Las relaciones entre Bogotá y Washington no se encuentran en su mejor momento. Y no se trata solo de un, hasta ahora, estrecho intercambio de mercancías, sino que están en juego los intereses geopolíticos de EE. UU. un país que por años le ha permitido utilizar sus bases militares como si de propias se tratara, además de una considerable ayuda económica para la lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, pese a los reiterados desencuentros políticos, la fluidez en las relaciones comerciales se mantiene, aunque salpicadas por la desconfianza que ha despertado en Washington el acercamiento con China que ha propiciado Petro, cuyas posturas ideológicas cónsonas con el régimen de Pekín, parecen haber tendido la alfombra roja a las exportaciones del país asiático.
De cualquier manera, Petro ha sabido manejarse entre dos aguas para mantener a EE. UU. como el principal destino de sus exportaciones y hacer de China el país de origen de sus mayores importaciones, un acercamiento que seguramente será motivo de reprimenda y solicitud de freno por parte de su homólogo estadounidense, cuando ambas se reúnan el próximo mes con la intención de limar asperezas.
También deberá enfrentar el reciente impasse abierto con Ecuador, que amenaza con desestabilizar las hasta ahora buenas relaciones comerciales, luego de que Quito decidiera imponer aranceles a las importaciones colombianas por lo que considera una "falta de cooperación" en la lucha contra el narcotráfico.
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Constante tensión
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca representó un hito en las relaciones entre ambos países. Las infranqueables divergencias ideológicas llevaron al republicano a excluir a Colombia de la lista de aliados contra el narcotráfico, lo que ha supuesto un descenso en el flujo de la ayuda otorgada a Bogotá durante casi tres décadas, estimada en unos 14.000 millones de dólares y una constante asesoría militar.
La tirantez entre EE. UU. y Colombia se incrementó a raíz del despliegue naval de EE. UU. en el Caribe y el Pacífico nororiental en septiembre pasado. Desde entonces, el presidente estadounidense ha acusado reiteradamente a su homólogo colombiano de narcotraficante, amenazando con ejecutar acciones militares contra el país similares a las ejecutadas en Venezuela que finalizaron con la deposición de Nicolás Maduro, aumentando el temor por una escalada de retaliaciones económicas.
“El ‘fenómeno’ Trump impone una forma de entender las relaciones diplomáticas y económicas, … demostrando claramente que prevalecen los intereses de EE.UU. sobre los de la región, con una visión a la que se le quita el manto de la diplomacia en la forma como se dicen las cosas”, afirma Mario Zambrano, economista y profesor de la Universidad de Pamplona.
Socios, pese a todo
Al igual que otros 180 países y territorios, Colombia pasó por el tamiz de los aranceles impuestos por EE. UU. en abril pasado y que entraron en vigencia en agosto, con la suerte de quedar en el grupo de naciones con la menor carga impositiva: 10 %.
Aplicar este porcentaje fue visto como una “acción positiva” por los analistas, tomando en cuenta que se trata del valor más bajo de una escala que llegó hasta 157 %, beneficiando a los exportadores colombiano que, de acuerdo con los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), destinan al mercado del norte alrededor de 28 % de sus productos.
“EE. UU. sigue siendo un socio comercial importante para Colombia. La mayoría de nuestras exportaciones están concentradas en ese país, y eso no se puede deshacer tan fácilmente”, señala el también investigador económico y social Zambrano.
El cobro del arancel base fue especialmente apreciado por los caficultores, que entre enero y agosto vieron elevar en 14 % sus exportaciones a EE. UU. en virtud del menor costo de su grano frente al brasileño, vietnamita o nicaragüense, pechados con tasas de 50 %, 20 % y 18 %, respectivamente.
En noviembre pasado, Bogotá obtuvo otro beneficio una vez que Washington eliminó el gravamen a varios productos agrícolas, entre ellos el café, lo que, a decir de la Federación Nacional de Cafeteros, protege no solo al consumidor estadounidense sino al productor en origen.
