El plan económico del presidente de Chile, José Antonio Kast, combina austeridad fiscal, incentivos a la inversión y ajustes tributarios con el objetivo de recuperar el crecimiento y fortalecer la confianza en la economía del país. Su agenda incluye un recorte del gasto público, la reducción de impuestos corporativos y medidas para acelerar los permisos de inversión, en un contexto marcado por expectativas de reactivación económica y desafíos políticos internos.
Marcando distancia con sus dos predecesores, el nuevo presidente de Chile, el ultraconservador José Antonio Kast, decidió que residirá en el Palacio de La Moneda y no en una vivienda sufragada con recursos del Estado, una acción que podría perfilar la austeridad como una de las características de su gobierno, al cual definió durante su campaña como de “emergencia económica”.
El anuncio ha sido bien recibido por los chilenos, quienes confían en que Kast cumplirá su promesa de reimpulsar áreas fundamentales como la economía, la eficiencia estatal y garantizar la seguridad y el orden público, tres de los problemas que más preocupan a los habitantes de una nación que muestra uno de los desempeños más estables en la región y que, pese a sus bemoles, sigue siendo percibida como modelo a seguir por sus vecinos.
En otras palabras: el nuevo mandatario hará todo lo posible por devolver a Chile a su estadio previo al de 2019, cuando el estallido ocurrido en septiembre desestabilizó las bases sociales y económicas que fundamentaron su reputación como país de avanzada, pero con el peso de un contexto mundial convulso y la permanente tensión de una nación donde las fuerzas telúricas no solo vienen del interior de la tierra.
Bajar las expectativas
Si bien el ímpetu que lo caracteriza no ha cambiado, José Antonio Kast parece haber entendido que la ponderación es una cualidad indispensable en su discurso político. Quizás por ello ha reiterado recientemente la frase “no nos pidan milagros”, en alusión a que solucionar los problemas de los chilenos no se resolverá de la noche a la mañana.
“Los desafíos más complejos del nuevo gobierno probablemente tengan que ver con el manejo de expectativas”, asegura Arturo Garnham, socio de la firma santiagueña Garnham Abogados, cuya opinión coincide con la de varios analistas respecto a que Kast necesita bajar las grandes expectativas despertadas, pues atraer capitales, crear empleos y hacer crecer la economía 5 % o más, son promesas a largo plazo.
Para Garnham, el nuevo ocupante de La Moneda debe generar confianza y ello pasa por estabilizar el piso político sobre el cual se mueve, lo cual implica determinar, en primer lugar, saber si la oposición política se comprometerá con su estrategia de gobierno o se convertirá en piedra de tranca, como ocurrió durante el mandato del fallecido Sebastián Piñera.
“Lo segundo es determinar si los miembros del gobierno de Kast tendrán suficiente manejo político como para evitar conflictos innecesarios con los gremios (que maneja la oposición) y con la oposición misma, en términos tales como para dar suficiente confianza de corto y mediano plazo a los inversionistas y a los mercados”, dice.
Recorte fiscal: un gran reto
Partidario de recortar el tamaño del Estado y mejorar su eficiencia, durante su campaña Kast hizo la ambiciosa promesa de reducir el gasto del gobierno en 6.000 millones de dólares en los primeros 18 meses de gestión, una meta que luce, cuando menos, cuesta arriba.
Hay razones de peso que sustentan el empeño del nuevo presidente. Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Chile se pierden 5.000 millones de dólares de gasto fiscal debido a la mala gestión, cifra que compagina con la meta trazada por Kast.
Asimismo, Hermann González, quién hasta el año pasado se desempeñó como vicepresidente del Consejo Fiscal Autónomo (CFA), ha dicho que el recorte es necesario, pues el país está gastando más de lo que genera anualmente.
“Esos 6.000 millones de dólares se hacen cargo del desvío fiscal que nos ha llevado a que la deuda pública crezca sostenidamente”, señaló recientemente.
Garnham estima que no será fácil alcanzar el recorte en tan corto tiempo, pues hay muchos “amarres” tanto a nivel del gobierno central como municipal, considerando necesaria una reforma al empleo público para alcanzar la meta.
“Probablemente hay espacio para la rebaja. En los últimos años se ha demostrado que el gasto público es muy ineficiente. El desafío será cómo aguantar la resistencia de los ‘incumbentes’”, apunta el abogado.
Esta tesis se ve apoyada por varios estudios según los cuales Chile destina un 30 % de su gasto público a la burocracia y sueldos, un promedio que supera ampliamente los parámetros manejados por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), a la cual Chile pertenece, y según los cuales la media debería ser un 20 %.
Vicente Sáez Pinochet, socio del escritorio chileno Sáez y Compañía, refuerza esta opinión, asegurando que la nómina de la administración pública está sobrealimentada con “trabajadores que no trabajan, cobran horas extras y bonos de cumplimiento, todos con excelentes evaluaciones”, por lo cual reducir la burocracia y de la permisología se perfilan como aristas complementarias urgentes.
“Con voluntad política y sacando la grasa del aparataje estatal se puede lograr reducir el gasto en mucho más que USD 6.000 millones. Además, estamos llenos de programas sociales pésimamente evaluados y que sólo sirven para distraer fondos”, dice.
En este sentido, Kast también prevé reorganizar los programas sociales considerados ineficientes o de nulo impacto social, entre ellos las contribuciones para la primera vivienda a toda la población. La idea es sustituir esos programas por mecanismos de transferencia directa de fondos.
