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Con el acuerdo Mercosur conseguirá acceder al mercado europeo, uno de los más fuertes junto al chino y el estadounidense / Pixabay

El tratado UE-Mercosur: idilio perfecto en el momento adecuado

Por primera vez en 20 años interesaba cerrar el acuerdo tanto a Mercosur como a la Unión Europea
por Lara Valencia
publicado el18/07/2019
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En las últimas semanas hemos visto a Mercosur cerrar acuerdos con Europa (el 28 de junio) y, durante la 54ª cumbre del bloque que tuvo lugar en Santa Fe (Argentina), establecer agenda para cerrar los tratados de libre comercio con la Asociación Europea de Libre Cambio (Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein) y Canadá. Los presidentes del Mercosur (actualmente Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) se muestran frenéticos y muy dispuestos a acelerar la integración con otros bloques para fortalecer sus relaciones comerciales globales.

Las negociaciones para un tratado de libre comercio con la Unión Europea se consolidan así tras 20 años de debates y vislumbran un horizonte que supondrá una de las áreas de libre comercio más grandes del mundo. Según datos institucionales, la Unión Europea (UE) alberga solamente el 6,9 % de la población mundial, pero su comercio con el resto del mundo representa aproximadamente un 15,6 % de las importaciones y exportaciones mundiales. Es, junto con Estados Unidos y China, uno de los tres mayores actores mundiales del comercio internacional.

El texto está todavía pendiente de la revisión legal por todas las partes, aunque los gobiernos de Brasil y Argentina, así como la Comisión Europea, ya anunciaron algunos de los puntos. El acuerdo revisa temas arancelarios y regulatorios tales como servicios, contratación pública, facilitación del comercio, obstáculos técnicos, medidas sanitarias y fitosanitarias y propiedad intelectual (PI). Además de suponer una rebaja arancelaria que, según El País, acabaría progresivamente con los impuestos del 91 % de los bienes que la UE exporta a Mercosur, abrirá los mercados a las constructoras que quieran presentarse a los concursos públicos, igualará estándares de calidad en alimentos y establecerá requisitos medioambientales en ambos bloques.

¿Y por qué justo ahora? Por primera vez en todo este tiempo, interesaba cerrar el acuerdo tanto a Mercosur como a la UE. A los factores económicos se une además el geopolítico. El proteccionismo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y las constantes medidas de presión ejercidas sobre socios comerciales históricos como México han dejado claro que, si un gigante como Estados Unidos no respeta las reglas del juego, es hora de consolidar alianzas con otros pretendientes.

Varios abogados expertos en comercio internacional coinciden en identificar la situación geopolítica como el factor clave que explica que este haya sido el momento de cierre de negociaciones. Mercosur y toda la región latinoamericana cambiaron mucho en los últimos 20 años. Pablo J. Gayol, socio especializado en comercio internacional y derecho aduanero de Marval, O’Farrell & Mairal, recuerda que la principal traba fue la falta de convicción de los gobiernos sobre la conveniencia del acuerdo. Dice que este se negoció principalmente en tres períodos: 2000-2004, 2010-2012 y esta última ronda, que comenzó en 2016. “Durante los otros 10 años no se negoció porque no se consideraba conveniente. Principalmente, aunque no exclusivamente, por parte de Argentina y Brasil, que tenían  una política fuertemente proteccionista basada en la sustitución de importaciones”.

La política de comercio internacional argentina cambió con la llegada de Mauricio Macri al Gobierno, acompañada en este momento por un cambio similar en Brasil (hasta cinco administraciones diferentes pasaron por el país, con marcadas diferencias políticas y económicas) y la propia voluntad de la UE de llegar a un acuerdo. Ampliando la mirada el contexto se entiende mejor. Los jugadores de peso son cada vez más diversos en el terreno de las relaciones comerciales con una China que desde 2001 es miembro de la OMC, habiéndose convertido en actor de gran relevancia en el comercio mundial. Ana Teresa Caetano, coordinadora de la práctica de comercio exterior en Veirano Advogados, incide en que la crisis financiera mundial de 2008 cambió los patrones globales de oferta y demanda: “el sector privado estaba dividido: la industria estaba a la defensiva y en contra de las negociaciones, mientras que el sector agrícola estaba a favor. La industria cambió su posición y respaldó las negociaciones después de la crisis económica mundial”.

Mapa de Europa / Pixabay
Mapa de Europa / Pixabay

Ganadores y perdedores

Como principales beneficios para Mercosur en este acuerdo algunos analistas consultados han destacado: el desarrollo del sector industrial mediante la reducción de aranceles para insumos y materias primas industriales, así como bienes de capital; protección a los derechos de propiedad intelectual; mayores oportunidades para las pymes; liberación de aranceles en el sector de productos y procesados agrícolas exportados, que estarán libres de impuestos para el 82 % del comercio, mientras que el 18 % restante tendrá acceso al mercado europeo a través de cuotas o preferencias fijas; y una mayor transparencia en la aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias.

