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Guido Tawil piensa que el arbitraje internacional es ya una constante / Bigstock

Guido Tawil: “Las formas son las herramientas, pero muchas veces se sacralizan”

El abogado argentino tiene 25 años de trayectoria en las áreas de arbitraje, regulación económica y derecho administrativo
por Lara Valencia
publicado el11/12/2018
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En el mes de noviembre informábamos en LexLatin de la salida de Guido Tawil como socio principal y miembro del comité ejecutivo de M. & M. Bomchil. Hablamos con el reconocido abogado en arbitraje y derecho administrativo para conocer sus opiniones en cuanto a las tendencias regulatorias y el impacto de estas en su práctica.

Tawil adelanta que, de momento, no tiene planes de crear su propia firma, aunque esa es solamente “la posición actual”.

— Dejó de ser socio principal y miembro del comité ejecutivo de M. & M. Bomchil, después de 25 años de trayectoria en las áreas de arbitraje, regulación económica y derecho administrativo. ¿En qué momento comenzó a pensar en este cambio de rumbo? ¿Fue una decisión estrictamente basada en los conflictos de interés?

Guido Tawil
Guido Tawil

— Fue, efectivamente, una decisión esencialmente basada en los conflictos. Cada vez con más frecuencia mi trabajo me obligaba a viajar, en algunos casos como árbitro y en otros como counsel. Los conflictos de interés sumados a tener cada vez menos tiempo para mis obligaciones en la firma me llevaron a tomar esa decisión.

— Javier Petrantonio, de M. & M. Bomchil, dijo que, en principio, usted no ejercerá en otra firma, que mantendrá su práctica como árbitro y actuará como abogado en casos puntuales, además de seguir vinculado al bufete. ¿Se mantienen estos planes o ha cambiado algo en las últimas semanas? ¿Ha pensado en crear su propio bufete?

— Me voy a concentrar principalmente en las cosas que hago hoy en día. Es decir, en mis casos de árbitro y de counsel. Estos últimos no los voy a trabajar en exclusividad con la firma, pero sí en modalidad preferente.

En los últimos años me concentré sobre todo en temas de gran complejidad. Cuestiones como las negociaciones de envergadura las voy a seguir manteniendo.

No estoy, por el momento, pensando en abrir una firma o en irme a otra. Eso no está dentro de mis planes, pero en cualquier caso, esa es la posición actual. No tengo ningún compromiso.

— ¿Va a seguir activo en el mundo académico?

— Claro que sí. Soy uno de los catedráticos de Derecho Administrativo en la Universidad de Buenos Aires. Mi idea es seguir, porque además está vinculado a mi práctica.

El desarrollo de mi trabajo tiene que ver mucho con los temas regulatorios y mi idea es que siga siendo así.

— ¿Qué aportan las nuevas generaciones y la tecnología a las áreas del derecho en las que usted es docente?

— Yo creo que siempre aportan mucho. Evidentemente, los nuevos métodos de conocimiento, la informática y la tecnología te dan una inmediatez que antes no existía. Es algo que tiene siempre ventajas y desventajas, claro. 

Los sistemas tradicionales permitían una mayor reflexión en el tiempo, pero lo cierto es que vivimos en una sociedad de momentos instantáneos. Eso se ve claramente en la forma de tomar decisiones. Hay un mayor acceso al conocimiento, aunque no siempre es más profundo.

— ¿Cómo ha cambiado la práctica del arbitraje internacional en los últimos años? ¿Qué van a suponer los grandes casos de corrupción que se están investigando actualmente en la región?

— Es una práctica que, claramente, se va instalando más y más. Esta ha sido la constante desde el arbitraje comercial y también desde el arbitraje de inversión. Es lo que se aprecia, si uno presta atención a lo que ha pasado en los últimos 20 y 25 años.

El cambio ha sido fenomenal, sobre todo en lo que a temas de gran envergadura se refiere. Hablo de, por ejemplo, el relacionamiento con cuestiones políticas o de asuntos de mucha repercusión pública, que son cosas que siempre generan debate. El arbitraje trae métodos que se van imponiendo, a pesar de algunas resistencias.

