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Iniciativas que Nayib Bukele envió a la Asamblea / Foto tomada de twitter
Iniciativas que Nayib Bukele envió a la Asamblea / Foto tomada de twitter

Estado de derecho y pandemia: crisis constitucional en El Salvador

Michael Kirby escribió una carta sobre sus preocupaciones en relación con las medidas tomadas en El Salvador para hacer frente a la pandemia
por Herman Duarte
publicado el05/05/2020
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COVID-19

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¿Quién es Michael Kirby, el autor de la carta al presidente Bukele?

Tiene 81 años de edad, es una persona objetiva y firme en sus posturas. Los frutos de su trabajo le concedieron el prefijo de “el honorable” antes de su nombre. Su otro título es el del “gran disidente”, por sus opiniones disidentes (hasta un 50 % de los casos en materia constitucional) como juez del Tribunal Superior de Australia (1996-2009), la Corte más alta de Australia y la instancia final de apelaciones. 

Al retirarse de la máxima magistratura de Australia siguió con su llamado de vida y presidió la Comisión de Derechos Humanos de la ONU sobre Corea del Norte. Esa comisión se encargó de analizar y estudiar el extraño y curioso caso dictatorial, donde todo el poder se concentra en una sola figura de líder carismático, donde no hay igualdad ni respeto a las opiniones diferentes, donde la justicia está ausente. Corea del Norte es en un lugar en donde la inscripción “abandonad toda esperanza quienes aquí entráis” en las puertas del Infierno de Dante cobra vida.

En el informe de Corea del Norte se detallan atrocidades, cosas terribles que no alcanzan las palabras para describir, dimensionar o explicar. De tal informe se concluye que el (des) gobierno de Corea del Norte cometió crímenes contra la humanidad que incluyen exterminio, asesinato, esclavitud, tortura, encarcelamiento, violaciones y otras agresiones sexuales, persecución por motivos políticos, religiosos, raciales y de género, desplazamientos forzosos de poblaciones, desaparición de personas y el acto inhumano de causar hambre prolongada. Michael Kirby es un testigo de lo peor que la humanidad puede ser capaz de hacer, la crueldad y el dolor que inflige a propósito.

Esa capacidad de analizar las situaciones conflictivas desde arriba, desde una cúspide, le ha abierto el camino para sentarse en la silla de copresidente del Instituto de Derechos Humanos de la International Bar Association (Ibahri). Ese cargo lo comparte con Anne Ramberg, presidenta del Colegio de Abogados del Reino de Suecia.

La misma International Bar Association se describe como la organización internacional líder mundial de profesionales legales, asociaciones de abogados y sociedades de abogados. Tiene una membresía de más de 80.000 abogados individuales y 190 asociaciones y sociedades de abogados que abarcan más de 160 países. El Ibahri, una entidad autónoma y financieramente independiente, trabaja con la comunidad jurídica mundial para promover y proteger los derechos humanos y la independencia de la profesión jurídica en todo el mundo.

La carta de Kirby dirigida al presidente de El Salvador

Kirby, copresidente de la Ibahri, nuevamente da luz en una situación pese a no llegar a ser Corea del Norte. Lamentablemente, esa injusticia tiene su génesis en mi país, la República de El Salvador. En una carta abierta publicada el 9 de abril de 2020, los copresidentes del Ibahri se dirigieron al presidente Nayib Bukele. “Apreciamos los esfuerzos realizados por el Gobierno de El Salvador (GOES) para frenar la propagación (…) es imperativo que el pueblo salvadoreño se sienta seguro y respaldado por el GOES”.

Esa sensación de seguridad y respaldo que el GOES debe inspirar a su población no está siendo brindada por el GOES, tal y como puede apreciarse de los acontecimientos en El Salvador y puede deducirse del mensaje de la carta. En particular, es destacable lo que Michael Kirby y Anne Ramberg le dicen al presidente Bukele. “El Estado de derecho debe prevalecer en tiempos de crisis, por lo que es imperativo que el Gobierno salvadoreño defienda las decisiones promulgadas por la Corte Suprema”. 

El 1 de junio de 2019, Nayib Bukele juró en el acto de investidura como presidente de la República respetar la Constitución y, por ende, el Estado de derecho. Ese mismo Estado de derecho que reiteró respetar el 16 de febrero, en respuesta al editorial de The Washington Post que lo señaló de ejecutar un autogolpe de Estado el 9 de febrero de 2020, cuando ingresó con militares armados a la Asamblea Legislativa.

En este sentido, es menester reiterarle al señor presidente, a sus funcionarios y a los miembros de la seguridad pública que las decisiones de la Sala Constitucional deben cumplirse, no son opcionales, ni mucho menos un favor. Se trata de una obligación y un acto de coherencia a raíz de la promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución. La Sala de lo Constitucional le ordenó detener las detenciones arbitrarias (HC 148-2020), por lo que es ilegal continuar con ellas (aunque el 4 de mayo se aprobó una ley para ello). 

