A principios de agosto, Salomón Jara, gobernador del estado mexicano de Oaxaca, criticó a la marca Adidas y al diseñador estadounidense Willy Chavarría (de origen mexicano) por haber incurrido en apropiación cultural y plagio con la sandalia Oaxaca Slip-On, lanzada en colaboración entre la empresa y el artista, cuyo diseño copia los huaraches tradicionales de la comunidad indígena de Villa Hidalgo Yalálag, que usan un zapato tejido muy similar a este.
El señalamiento de Jara, que incluyó una denuncia por el uso sin autorización de Oaxaca, nombre protegido por ley en México, inició una serie de críticas de otras autoridades locales, como la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (que exigió retirar el modelo del mercado, reconocer la autoría comunitaria y compensar económicamente por los daños) y la propia Presidenta Sheinbaum, quien criticó públicamente el calzado y señaló que las sandalias violentaron propiedad intelectual colectiva, que existe una la ley de patrimonio que debe cumplirse y declaró que su gobierno está preparando reformas legales para prevenir el uso no autorizado de artesanías mexicanas, que violenten los derechos al reconocimiento y compensación de las comunidades objeto del plagio o la apropiación cultural.
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Así tenemos que el gobierno de Oaxaca, encabezado por Jara, hizo pública su intención de emprender acciones legales contra Adidas, debido a que tanto el diseño como el nombre del calzado fueron utilizados sin el consentimiento ni el reconocimiento de la comunidad zapoteca, creadora original del huarache.
Ante la creciente controversia y la amenaza de acciones legales, tanto Adidas como Chavarría emitieron disculpas públicas a través de comunicados en los que reconocieron la inspiración oaxaqueña y lamentaron no haber iniciado una colaboración o conversación previa con los habitantes de Villa Hidalgo Yalálag.
Los planes de disculpas de Adidas incluyen, con el respaldo de la Secretaría de Cultura a través del Instituto Nacional del Derecho de Autor (Inddautor), reunirse con las autoridades oaxaqueñas y los representantes zapotecos para encontrar una solución y discutir posibles formas de reparación del daño, esto puede ocurrir en los próximos días. Por su parte, la comunidad de Villa Hidalgo Yalálag ha expresado sus demandas, que también emitan una muy válida disculpa pública en su lengua originaria (zapoteco). Entretanto, se suspendió la promoción y venta del Oaxaca Slip-On.
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México es un país con una extraordinaria variedad y muy amplia cultura originaria, conocida a través de la cultura popular y por medio de los esfuerzos constantes que el gobierno de este país hace para promover sus manifestaciones artísticas autóctonas, esto significa que no es la primera vez que la nación se enfrenta a un caso de apropiación cultural ni exige disculpas y reparaciones.
Conocidos son sus enfrentamientos con Carolina Herrera, quien usó en 2020 patrones de las comunidades de Tenango de Doria y el Istmo de Tehuantepec sin acreditar ni beneficiar a sus creadores originales; Shein, que copió diseños textiles de las culturas maya y nahua; Zara, Patowl y Anthropologie, que imitaron en 2021 bordados de los huipiles mixtecos de Oaxaca en una colección de vestidos, lanzaron camisetas estampadas con decoraciones que imitaban la indumentaria tradicional de los indígenas zapotecos de la comunidad de San Antonio Castillo Velasco, y vendieron pantalones cortos bordados con elementos característicos del pueblo mixe de Santa María Tlahuitoltepec (también de Oaxaca), respectivamente.
Todo lo que ha pasado con el Oaxaca Slip-On puede resumirse en:
- Que hubo apropiación, ergo las autoridades mexicanas argumentan que el diseño del calzado se apropia de elementos del patrimonio cultural de la comunidad zapoteca sin su consentimiento ni el debido reconocimiento.
- Adidas se disculpó y afirmó que valora la cultura mexicana y reconoce las preocupaciones planteadas. Por su parte, Willy Chavarría también emitió una disculpa, declarando que su intención era honrar la cultura de Oaxaca, aunque reconoce la apropiación.
- Mientras tanto, México está emprendiendo acciones legales y trabajando en regulaciones más estrictas para proteger las expresiones culturales indígenas del uso y la explotación no autorizada por parte de las marcas de moda.
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Apropiación cultural, ¿existe? ¿O es apreciación?
