El concepto de online takedown se refiere a la solicitud dirigida a un intermediario digital, tal como una red social, un marketplace, un proveedor de alojamiento (hosting) o un motor de búsqueda, para que retire o restrinja el acceso a un contenido específico que se considera ilegal o infractor. En materia marcaria, este mecanismo se utiliza principalmente para eliminar listados de productos falsificados, detener la suplantación de cuentas oficiales y retirar anuncios o publicaciones que emplean el signo distintivo de manera engañosa o no autorizada.
En el ámbito del derecho de autor, varias plataformas han adoptado procedimientos estandarizados inspirados en marcos normativos como la Digital Millennium Copyright Act (DMCA), particularmente la sección 512 del Título 17 del U.S. Code que establece requisitos formales de notificación, contra notificación y determinados plazos de actuación. No obstante, en el caso de las marcas no existe un procedimiento global equivalente que armonice estos procesos a nivel internacional.
En consecuencia, los takedowns por infracción marcaria operan como un modelo híbrido: combinan principios generales de responsabilidad por infracción con políticas privadas diseñadas por cada plataforma. Esta ausencia de uniformidad explica por qué, ante hechos sustancialmente similares, el resultado puede variar de una plataforma a otra, dependiendo de sus criterios internos, estándares probatorios y políticas de riesgo.
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A pesar de la falta de uniformidad a nivel global, la mayoría de las plataformas coinciden en exigir ciertos elementos mínimos para admitir una denuncia por infracción marcaria. En términos generales, se solicita:
- La identificación del denunciante y sus datos de contacto;
- La acreditación de la titularidad o base jurídica de los derechos invocados;
- La ubicación exacta del contenido presuntamente infractor (URL específica o identificador del perfil o publicación);
- Una explicación breve que describa la naturaleza de la infracción alegada.
Por ejemplo, Meta requiere que el denunciante proporcione información de contacto, identifique el signo distintivo afectado, indique la base del derecho (por ejemplo, un registro marcario), la jurisdicción en la que se encuentra protegido, la categoría de productos o servicios correspondientes, las URLs específicas del contenido denunciado y una declaración de buena fe bajo pena de perjurio. Este último requisito introduce un elemento de responsabilidad para el solicitante, desincentivando denuncias infundadas.
En el ámbito de los marketplaces, varias plataformas han desarrollado programas específicos de protección marcaria dirigidos a facilitar la interacción con los titulares de derechos. Por ejemplo, Amazon dispone de un formulario público para reportes generales y, adicionalmente, ofrece a las marcas inscritas en su programa Brand Registry acceso a la herramienta denominada “Report a Violation”, que permite denunciar contenidos presuntamente infractores de manera más ágil y estructurada.
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Por su parte, eBay mantiene el programa Verified Rights Owner (VeRO), mediante el cual los titulares pueden reportar publicaciones que infrinjan sus derechos de propiedad intelectual. Estos mecanismos evidencian una tendencia hacia la institucionalización de canales diferenciados para titulares verificados, lo cual fortalece la cooperación entre plataformas y marcas, pero también introduce estándares probatorios y requisitos formales que deben ser cuidadosamente atendidos.
La relevancia de estos procedimientos radica en que aún persiste la percepción equivocada de que el entorno digital constituye un espacio exento de regulación, donde la vulneración de derechos marcarios puede realizarse sin consecuencias jurídicas. Esta idea ha incentivado prácticas infractoras en plataformas electrónicas, particularmente en materia de comercialización de productos que utilizan signos distintivos sin autorización. Frente al incremento de estas conductas, las plataformas han adoptado mecanismos internos de denuncia, verificación y retiro de contenidos, con el fin de mitigar riesgos legales y reputacionales.
No obstante, estas medidas no solo benefician a los titulares de derechos marcarios. Desde una perspectiva económica y estructural, también fortalecen la posición de las plataformas digitales, al generar confianza en el mercado y atraer a un mayor número de titulares dispuestos a comercializar sus productos en entornos donde sus derechos son reconocidos y protegidos. En consecuencia, la implementación de políticas de protección marcaria no debe analizarse únicamente como una herramienta de defensa individual, sino como un elemento que contribuye a la consolidación del comercio electrónico y al equilibrio del ecosistema digital en su conjunto.
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Derivado de este análisis, resulta recomendable que los titulares implementen un flujo de trabajo estandarizado. Un esquema básico podría estructurarse de la siguiente manera:
- Captura y preservación de evidencia: Recopilar capturas de pantalla, URL completas, fecha de detección y cualquier otro dato identificador del contenido infractor. Cuando sea pertinente, puede realizarse una compra de prueba o verificación del producto, especialmente en casos de presunta falsificación.
- Clasificación del incidente: Determinar la naturaleza de la infracción (falsificación, riesgo de confusión, uso no autorizado del signo, suplantación de identidad, entre otros). Esta etapa es importante, pues define la vía de reporte dentro de la plataforma y el tipo de argumentos que deberán invocarse.
- Presentación del reporte: Enviar la denuncia a través del canal oficial de la plataforma, adjuntando la evidencia recopilada y las declaraciones requeridas. Se recomienda agrupar los enlaces por vendedor o cuenta infractora, a fin de facilitar la revisión y evitar reportes fragmentados.
- Seguimiento y control: Llevar un control del número de caso asignado, la fecha de presentación, el estado del trámite y el resultado. En caso de reincidencia o republicación del contenido, debe procederse a un nuevo reporte con referencia al caso anterior.
- Escalamiento: En caso la plataforma rechace la solicitud por considerarla una “disputa compleja” o cuando el riesgo comercial sea significativo, el titular deberá evaluar medidas adicionales, tales como el envío de una carta de cese y desistimiento o la promoción de acciones judiciales, según corresponda.
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Este tipo de protocolo interno permite profesionalizar la gestión de infracciones en línea y transformar una reacción aislada en una estrategia sistemática de protección marcaria.
Finalmente, es importante destacar que, aunque las plataformas permiten a los titulares de marcas presentar directamente este tipo de reclamaciones, la intervención de un abogado especializado en propiedad intelectual y en online takedowns resulta altamente recomendable.
Si bien se trata de procedimientos internos diseñados por cada plataforma, estos requieren una adecuada estructuración jurídica del caso, una correcta identificación del tipo de infracción y una presentación estratégica de la evidencia. La experiencia técnica permite anticipar posibles objeciones, evitar rechazos por deficiencias y seleccionar la vía adecuada según el nivel de riesgo involucrado.
En este sentido, la gestión de takedowns no debe entenderse como un trámite meramente administrativo, sino como parte de una estrategia integral de protección y defensa del portafolio marcario en el entorno digital.
*Stephanie Arévalo es asociada sénior de Consortium Legal - Guatemala.






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