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"Inversionistas, desarrolladores, emprendedores y empresas de legal tech  están viendo que el mercado legal es muy atractivo" / Pixabay

Juan Carlos Luna: “La profesión legal se está democratizando gracias a la tecnología”

"El tema no es una novedad. Hace 10 años que la fórmula cambió y ahora el poder lo tiene el cliente", acotó.
por Gabriela Andrade Gorab
publicado el27/05/2019

Juan Carlos Luna es uno de los creadores del Legal Summit 2019 THE (R)EVOLUTION OF LAW, evento que tuvo lugar el 16 de mayo en Ciudad de México. Con este encuentro Juan Carlos y Alejandro Luna pretenden generar "curiosidad".

Habló con entusiasmo de observar las tendencias y reaccionar.

"El campo es muy amplio, no hay monopolios, ya se acabó el tema de que uno puede acceder a tecnología o a un servidor solo si es una empresa o despacho grande. Eso ya dejó de existir. Esa era la realidad hace unos 15 o 20 años (…) La profesión legal se está democratizando gracias a la tecnología".

¿Qué está pasando? Explica que inversionistas, desarrolladores, emprendedores y empresas de legal tech están viendo que el mercado legal es muy atractivo "ya que es un mercado que viene muy atrasado, de mucha manualidad, de poca eficiencia. He ahí la ayuda, por eso está cambiando la industria al igual que la fintech”.

Juan Carlos Luna
Juan Carlos Luna

¿Qué sigue después de que estas tecnologías estén funcionando de manera recurrente?

Antes que nada, hay muchos antecedentes. Nos tendríamos que regresar varios pasos antes para poder responder eso.

La primero que hay que tener en cuenta es cómo debe generarse el factor “curiosidad, conocimiento y comprensión”, para poder empezar a implementarlas y después ver cómo esa implementación puede ser exitosa.

La curiosidad es lo que estamos generando en este tipo de eventos, para que la gente empiece a conocer qué es lo que está pasando, cuáles son las tendencias, cómo es que debemos reaccionar. Esa curiosidad va a generar la preocupación por mantenerse relevante y tomar acciones, para que el mundo profesional pueda cambiar gracias a la tecnología. Pero ese cambio debe pasar por varias etapas para que sea efectivo.

—¿Me podría decir sucesos concretos que ya se hayan realizado con base en esta curiosidad?

Esto depende de dónde lo veas. A nivel internacional este cambio empezó hace 15 años. En México y América Latina son cambios que están empezando ahora.

Lo que estamos viendo es el “tsunami” de esa influencia extranjera y de otras regiones que nos llevan mucha más ventaja en cómo empezamos a sentir y a reaccionar. Es una cuestión de mejores prácticas, de tener los mejores ejemplos para ver cómo nosotros no nos quedamos rezagados y empezamos a reaccionar para encaminar nuestra propia actividad rumbo a esa dirección.

—¿Tienen alguna fórmula de cómo cambiar al abogado?

Hay dos, una para el "antes" y otra para el "después".

En "antes" tiene que ver con que la educación legal debe cambiar. Es decir, el marco académico tiene que modernizarse, los planes de estudios, el tipo de materias... No es que esto no se haya estado haciendo, pero deben integrarse nuevos elementos que son fundamentales.

Entonces, el primer paso es que académicamente estemos nutriendo con mejores elementos a los abogados del mañana. Respecto a los que ya están (los que ya vienen con una tendencia de haber estado varios años en el juego profesional legal), hay que ayudarles a comprender estas nuevas realidades. Hay que llevarlos de la mano para que den ese cambio o para que, por lo menos, empiecen a considerar cómo evolucionar hacia esas nuevas necesidades, desde cómo manejar los aspectos más básicos de la tecnología hasta los efectos  y consecuencias legales, desde el punto de vista regulatorio hasta el conocimiento de lo que se trata y cómo utilizarlas.

—¿Cuáles son las cualidades que debe tener el nuevo abogado?

Habilidades transversales, digamos, el famoso modelo de la “T”. Esto son los conocimientos verticales, la columna vertebral del abogado que es el conocimiento técnico.

Pero después viene toda la parte transversal, el conocer otras industrias y disciplinas  que hacen que se enriquezca y sea más valioso su aporte legal. Ya sea desde el punto de vista de comunicación, operación, procesamiento de su trabajo o elaboración de su trabajo. Cambia todo, cambia una dinámica en la que antes el abogado convivía consigo mismo o con gente de su misma estirpe.

Ahora la realidad es que el abogado es uno más de una comunidad. Esa comunidad que se le acerca debe entender que ya no está jugando solo, sino que  tiene que colaborar al mismo tiempo con ingenieros, desarrolladores, gente que entiende de los aspectos de negocios técnicos, económicos, financieros, sociales, mercadeo, etcétera.

Realmente, el abogado ya no puede estar aislado, tiene que voltearse y unirse a esas nuevas profesiones que enriquecen y que son parte de un todo.

—¿Qué le dirías al nuevo abogado para que mantenga los valores humanos que se han desplazado?

El nuevo abogado tiene un reto enorme, que es el de la ética.

Claro que, siempre lo ha tenido y esa es la gran preocupación de las asociaciones y colegios de abogados. La certificación de que el abogado primero es competente, que conoce su materia; que está calificado para dar ese servicio y de forma inmediata; o como un eslabón totalmente ligado. Que actúa de una manera ética, es decir, que utiliza las herramientas legales con fines positivos, leales, de transparencia de defensa del Estado de derecho. Entonces, la profesión va unida a la fuerza de sus propios aspectos éticos.

¿Cuál es la razón principal por la que el abogado debe cambiar?

El abogado debe cambiar para no quedarse rezagado, para no perder competitividad y para mantenerse relevante.

—Los clientes ya no están interesados en pagar abogados caros o ineficientes ¿cuál sería su consejo para esto?

El tema no es una novedad. Hace 10 años que la fórmula cambió y ahora el poder lo tiene el cliente.

Exige más y mejores resultados por menos, esa es la máxima cuando uno habla con un abogado de empresa. En esa dialéctica, con esa conversación con un abogado de despacho, tiene la exigencia de pedir mejores servicios, más rápidos, más eficientes y, por ende, la eficiencia debe costar menos. Esa es la fórmula que ahora sufren los abogados que no están preparados.

 

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