La izquierda de América Latina frente al apetito de inversionistas

Gabriel Boric (Chile); Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil); Alberto Fernández (Argentina); Luis Manuel López Obrador (México) y Gustavo Petro (Colombia)./ Fotos oficiales.
Gabriel Boric (Chile); Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil); Alberto Fernández (Argentina); Luis Manuel López Obrador (México) y Gustavo Petro (Colombia)./ Fotos oficiales.
La moderación se ha impuesto entre los líderes progresistas, especialmente quienes gobiernan en las cinco principales economías de la región.
Fecha de publicación: 20/01/2023

Los pronósticos globales para este 2023 no son inciertos. De hecho, los líderes de la economía global reunidos en la edición 2023 del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, han advertido sobre la posibilidad de una recesión o desaceleración, enmarcada por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania iniciado en febrero de 2022 y sin visos de culminar.

Con este telón de fondo, la moderación se impone para la nueva camada de gobiernos de izquierda que -desde 2018- vienen ganando terreno en América Latina. Según expertos, este grupo es muy diferente al anterior, al que bañó la región en la primera década de este siglo, y en distintos puntos. Esta 'marea rosa', como la califica Miguel Martínez Meucci, politólogo de la Universidad Austral de Chile, tiene origen en la pandemia del COVID-19. 

“Si bien se presentan aumentos en el precio de los commodities, muchos países dentro y fuera de la región atraviesan una recesión económica y dinámicas inflacionarias importantes, de modo que ahora será más difícil echar mano del gasto público para gobernar”, afirma Martínez Meucci.

 

 


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Cambio en el discurso

En efecto, las condiciones en la región como en el mundo difieren de los tiempos en que Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega recorrían el continente llamando a un 'cambio radical' hacia una izquierda que el difunto venezolano tildó como ‘socialismo del siglo XXI’ (término copiado al sociólogo alemán Heinz Dieterich), corriente que poco tuvo de ideología marxista y bastante de liberalismo.

Y si por las experiencias recientes se pude juzgar el porvenir, las evidencias de moderación saltan a la vista. Desde 2018, cuando ganó la presidencia, el encendido discurso de Andrés Manuel López Obrador no ha hecho mayor mella en la economía mexicana, que sigue rampante como la segunda más importante de la región y como el paso seguro que comunica al desarrollado norte con el emergente sur continental.

Argentina, gobernada desde 2019 por Alberto Fernández, es quizás la nación que ha llevado la peor parte entre las grandes del vecindario, pero su crisis tiende a ser más estructural que ocasionada por ideologías de viejo cuño. Mientras que Chile, con Gabriel Boric al frente, mantiene intacta su preeminencia como una de las economías más confiables de América Latina.

En Colombia, la incertidumbre que despertó el triunfo de Gustavo Petro se ha reducido por un accionar bastante alejado de lo anunciado por el exguerrillero durante su campaña presidencial; en tanto que el temido regreso de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia de la nación más grande y rica del subcontinente se disipa por un discurso ecuánime, aunque aún es muy pronto para hablar.   

 

Jaime Reusche, oficial sénior de crédito en Moody's Investors Service, agencia de calificación crediticia en Moody's Corporation, opina que casi todos los países de la región han tenido que redirigir sus recursos para el gasto social en solventar los problemas derivados de la alta inflación, lo que unido al incremento del crédito, ha reducido su campo de acción significativamente, lo que también afecta a los regímenes de izquierda.

"En ese sentido vemos que hay un reducido margen de maniobra para los gobiernos de todo corte político en la región, lo cual dificulta proyectar si estos gobiernos podrán mantenerse en el poder luego de que acaban sus mandatos y no habrá un giro en el péndulo político. Eso dependerá de que tan rápido se desvanezca el shock inflacionario y de la eficiencia del gasto fiscal en apaciguar las demandas sociales", dice el analista. 


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¿Qué depara el mañana? 