En la prensa local argentina pueden encontrarse sin embargo algunas observaciones críticas en lo que respecta a la parte de propiedad intelectual. En el diario La Nación el CEO de la Cámara de Comercio de EE.UU. en Argentina, Alejandro Díaz, se refirió a la propiedad intelectual como una de las asignaturas pendientes de reforzar en este acuerdo. Según Díaz, el documento firmado en Bruselas establecería un marco formal de diálogo entre ambos bloques sobre algunos aspectos, “entre los que se destaca especialmente que aquellos países del Mercosur que aún no sean parte del Tratado de Cooperación en materia de Patentes deberán acelerar las gestiones necesarias para adherirse” con el fin de proporcionar mayor seguridad jurídica al proceso de integración.

Néstor Loizaga, socio director de FERRERE en Asunción, aporta su visión sobre las particularidades que supone la presencia de Paraguay en el bloque. El acuerdo tiene disposiciones especiales para este país, en función del tamaño de su mercado y su situación sin salida al mar. En el sector de repuestos automotores Paraguay obtendrá un 5 % adicional con respecto a los otros Estados para la importación de materiales no originarios, alcanzando un 55 % cuatro años después de que haya entrado en vigencia el tratado. Paraguay también ha negociado la exclusión de los umbrales de contratación pública, preservando el mercado para las empresas nacionales. En materia de defensa comercial se establecieron plazos adicionales para la aplicación de instrumentos que permitan al sector productivo nacional un período más prolongado que los demás países miembro del Mercosur y la Unión Europea.

A pesar de la obvia sintonía que existe entre los gobiernos de Brasil y Argentina de cara al acuerdo economías de mayor peso del Mercosur no habría que perder de vista las preocupaciones planteadas a ambos lados del Atlántico por los sectores críticos con el tratado. Lo que supone beneficios para unos, enciende las alarmas de los otros. Las empresas que podrían resultar más favorecidas, en un primer momento, del lado Mercosur son las exportadoras de alimentos, tanto primarios como procesados. En Brasil, concretamente, las industrias más propensas a beneficiarse del acuerdo son las agroindustriales, donde según Ana Teresa Caetano “Brasil es el más competitivo”. Se refiere a los productores y exportadores de azúcar, carne, jugo de naranja, etcétera, cuyos productos siempre han tenido un acceso limitado al mercado de la UE. Son estos los pronósticos que explican las inquietudes expresadas en países como España, donde el sector del campo ha manifestado que saldrá perdiendo. En declaraciones a El País, la directora general del Comité de Gestión de Cítricos, Inmaculada Sanfeliu, advirtió que su sector acumula agravios: “Este pacto hará que en la UE, nuestro mercado natural, tengamos que competir con los zumos de Brasil, a los que se descargará progresivamente del arancel actual del 12 %”.

La misma lectura puede hacerse sobre el sector del automóvil en sentido contrario. La industria automotriz celebra el acuerdo en Europa proyectando una entrada por la puerta grande en América Latina, mientras que este sector en Argentina y Brasil no alcanzará a volverse más competitivo. Los sectores industriales han hablado de un nivel de competitividad desequilibrado. Esteban Ropolo, socio de Baker McKenzie Argentina, explica que los países del Mercosur son los que más reformas deberán implementar para poner a sus economías en condiciones de competir con la Unión Europea:

“En Argentina, su legislación impositiva y laboral, el peso de un Estado ineficiente que cobra altos impuestos sin ofrecer bienes públicos a los contribuyentes, el claro retraso de su infraestructura y una economía privada que se acostumbró a operar detrás de una altísima barrera de protección, deberán ser reformados si el país pretende algo más que ser proveedor de productos primarios del nuevo bloque que se está formando”.

Desde Trench Rossi Watanabe (in cooperation with Baker McKenzie International), la asociada Marcelle Silbiger De Stefano aclara que el mismo planteamiento aplica para Brasil, donde serán necesarias reformas para recuperar la economía y aumentar las inversiones extranjeras.

Ana Teresa Caetano reconoce que tanto el Mercosur como la UE tienen países en diferentes etapas económicas y sociales de desarrollo, pero recuerda que hay disposiciones del acuerdo destinadas a abordar este asunto. A la espera de que el texto pase todas las revisiones legales pertinentes y sea aprobado por todos los países —recordemos la magnitud del número de países de la UE— algunas cosas podrían cambiar. Argentina celebra elecciones el 27 de octubre y entre los posibles candidatos existen discrepancias respecto al tratado.

 

Según Gayol, “el riesgo principal para nuestro país es que Brasil, ante una posible negativa de Argentina a aprobar el acuerdo, firme un acuerdo bilateral con la UE. En ese escenario, Argentina no solamente perdería el acceso al mercado europeo, sino que también vería muy complicado  su  acceso al mercado brasileño”.

Quienes son optimistas con las oportunidades que el acuerdo llevará a Mercosur, añaden un matiz sobre cómo una mejora en las relaciones comerciales es, en cierta manera, una declaración a favor de un sistema de comercio basado en reglas y, según Ana Teresa Caetano, diferenciado de un sistema de base política. Esteban Ropolo cree que de hecho sirve para mostrar que, “más allá del proteccionismo de Trump, hay otras regiones del mundo que siguen apoyando el libre comercio”.

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