El debate de la apropiación cultural no es nuevo, pero no por eso menos relevante con el tiempo, podría decirse que por dos razones fundamentales: en un mundo en el cual las comunidades indígenas suelen ser menospreciadas, fetichizadas o infantilizadas (aparte de usualmente discriminadas), es fundamental entender que echar mano de sus manifestaciones culturales de manera descontextualizada es caricaturizarlas; también que, dentro de esta misma dinámica, si se trata de apreciación o exposición de su cultura, bien podría hacerse sin explotarlos económicamente, al copiar sus diseños, hacer productos basados en su cultura sin intervención de los artesanos aborígenes o sin reconocer algún derecho económico que puedan tener sobre las ideas que les fueron plagiadas. Las marcas, y esto es uno de los reclamos de México, podrían incluir a las comunidades y sus artesanos en el proceso creativo y ayudarlas a obtener reconocimiento y un pago. La apropiación cultural ofende, no tanto porque saque de su cultura primigenia un elemento específico, sino porque nace de una relación de poder extraordinariamente desequilibrada.
El término “apropiación cultural” ha trascendido los círculos académicos para convertirse en un punto focal de acalorados debates en redes sociales, la industria de la moda, la música y el arte. Se trata de un concepto complejo y a menudo polémico que plantea preguntas fundamentales sobre el poder, el respeto y la propiedad en un mundo cada vez más interconectado.
En esencia, académicos como Kenneth Coutts-Smith la han definido como la adopción o el uso de elementos de una cultura minoritaria o históricamente oprimida por parte de miembros de la cultura dominante y se diferencia del intercambio cultural porque no nace de un flujo equitativo y porque ocurre sin permiso ni reconocimiento de la fuente original. Es, como dice el antropólogo estadounidense Jason Baird Jackson un proceso que se basa en la “inversión estructural de la asimilación”, donde un grupo poderoso toma aspectos de la cultura de un grupo subordinado y los hace suyos.
Para estos autores, la apropiación se basa en:
- El desequilibrio de poder. Son las culturas o grupos hegemónicos los que usan elementos tradicionales de las minorías.
- La descontextualización, porque arrebata elementos religiosos o expresiones tradicionales de su contexto original, lo que los desnuda de significado y su función en su cultura de origen. La comercialización sin respetar su origen o significado y mediante la cual la comunidad original no recibe crédito ni compensación alguna.
- La falta de reconocimiento hacia la cultura de origen. A veces, simplemente nombrarlas como los creadores originales ayuda a llamar la atención sobre su cultura y atrae compradores que pueden ayudar a mejorar la economía de sus comunidades.
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Basarse en el desequilibrio de poder, la descontextualización, la comercialización y la falta de reconocimiento solo ayuda a que el plagiador redefina unilateralmente los elementos culturales de la cultura plagiada y, en el camino, refuerce su hegemonía al despojar los elementos de su contexto y significado original y al no reconocer a los artesanos. Esto muchos lo ven como un robo y un acto de violencia simbólica… Y se esperaría que un diseñador de origen mexicano nacido en una cultura hegemónica comprendiera mejor en qué se equivocó al copiar los huaraches para una marca internacional.
Ahora, quienes defienden la posición de que no existe tal cosa como la apropiación cultural sino que se trata de apreciación, lo hacen con base en argumentos que tampoco están tan errados, pero que, cuando pensamos en la posición del Gobernador de Oaxaca o de la Presidenta de México, no se sostienen tampoco tan bien.
Los contraargumentos al concepto de apropiación cultural abogan por una visión más fluida de la cultura e insisten en que la cultura es dinámica y no tiene dueño, porque nunca han sido estáticas ni puras y han evolucionado a través del contacto, la mezcla y la influencia mutua. que existe la libertad de expresión y creatividad y por eso los artistas tienen derecho a inspirarse en diversas culturas, y que tomar elementos de otras culturas fomenta el intercambio y la curiosidad.
Aún si lo de Adidas y Chavarría fue una omisión inocente y, como dijo el diseñador, solo quiso homenajear la cultura de la que proviene su padre, el hecho es que la compañía cometió un error de juicio al usar la palabra Oaxaca en el nombre de sus sandalias, y es así donde reside mucho del reclamo de México, al margen de la larga discusión sobre la apropiación cultural. Esto es porque Oaxaca es una denominación de origen para el mezcal (obtenida en 1994) y para el Café Pluma Oaxaca (obtenida en 2020).