En términos generales, se prevé que, aunque ralentizada, la economía planetaria tendrá un ligero crecimiento este 2023. Para América Latina, tanto el Banco Mundial (BM) como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL, oficina de la ONU para la región) prevén una expansión de 1,3 %, menos de la mitad del alza de 3,7 % estimada para 2022 y muy por detrás del 6,7%, registrado en 2020. Aun así el panorama para los procesos de fusiones y adquisiciones y las inversiones en general sigue en positivo.

“Aunque es incierto el desenvolvimiento que pueda tener la región, somos optimistas y vemos que lo que más ha afectado al dinamismo son factores externos que han impactado la inflación y la tasa de cambio, por ejemplo, la subida de tasas como consecuencia de la inflación (principalmente en Estados Unidos), la desaceleración de China y la guerra en Ucrania”, dice Juan Felipe Vera, socio del área mercantil y M&A de Cuatrecasas en Bogotá.

La subida de las tasas de interés y, con ello, del financiamiento se presenta como una de las mayores trabas que afectará el crecimiento regional y mundial, de la mano con la alta inflación que sigue marcando la pauta en todo el planeta. 

Tono conciliador - Colombia

En el caso de Colombia, Vera señala que -salvo algunos sectores muy específicos- la llegada del nuevo gobernante al Palacio de Nariño no ha tenido efecto alguno sobre la economía, apreciándose que los índices de consumo siguen altos y “el clima de inversión por ahora se mantiene sin cambios”.

Respecto al mercado de fusiones y adquisiciones, señala que -como es usual- la tendencia política siempre tendrá algunos efectos en este, lo que de alguna manera ayuda a dinamizarlo.

“Siempre habrá oportunidad para que los más conservadores salgan de sus inversiones y otros, con apetito oportunista, entren con tasas interesantes de descuento. En el caso de Colombia, algunos sectores más golpeados que otros han generado movidas de esta naturaleza y otros han incentivado la inversión”, dice el socio de Cuatrecasas - Colombia.

Ejemplo de esto último es que las políticas del nuevo gobierno frente a la reducción de emisiones que supone el cese de la extracción de petróleo, gas y carbón a largo plazo, ha despertado el interés por inversiones en proyectos de energías renovables.

De igual forma, desde la sede colombiana de Cuatrecasas, especialistas prevén que el de infraestructura será otro sector de interés para invertir, mientras que el movimiento en empresas familiares y tradicionales que buscan diversificar sus inversiones crea nuevas oportunidades para los interesados de dentro y fuera del país en movilizar sus capitales.

Por otra parte, es de hacer notar que el discurso contra la industria petrolera que caracterizó la campaña de Petro cambió apenas arribó a la presidencia, dejando claro que el gobierno reconoce la relevancia y contribución que la minería aporta a la economía, por lo que cualquier medida al respecto será aplicada de forma gradual y no radical, como se temió.

“Creemos que el gobierno se mantendrá en esta línea durante todo su periodo”, acota Vera.

 

Jaime Reusche concuerda con el abogado, señalando que si bien durante la campaña Petro tenía como prioridad recortar la explotación de hidrocarburos, ha tenido que torcer el discurso y se están implementando subsidios costosos a los combustibles, justamente porque el alza de los precios debido a la inflación está afectando fuertemente a la ciudadanía. 

El gigante no se inmutó - Brasil

Con un PIB de 1.608 millones de dólares en 2021, según la CEPAL, Brasil tiene más que ganado su apodo del gigante del sur y por ello cualquier cambio político es percibido como una señal para todo el continente.

Esta es la razón por la que el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al Palacio de Planalto despertó desconfianza, aunque esta se ha disipado ante un político mucho más moderado que el exlíder sindical que gobernó al país entre 2003 y 2011.

¿Por qué? Básicamente porque el Brasil de hoy no tiene la solvencia de una década atrás y las urnas dijeron algo muy distinto que en aquel entonces: el triunfo de Lula con 50,90 % de los votos frente a 49, 10 % del expresidente Jair Bolsonaro, habla de un país dividido a la mitad donde no hay espacio para la misma agenda política de antes.

