En las finanzas, siempre existe una persona con una idea que necesita capital para concretarla, y otra persona que posee ese capital y que está buscando rentabilizarlo al máximo. ¿Y si pudiéramos crear un puente que una a ambas partes? El crowdfunding es justo eso, una alternativa que no requiere de los bancos ni de intermediarios tradicionales. El término empezó a usarse a mediados de los 2000, proviene del inglés “crowd”, que significa “multitud”, y “funding”, que significa “financiación”. En este artículo revisaremos dos de sus categorías.
El crowdlending
En el crowdlending, una persona o empresa (tomador) presenta un proyecto que requiere capital para llevarse a cabo a un grupo de potenciales inversores. Estos inversores (más bien, prestamistas) analizan el proyecto. A cambio de los fondos recibidos, el tomador se obliga a devolver el capital más un interés previamente pactado, en los plazos y condiciones establecidos.
¿Qué beneficios ofrece el crowdlending?
Para el tomador, esta alternativa es más rápida y menos engorrosa que un préstamo bancario y, además, puede estar disponible incluso sin un historial crediticio.
Asimismo, por lo general, los plazos y tasas de interés suelen ser más flexibles que los disponibles en el sistema bancario. Para el inversor, es una opción que permite obtener rendimientos más altos que los que obtendría con un CDA, fondo mutuo o bono promedio, pudiendo participar con fondos pequeños y eligiendo proyectos en los que el inversor está dispuesto a arriesgar su capital.
¿Hay riesgos? Si el proyecto fracasa, el inversor posee el derecho de reclamar su crédito, como un acreedor más.
Equity crowdfunding
Aquí, una empresa (emisor) presenta un proyecto que requiere capital a un grupo de inversores. Éstos analizan las perspectivas de generación de utilidades. A cambio de los fondos recibidos, el emisor otorga a los inversores una participación en el capital de la empresa o un derecho a percibir utilidades. A diferencia del crowdlending, en esta alternativa no hay préstamo, sino una inversión en el capital de la empresa (similar a una acción preferida en una sociedad anónima).
¿Qué beneficios ofrece el Equity crowdfunding?
Para el emisor, esta opción es más accesible y flexible al no requerir garantías ni historial crediticio y le permite obtener capital sin aumentar el endeudamiento. El inversor, por su parte, obtiene acceso a proyectos de alto rendimiento, democratizando oportunidades de inversión a través del acceso a oportunidades que anteriormente eran solo para inversores sofisticados. Si el proyecto prospera, el inversor puede revalorizar su participación o cobrar las utilidades.
¿Hay riesgos? Si el proyecto fracasa, el inversor asume la pérdida sin probabilidad de reclamar su inversión (salvo fraude o información engañosa del emisor).
¿Cuál es la regulación aplicable?
Hasta noviembre de este año, en Paraguay el crowdfunding permanecía sin regulación ni supervisión, estando específicamente excluida del ámbito de la ley de mercado de valores. No obstante, con la reciente entrada en vigor de la Ley N°7572/25, se considera que el crowdfunding es una oferta pública de valores, sujeto a todas las obligaciones inherentes a ello.
En el crowdlending, si el prestamista (incluso persona física) otorga créditos de manera usual y regular, éste califica como “otorgante de crédito dinerario”, quedando obligado a:
(i) registrarse ante el Banco Central de Paraguay,
(ii) cumplir normas de prevención de lavado de dinero y activos (AML),
(iii) ajustarse a los límites de tasas de interés, comisiones, gastos y penalidades, entre otros.
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Perspectiva
La expectativa de las pymes con este nuevo ajuste regulatorio es que los inversionistas tengan más confianza en el equity crowdfunding (que contará con la supervisión de la Superintendencia de Valores) y que, a partir de ello, también se disemine con mayor fuerza el crowdlending masivo. Se espera que esto dinamice el acceso al crédito en beneficio de la economía.
*Álvaro Rojas es asociado sénior de BKM | Berkemeyer.







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