Guerra en Irán: ¿Puede América Latina sacar ventaja de la actual coyuntura bélica?

Según los analistas, el cierre del Estrecho de Ormuz ha traído la peor crisis petrolera de la historia./ Foto tomada del sitio web de la Agencia Internacional de la Energía.
Según los analistas, el cierre del Estrecho de Ormuz ha traído la peor crisis petrolera de la historia./ Foto tomada del sitio web de la Agencia Internacional de la Energía.
La región puede aprovechar el conflicto en Medio Oriente para fortalecer su posición geopolítica como suplidor seguro de materias primas, en particular de petróleo y gas.
Fecha de publicación: 19/04/2026

Aunque a miles de kilómetros del escenario bélico en Irán, América Latina no ha pasado indemne al nuevo conflicto que afecta al Medio Oriente. El fuerte incremento de los precios del petróleo, que ya ha traído aumento en el costo de los combustibles a escala global, es solo la punta de un iceberg que amenaza con desmoronar los planes globales de crecimiento previstos para este año y cuyos efectos dependen de la duración de las hostilidades.

No obstante, las naciones latinoamericanas pueden y deben sacar ventaja de la contingencia, que pudiera ser aprovechada para fortalecer su posición geopolítica y estratégica como proveedor seguro de materiales esenciales, e incluso hacer del conflicto bélico un punto de negociación en el tema arancelario, particularmente con Estados Unidos, principal protagonista de esta nueva escalada guerrerista.


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La guerra rápida que no fue

A simple vista, pareciera que los cálculos hechos por los detonadores del conflicto (EE. UU. e Israel) no estuvieron bien sustentados, pues el ataque contra Irán, vendido como medida “necesaria” y de corta duración, ha tenido un alcance global cuyas consecuencias reales están aún por verse.

Y es que no solo el petróleo y el gas han experimentado su mayor escalada de precios en más de dos décadas, sino que al menos 15 rubros han subido desde el comienzo de las hostilidades el 28 de febrero pasado, afectando la cadena económica en general, desde la industria de medicamentos hasta la cosecha de lechugas, pasando por el turismo, la alta costura o el maratón de Lima 2026.

“El conflicto impacta principalmente a través de la inestabilidad económica, ya que el aumento de los precios del petróleo genera incrementos significativos en operaciones como el transporte, lo que pone de relieve los riesgos inflacionarios. El sector agroindustrial también sufre impactos significativos, dado que gran parte de los fertilizantes utilizados en la agricultura se importan de esa región”, afirma Edilson de Campos Sobrinho, abogado de la firma brasileña Gatto Martinussi e Pelissari Advogados.


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Justos por pecadores

En el mundo interconectado de hoy, las posibilidades de quedar al margen de un conflicto bélico son pocas, máxime cuando la guerra ocurre en una zona que produce el 20 % del petróleo que se consume en el planeta y es paso marítimo del 35 % de los combustibles utilizados en el mundo.

Por ello, a poco más de un mes del inicio de las hostilidades, los analistas ya predicen el impacto negativo para la economía mundial: en su más reciente informe, el Fondo Monetario Internacional redujo en 0,2 puntos su previsión de crecimiento hasta el 3,1 % y estima que de prolongarse la guerra el indicador podría caer al 2 %. Estima una inflación de hasta 6 % en un escenario de continua inestabilidad. 

Ningún país quedará exento. Por ejemplo, un informe del Club de Finanzas del Instituto de Economía de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) señala que, si bien el aumento de los commodities mejora la generación de divisas para un país productor como Argentina, “el encarecimiento de la energía y las condiciones financieras más restrictivas generan presiones inflacionarias y limitan el acceso al financiamiento externo”, situación que provocará desequilibrios en un país ubicado a 14.000 kilómetros del Estrecho de Ormuz.

Desde São Paulo, Rafael Barreto, socio de la firma Quality Tax Consultoria Tributária, coincide con este planteamiento, señalando que el aumento de los precios de la energía mejora los resultados y el flujo de caja de los países exportadores, pero a la vez ejerce presión sobre los costos, la inflación y los subsidios en los países importadores.

“Existe un impacto directo en los estados financieros a través de las fluctuaciones del tipo de cambio y los costos operativos”, apunta.