“Las primeras medidas económicas relevantes tomadas por el gobierno parecen indicar otro tipo de perfil de política económica, más centrado en la captación de fondos. La ampliación del espectro de contribuyentes del Impuesto a la Renta y la definición de una línea más fiscalista en las decisiones tributarias evidencian un inicio que tiende a diferir”, afirma Jayme Petra de Mello Neto, coordinador jurídico del escritorio Marcos Martins Advogados Associados, desde São Paulo. 


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El experto cree que siendo el Tesoro más fuerte de los países afines a la izquierda latinoamericana, Brasil cumpliría un rol similar al de Alemania en la zona euro, asumiendo la condición de inversor en esos países relacionados, lo que hace que el mercado local de fusiones y adquisiciones (y, por ende, las inversiones) pierda relevancia para centrarse en alguna de las 10 naciones de la órbita izquierdista que hay en la región.

Ahondando en el tema de las M&A, de Mello Neto cree que estas operaciones estarán mucho más orientadas a satisfacer una necesidad de caja para la facturación productiva que al crecimiento de grupos empresariales por adquisición de mercado.

“La tónica de los equipos económicos de estas economías es enfatizar la demanda, incentivando mucho más a las personas que a las empresas”, dice.

El despacho brasileño estima que las fusiones y adquisiciones serán menos intensas que las operaciones de financiación internacional, tomando en cuenta que los fondos domésticos tienden a ser destinados a demanda como una forma de compensación social, antes que la producción. De allí que prevén que las operaciones de captación de recursos externos con base en instrumentos de deuda serán más recurrentes que las operaciones de promoción del capital (equity).

Bueno, aunque no tanto - México

Pionero de esta nueva oleada rosa en el continente, la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia mexicana tampoco tuvo mayores incidencias en la economía, más allá de los temores iniciales y, aunque México no ha escapado de los vaivenes de las finanzas internacionales, sigue jugando un importante papel como el representante latino ante Canadá y Estados Unidos.

De hecho, la décima reunión de presidentes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte celebrada recientemente en Ciudad de México fue un espaldarazo para la política económica del gobierno, tomando en cuenta las palabras del premier canadiense, Justin Trudeau, quien remarcó que, en conjunto, las tres naciones conforman una potencia económica que supera a la Unión Europea.

Sin embargo, no todas las opiniones son favorables. Ángel Escalante Carpio, socio fundador de Escalante & Asociados, señala que actualmente se está presentando una oportunidad histórica de crecimiento con Estados Unidos y Canadá por el reacomodo de las cadenas de suministro (nearshoring) y la búsqueda de fomentar energías verdes en la región.

"Sin embargo, esta oportunidad está siendo escasamente aprovechada debido a las duras políticas de la izquierda mexicana y la falta de certeza jurídica", comenta el abogado.

Además, considera que la relación de AMLO con el sector privado ha sido "sumamente ríspida", particularmente por la agresiva política fiscal aplicada, que -asegura- ha "sacrificado" la seguridad jurídica de los contribuyentes.  

Algunos datos podrían servir de apoyo a esta postura. De acuerdo con las estimaciones del Banco Mundial y otras entidades financieras, en 2022 México habría crecido 1,4 %, lo que proyecta que durante el mandato de AMLO el promedio de crecimiento es de 0,6 %, el más bajo registro reciente, excepto por el sexenio de Miguel de la Madrid.

En torno a procesos de fusiones y adquisiciones, Escalante Carpio reconoce que México sigue siendo un mercado atractivo más por su relación con EE.UU. y Canadá, pero echa de menos el dinamismo de hace algunos años. 


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Estadísticas de la CEPAL le dan razón al experto. Según datos preliminares, se estima que en 2022 las operaciones de fusiones y adquisiciones en México sumaron 12.200 millones de dólares, una caída superior a 50 % respecto al período previo.

