Energías renovables para alimentar la IA: retos y oportunidades para Centroamérica

Regular el almacenamiento y mejorar la interconectividad de las redes de transmisión son tareas pendientes en la región centroamericana./ iStock.
Regular el almacenamiento y mejorar la interconectividad de las redes de transmisión son tareas pendientes en la región centroamericana./ iStock.
Con un potencial que se pierde de vista, la región está llamada a convertirse en el gran suplidor energético para la industria tecnológica.
Fecha de publicación: 26/09/2025

La irrupción de la inteligencia artificial en todos los campos del quehacer humano ha traído consigo un inusitado aumento del consumo energético, lo que impone nuevas cotas de producción eléctrica para alimentar la creciente demanda que requieren los cada vez más numerosos centros de datos que sustentan esta tecnología.

Cálculos la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), señalan que, actualmente, los centros de procesamiento de datos representan el 2 % del consumo eléctrico en todo el mundo, unos 536 teravatios/hora (TWh), porcentaje que seguirá creciendo en la medida que la IA sea aplicada a nuevas tareas y funciones de la vida diaria y suba el tiempo de exposición del consumidor a los dispositivos de acceso a la IA. 

De hecho, la consultora Deloitte prevé que, para 2026, los centros de datos de IA consumirá 90 TWh anuales, aproximadamente una séptima parte del consumo energético proyectado para toda la infraestructura de centros de datos a nivel mundial, un consumo que para 2030 alcanzará entre al tiempo de pronosticar que 1.000 y 1.300 TWh.

Es aquí donde el potencial energético de Centroamérica cobra una importancia capital, especialmente tras la incursión en fuentes renovables para la generación, un apartado en el cual la región se alza como la mayor productora del planeta, lo que impone el reto desarrollar toda la infraestructura requerida para convertirse en suplidor energético preferencial y confiable para la IA generativa.


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Pasos previos

Según el ranking mundial de generación eléctrica renovable de la Organización Latinoamericana de la Energía (Olade), entre los 20 países a escala global con mayor participación de fuentes renovables en la generación eléctrica, siete son centroamericanos: Costa Rica (único país junto a Paraguay en producir 100 % energía renovable), El Salvador (84 %), Panamá (84 %), Belice (76 %), Nicaragua (74 %) y Guatemala (71 %).

Si bien en todas estas naciones el grueso de la producción se basa en la hidroelectricidad, otras fuentes alternativas vienen ganando terreno. Muestra de ello es Costa Rica, donde 24 % de su generación proviene de fuentes eólicas y geotérmicas, una estrategia que está siendo imitada por países vecinos. 

La región ha dado pasos importantes hacia la consolidación de su industria energética, al contar, entre otras iniciativas, con el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (Siepac), que interconecta las redes de los diferentes países; el Ente Operador Regional (EOR), encargado de administrar y operar técnica y comercialmente las transacciones de energía en la región, y el Mercado Eléctrico Regional (MER), para la compraventa de energía. Además, la región busca coordinar en una misma dirección las iniciativas nacionales de expansión del sector eléctrico.

“Esto sienta las bases para contratos de suministro de energía limpia que garanticen la confiabilidad que exigen los data centers y la operación de la inteligencia artificial”, apunta Cindy Arrivillaga, directora del área de banca y finanzas de la oficina en Guatemala del bufete multinacional Arias.


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Preparar el terreno

Sin embargo y pese a su innegable potencialidad, Centroamérica presenta obstáculos que deben ser superados para lograr el objetivo de convertirse en el gran centro de producción energética que supla las exigencias de la IA generativa.

Diego Gallegos, socio en Arias - Costa Rica, señala que es un objetivo posible y realista, pero solo si se asume como un proceso de mediano y largo plazo.

“Se requiere inversión sostenida en infraestructura, la modernización del marco regulatorio, así como un respaldo político y social que acompañe cada etapa de la transformación. Costa Rica ya cuenta con las bases necesarias gracias a su tradición en energías renovables, pero para responder a las demandas globales debe seguir creciendo”, dice.