— Pensando en concreto en Argentina, ¿cómo resumiría los cambios que también va a traer la sanción definitiva de la Ley de Arbitraje Comercial Internacional? ¿De qué forma van a aumentar la seguridad jurídica y la competencia del país?

— Esta norma es la adopción de la Ley Modelo de la CNUDMI sobre Arbitraje Comercial Internacional con algunos cambios. Es un paso necesario en la búsqueda de una mayor seguridad jurídica. Como ocurre con todas las leyes, es una norma que no garantiza por sí sola la seguridad jurídica en su totalidad, ni acaba con ciertas conductas.

Nos pone, sin embargo, en el rumbo correcto y en el caso concreto del arbitraje marca una tendencia importante en la Argentina. El país decidió, con buen criterio, ratificar su creencia en el arbitraje internacional. Lo hizo con esta ley y con la que se está trabajando en el ámbito comercial nacional.

Por cuestiones de metodología y por pensar que era la mejor manera de trabajar con visión de futuro, se decidió ir primero con la normativa internacional.

— Lleva muchos años dedicado al derecho administrativo. ¿Cómo valora el funcionamiento actual de las instituciones en Argentina? ¿Van a seguir sustentadas en lo que usted denomina “las formas” o se está regulando de manera más eficiente?

— Yo creo que se trata de un proceso. Como bien dice, yo he cuestionado el tema de las regulaciones formales desde hace muchos años. Pero este es un fenómeno mundial, no es solo argentino.

Normalmente el que no sabe controlar, controla las formas y lava las culpas. Creo que el tema tiene más de fondo. En el caso del derecho administrativo, no es una cuestión argentina o latinoamericana. Hay que repensar el derecho administrativo. Pienso que en la Argentina no hemos alcanzado la madurez para poder ver esto, pero es un proceso inevitable.

— Menciona que no es “una cuestión argentina”, pero a la vez dice que Argentina no es madura. ¿Qué ejemplos puede dar?

— Dejo algunos ejemplos. La audiencia pública no conlleva, necesariamente, participación pública. Tener licitación pública no significa tener transparencia. Son  muchísimas las instituciones que no consiguen sus objetivos.

Las formas son las herramientas, pero a pesar de que se tengan, muchas veces se sacralizan y se vulnera finalmente el objetivo.

Es típico del legislador. Cuando ve que algo no está funcionando bien saca otra ley, sin que sea probablemente necesario. Tenemos que entender que las formas son solo una herramienta y que lo importante es averiguar cómo efectivizarlo.

Este es un problema no solo argentino, claro. Es español, portugués, francés… es propio de todos los sistemas. El derecho continental europeo —el nuestro— ha trabajado sobre la creación de un sistema teórico. Pensemos en cuáles son los diferentes orígenes de este y del derecho anglosajón.

Nuestro derecho se creó en la universidad, en un marco teórico. El anglosajón nació basado en una metodología case by case, con jueces que recorrían Inglaterra en el siglo XIII. Todo eso se ve reflejado en las decisiones de los tribunales.

Podemos comparar las decisiones de magistrados españoles, argentinos o franceses con las de un juez británico o neozelandés en un caso concreto. Nos vamos a dar cuenta de cómo la forma de decidir es diferente. 

Nosotros estamos más vinculados a todas las teorías que creamos. Esto es muy bueno, porque nos permite entender el sistema en su conjunto de una forma. Pero ese entendimiento, a veces, conspira contra la solución.

— Finalmente, ¿qué espera del 2019 en lo personal y en lo profesional?

— En lo personal, lo que espero es que sea un buen año para mi familia y para mi país. Tengo una hija que ha empezado a estudiar derecho y la verdad es que eso me trajo mucha ilusión.

En lo profesional, espero poder seguir con mi práctica y que esta etapa se desarrolle adecuadamente. Me gustaría poder seguir colaborando con la Universidad y con mi equipo anterior de M. & M. Bomchil.

 

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