En contraparte, la Secretaría de Economía estimó que al cierre del tercer trimestre de 2022, la economía azteca había captado 32.147 millones de dólares en inversión extranjera directa, un alza de 29,5 % frente al mismo período de 2021.

 

 

Mercado complejo

Si bien la opinión de los expertos consultados en Brasil y Colombia muestra confianza en un 2023 de resultados moderadamente positivos, otros análisis tienden a ser menos optimistas. Así y con base en los resultados de 2021, la CEPAL estima que América Latina y el Caribe vienen perdiendo terreno para las inversiones.

En su informe "La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2022", la Comisión señala que en 2021 la región recibió 142.794 millones de dólares en capitales foráneos, 40,7 % más que en 2020, “pero este crecimiento no fue suficiente para alcanzar los niveles previos a la pandemia”. De hecho, la zona fue receptora de apenas 9 % del total de la inversión extranjera mundial, uno de los porcentajes más bajos de los últimos 10 años y lejano del 14 % que se registró en 2013 y 2014.  


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Otro tanto puede decirse de los procesos de fusiones y adquisiciones. De acuerdo con un reciente informe publicado por la consultora Refinitiv, en 2022 el monto regional involucrado en este tipo de acuerdos fue de 86.000 millones de dólares, una caída de 35 % respecto al período previo.

Pese a ello, diversos analistas prevén que este año el sector tenga una recuperación de 20 %, en atención a un posible reacomodo de las inversiones a escala global por la retirada de capitales de Rusia y China, así como por las siempre buenas expectativas que ofrecen diversas naciones de la zona al amparo de la abundancia de materias primas.

Jayme Petra de Mello Neto no descarta que en algunos casos exista una restricción total del crédito público para las empresas, convirtiendo las fusiones y adquisiciones en una alternativa frente al endeudamiento como forma de suplir una necesidad de trabajo.

Por su parte, Jaime Reusche cree que los inversionistas tanto locales como extranjeros se mantienen muy cautos y están prefiriendo tomar ganancias y dividendos en lugar de buscar reinvertir en muchos sectores en toda la región, debido a que el costo de capital ha aumentado en línea con los costos de financiamiento, lo que es disuasivo a la inversión y a las fusiones.

"Si a esto le añadimos la incertidumbre que generan los posibles giros bruscos en las agendas de gobierno de las nuevas autoridades que llegan al poder y un ambiente social caldeado, entonces vemos que en general la inversión total en la región con respecto al PBI va a estar mas baja que el promedio de la década prepandemia", subraya.

Pese a ello, el analista de Moody's cree que todo va a depender de la estabilidad jurídica que ofrezcan los países al margen del tinte político del gobierno, así como de las ventajas comparativas de cada nación en tanto apoyar el ingresos de inversiones "a pesar de la incertidumbre que pueda generar el ámbito político o social", dice. 

 


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China en el panorama

Por otra parte, no se puede menospreciar el interés de China en la región, fundamentado en los negocios antes que en la ideología, que solo ha servido como vaso comunicante para aligerar las formalidades.

Como la gran economía apoyada en el comunismo, desde principios de siglo el gigante asiático viene tomando posiciones en Latinoamérica, particularmente en países que, ideológicamente, le son afines. Así, a los pioneros Cuba y Venezuela siguieron otras naciones como Argentina, Ecuador, Brasil, México y Nicaragua, donde los vínculos con el país asiático han crecido de forma exponencial.

De hecho, recientemente Ecuador y China anunciaron el fin de las negociaciones para la firma de un tratado de libre comercio que permitirá ampliar las ya fecundas relaciones comerciales entre ambas naciones, cuya suma supera los 10.000 millones de dólares, de acuerdo con informaciones del ministerio ecuatoriano de Producción.  

Es de destacar que antes de la pandemia y solo en el área de infraestructura, China mantenía proyectos por el orden de los 18.000 millones de dólares en la región y se estima que entre 2015 y 2020 empresas privadas y paraestatales chinas invirtieron alrededor de 74.850 millones de dólares en los países de esta parte del mundo.

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