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La ética profesional y legal tiene nuevas aristas, y no podemos ser ajenos a ello. / Unsplash, Christina @ wocintechchat.com
La ética profesional y legal tiene nuevas aristas, y no podemos ser ajenos a ello. / Unsplash, Christina @ wocintechchat.com

El abogado de la era digital

Estamos frente a un cambio de paradigma, la forma tradicional de asesoría legal se transforma para dar un diagnóstico diligente en el desarrollo de herramientas digitales
por Nuhad Ponce Kuri*
publicado el16/11/2020

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Se puede afirmar que los avances tecnológicos han generado diferentes consecuencias en distintas industrias, en el comercio, la salud, las comunicaciones, la investigación, el acceso a la información, la enseñanza, el lenguaje, la forma de expresar ideas, el sistema de salud, las finanzas que, entre muchos aspectos, han sido revolucionados por las nuevas tecnologías.

El mundo jurídico no ha sido la excepción. El sector legal ha tenido que innovar, construir, desarrollar nuevas competencias y habilidades de la mano con las tecnologías. Y es que desde lo vivido durante la Revolución Industrial no se había presentado un cambio de tanto impacto como el que estamos viviendo hoy en día con la tecnología. Estos cambios se seguirán presentando a lo largo de los próximos años, generando nuevos retos y cuestionamientos jurídicos, técnicos y éticos, que como abogados, debemos resolver.

Las tecnologías de la información, la inteligencia artificial, el uso de robots en el medio legal y la automatización de procesos judiciales a través de algoritmos han transformado en muy poco tiempo el ecosistema jurídico.

Cuestiones como el reconocimiento facial, el uso de motores de búsqueda legal en medios digitales y la “predicción” de resultados en juicios mediante el uso de algoritmos, saber si un “twit” es o no sujeto de protección por derechos de autor, el uso “aceptado” de criptomonedas y la “certificación” digital serán algunos de los “retos regulatorios” a los que nos estamos enfrentando ya hoy en día.

La “revolución del software” ha dejado prácticamente fuera a muchas empresas y sectores empresariales y a muchos otros los ha obligado a reinventarse, como por ejemplo el sector hotelero y el de transporte.

Richard Susskind, en su libro “El abogado del mañana”, hace referencia a la afectación que está teniendo el sector jurídico y lo atribuye a tres factores: la tecnología, la desregulación y los cambios en el mercado. Las empresas de software están preparándose cada vez más para conquistar sectores industriales que no imaginamos, y es que con menores costos, hay un mercado en línea expandiéndose cada día mas. Es por ello que el proceso de transformación digital del abogado cobra cada vez más relevancia.

Diariamente utilizamos la tecnología, aunque en algunas ocasiones pudiéramos ni siquiera notarla. El derecho, que como sabemos, también ha sido tocado por el gran avance tecnológico y la llamada Revolución Digital, ha hecho que el abogado tenga que modificar poco a poco su ejercicio profesional. La conectividad, por ejemplo, es lo que hace posible que podamos continuar con nuestro ejercicio profesional, fuera de la oficina. Desde donde nos encontremos, podemos tener acceso a nuestros contactos, agenda, documentos, archivos, expedientes, legislaciones, precedentes, jurisprudencias y demás información necesaria para trabajar.

El sector jurídico, inmerso en una fase de constante transformación que agiliza y automatiza algunos procesos que antes requerían mayores esfuerzos, se ha tenido que adaptar, generando en la mayoría de los casos, un impacto positivo. Este impacto positivo ha tenido como consecuencia el poder llevar a cabo diversas actividades, en menos tiempo. Un ejemplo claro es el uso del correo electrónico (email), que modificó la forma de comunicación, los tiempos de respuesta, la forma de transmitir datos, imágenes, documentos, etc. Es casi imposible pensar el día a día sin usar el correo electrónico, tan es así que hoy en día el “email” se ha convertido incluso en un requisito para tener una red social, hacer compras en línea, o darse de alta para obtener ciertos servicios.

Pero esto también puede dar origen a un mundo inseguro, en donde a través de la propia tecnología, se pueda poner en jaque o paralizar ciertos servicios, industrias, la economía, o al mundo entero. ¿Qué pasa cuando los sistemas fallan? ¿Cuándo no se tiene control sobre ellos? Existe actualmente un gran reto ético y legislativo para la regulación del internet, la protección de los datos personales, la seguridad de la información, la inteligencia artificial, el uso del ciberespacio, la biotecnología, el uso de tecnología para fines políticos o de control, entre otros más, que requieren urgentemente de un análisis y estructura a nivel internacional. Este desafío es para los abogados, que viven constantemente dando estructura jurídica a estas tecnologías.

