Durante la última mitad del siglo XX, Venezuela recibió a millones de migrantes. Esto hizo que quienes crecimos en lugares neurálgicos del país aprendiéramos a diferenciar a cada nacionalidad, usualmente de manera binaria (por fenotipo y acento) o, en mi caso, por el piso en donde cada extranjero vivía en el edificio en el que me crié.
Por ejemplo, en el piso 2 vivía el mexicano que tocaba mariachi. Todos los apartamentos del piso 11 eran de portugueses. El piso 20 estaba dividido entre bolivianos, colombianos y españoles. Los chinos vivían en los pisos 5, 12 y 18. La familia judía en el 6 y la familia musulmana en el 8. Los alemanes eran los del piso 16 y los ecuatorianos los del 19. El melting pot que eran el edificio, la parroquia y la escuela en los que crecí era enorme y maravilloso.
Mis fotos de cada año escolar están llenas de caras de distintos colores y rasgos, gente con apellidos en otros idiomas y otras religiones. Mi profesor favorito de bachillerato es peruano y el que peor me caía era ruso. Mis amigos más queridos tienen apellidos que viajaron desde muchos países distintos. El compañero de universidad con quien más me reía creció entre mates y alfajores; en la etapa laboral, el más divertido creció entre gyozas y brindaba con baijiu, y la compañera con quien más me costó conectar creció cantando La Marsellesa.
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Por mi experiencia, asumo que la mayoría de quienes conocemos otra cultura lo hacemos por lo que sus nacionales nos presentan de ella, que suele ser también un componente binario, en el que probablemente algún plato o bebida tradicional es 50 % de dicha dicotomía (con mi exsuegra portuguesa cocinaba pastéis de nata). Pero con el pisco siempre he tenido que dividir la atención: el vecino santiaguino de enfrente me lo presentó en mi juventud como un producto chileno, pero los vecinos chiclayanos de abajo me lo presentaron como peruano.
Ninguna de ambas “facciones” dio jamás su brazo a torcer, las dos se lo adjudicaban como propio de sus países e indicaban que el vecino mentía al llamarlo propio. Ese era el único "impasse" entre ellos, el resto del tiempo, se saludaban amenamente en los pasillos y el ascensor.
En esta época tan globalizada, es poco probable que, aún si no han tenido relaciones personales con peruanos o chilenos, existan latinoamericanos que no conozcan la controversia que rodea a este licor y que ha enfrentado por siglos a dos orgullosas naciones andinas, pero, ¿esta controversia puede resolverse legalmente desde la rama de la propiedad intelectual?
Si le preguntamos a personas de cada país, no hay duda, el pisco es de ellos no del otro. Y si bien por años hubo espacio para la duda (¿de verdad es de aquí o de allá?), en esta larga disputa en diciembre de 2024, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) entregó a la tierra de Túpac Amaru II cinco certificados que confirmaron el ingreso de documentos históricos relacionados con el origen del pisco como peruano.
Estos documentos presentados por el Perú, que en apariencia iban a zanjar la cuestión, se inscribieron ante el Registro Memoria del Mundo de la Unesco y fueron una escritura de 1587, que describe el comercio de un licor cuyos materiales son los del pisco, y una escritura de 1613 que describe la producción y comercialización marítima del aguardiente de uva desde el puerto de Pisco. Ambos documentos, escribió La República, demuestran la antigüedad de la producción del pisco en el país y reflejan la importancia económica y cultural de este licor (peruano de nacimiento) desde el periodo virreinal.
Pero, de acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, "el registro de piezas documentales en cualquiera de los programas o listas de Unesco no afecta la protección legal ni comercial de la denominación de origen del Pisco chilena en mercados internacionales ni modifica los derechos exclusivos garantizados por tratados internacionales".
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¿Es posible una denominación de origen exclusiva para el pisco?
En breve, una denominación de origen (DO) es un signo que se otorga por el lugar geográfico que influye (por factores naturales) en la distinción de ciertas características en determinados productos, además de que se consideran factores humanos como tradiciones, conocimientos ancestrales y costumbres de elaboración de estos productos.
Para Perú, según su DO, el pisco debe obtenerse de la destilación de mostos frescos de ‘uvas pisqueras’, fermentadas mediante métodos tradicionales ancestrales y únicamente puede ser producido en la costa de los departamentos de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua, y los valles de Locumba, Sama y Caplina, en el departamento de Tacna.
