A simple vista, parece un tratado más de los muchos que ya existen. Sin embargo, la reciente firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur tiene connotaciones verdaderamente históricas, pues crea un mercado que supera los 720 millones de individuos y representa cerca de 25 % del PIB global, cifras más que interesantes en tiempos de guerras arancelarias.
El acuerdo, que seguirá reduciendo gradualmente aranceles a lo largo de los próximos 15 años, ofrece un sinfín de oportunidades para los 31 países que conforman la nueva alianza (27 europeos y 4 americanos), pero también plantea numerosos retos en el entendido de abrir la puerta a la competencia entre las industrias del primer mundo y naciones en vías de desarrollo, que deberán buscar la complementariedad para lograr sobrevivir.
Se trata de un pacto complejo, que no solo concierne a la liberación de las barreras arancelarias y no arancelarias, sino que toca aspectos como la inversión directa y la apertura de nuevos jugadores a la contratación pública, así como el espinoso tema medioambiental y las emisiones de CO2, sin olvidar la importancia geopolítica que adquiere el pacto en virtud del reacomodo del comercio global tras la guerra arancelaria desatada el año pasado por EE. UU.
Humo blanco
Luego de 25 años de negociaciones, la Unión Europea (UE) y el Mercado Común del Sur (Mercosur) concluyeron la ronda de negociaciones que dará paso al mayor acuerdo de libre comercio del mundo, con alcances que se pierden de vista.
“Para el Mercosur, esto significa la posibilidad de insertarse de manera más profunda en las cadenas globales de valor a través del establecimiento de reglas claras y previsibles para el comercio y la inversión”, señala Nicolás Matías Aguilera, asociado de la firma paraguaya Berkemeyer.
En efecto, si bien ambos bloques se verán beneficiados con el tratado, pareciera que las oportunidades para los socios americanos son aún mayores, tomando en cuenta se trata de un sistema de liberalización asimétrico donde Mercosur tendrá mayores lapsos para los desgravámenes pues, mientras la UE libera hasta el 93 % de sus importaciones desde el Mercosur en un plazo máximo de 10 años, el Mercosur tendrá 15 años para liberar el 90 % de sus importaciones desde la UE.
“En términos generales, la UE abre de manera inmediata alrededor del 74 % de su universo arancelario, mientras que el Mercosur solo liberaliza de inmediato cerca del 14,1 %, concentrando la mayor parte de la apertura en plazos de 10 y 15 años”, apunta Ana Carola Muñoz, socia de la firma boliviana Orienta Legal.
Adicionalmente, un 15 % de las mercancías exportables irán descontando gravámenes en los próximos años hasta llegar a cero, mientras que 7,2 % de los productos tendrán acceso preferencial.
“El acuerdo contribuye a descomprimir tensiones internas del Mercosur, refuerza su proyección externa y podría acelerar negociaciones con otros socios estratégicos como Canadá, Emiratos Árabes Unidos e India”, dice Augusto Vechio, socio del departamento de comercio internacional y derecho aduanero del despacho argentino Beccar Varela, aclarando que también habrá beneficios a lo interno del Mercosur.
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Algo más que comercio
Si bien la eliminación de aranceles es el centro neurálgico del acuerdo, hay temas conexos de importancia, en virtud de la estabilidad que proporcionan un intercambio entre ambos bloques que en 2024 bordeó los 130.000 millones de dólares. Entre esos aspectos están:
- Seguridad jurídica. Regidas hasta ahora por esquemas unilaterales como el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), de un régimen unilateral y discrecional sobre las preferencias arancelarias se pasa a un modelo contractual, un compromiso mutuo. Esto, sin duda alguna, otorga una previsibilidad y una claridad económica y jurídica nueva a los intercambios comerciales entre las dos regiones, lo que con certeza repercutirá favorablemente en el clima de negocios interregional.
- Estándar legal. Si en 1993 el nacimiento de la Unión Europea marcó un hito en los parámetros de asociación económica y política, muchos especialistas estiman que el acuerdo UE-Mercosur redefinirá las reglas de comercio interregional, cuyos lineamientos se han visto bombardeados por la política neoproteccionista de Washington.