La construcción de nuevas plantas de generación eólicas, solares y geotérmicas, la modernización de la red de transmisión para asegurar un suministro estable y sin interrupciones, así como el fortalecimiento de las interconexiones regionales para ampliar el intercambio y respaldo eléctrico, son acciones que los voceros de Arias en la región creen indispensables.

“Si se fortalecen estas conexiones y se generan excedentes exportables, la región podría avanzar hacia esa meta, aunque siempre complementada con fuentes firmes que aseguren la estabilidad del suministro”, refuerza Missuly Clark, asociada sénior de Arias - Panamá.


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El marco necesario

Tema de suma importancia para consolidar a Centroamérica como un seguro suplidor energético de la industria tecnológica es el marco regulatorio. Varios países de la región han venido adaptando sus legislaciones para acoger todas las aristas que implica, desde la generación a la distribución, pasando por la interconexión de las redes de transferencia que hoy garantizan el suministro en toda el área.

Costa Rica, nación pionera a escala global en materia de energía renovable y puntal en Centroamérica de la industria tecnológica, ha venido desarrollando un sólido compendio legal liderado por la Ley que Autoriza la Generación Eléctrica Autónoma o Paralela, la Ley de Regulación del Uso Racional de la Energía, y la Ley 10.086 o de Promoción y Regulación de Recursos Energéticos Distribuidos a partir de Fuentes Renovables.

"A pesar de este marco, aún existen oportunidades para potenciar el desarrollo energético del país. Para ello, sería necesario promulgar nuevas leyes que promuevan la inversión con incentivos fiscales, regulen la integración de sistemas de almacenamiento de energía, modernicen la red eléctrica para soportar flujos bidireccionales y, sobre todo, simplifiquen los trámites burocráticos”, apunta Diego Gallegos.

Panamá, que destaca como uno de los primeros países en subirse al tren de las energías renovables, promulgó en 2004 la Ley 45 para el fomento de la inversión en nuevas fuentes renovables (solar, eólica, geotérmica y biomasa) así como la Ley 44 de 2011, que creó un régimen especial para centrales eólicas.

No obstante, Missuly Clark cree que aún existen áreas de mejora, entre ellas normas específicas para almacenamiento energético, así como para regular la operación sostenible de centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial.

“La creación de un marco que vincule eficiencia energética, certificación verde y atracción de inversión en infraestructura digital será esencial para posicionar al país en este nuevo escenario… De igual forma, la integración regional para exportación de excedentes debe reforzarse a través de reglas claras que faciliten el comercio eléctrico centroamericano”, dice.

Honduras, que sancionó en 2007 la Ley de Promoción a la Generación de Energía Eléctrica con Recursos Renovables, reformó la normativa en 2013 para abrir espacio a inversiones en energía renovable, estrategia que fue reforzada en 2014 con la Ley General de la Industria Eléctrica, que eliminó el monopolio de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE). Sin embargo, la iniciativa fue revertida en 2022 con el Decreto 46-2022, ley especial para garantizar el servicio eléctrico como un bien público de seguridad nacional.

“En términos generales, Honduras cuenta con un marco legal relativamente completo para regular el sector energético. El reto radica en que las entidades reguladoras apliquen estas leyes de manera clara, coherente y realista, en función de las capacidades actuales del Estado para garantizar el suministro de energía”, dice Mario Agüero, socio de Arias - Honduras.


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Mejorar lo presente

El Salvador es otra de las naciones que cuenta con un cuerpo normativo robusto, pues, además de la Ley General de Electricidad, promueve la generación desde fuentes alternativas con la Ley de Incentivos Fiscales para el Fomento de las Energías Renovables en la Generación de Electricidad.

En opinión de Carolina Lazo, socia de la oficina local de Arias, la normativa debe ser mejorada en lo relacionado con la conectividad y uso de la infraestructura de transmisión tanto interna como regional.

“Hay que generar las condiciones para facilitar que acreedores de los inversionistas y nuevos generadores, al gestionar financiamientos para el desarrollo de proyectos, puedan encontrar las protecciones legales necesarias para las garantías para el otorgamiento de dichos financiamientos”, comenta.