Del lado chileno, este aguardiente debe ser producido en los valles de Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa, también utilizando uvas pisqueras.
Cabe resaltar que, en palabras de Fabricio Sánchez, socio de competencia y propiedad intelectual de Benites, Vargas & Ugaz, la posibilidad de delegar en una organización internacional la decisión sobre la titularidad del pisco resulta compleja, ya que no se trata únicamente de un producto comercial, sino de un bien que ambos países —Perú y Chile— vinculan con su historia e incluso con su identidad, en el caso del Perú.
“Esta dimensión simbólica, sumada a las estrategias diferenciadas que cada país adopta para lograr el reconocimiento de su versión del producto y a las constantes oposiciones, dificulta que una sola entidad internacional pueda emitir un pronunciamiento vinculante para ambas partes. Esta misma complejidad explica por qué Perú y Chile han optado por posicionar el Pisco a través de registros nacionales o acuerdos con distintos países, según su estrategia y proyección internacional”.
Incluso si se necesitara una mediación oficial, que abriera un espacio de diálogo para exponer los puntos de vista de ambos países, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Ompi), y la máxima organización internacional de la propiedad intelectual, sería la entidad más alta para oír los argumentos de cada nación, pero no podría sentenciar que un solo país es el "dueño" del pisco.
Si bien el reconocimiento de los documentos históricos peruanos por la Unesco refuerza la posición del Perú en torno al carácter originario del pisco como producto peruano, este, como comunicó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, no implica una declaración oficial sobre la titularidad exclusiva del término.
“Se trata de un logro significativo en el ámbito cultural e histórico del Perú, pero no impide que Chile continúe impulsando su propia estrategia para el registro del 'Pisco chileno' en diversos países”, concluye.
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La relación de Chile con el pisco
Chile delimitó geográficamente el pisco en 1931, mediante el Decreto N°181, lo que formalizó legalmente su denominación (la Denominación de Origen peruana se declaró con la Resolución Directoral 072087-DIPI, el 12 de diciembre de 1990), y ha promovido activamente su producto, y las denominaciones de origen relacionadas, en mercados internacionales. Adicionalmente, la lista indicativa de la Unesco inscribió el paisaje cultural vitivinícola de Chile y este país ha destacado como el mayor productor y exportador de pisco, gracias a una industria basada en diversos acuerdos comerciales.
En Chile, como con Perú, hay un arraigo con este aguardiente. De su producción y comercialización depende una parte de su economía: Según el Ministerio de Agricultura, Chile produce alrededor de 40 millones de litros de pisco al año, con 25 empresas pisqueras involucradas.
En los últimos 10 años, las exportaciones de pisco aumentaron 183 %. También que, en 2024, las exportaciones de pisco chileno (principalmente hacia Argentina, Alemania, China y Estados Unidos) crecieron 33 % respecto a 2023 y superaron un valor de 5,3 millones de dólares. Además, cerca de 98 % de la producción se consume dentro del país, lo que indica un fuerte mercado interno cautivo.
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Esta estrategia comercial es vital en el reconocimiento de las denominaciones de origen chilenas en el mundo, apoyadas además por la inscripción del paisaje vitivinícola ante la ONU, que es parte de su plan para obtener el reconocimiento patrimonial.
Ante estos argumentos, y la firme posición de ambas naciones, se complica la trama. Puede que los observadores pensemos que ambos tienen la razón y que, simplemente, se trata de un producto derivado de una cultura compartida con características propias según el país (creería que los venezolanos y colombianos podríamos entenderlos, después de todo, nos disputamos la arepa). Pero, como con otros alimentos cuya existencia causa discrepancias entre países (como el borsch entre Ucrania y Rusia, la krainerwurst entre Austria y Eslovenia, el kimchi entre China y Corea del Sur, o el hummus entre los países levantinos), hay que echar mano de más que el orgullo y acudir a otro tipo de pruebas. O explicar de manera menos apasionada el por qué es tan importante que el pisco tenga una nacionalidad, en vez de dos.
El pisco como símbolo nacional que reúne historia
A pesar de que puede que se intente explicar la importancia del pisco para Chile y Perú de manera “aséptica”, lo cierto es que:
"La historia del pisco está profundamente entrelazada con la identidad nacional del Perú, porque representa una manifestación tangible de su herencia y creatividad. Desde la llegada de la vid al Perú, las poblaciones locales comenzaron la fabricación del aguardiente de uva: el pisco. De hecho, cabe precisar que la denominación Pisco constituye, desde el siglo XVI, el nombre de un poblado y de un puerto", dice Fabricio Sánchez.