- Mayor competitividad. Lejos de verse como una desventaja, el aumento de la competitividad puede redundar en una mejora de la calidad de los productos y reducción de precios, impulsando a las empresas a ser más eficientes.
- Crecimiento asegurado: Como su segundo socio comercial detrás de China, la UE representa un potencial de crecimiento para los productos y servicios del Mercosur, algo sumamente significativo tomando en cuenta el alto potencial de Sudamérica en energías limpias y como posible asiento de empresas de servicios digitales.
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La regla de oro
Un tema que despierta gran interés a raíz del acuerdo es la regla de origen, que en el comercio internacional determina la “nacionalidad” de un producto, a fin de poder acceder a beneficios arancelarios. En muchos casos, esa procedencia se fija por normas unilaterales, como las ya citadas del SGP.
Nicolás Aguilera recuerda que esta metodología se reemplaza por reglas convencionales establecidas directamente en el acuerdo, aclarando que no existe un porcentaje específico y único de componente local para considerar a un producto como del Mercosur, sino que se determina para cada rubro conforme a anexos técnicos basados en la clasificación arancelaria.
Señala que, en términos generales, para muchos productos industriales se utilizan criterios de valor agregado regional, donde el contenido de insumos no originarios suele ubicarse, según el sector, en rangos de entre 45 % y 50 %. En otros casos, el origen se determina por un cambio de clasificación arancelaria o por la realización de procesos productivos específicos, como ocurre en los textiles.
“En el caso particular de Paraguay, el acuerdo incorpora cierta flexibilidad adicional. Por ejemplo, en el sector de autopartes se prevé un régimen especial que permite hasta 55 % de insumos no originarios durante un período transitorio de ocho años, lo cual es relevante para su estructura productiva”.
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Espinoso asunto
Otro tema polémico es el ambiental, en especial con la entrada en vigencia del Reglamento Europeo sobre productos libres de deforestación (EUDR), normativa pionera en su área que ha establecido un estándar a seguir, y cuya rigurosidad ha sido vista como un posible freno a la entrada de productos agrícolas al mercado del viejo continente.
Al respecto, Victor Lopes, socio de las áreas de comercio internacional y aduanas e impuestos de Demarest, señala que el acuerdo no exime a los productos originarios del Mercosur de cumplir el reglamento, estableciendo en su capítulo sobre comercio y desarrollo sostenible compromisos ambientales comunes y cooperación en cuestiones climáticas.
“Esto puede servir como plataforma política para el diálogo en temas como las salvaguardias para los pequeños productores, el apoyo técnico y el intercambio de datos, así como para evitar que los países del Mercosur sean designados como de alto riesgo de deforestación, lo que aumenta el rigor de los requisitos de auditoría previstos en el EUDR”, comenta.
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Salvaguardias e inversiones
Otros puntos polémicos son las salvaguardias, inversiones y licitaciones. Sobre lo primero, Augusto Vechio acota que, en efecto, además del régimen de defensa comercial establecido en el marco de la Organización Mundial de Comercio, el acuerdo prevé un régimen bilateral de salvaguardias para evitar que productos de un país “inunden” otros mercados.
“La UE también ha adoptado un reglamento específico para productos agrícolas sensibles vinculados al acuerdo, con monitoreo reforzado, umbrales bajos, y procedimientos acelerados”, subraya.
Respecto a inversiones, Victor Lopes aclara que el acuerdo no incluye un capítulo sobre protección de las inversiones, como tampoco mecanismos de solución de controversias entre inversionistas y estados (ISDS), por lo que el pacto firmado no sustituye ni impone nuevas normas a los convenios bilaterales de inversión.
No menos determinante es lo relativo a la entrada de empresas europeas en los procesos de licitaciones públicas en este lado del Atlántico. Sobre ellos, Gianni Gutiérrez, socio de la firma FERRERE - Uruguay, estima que antes que una desventaja, la entrada de empresas de ambos bloques en licitaciones públicas será beneficioso pues fomentará la transparencia y la competitividad.
“Se dispone específicamente que los proveedores de la otra parte reciben trato igualitario y no discriminatorio”, dice.
Sin embargo, no todas las licitaciones públicas estarán cubiertas por el tratado, sino que se establecen umbrales mínimos y un listado de actividades comprendidas con exclusiones por seguridad u otros aspectos sensibles.