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Alimentos al alza

La interrupción de la producción y comercio de 40 % de los fertilizantes es otro tema de preocupación y alarma para el mundo en general y América Latina en particular, dada la gran dependencia de los países exportadores de alimentos del suministro de nutrientes importados (el porcentaje oscila entre 50 % y 80 % de la demanda total de cada nación), la mayoría proveniente de dos zonas de conflicto: Rusia y Medio Oriente.

Brasil, Argentina, Chile, Perú, México, Colombia, Uruguay y Paraguay, donde la mitad de las siembras requieren de fertilizantes, han prendido las alarmas ante el aumento de precios, especialmente de la urea, que se disparó más de 70 % desde el comienzo del conflicto.

Tomando en cuenta que los fertilizantes representan hasta el 50 % del costo de la producción de cereales, por ejemplo, es de esperarse un fuerte incremento del producto final debido a la guerra, iniciada justo cuando el hemisferio norte se prepara para la siembra de primavera.

A ellos se suma el alza de los combustibles, de los cuales dependen no solo los procesos mecanizados de siembra y cosecha, sino la generación eléctrica para el procesamiento de las materias primas.

"Si el conflicto se prolonga, los agricultores deberán elegir entre cultivar con menos insumos, sembrar menos o pasar a cultivos que requieren menos fertilizantes. Esto afectará los precios de las materias agrícolas durante el resto de este año y todo el año siguiente", ha advertido la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).


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Ni tan oscuro

Pero Latinoamérica puede sacar provecho del escenario bélico. La región "podría resultar más resiliente que otras economías emergentes ante el actual shock energético… Países exportadores de energía como Colombia, Argentina, Ecuador, Venezuela y Guyana, podrían salir beneficiados en términos netos", precisa un reciente informe de Capital Economics.

Además, los beneficios obtenidos por Estados petroleros se extenderán a naciones mineras como Chile, Perú o Bolivia, pudiendo compensar con esos recursos extras la espiral inflacionaria derivada del alza del petróleo.

“Otro aspecto positivo es que EE. UU. tendrá en México un socio confiable, no en términos bélicos, pero sí en aspectos comerciales y de seguridad”, dice Fernando Rivadeneyra Núñez, socio de la firma Rivadeneyra Treviño.

Señala que los ingresos extraordinarios del petróleo tendrán un impacto positivo en la economía mexicana, que podría elevarse entre el 0,1 % y el 0,3 % al cierre de 2026, esto tomando en cuenta que el crudo representa hoy un peso pequeño en el PIB de México (3,7 %), aunque sigue teniendo relevancia para el gasto público.

Para otras naciones, el provecho será mayor. En el caso de Brasil, las estimaciones indican un aumento del superávit comercial de unos 8.500 millones de dólares, reforzando un superávit ya proyectado de entre 70.000 y 90.000 millones de dólares.

“Este aumento se acompaña de una mejora fiscal gracias a las regalías, los impuestos y los dividendos del sector del petróleo y el gas”, dice Barreto.

Edilson de Campos Sobrinho añade que Brasil también tiene una gran oportunidad de aumentar significativamente la demanda internacional de etanol, biocombustible del cual es el segundo mayor productor mundial, lo cual contribuiría aún más a equilibrar su balanza comercial.

Mención aparte merece Venezuela, que podría resultar como el gran beneficiario de esta coyuntura por el impulso adicional que dará al resurgimiento de su industria petrolera, depauperada por años de desinversión, pero con el potencial de estar sustentada sobre las mayores reservas probadas de crudo y la octava más grande concentración de gas natural del mundo, más aún tras la reciente reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos


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Mirando nuevos mercados

La conflictividad en Medio Oriente también abre oportunidades a exportadores latinoamericanos de hidrocarburos para conquistar nuevas tajadas en otros mercados.

“Con el petróleo iraní sancionado y enfrentando dificultades logísticas, especialmente con el cierre del Estrecho de Ormuz, empresas regionales como Petrobras pueden incrementar el suministro de sus productos a Europa y Asia (China, India)”, refiere de Campos Sobrinho.

Su compatriota Rafael Barreto comparte esta opinión, añadiendo que, al centrarse en el origen del petróleo, las sanciones aplicadas al crudo iraní abren la puerta a proveedores alternativos como Brasil, Venezuela, Guyana o Colombia.