Además, entre 1819 y 1826 la producción, comercialización y exportación del pisco se mantuvo con vigor, mientras las primeras autoridades republicanas regularon su comercio para fomentar la agricultura y recaudar fondos, “reconociendo su importancia económica y simbólica”.
"En ese sentido, el pisco no es solo una bebida; es un símbolo nacional que reúne historia, territorio, trabajo y memoria colectiva", sentencia el experto.
Pero de la misma manera que está atado a la identidad peruana, también lo está a la chilena. En palabras de Maximiliano Santa Cruz, socio de Santa Cruz IP:
"El pisco en Chile no solo representa un producto agrícola, sino también un símbolo de identidad territorial y cultural. Como primera denominación de origen en América (1931) y segunda del mundo, su origen se asocia con los valles del norte chico, especialmente el Valle del Elqui, donde según documentos de 1733 ya se usaba la palabra “pisco” para referirse al aguardiente local. Está documentada la existencia de viñas en la zona central de Chile al menos desde 1550, lo que demuestra que los derivados de la uva forman parte integral de nuestra cultura".
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¿Cómo el mundo reconoce al pisco como peruano o chileno?
La denominación peruana del pisco es reconocida por más de 70 países. Así lo recuerda Fabricio Sánchez, que compara este reconocimiento internacional con el caso de Chile, hacia el que solo Canadá, Corea del Sur, Brunei, Nueva Zelanda y Singapur reconocen a Chile la protección de la Indicación Geográfica Pisco, sin ninguna calificación “de Chile o chileno”, pero sin perjuicio de los derechos que se pudieran reconocer también a Perú.
Sobre el reconocimiento global, Santa Cruz destaca que es muy difícil hablar de consenso internacional, pues la extensa normativa internacional en propiedad intelectual define reglas, esto es, el qué, a quién, el cómo y hasta cuándo se debe proteger una marca, una patente, un diseño o una indicación geográfica. Pero qué específicamente reconoce que cada país queda en el ámbito de su soberanía.
Más aún tomando en cuenta que, como indica el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores chileno, los documentos inscritos por Perú tratan sobre el desarrollo del cultivo de las viñas y el comercio entre puertos. Por lo tanto, precisa el experto, es importante no confundir documentos históricos sobre la existencia de un aguardiente con el reconocimiento de una denominación de origen, lo que equivale a confundir la historia de un producto con su estatus jurídico internacional.
La denominación de origen, a diferencia de un producto genérico, no se refiere solo a una bebida alcohólica, sino a un signo distintivo legalmente protegido que vincula calidad, reputación y características específicas con un origen geográfico determinado. En vista que la propiedad intelectual opera sobre la base de la territorialidad y la independencia de los derechos, no existe una patente, una marca, una indicación geográfica o un diseño con validez internacional aunque existen esquemas regionales, aclara.
"Ahora, el que a diferencia de Chile, Perú busque el reconocimiento exclusivo para su aguardiente, naturalmente implica, en mi opinión, un innecesario gasto de energía y recursos de ambos países, lo que podría canalizarse mejor en esfuerzos conjuntos de promoción internacional", acota Santa Cruz.
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Pero, en el fondo, la disputa determina no sólo al producto en sí, sino que añade valores sobre la identidad y el orgullo nacional.
Para el abogado peruano, en realidad, existen diversas posturas al respecto, lo que hace fundamental la revisión de las fuentes históricas disponibles sobre el pisco. Para él, es necesario reconocer que ambos países sostienen visiones distintas sobre su origen y denominación.
Sánchez precisa que la discusión sobre este licor trasciende con frecuencia el ámbito estrictamente jurídico, a pesar de que Perú y Chile han adoptado estrategias distintas para obtener el reconocimiento y la protección del pisco a nivel internacional, representadas, entre otras, en los acuerdos que cada país ha suscrito y las negociaciones entre estos y otros.
“Así, para que ambos lleguen a un eventual entendimiento, resulta indispensable alcanzar un consenso. Sin embargo, este no puede desligarse de aspectos vinculados a la identidad nacional. En ese sentido, es fundamental recurrir a las fuentes históricas a fin de comprender en profundidad los argumentos de cada país”.