“Dentro de las licitaciones públicas encontramos, por ejemplo, las obras públicas grandes, suministros y asesoramientos de alto valor que se van definiendo por país e incluso por sector del Eetado involucrado en la adquisición”, agrega Laura Caffera, asociada sénior de la firma regional.
Argentina: Más inserción
Para el vocero de Beccar Varela, la firma del acuerdo UE-Mercosur sin duda traerá mayores oportunidades de exportación para Argentina, principalmente en productos agroindustriales donde enfrenta barreras arancelarias o de cupo. También se prevé un alza de inversiones, en particular en minerales críticos como litio y cobre, favorecidas por reglas claras, previsibilidad y estándares elevados.
De igual modo, crecerá la oferta de maquinaria, vehículos, productos farmacéuticos y otros bienes industriales europeos, con mayor competencia y posibles efectos a la baja en precios.
“Más allá del impacto comercial directo, la presencia en el mercado europeo también opera como un `benchmark’ de estándares, facilitando la posterior inserción de productos argentinos en otros mercados exigentes”, dice Vechio.
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Brasil: Mirar a largo plazo
El especialista de Demarest vislumbra un cúmulo de oportunidades a corto plazo para Brasil con el tratado, en particular por el incremento de las exportaciones agrícolas y mineras.
“A largo plazo, sin embargo, si el sector industrial logra ser más competitivo gracias a la competencia con la industria europea, es posible que también se beneficie del acuerdo”, dice Lopes.
Del mismo modo, no descarta que, si el país logra aumentar su competitividad, ello representaría un gran atractivo para atraer inversiones, redundando así en un incremento de las exportaciones de productos manufacturados.
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Paraguay: potencial en servicios
En opinión del socio de Berkemeyer, el tratado traerá mayor dinamismo a las relaciones de Paraguay con los países europeos, estimándose que más del 95 % de las exportaciones paraguayas podrán ingresar a ese mercado con arancel cero o preferencial.
Al recordar que la UE es el principal importador mundial de servicios, con valores superiores a USD 800.000 millones anuales, Aguirre ve en ello una oportunidad para que sectores emergentes como las TIC y de servicios basados en el conocimiento encuentren en Europa un mercado de consumo masivo.
“Además, el acuerdo posiciona a Paraguay como una plataforma logística y productiva atractiva para la inversión extranjera directa europea, que ya es el principal inversor en la región”.
Uruguay: beneficios con algunos riesgos
De acuerdo con estimaciones del Ministerio de Economía y Finanzas de Uruguay, el acuerdo podría generar para ese país un incremento de hasta 1,5 puntos porcentuales del PIB, acompañado de un crecimiento estimado del 4 % en las exportaciones de bienes, un aumento del empleo del 0,5 % y mejoras en el salario real próximas al 1 %.
Sin embargo, el ingreso de productos europeos puede generar serios desafíos para algunas industrias, como la de la leche, toda vez que los lácteos europeos llegarán sin aranceles dentro de ciertas cuotas —leche en polvo, fórmulas infantiles y quesos—, generando mayor competencia para la producción uruguaya dentro del Mercosur, especialmente en Brasil, su mercado clave.
“Esto es visto como una amenaza para una industria fuertemente golpeada como la láctea. Este mismo efecto deberá analizarse para otras actividades y, seguramente, existirán otros sectores desafiados”, agrega Gianni Gutiérrez.
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Bolivia: a la espera
Aunque es parte del Mercosur desde 2024, la aplicación del acuerdo depende de la culminación de su proceso de incorporación plena al acervo normativo del bloque, particularmente en materia arancelaria y comercial. Finalizada su integración, Bolivia quedará sujeta a los mismos cronogramas de desgravación y tratamiento especial para productos sensibles del tratado.
En consecuencia, el comercio boliviano con los países de la Unión Europea continúa rigiéndose por las condiciones vigentes, lo que podría generar desventajas competitivas.
“El principal valor del acuerdo radica en la posibilidad de promover mayor valor agregado, encadenamientos productivos y estándares internacionales en sectores como minería, agroindustria procesada, manufacturas ligeras y servicios especializados, siempre que el país logre adecuarse a las exigencias técnicas del mercado europeo”, puntualiza Ana Carola Muñoz.







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