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México y su normativa
Por décadas, México ha hecho un esfuerzo colectivo por el reconocimiento de sus comunidades indígenas y sus manifestaciones culturales, así como de los productos que generan. A día de hoy, la nación tiene 19 DO, que protegen productos emblemáticos de diversas regiones del país, como Tequila, Mezcal, Talavera de Puebla, Café Veracruz, Chile Habanero de Yucatán, Sotol y Ámbar de Chiapas; así que, el uso inapropiado y sin permiso del diseño del huarache y de la palabra Oaxaca contraviene sus normativas legales y administrativas de protección de propiedad intelectual, que suelen ser consideradas robustas.
Si las palabras de Claudia Sheinbaum sobre revisar y robustecer las leyes de protección de PI de las comunidades y artesanías indígenas se traducen en acciones, estas, probablemente, se concentrarían en revisar la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial (LFPPI) que, en su Título V, consagra la protección de las Indicaciones Geográficas (IG) y las DO, a las que regula a lo largo de toda la cadena productiva, acorde al entorno y al mercado actuales.
La Ley dispone una serie de sanciones administrativas en el caso de que haya infracciones a los derechos de PI, actos que constituyan competencia desleal o que causen o induzcan al público a confusión, error o engaño al hacer creer al público que un producto proviene de una zona o comunidad distinta a su verdadero lugar de origen. El uso del término Oaxaca por Adidas es un punto álgido, a la luz de la ley. Esto está consagrado en el Artículo 213.
En el ecosistema de protección mexicano, la Ley de la Propiedad Industrial convive con otras normas más específicas diseñadas para sus comunidades aborígenes y sus manifestaciones culturales. El caso Adidas y los huaraches de Villa Hidalgo Yalálag ha actuado como un catalizador para que la discusión sobre la protección del patrimonio cultural haya recobrado relevancia, especialmente porque, a decir de los expertos, incidentes como este exponen las deficiencias de los marcos legales existentes; por eso, una de las respuestas del Sheinbaum fue anunciar un paquete de reformas legales y programas de apoyo para salvaguardar las creaciones de los pueblos originarios.
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Si se toma en cuenta que el mercado de artesanías en México generan empleo para cerca de 500 mil personas e inyecta recursos por hasta 10 % del PIB de estados como Oaxaca, Jalisco, Michoacán y Guerrero, ricos en tradición artesanal, la controversia con Adidas y Chavarría cobra especial importancia, porque amenaza directamente los medios de vida de miles de artesanos mientras alude a la reputación y el valor simbólico de la región al mal emplear el nombre Oaxaca.
Iniciar las reformas legales de las que habló la Presidenta sentaría un precedente sobre cómo México abordará la apropiación cultural de ahora en adelante, se espera también (y ojalá ocurra) que los cambios influyan en la postura de las marcas sobre el respeto a la propiedad intelectual colectiva, cuya apropiación no solo se basa en la imitación de diseños o DO protegidas sino sobre el irrespeto a diseños, técnicas e IG asociadas a la reputación cultural de ciertas comunidades.
Mientras se establecen las reformas exigidas por Sheinbaum, cabe recordar que México también tiene la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas (LFPPCPCIA), desde enero de 2022. La ley busca reconocer y garantizar el derecho de propiedad de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas sobre los elementos que conforman su patrimonio cultural, incluyendo sus conocimientos y expresiones culturales tradicionales, así como la propiedad intelectual colectiva sobre este patrimonio.
Esto significa que las reformas anunciadas por la Presidenta se centrarán principalmente en el fortalecimiento y la clarificación de la LFPPCPCIA, para abordar vacíos que tiene, como la identificación del titular de los derechos a proteger, especialmente en casos de explotación comercial por grandes empresas, y como la necesidad de definiciones más claras de artesanía o expresiones culturales tradicionales, que muchos expertos criticaron en su momento y que llevaron a la reforma de la Ley en 2023.
Aunque no se ha dicho cuáles leyes revisará el Gobierno Federal, se espera que el foco se ponga en la LFPPI, el papel del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (Impi), como su órgano rector, y en el apoyo interinstitucional a los artesanos. De esta manera, se espera que cualquier ajuste a la LFPPI, si los hubiera, probablemente buscaría armonizarla con los principios de la LFPPCPCIA, especialmente en lo que respecta a la protección de diseños tradicionales y el uso de nombres geográficos.






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