Nicaragua también ha dado un paso adelante en esta vía con la Ley para la Promoción de Generación Eléctrica con Fuentes Renovables, según la cual, hasta el 1 de enero de 2028, los nuevos proyectos sustentados en fuentes no convencionales podrán acogerse a beneficios fiscales como exoneración del pago de aranceles y de diversos impuestos hasta por 10 años.

Sin embargo, Rodrigo Ibarra, socio de Arias en Managua, señala que las nuevas exigencias del mercado desafían los marcos legales y obligan a los países a replantear sus regulaciones y adaptarlas a los nuevos mercados, como ocurrió en su país con las recientes regulaciones y adaptaciones para operaciones con gas natural.

Su colega costarricense secunda esta opinión, asegurando que el marco regulatorio actual no está diseñado para las exigencias de una industria tecnológica globalizada, por lo que se tendría que adaptar y modernizar para estar de la mano de esta propuesta, además de contar con el respaldo político que facilite las inversiones necesarias.

Otro tanto agrega Cindy Arrivillaga, al señalar que para aprovechar plenamente el potencial renovable de Guatemala —y por ende, de la región—, sería necesario actualizar y complementar el marco legal con normas que promuevan de manera más específica la integración de energías no convencionales, incluyendo la regulación del almacenamiento energético y la modernización del sistema de transmisión.

"De igual forma, podría considerarse la incorporación de políticas orientadas a facilitar la inversión en proyectos vinculados con la demanda intensiva y continua de electricidad, como los centros de datos y otras industrias asociadas a la inteligencia artificial”, puntualiza.


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La necesaria inversión

Para desarrollar el potencial energético de Centroamérica se requerirá de grandes cantidades de inversiones y, aunque no existen registros precios, estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señalan que, para elevar, como está previsto, a 85 % el porcentaje de electricidad renovable producido en la región, será preciso invertir unos 20.000 millones de dólares anuales hasta finales de la década.

Ello requiere de las naciones del área enfocarse en promoverse como tierra fértil para los capitales dirigidos al sector energético, pues su potencial, aunado al aumento constante de la demanda energética para alimentar la IA generativa, abre una oportunidad de cosechar buenos frutos a mediano plazo.  

“La promulgación de leyes con visión a una sinergia entre energía e innovación tecnológica, puede ser el motor para la atracción de inversión en infraestructura energética y para estimular el ecosistema tecnológico nacional. Solo con reglas claras, transparencia, una institucionalidad sólida y un compromiso de las partes involucradas (públicas y privadas) será posible atraer mayor inversión”, dice el abogado hondureño Mario Agüero.

Agrega que avanzar con la apertura del mercado energético a nuevos actores en áreas como la generación, distribución y comercialización se impulsará la competencia, eficiencia y diversificación del mercado, así como se fomentará la innovación tecnológica y nuevas soluciones energéticas.

Florencio A. Gramajo, consejero sénior de Arias - Guatemala, defiende las bondades de su país para atraer inversiones, no solo relacionada con generación de energía, sino porque —asegura— se perfila como sede natural para un hub regional de data centers.

“Su ubicación estratégica, con acceso directo a cables submarinos del Atlántico y Pacífico, la abundancia de energías renovables, costos operativos más competitivos y un ecosistema tecnológico en crecimiento, le otorgan condiciones únicas para atraer inversiones en infraestructura digital. Si se aprovecha este potencial, el país podría consolidarse como el verdadero Digital Crossroads of the Americas”.

Carlos Ubico, también socio de Arias - Costa Rica, recuerda la importancia de invertir en la construcción de nuevas plantas de generación, así como en el mantenimiento adecuado de las ya existentes, con el fin de asegurar un suministro eléctrico suficiente y estable a largo plazo.

En concordancia con su colega panameña, el especialista apunta que una inversión masiva en las redes de transmisión y distribución es preciso para garantizar el traslado de energía a gran escala hacia destinos específicos como los centros de datos, de manera confiable,

“La atracción de capital extranjero será determinante, lo cual exige un marco regulatorio predecible, esquemas de contratación a largo plazo y un entorno institucional que brinde confianza y estabilidad a los inversionistas”, puntualiza Missuly Clark.  

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