Como podemos darnos cuenta, el avance de esta Revolución Digital es cada vez más veloz y con mayor alcance de usuarios, por lo que debemos estar preparados. Es importante pensar en las modificaciones que se podrían hacer a los planes de estudios universitarios, en donde sería benéfico incluir materias de tecnología aplicables al derecho, para generar en las nuevas generaciones una nueva forma de estudio del derecho.

El ser interdisciplinarios como firmas de abogados, genera un círculo virtuoso para el asesoramiento de clientes y el día a día de los despachos. Poder brindar soluciones técnico- jurídicas genera un valor agregado importante para el usuario del servicio.

No podemos ser ajenos a la responsabilidad que tenemos como abogados en el asesoramiento jurídico a plataformas o empresas digitales, nuevos modelos de negocio que utilizan las tecnologías de la información y que presentan un reto constante jurídicamente hablando. Plataformas como Facebook®, Youtube®, Twitter® se han autorregulado, por falta de leyes o tratados internacionales aplicables, y es que estas plataformas o modelos de negocio, no reconocen fronteras, ni nacionalidades.

No podemos sólo pensar en los beneficios, que en un corto plazo, genera la tecnología, sino entender las consecuencias de derecho que se generan con lo cambiante y dinámica que es, y como debemos ser capaces de generar contratos, términos y condiciones, políticas, y procesos de atención ad hoc, tomando siempre en cuenta la ética. ¿Cómo saber si las herramientas tecnológicas que se desarrollan actualmente son buenas o malas? ¿Para quien están hechas? O tal vez ¿A qué intereses sirven? ? ¿Cómo podríamos saber si las “decisiones” que toma un robot están bien o mal? Y ¿Qué consecuencias de derecho tendrían?. Éstas son algunas de las interrogantes que deben plantearse cuando se habla de desarrollos tecnológicos.

Se abre entonces, un debate diferente, en el que la ética, la tecnología y el derecho, deben ir de la mano. Se requiere una respuesta normativa eficaz e integral a los nuevos modelos de negocio, de comercio, de plataformas de servicio, de transporte, de hospedaje, creando equipos multidisciplinarios que lo enriquezcan. Es un cambio de paradigma, una transformación en la forma tradicional de asesoría legal, prepararnos para dar un diagnóstico diligente en el desarrollo de herramientas digitales, logrando un cumplimiento normativo que tendrá como consecuencia que la toma de decisiones favorezca a la empresa.

Hemos escuchado que la tecnología en algún momento desplazará a los abogados, que el trabajo jurídico será hecho por un robot, pero no coincido con esta postura. Estoy convencida que si participamos activamente en esta Revolución Digital, será todo lo contrario, la tecnología estará al servicio del derecho y no el derecho al servicio de la tecnología. Requeriremos desempeñar un rol mucho más activo, se necesitan más y mejores abogados que entiendan de las implicaciones legales, éticas y técnicas del uso de los desarrollos tecnológicos presentes y las que están por venir.

Con la tecnología aplicada al derecho, la forma de impartición de justicia podrá ser más rápida y eficiente, con el uso de softwares o robots se logrará tener una herramienta sin precedentes y de gran precisión para el quehacer jurídico, actualmente ya se están haciendo trámites gubernamentales más eficientes y en menos tiempo. Pero siempre al servicio del derecho y no al revés. No estamos dejando la justicia en manos de robots, debemos ser partícipes en la implementación de tecnología, al quehacer jurídico. Considero que la aplicación de las tecnologías en el derecho, ayudará a automatizar algunas tareas (rutinarias) que tradicionalmente llevan más tiempo del que quisiéramos, pero esto no significa que serán sustituidas, sino que existirá una distribución diferente del tiempo, teniendo así la oportunidad de utilizarlo mejor.

Los retos en materia de uso de robots, inteligencia artificial, software y protección de datos personales, son cada vez mayores. La ética profesional y legal tiene nuevas aristas, y no podemos ser ajenos a ello.

Es por lo anterior que el abogado, debe verse inmerso en el proceso del cambio que nuestra profesión está teniendo debido a la tecnología. La creatividad, facilidad de adaptación y el trabajo con un equipo multidisciplinario, ayudará a estar más y mejor preparados para la evolución tecnológica y los retos jurídicos que presenta la Revolución Digital.

*Nuhad Ponce Kuri es socia del despacho Ponce Kuri, S.C.

Este artículo fue publicado originalmente en el ebook "De la Crisis a la Transformación", de Lawit Group.

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