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"Tomé la decisión de perseguir el objetivo de convertirme en abogado deportivo" / Pixabay

Pablo García Pacheco: un apasionado de la propiedad intelectual y del derecho deportivo

"Todo se alineó para descubrir que podía combinar mis dos pasiones en el trabajo"
por Lara Valencia
publicado el13/05/2019

El socio júnior de Hoet Peláez Castillo & Duque (HPCD), Pablo Roberto García Pacheco, es un apasionado de la propiedad intelectual y del derecho deportivo. Recientemente, nos deleitó con algunas de sus reflexiones sobre el impacto de la tecnología en el deporte y sobre el valor potencial de profesionalizar el fútbol femenino.

Esta semana respondió a nuestras preguntas en La firma y los millennials, explicando con énfasis el origen de su devoción por el derecho deportivo.

Pablo R. García Pacheco
Pablo R. García Pacheco

—¿Cómo llegó hasta el área de propiedad intelectual y la especialización en derecho deportivo? ¿Por qué decidió esa especialidad frente a otras?

—Como he dicho en otras oportunidades, en el momento en el que me di cuenta de que era posible unir el derecho con el deporte tomé la decisión de perseguir el objetivo de convertirme en abogado deportivo.

Cuando cursaba el segundo año de mi carrera, participé en el primer congreso de derecho deportivo realizado en Venezuela. La relación más interesante que descubrí fue esa entre la propiedad intelectual y el mundo del deporte. Todo se alineó para descubrir que podía combinar mis dos pasiones en el trabajo.

—¿En qué aspectos ha cambiado su visión de la profesión legal desde que egresara de la universidad hasta este momento?

En esta época tan difícil que atravesamos como país, se enfrenta a un cambio enorme cuando sale de las aulas y empieza, como decimos en Venezuela, “a patear la calle”. Lamentablemente, el deber no se parece mucho al ser.

En los libros y los códigos todo se ve muy bonito, pero la realidad es otra. Antes de trabajar en una firma de abogados, nuestra única referencia son las series de televisión, donde realmente se describe bien lo que se vive dentro de un escritorio jurídico: mucho estrés, mucha presión, muchas preguntas, muchas teorías y un ambiente de camaradería y respeto entre todos los abogados y paralegales. El equipo lo es todo en un escritorio de abogados.

—¿Cuáles son sus metas en HPCD en este momento?

—Mi norte sigue siendo el mismo: hacer del departamento de derecho deportivo una unidad de negocio rentable y autosostenible de aquí a futuro. Posicionar el escritorio como un referente de derecho deportivo en Venezuela y Latinoamérica.

—¿Cuáles son sus herramientas favoritas de tecnología legal? ¿Cómo le ayudan en el desempeño de su trabajo?

—Partiendo de la honestidad, a pesar de mi corta edad, soy una persona de la vieja escuela.

Me gusta tener mis apuntes a mano, leer del papel y no en digital. Además, creo que el atraso que ha sufrido Venezuela en los últimos años nos mantiene un poco alejados de estos avances tecnológicos tan importantes. Ahora bien, hay un software de gestión y personalización de contratos online llamado FormalDocs que considero de suma utilidad para la agilización y aceleración del trabajo diario.

—¿Qué sinergias se pueden producir entre el abogado latinoamericano y el anglosajón? ¿Qué tiene uno que aprender del otro?

—Ambos sistemas tienen cosas de las que podría nutrirse el otro. Yo, por haberme educado aquí —y a pesar de haber hecho mi maestría en Estados Unidos— prefiero la composición del derecho civil, por la organización de lo abstracto a lo concreto en los códigos.

Sin embargo, la heterogeneidad derivada del common law, en donde el peso de la costumbre y decisiones previas tienen tanto valor, genera y permite que un criterio homogéneo aplique en todo un territorio, teniendo en cuenta las realidades cambiantes dentro de un mismo Estado de derecho.

—¿Qué habilidades que no se aprenden en la escuela de derecho necesita el abogado de hoy?

—Considero que en la actualidad el área de negociación debe ser impartida en todas las escuelas de derecho. El abogado constantemente negocia, gerencia y desarrolla proyectos, negocios y oportunidades de crecimiento propias y corporativas. Un profesional del derecho que no sea capaz de aplicar técnicas de negociación está, considero, condenado a fracasar.

Entre otras habilidades que no se aprenden en la escuela de derecho y que son de vital importancia para el desarrollo del profesional y del negocio, está la habilidad del mercadeo. Hoy en día, la capacidad de vender entendiendo lo que tu público quiere ver, no es una cosa que se deba tomar a la ligera. Se trata del puente entre tus potenciales clientes y la estadía de aquellos que ya tienes.

—Por último, ¿qué es lo que más une y lo que más separa a su generación de la generación de socios en HPCD? ¿Qué opina de la mentoría? ¿Hay algún abogado que actualmente considere como su mentor o referente en la profesión?

—Yo soy de la opinión de que la firma vio en nosotros la oportunidad de formar una generación importante que en su momento hiciera el relevo. La capacitación de abogados jóvenes, en donde no solo me incluyo, sino también otros compañeros de la firma, será una catapulta para nosotros mismos y, de nuestra mano, el continuo crecimiento del negocio.

Ese punto lo tenemos en común ambas generaciones, el crecimiento inagotable y la ambición por siempre seguir escalando.

Una diferencia grande, quizás, son los tiempos de espera. Nuestra generación tiende a ser más impaciente ante las esperas, queremos las cosas ya. Eso puede jugar a favor o en contra, dependiendo de la inteligencia emocional que apliques diariamente a tus vivencias laborales y tu estabilidad personal. Vivir en Venezuela es vivir diariamente recibiendo golpes. Si permites que esos golpes se junten con la impaciencia, terminarás renunciando a tus proyectos y tus sueños. Debo decir que todos mis compañeros de trabajo me aportan diariamente. Encuentro en cada uno de ellos el apoyo incondicional y las sugerencias para manejarme dentro de esta carrera. A todos tengo mucho que agradecer.

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