Resta saber cómo Kast hará posible disminuir la nómina estatal sin que afecte la necesaria inversión y, al mismo tiempo, evitar que ello derive en conflicto con la poderosa alianza sindical y gremial chilena, que ha demostrado contar con fuerzas suficientes como para desestabilizar al país.
La reforma necesaria
Otra de las promesas de Kast que está directamente relacionada con el esperado crecimiento de la economía chilena, tiene que ver con modificaciones en materia tributaria que, sin llegar a ser una reforma per sé, prevé una reducción impositiva para el sector empresarial, la eliminación de algunos tributos y establecer un sistema tributario más integrado.
Con el foco en estimular la inversión, Kast prevé reducir el impuesto corporativo a las empresas medianas y grandes, que hoy tributan 27 % y 25 %, respectivamente, y que pasarían a pagar 23 %, una rebaja que, en teoría, atraerá capitales.
Si bien la lógica del planteamiento ha provocado su buena recepción, las críticas han versado en torno a que la reducción sólo beneficia a cerca de 11 % del tejido empresarial chileno, excluyendo al restante 89 % de las empresas.
Este detalle no ha escapado a la atención del gobernante, en cuyos planes está convertir en permanente el trato provisorio que viene acompañando a las pymes desde el fin de la pandemia, lo cual les daría un importante impulso para su desarrollo.
No obstante, Arturo Garnham estima que las garantías de estabilidad y un orden institucional son mucho más importantes que una rebaja de algunos puntos porcentuales al impuesto a las empresas.
“Aparentemente Irak tiene una tasa de impuesto a las empresas de 15 % y no veo mucha gente yendo a invertir allá”, dice, en alusión a la falta de estabilidad que impera en el país árabe y la necesidad de ofrecer claridad impositiva a los inversores.
Pese a ser bien percibida, la rebaja planteada crea incógnitas sobre la sostenibilidad fiscal, particularmente sobre el futuro de los programas sociales, un detalle delicado dada la efervescencia que produce en la población y si se toma en cuenta que Chile está entre los países OCDE con el más bajo gasto social.
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Atraer inversiones
Atraer inversión es fundamental para Chile, cuya economía depende de una actividad altamente demandante de recursos como la minera. De hecho, el equipo económico de Kast había identificado la existencia de unos 100.000 millones de dólares paralizados a la espera de claridad sobre el futuro del país.
A favor de Kast, la confianza que el líder ultraconservador despierta en los capitalistas parece evidente. Al cierre de 2025, la inversión extranjera directa (IED) alcanzó los USD 14.152 millones, un crecimiento del 13 % respecto al año anterior.
A su vez, la cartera de proyectos de InvestChile, la oficina de promoción de la inversión, cerró el año con un monto récord de USD 65.689 millones, un alza de casi 17 % frente a los USD 56.234 millones registrados al cierre de 2024. El aumento se vio impulsado principalmente por los sectores de energía (en particular hidrógeno verde), minería y servicios.
Sin embargo, recomponer la confianza de los inversionistas pasa por ofrecerles mayor certeza jurídica y, aunque Chile cuenta con uno de los entramados legales más sólidos del continente, se hace necesario garantizar reglas claras respecto a la permisología.
Al respecto, Kast contará con un instrumento legal a su favor: la recién aprobada Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales (Ley N° 21.770), que modifica más de 40 normativas en diversos sectores y que busca reducir entre un 30 % y un 70 % los tiempos de tramitación de permisos para proyectos de inversión. Aunque su implementación será gradual y dependerá de la promulgación de varios reglamentos, se da por descontado que este instrumento legal ayudará a minimizar una de las principales trabas que frenan la inversión.
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Relaciones peligrosas
Para un país cuyo PIB depende en más de 60 % del comercio internacional, es fundamental mantener buenas relaciones con sus aliados, lo que representará un verdadero acto de malabarismo para José Antonio Kast, habida cuenta de la guerra desatada entre sus mayores socios, China y Estados Unidos.
Aunque la cercanía ideológica con Donald Trump pareciera inclinar la balanza hacia el norte del continente, lo cierto es que el país asiático lleva una ventaja bastante amplia como el principal destino de las exportaciones chilenas.
De acuerdo con la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), al cierre del tercer trimestre de 2025, China fue destino de 35,2 % de las exportaciones totales, prácticamente el doble respecto al 17,8 % de las ventas que se destinaron al mercado estadounidense.
Es más, las buenas relaciones entre Santiago y Pekín han desatado un conflicto con Washington, que objeta la concesión para construir un cable submarino de fibra óptica entre Hong Kong y Valparaíso, aduciendo que el mismo “socavaría la seguridad regional”. En represalia por el avance del proyecto, EE. UU. sancionó a tres miembros del gabinete de Gabriel Boric, tensando aún más las ya delicadas relaciones entre el líder republicano y el saliente presidente socialista.
El polémico cable también estuvo en el centro de las discusiones que llevaron al escabroso fin de las conversaciones entre Boric y Kast para dirimir asuntos relativos al traspaso de poder, enturbiando por primera vez en la historia reciente un proceso que siempre se dio en absoluta calma.
Al respecto, Arturo Garnham afirma que es de esperarse que Kast busque afianzar la relación con EE. UU., un sistema democrático liberal occidental más cónsono con el sistema político y de vida en Chile, en comparación con el régimen imperante en China. Sin embargo, precisa una verdad como un templo:
“Trump durará (en la presidencia) sólo unos pocos años, mientras que el Partido Comunista Chino lleva más de 75 años en el poder”.






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