Petro, que tras la incursión militar de EE. UU. en Venezuela llamó a protestar en las calles contra las amenazas a su gobierno, espera bajar el tono a la confrontación con Trump el próximo 3 de febrero en Washington, quizás buscando cierta tranquilidad para los últimos meses de su presidencia y poder apoyar la campaña del candidato de su partido, Iván Cepeda.
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Manejo deficiente
Para su ascenso al poder, Gustavo Petro prometió hacer de Colombia una potencia mundial para la vida, y para ello delineó una estrategia que incluía, entre otras cosas, diversificación de las exportaciones, integración con el sur global y el multilateralismo activo. Sus críticos dicen que eso no se cumplió.
Al respecto, Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence, una consultoría económica independiente, recuerda que la Cancillería colombiana ha sido ampliamente criticada por su improvisación, falta de claridad en prioridades y debilidad institucional, acotando que más allá de afinidades políticas ocasionales con gobiernos de izquierda en la región, no hay una agenda articulada de integración, cooperación o aprovechamiento de oportunidades comerciales y geopolíticas con los vecinos.
“Las relaciones funcionan por inercia institucional y necesidad práctica (comercio, fronteras, migración), pero no hay una visión estratégica clara de lo que Colombia quiere construir con sus vecinos”, puntualiza.
Por su parte, el especialista en gerencia financiera y director de Centro de Estudios del Trabajo (Cedetrabajo) Miguel Ángel Rodríguez, señaló recientemente que la falta de estrategia y ejecución ha dejado a Colombia sin avances en la integración regional e internacional y sin una transformación productiva real.
“La economía sigue dependiendo de la exportación de materias primas y productos agrícolas, mientras el país pierde oportunidades en sectores industriales y de valor agregado”, dice.
Los números le dan la razón. Con base en las cifras de DANE, entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025 el déficit comercial de Colombia creció 60 %, acumulando brechas que parecen insalvables, como con China (USD 13.550 millones), México (USD 1.475 millones), Brasil (USD 1.187 millones), Alemania (USD 1.137 millones) y EE. UU. (USD 400 millones).
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Cambios, pero pocos
La llegada del primer izquierdista a la presidencia colombiana despertó no pocas inquietudes ante posibles alianzas con gobiernos del mismo corte ideológico, así como por las posibles consecuencias que esto traería para el país la filiación en el plano diplomático y económico. Eso no ocurrió.
Bien por presiones políticas internas o por un insospechado pragmatismo, en el plano comercial, Petro ha mantenido las alianzas de Colombia con pocas variaciones, lo que ha ayudado al país ubicarse en el top five de las economías más prósperas de la región, incluso por encima de Chile, por mucho tiempo considerado el modelo a imitar.
“Las alianzas comerciales formales no han cambiado sustancialmente bajo el gobierno Petro. Colombia mantiene los mismos tratados de libre comercio vigentes. Lo que sí ha variado es el énfasis político y la priorización diplomática”, apunta Mejía.
El economista afirma que, si bien el presidente ha intentado reforzar vínculos con países de izquierda en América Latina, en términos de flujos comerciales reales, Estados Unidos sigue siendo por amplio margen el principal socio comercial de Colombia.
Sin embargo, es innegable que Petro ha propiciado el afianzamiento de las relaciones comerciales con China. De hecho, el país asiático sustituyó a EE. UU. como principal país de origen de las importaciones colombianas, representando para finales del tercer trimestre de 2025 casi 27 % del volumen total de compras en externas, según el DANE.
“China ha emergido como un aliado económico importante para Colombia, sobre todo para ingresar a esa ruta de la seda”, afirma Zambrano, en alusión al acuerdo que Petro firmó en mayo pasado, con el cual busca adherirse a la mega estrategia china diseñada para ejecutar grandes proyectos de infraestructura en todo el mundo, cuyo objetivo último es consolidar a la nación asiática como el nuevo gran actor del comercio global.
Ahora bien, el acercamiento con China no es nuevo, siendo desde hace mucho tiempo el origen de muchas de las importaciones de productos manufacturados y receptor de materias primas colombianas, y aunque el comercio binacional ha crecido, Luis Fernando Mejía enfatiza que los datos recientes no muestran un salto transformador.
