar un ajuste fiscal estructurado y medidas que aumenten la competitividad económica de Brasil.

“El plan tiende a presionar aún más las finanzas públicas sin neutralizar de forma duradera el daño al crecimiento y la industria. La verdadera solución no es el Plan Brasil Soberano, que gran parte de la sociedad brasileña ni siquiera conoce, sino la diplomacia comercial y los acuerdos bilaterales”, apunta.

Por lo pronto, Brasil ha optado por la diplomacia y demandó a EE. UU. ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), argumentando que los gravámenes “vulneran los compromisos multilaterales asumidos por Estados Unidos”, país que aceptó dirimir la situación en el seno del organismo multilateral.  

Las discusiones, que pueden tardar entre algunos meses y hasta tres años, podrían llegar a punto muerto, en virtud de que el órgano de resolución de diferencias de la OMC se encuentra inoperativo desde 2019, cuando Washington decidió no nombrar sus magistrados.


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A favor del norte  

Con una economía muy sólida y hasta cierto punto cerrada, Brasil ha ido transitando un camino seguro para dejar de depender del voluble mercado internacional. Según datos oficiales, en 2024 sus exportaciones ascendieron a 337.000 millones de dólares, lo que representó poco más del 15 % del PIB durante el año pasado, un porcentaje bastante modesto si se compara con la relación de 25 % que muestra México o del 70 % en el caso de Tailandia.  

Aunque EE. UU. sigue siendo el segundo mayor socio comercial de Brasil, cada vez depende menos de las compras de su vecino del norte. En 2024, solo el 13 % de las exportaciones brasileñas tuvieron como destino aquel país, casi la mitad respecto al 25 % que representaba hace dos décadas.

El comercio bilateral en 2024 fue de poco menos de USD 81.000 millones, un alza de 8,1 % en comparación con 2023. Brasil exportó a EE. UU. un total de USD 40.300 millones e importó mercancías por USD 40.500 millones, con un déficit de USD 253 millones a favor del gigante del norte, país que ha tenido la balanza comercial a su favor en los últimos 16 años.  

En cuanto a inversión extranjera, EE. UU, es el principal inversor en Brasil desde hace más de una década. Los 188.962 millones de dólares aportados en 2024, según datos de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), representaron cerca de 20 % de la inversión extranjera directa en suelo brasileño, siendo el segundo destino de los capitales estadounidenses en el exterior, según datos del Departamento de Estado de Estados Unidos. 

 

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