“El requisito fundamental de los mercados europeos y asiáticos es la certificación de origen y el cumplimiento normativo, no la restricción de proveedores. Las sólidas estructuras contractuales mitigan los riesgos legales y reputacionales”, dice.

En cuanto al aumento de los costos logísticos de seguro y fletes, tanto por el conflicto como por el mayor recorrido de los envíos desde Latinoamérica, Barreto asegura que estos siguen siendo inferiores al riesgo geopolítico del Medio Oriente, dando como resultado una mayor competitividad relativa de los productores de esta región.


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Ventaja para el nearshoring

La pandemia dejó clara una lección: contar con centros de suministro lejanos puede ser menos ventajoso de lo que se creía. Gracias a ello, el nearshoring recibió un fuerte impulso que podría verse potenciado por el actual escenario, favoreciendo de manera preferencial a Latinoamérica. México es uno de los países que más ventaja podría sacar de este reimpulso, habida cuenta de estar a ‘tiro de piedra’ del mayor mercado mundial.

Aunque convencido de esta posibilidad, Fernando Rivadeneyra señala que una cosa es el fortalecimiento que el conflicto ofrece a la idea del traslado de fábricas desde Oriente Medio o Asia hasta México, y otra cosa es si el país está preparado para ello.

“Es cierto que con el Plan México el gobierno está haciendo un buen esfuerzo para seguir atrayendo inversión, sin embargo, en la práctica, México aún tiene procesos muy lentos y tediosos, como la constitución de sociedades, la obtención del Registro Federal de Contribuyentes, la obtención de registros, licencias y permiso, entre otros”, dice.


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¿Es la región segura para invertir?

Si de garantía contra la guerra se trata, dos acuerdos sustentan la seguridad que ofrece América Latina como zona libre de conflictos: el Tratado de Tlatelolco de 1967 sobre prohibición de armas nucleares, y la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, de 2014, suscrita por los 33 países que conforman la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Ahora bien, ¿es esto suficiente para atraer inversiones de largo plazo en materia energética? ¿La región ofrece seguridad jurídica para atraer capitales en general?

Para el especialista de Rivadeneyra Treviñocon sus variaciones, la mayoría de los países ofrecen garantías constitucionales a la inversión y son parte de algún tratado internacional que confirma la protección a la inversión extranjera, además de contar con un sistema de arbitraje y mediación garante de la seguridad jurídica requerida. Esto solo se ve enturbiado por los constantes cambios políticos en los países de la región, lo cual genera incertidumbre en los inversionistas.

Desde Brasil, Rafael Barreto señala que la región ofrece seguridad jurídica basada en marcos regulatorios consolidados, contratos a largo plazo y acceso al arbitraje internacional, factores esenciales para las inversiones de capital intensivo en el sector energético. Pone acento en el régimen de concesiones y reparto brasileño que, combinado con la previsibilidad contractual y un historial de respeto a los contratos, reduce el riesgo regulatorio.

“En un escenario global inestable, esa estabilidad atrae capital a largo plazo hacia el petróleo, el gas y la infraestructura”, remarca.


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Arma de negociación

Tras la guerra arancelaria desatada por Donald Trump en 2025, varios países de América Latina salieron mal parados por la imposición de tarifas que, o bien exceden por mucho la lógica (caso Brasil), o bien van contra los intereses de la proveeduría segura (caso México). Sin embargo, la eventualidad bélica actual pudiera ser el arma de los países de la región para negociar mejores condiciones con el vecino norteño.

“Brasil puede aprovechar su posición como proveedor confiable de energía para fortalecer su agenda diplomática y comercial. Esta credibilidad le permite negociar aranceles, acuerdos comerciales y cooperación energética con Estados Unidos utilizando la seguridad del suministro como un activo estratégico”, apunta Barreto.

Otro tanto comenta Rivadeneyra, quien ve posible que los aranceles sean una herramienta de utilidad, pues podría existir el escenario de negociaciones sobre tarifas condicionadas por acuerdos relacionados con conflictos bélicos. Incluso, el jurista mexicano va más allá de lo inmediato al destacar el rol geopolítico a jugar por la conflagración en Medio Oriente para el futuro de la región.

“Insisto: estamos en un paso más hacia la regionalización, por ello este conflicto puede ser muy importante a mediano plazo”, puntualiza.

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