De acuerdo con el DANE, entre enero y octubre del año pasado, desde China arribó mercancía por un total de USD 14.920 millones, un valor relativamente similar al alcanzado en el mismo período de 2024. En ese mismo lapso, las importaciones desde EE. UU. sumaron USD 12.811 millones.
El alza de las compras a China estuvo fuertemente apalancada en las importaciones de vehículos y motocicletas, que subieron casi 140 % y 61 %, respectivamente, en los ocho primeros meses de 2025, según cifras oficiales.
“Observando el comportamiento en la participación de origen de las importaciones, se evidencia principalmente un crecimiento de 2,9 puntos porcentuales en la participación de las importaciones desde China, mientras que para Estados Unidos se registra una disminución de 2,1 puntos porcentuales. Por otra parte, se evidenció un decrecimiento de 0,9 puntos porcentuales de la Unión Europea y de 0,9 puntos porcentuales de la Mercosur”, refiere un análisis de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex).
Al respecto, Mejía apunta que el dinamismo comercial colombiano sigue dependiendo principalmente de los mercados tradicionales (EE. UU., Europa), la demanda por materias primas (petróleo, carbón, café, oro) y la competitividad y diversificación exportadora, factores que a su entender no han sido alterados significativamente por el acercamiento político a China.
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Venezuela y otros vecinos
Las desavenencias entre los gobiernos colombianos y el régimen de Hugo Chávez, así como la crisis económica que por más de una década ha vivido Venezuela, dieron al traste con las buenas relaciones que históricamente mantuvieron ambos países, por muchos años los mejores aliados comerciales.
No obstante, la relativa mejora de la economía ha superado los impasses políticos y llevado a un incremento del comercio binacional que, aunque magro, viene elevándose paulatinamente. De hecho, en los diez primeros meses de 2025 sumó USD 966 millones, un 6,8 % por encima de las cifras del 2024, de acuerdo con la Cámara de Integración Económica Venezolano-Colombiana (Cavecol).
En un intento por dinamizar ese intercambio, en julio pasado Bogotá y Caracas firmaron un memorando de entendimiento para la creación de una zona económica compartida fronteriza, un esfuerzo cuyo éxito, a decir de Mario Zambrano, dependerá de la coincidencia de visiones entre el gobierno interino de Venezuela y la estrategia colombiana.
“Además, hay que ver hasta qué punto esa agenda binacional y transfronteriza está incidida por los intereses de E.E. UU.”, precisa.
En esta mías línea, Luis Fernando Mejía señala que las relaciones con los otros vecinos fronterizos (Perú, Brasil, Panamá) se mantienen estables en lo operativo, sin crisis diplomáticas mayores (excepto el reciente impasse por temas territoriales con Perú), por lo que no se vislumbran cambios significativos en el futuro cercano.
Sin embargo, un nuevo capítulo en las relaciones con Ecuador se abrió recientemente, luego de la decisión de ese país de imponer aranceles de 30 % a partir del 1 de febrero a los productos colombianos, ante lo que catalogó como "falta de apoyo" en la lucha contra el narcotráfico en la frontera común.
"Nuestros militares siguen enfrentando a grupos criminales atados al narcotráfico en la frontera (de 600 km con Colombia) sin cooperación alguna", dijo el presidente Daniel Noboa al anunciar la medida.
En reciprocidad, Bogotá anunció aranceles de 30 % a una veintena de productos ecuatorianos, así como la suspensión en la venta de energía eléctrica a su vecino del sur, lo que anticipa que se repitan los apagones en buena parte del territorio ecuatoriano.
La reciente crisis tendrá incidencia en una balanza comercial de unos 2.000 millones de dólares, tomando en cuenta que entre enero y octubre de 2025 Colombia exportó a Ecuador más de 1.500 millones de dólares en mercancías, mientras que de ese país importó cerca de 850 millones de dólares.





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