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Hablando de fuentes históricas, ya el Perú presentó documentos centenarios que demuestran la existencia del aguardiente desde su época virreinal. Hasta ahora, aunque Chile tiene un reclamo histórico igual de válido, no hay un documento de tan larga data que lo registre. No obstante, Chile ha hecho una defensa sólida y constante de su pisco, no solo mediante la suscripción de acuerdos bilaterales o multilaterales que involucran al pisco y el reconocimiento de su denominación de origen, sino también bajo la coordinación del Consejo Asesor del Pisco, que trabaja con la industria pisquera y se basa en acciones comunicacionales, jurídicas y diplomáticas.
"Si bien ningún tratado aborda exclusivamente la cuestión del pisco, sí se han incluido mecanismos de reconocimiento mutuo de IG que son claves para su protección. Los tratados multilaterales establecen el marco regulatorio que rige a las indicaciones geográficas (ej. el ADPIC), las denominaciones de origen (ej. el Arreglo de Lisboa) y las indicaciones de procedencia (ej. el Convenio de París), pero solo en tratados bilaterales se hace lo que se conoce como reconocimiento mutuo de indicaciones geográficas, como son los tratados de Chile con la Unión Europea, México, Estados Unidos o Canadá", indica Maximiliano Santa Cruz.
Esta estrategia ha sido efectiva para Chile, en cuanto a reconocimiento a nivel internacional por trabajo en materia jurídica, diplomática y comercial a favor de su pisco, lo que ha resultado en el blindaje legal del uso del término y aumentando sus exportaciones.
El pisco chileno, como otras bebidas con denominación de origen, suele ser reconocido en los certámenes internacionales más importantes.
La nación de Gabriela Mistral se ha enfocado también en su Plan de Promoción y Defensa del Pisco Chileno, que desde 2022 trabaja en el reconocimiento de la denominación de origen y su posicionamiento en los mercados internacionales, así como en la defensa jurídica en los mercados en que Perú ha intentado bloquear el reconocimiento de la DO local. Igualmente, esperan presentar ante la ONU un expediente para la Declaratoria del Pisco como Patrimonio de la Humanidad.
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Más allá del profundo orgullo patrio, a criterio del socio de Santa Cruz IP, la vía más razonable para resolver la controversia es la coexistencia de denominaciones de origen homónimas, como ha venido ocurriendo en la práctica, sobre todo porque cuando hay siglos de historia compartida, lo que existe no es apropiación, sino una raíz cultural común.
"Una solución negociada, que respete la legitimidad de ambos orígenes, es preferible a una judicialización prolongada. Perú y Chile tienen un pasado común que precede al pisco, y un futuro en el que el diálogo respetuoso y la cooperación pueden seguir fortaleciendo una relación bilateral basada en intereses compartidos y reconocimiento recíproco".
Lo que sí no se debe perder de vista, a criterio de Santa Cruz es que, el contexto histórico es útil para demostrar el vínculo entre un producto y su origen geográfico, elemento esencial para obtener una denominación de origen. Sin embargo, no determina por sí solo una prioridad o un mejor derecho frente a otros países porque las denominaciones de origen no se asignan por antigüedad, sino por hechos, como uso efectivo, reputación reconocida y conexión entre calidad y territorio. En otras palabras, no se trata de quién llegó primero, sino de quién puede demostrar hoy ese vínculo distintivo conforme al derecho aplicable.
Como ejemplo de esto, la Corte Suprema de Delhi (India) reconoció este mes que “Pisco” constituye una indicación geográfica homónima, ordenando la modificación del registro exclusivo a favor de Perú para incorporar el prefijo “Peruvian PISCO” y dar curso a la solicitud de “Chilean PISCO”, en base a antecedentes históricos y jurídicos que acreditan una tradición productiva en Chile desde al menos 1733.
Entretanto, me sigo paseando por la importancia que el pisco, en una obvia menor medida ha tenido en mi historia: Con mi jefe melipullense brindaba con pisco y los primos más bellos que tengo están creciendo brindando con ponche crema y pisco en Nochebuena. Con la mamá limeña de mi cuñada cerramos los almuerzos mensuales con pisco en las rocas.
Para mí, puede que la dicotomía con el pisco esté relacionada solo, y nada más, que con buenos momentos y gente querida, pero cuando una bebida está tan ligada con el orgullo nacional como el pisco con los peruanos y chilenos, tal vez los demás debamos empezar a entenderla en toda su complejidad, como han tratado de hacerlo quienes se lo disputan con tanta pasión.






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