La carta del Ibahri también hace referencia a las declaraciones del presidente Bukele en las que alienta a la fuerza pública a endurecer medidas para cumplir la cuarentena domiciliar obligatoria, rechazando el llamado a “doblar muñecas” que hiciera el presidente en cadena nacional. Ese tipo de mensajes alientan al uso de la fuerza desmesurada que violenta derechos humanos; pero sobre todo ignora la realidad histórica del país en la que los uniformes de los cuerpos de seguridad están manchados de sangre por muertes producto de ejecuciones extrajudiciales (así lo reportaba en el año 2018 la Relatoría Especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias de Naciones Unidas) y tienen en su haber incontables lágrimas del sufrimiento de los familiares de los sobrevivientes. La matanza del Mozote es tan solo un ejemplo de las atrocidades que pueden cometerse en el pulgarcito de América.

En la misiva de la Ibahri también se retoman las declaraciones brindadas por Rogelio Rivas, ministro de Seguridad y Justicia Pública, en la que se advierte a la población de cumplir con la cuarentena o [las personas] serán llevadas a un centro de retención donde 'podrían contagiarse de Covid-19'. La ironía de la expresión la transforma en un acto kafkiano. El ministro pasa a ser el titular de 'Inseguridad e Injusticia', pues amedrenta a la población con una amenaza de detención arbitraria y la acompaña con una pizca de tortura psicológica, que se alimenta de las políticas de miedo implementadas. Imaginemos que en lugar de la amenaza a ser contagiados de coronavirus dijera que nos tirarían a una jaula con leones, ¿sería más escandaloso? Es prácticamente lo mismo.

Continúa diciendo la carta: “El IBAHRI está profundamente preocupado por la desintegración del Estado de derecho en medio de la crisis del coronavirus en El Salvador”. Esto recuerda la importancia de apegarse a las leyes, pero solo a aquellas que vengan cargadas de moralidad. En 1963, Martin Luther King nos explicaba cómo identificar la moralidad en las leyes: “Una ley justa es una norma hecha por el hombre que está en consonancia con las leyes morales o con la Ley de Dios. Una ley injusta es aquella que no está en armonía con las leyes morales”. Mientras que el Rabino Jonathan Sacks nos explica que, sin una sólida interacción entre economía, poder y moralidad, la sociedad colapsa.

Este último concepto es el que evidencia qué debemos corregir como nación, pues implica “la voz de la sociedad dentro del ser; es el 'nosotros' dentro del 'yo'; el bien común que limita y dirige nuestra búsqueda de ganancia privada”. (2020:12). En la moralidad es donde encontramos el sustrato para principios como “ama a tu vecino. Ama al desconocido. Libera al pobre de la pobreza. Preocúpate por la dignidad de todos. Que los que tienen más deban compartir sus bendiciones con los demás. Alimenta al hambriento, dale casa al sin hogar, ayuda al enfermo en su mente y cuerpo. Pelea por la injusticia, sin importar de donde proviene y contra quien. Todo por el hecho de ser humanos, pues estamos unidos por el pacto de la solidaridad humana”. (2020:x) Analizar su ausencia sirve para entender su presencia. Ejemplos como las leyes de Jim Crow o las leyes raciales de la Alemania Nazi evidencian la importancia del componente moral que toda norma debe tener. Ese es el Estado de derecho que promueve el IBAHRI, uno en donde las leyes tienen componente moral de respeto a la dignidad de la persona.

La carta del Ibahri tiene un mensaje claro, sí a las medidas para evitar la propagación y un rotundo NO al autoritarismo. El cierre de estos paladines de la justicia dice: “Instamos a su excelencia a que reconsidere de inmediato aquellas medidas que no son proporcionadas o necesarias, cumpla de inmediato las decisiones de la Corte Suprema y aplique solo las medidas que sean en beneficio de sus conciudadanos”. 

A ese cierre agregaría que espero que el presidente Bukele, quien comenzó su mandato con un impulso tan positivo, vuelva a la normalidad al encontrar inspiración en Nelson Mandela para reconciliar a nuestra nación; que antes de cualquier decisión recuerde el legado de “hacer lo correcto” que nos enseñó el coronel Arturo Castellanos, el "Schindler salvadoreño"; y que la brillantez y la sabiduría del Dr. Armando Bukele lo guíen. Presidente Bukele, con el debido respeto, escribí esta carta para recordarle su llamado (y oportunidad) de ser un instrumento de paz, armonía social y hacer historia en El Salvador.

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