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El sistema de salud argentino y en consecuencia la industria farmacéutica pasan por una situación financiera delicada / Pixabay

Juan Manuel Ballarena: “En Argentina el reto es asesorar durante las crisis económicas cíclicas que solemos tener”

El jefe de asuntos legales de Scienza Argentina espera que, tras las elecciones de este 2019 en Argentina, continúe la inversión en investigación clínica
por Lara Valencia
publicado el03/09/2019

No descarta volver a trabajar en una firma, aunque Juan Manuel Ballarena supo desde sus años de estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que quería trabajar como abogado in-house. Cree que su paso por uno de los grandes estudios argentinos, Marval O’Farrell & Mairal, en los inicios de su carrera, y en general la experiencia de trabajar en despachos, le dieron la base fundamental para construir su carrera y posteriormente una visión 360º del derecho y los negocios.

 

Conversamos con él en la serie de entrevistas a General Counsels.

 

—Ha desarrollado casi toda su carrera en el mundo empresarial y ha pasado por sectores como el energético (Líneas del Norte y Pampa Energía) y el de entretenimiento (Codere Argentina), además del farmacéutico ahora. ¿Cómo empezó su carrera como in-house?

Juan Manuel Ballarena
Juan Manuel Ballarena

 

—En realidad, comencé mi carrera profesional como paralegal en un gran estudio y continué por unos meses más en otro despacho, pero sabiendo desde los últimos años en la Universidad que quería desempeñarme como in-house. Esa primera oportunidad la tuve en Codere Argentina, donde di mis primeros pasos como abogado interno y aprendí especialmente lo que se espera de un in-house. Por ejemplo, acompañar y estar a disposición del negocio, además de algo tan importante como es la evaluación de los riesgos de la industria y la empresa en particular.  

 

—¿En qué se diferencia el mercado laboral de los general counsels al de las firmas de abogados? ¿Son mejores las oportunidades para los consultores jurídicos?

 

—La diferencia y lo atractivo de trabajar en una empresa es que logras especializarte en una industria específica y ser responsable de los asuntos legales de esa empresa. En mi experiencia y, en términos generales, la diferencia con los abogados de los despachos es que son ellos los contratados por los clientes para la atención de asuntos bien puntuales y específicos. Por ello, en esos casos el trabajo es más técnico-legal. El abogado in-house debe tener una visión más integral del derecho y los negocios.

 

Creo que hay buenas oportunidades tanto en despachos como en empresas. Hacer carrera profesional en un despacho es algo a largo plazo. Quizás en las empresas dependa más de la oportunidad en que se genere una vacante, lo cual también puede ser a largo plazo u obligue a buscar esas oportunidades en otras organizaciones. También creo que los abogados de firma tienen más presión para generar y mantener buenos clientes, logrando una buena facturación. En las empresas no existe esa preocupación. La contrapartida será el manejo del presupuesto del área en particular, pero es menos estresante.  

 

—¿Descarta por completo volver a trabajar en una firma de abogados?

 

—No, no lo descarto. Pero debería ser una propuesta interesante y con proyección profesional.     

 

—¿Qué características de la industria farmacéutica son las más desafiantes para un abogado en Argentina?

 

—La constante evolución en la regulación por parte del Estado. Creo que es algo muy habitual en la industria farmacéutica en casi todos lados.

 

—¿Qué demandas tiene el sector farmacéutico para la próxima legislatura argentina? ¿Cuáles deben ser las prioridades del próximo gobierno para cuidar de esta industria?

 

—En general, aquí en Argentina, el sistema de salud —donde la industria farmacéutica está inmersa— atraviesa una delicada situación financiera. Las obras sociales y empresas de medicina prepagas tienen que dar cobertura a distintos tratamientos modernos, cuyos costos son muy difíciles de afrontar.

 

Con respecto a la industria, en los últimos años hubo una mejora en los tiempos de aprobación de los protocolos de investigación y desarrollo, lo cual se tradujo en mayor inversión. Eso debería continuar para que el sector siga invirtiendo en investigación clínica. También se debe seguir avanzando en la parte que concierne a la propiedad intelectual.    

 

—¿Cuáles son los retos más grandes que enfrenta generalmente un consultor jurídico?

 

—Creo que en Argentina uno de los retos más grandes es asesorar a nuestros clientes dentro de las crisis económicas cíclicas que solemos tener. Esto tiene efectos en todas las relaciones jurídicas y, en general, conlleva a la renegociación de diversas cuestiones, ya que se ven alteradas y se desequilibra el estado de esas relaciones.    

 

—¿Qué es lo que más valora del apoyo de los abogados externos?

 

—Sin duda la especialización, que sean expertos de los asuntos para los que son contratados.

 

—¿Qué le diría a los jóvenes estudiantes de derecho que se debaten entre ser abogados de firma y ser abogado in-house?

 

—Viéndolo desde la distancia, para mí fue muy útil el paso por grandes despachos, sobre todo para conocer cómo trabajan y para adquirir herramientas con las que ir afrontando los desafíos profesionales que fui asumiendo.

 

Los abogados de firma tienen la posibilidad de asesorar y trabajar con múltiples clientes de distintas industrias. Eso es muy enriquecedor. El abogado interno tiene la posibilidad —y necesidad— de conocer en detalle la actividad y regulación que afecta a la empresa. Así, tendrá una visión de 360° de la misma y terminará teniendo la imagen en su cabeza de un hombre de negocios.

 

Dependerá de los gustos y preferencias de cada uno. Ambos lados del mostrador tienen sus ventajas y desventajas, pero tanto en empresas como en despachos el ejercicio de la profesión es altamente demandante y altamente gratificante.

 

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