¿En verdad nos cambió la pandemia? Repaso por la historia de las firmas legales

Un cambio apocalíptico estaba pronosticado, pero no está siendo visible ahora. / Unsplash, Giammarco.
Un cambio apocalíptico estaba pronosticado, pero no está siendo visible ahora. / Unsplash, Giammarco.
Poner en el centro del negocio a los clientes implica satisfacer la evolución de las demandas del mercado y adelantarse.
Fecha de publicación: 16/03/2022

Todavía es demasiado pronto para saber si en el futuro se recordará a la pandemia del COVID-19, pero la historia nos enseña que posiblemente la olvidaremos, al igual que lo hemos hecho con las anteriores. La gripe española mató a unas 50 millones de personas entre 1918 y 1919, y si no fuera por el COVID-19 no la recordaríamos. La historia del siglo XX, en nuestros recuerdos, estuvo marcada por las guerras mundiales, pero no por la gripe española ni por la gripe asiática de 1957 o la gripe de Hong Kong de 1968. 

Como le suele pasar al enfermo cuando lo diagnostican, hace promesas de un buen vivir que luego olvida cuando se sana y vuelve a su vida normal. “Nunca más comeré azúcar” o “saliendo de esta comenzaré a hacer ejercicios". Estas promesas, con el paso de los días, luego de salir del hospital, se las llevará el viento, volvemos a comer azúcar y los ejercicios nunca pasan a ser parte de nuestras rutinas.

Algo de esto pasará con lo abogados. Si recordamos los primeros meses del 2020, cuando buena parte del mundo estuvo confinado en sus casas y conectado desde sus pantallas, distintos “expertos” pronosticaron un cambio apocalíptico de la humanidad. El mundo ya no sería como antes, se solía escuchar por esos días.

Y si todo iba a cambiar la profesión legal no sería la excepción. 


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Richard Susskind, en el webinar “The Uncertain Decade”, organizado por Legal Geek en abril de 2020, afirmaba que lo que se estaba experimentando con ocasión del COVID-19 era un cambio de paradigma en la profesión legal. "No se trata de un nuevo modelo de negocio", afirmaba, "sino de una nueva forma de prestar servicios jurídicos". En mayo de ese mismo año, en Forbes, Mark A. Cohen se preguntaba ¿cómo cambiará el COVID-19 la industria legal y cómo será después de la pandemia? Señalaba que “el coronavirus impulsará la transformación de la industria legal. Impulsará el derecho hacia la era digital y remodelará su paisaje. Todo el ecosistema jurídico se verá afectado: los consumidores, los proveedores, la academia y el sistema judicial”.

Quizá aún es pronto para ver cambios o simplemente yo no tengo la capacidad de verlos. Lo que noto es que, ahora que entramos al 2022, las cosas han vuelto a ser como venían siendo antes de la pandemia. Mientras que algunos se apresuraban en decir que el teletrabajo llegó para quedarse, al poco andar, las oficinas volvieron a ocuparse.

Para analizar la evolución de la industria legal, se puede afirmar que por los cambios que se den, de aquí en adelante, el gran responsable será el COVID-19. Es decir, la transformación digital de la profesión legal, de producirse, sería consecuencia de la pandemia y lo mismo sucedería con las mejores prácticas de la industria, que serían respuesta de las reflexiones que nos hizo enfrentar la pandemia. Así, el ser mejores abogados y abogadas sería fruto de la enfermedad que nos hizo levantarnos siendo mejores profesionales.

Por eso resulta fundamental mirar la historia, porque quienes la ignoran caen en ilusiones infantiles y frívolas. La historia nos permite entender correctamente la evolución de la industria legal y nos ayuda a hacer predicciones más o menos sensatas.

La profesión legal, tal como la conocemos hoy en día, comienza a desarrollarse con la aparición de las grandes firmas de abogados a finales del siglo XIX. Estas firmas surgieron para atender las necesidades de las empresas en crecimiento que requerían servicios jurídicos cada vez más especializados en derecho mercantil y transaccional. A partir de finales de la década de 1950 (y hasta principios de los años 60) las firmas de abogados, principalmente en Estados Unidos, vivieron la "era dorada". Fueron años de prosperidad y un crecimiento constante. Entonces ser abogado era cosa de pocos y sinónimo de riqueza.

Si miramos con atención la actual industria legal, vemos que las cosas no han cambiado mucho desde esos años en la forma sobre cómo los abogados trabajamos. Más allá de los avances tecnológicos que han impactado todos los ámbitos de la vida, los abogados siguen organizados en firmas compuestas casi exclusivamente por abogados, en relaciones jerárquicas y piramidales: en la cima están los socios y abajo un grupo de abogados asociados que apalancan el trabajo. Las relaciones con los clientes siguen siendo fruto de la confianza y, a la hora de cobrar por los servicios legales, las tarifas por hora siguen presentes desde que se consolidó como forma de cobro en la profesión, a fines de los años 70. Y la rentabilidad de una firma de abogados sigue dependiendo en gran medida de sus tarifas, es decir, de la cantidad de dinero por hora que se cobra por los servicios.


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Diversidad

Con todo, si miramos la fisonomía de la profesión legal de mediados del siglo XX y la comparamos con la que observamos hoy, veremos una diferencia que me parece clave a la hora de comprender y proyectar la evolución de la industria legal. Se trata de la masificación de la profesión legal. Si hasta mediados del siglo XX los abogados eran una delgada capa de la sociedad, hoy vemos una profesión que no solo ha aumentado en números absolutos, sino también en diversidad.    

En 1900 existían aproximadamente 114.000 abogados en Estados Unidos, y en 1950 eran 221.000. En 50 años se duplicó el número de abogados, pero en los siguientes 50 años el aumento fue gigantesco, llegando a más de un millón de abogados en el año 2000. Hoy hay más de 1,3 millones de abogados en Estados Unidos y el número seguirá creciendo.

Y no existe país en el mundo donde el número de abogados no haya aumentado significativamente en los últimos años. Incluso Japón, que siempre se caracterizó por un bajo número de abogados, ha pasado de cerca de 14.000 abogados en 1990 a casi 42.000 que existen hoy.

Este aumento en el número de abogados se ha traducido en mayor competencia en el mercado legal y, al igual que en el deporte, la competencia es el principal incentivo para que las firmas se superen, fomentando así la innovación, la diversidad de la oferta y unos precios más atractivos para los clientes. 

La competencia no es solo una cuestión de precios. En la práctica supone una mayor diversidad de productos y favorece la aparición de nuevos servicios. La presión de la competencia obliga a las firmas a promocionar sus servicios y a destacarse, centrándose en la originalidad o la calidad del servicio o dirigiéndose a nuevos segmentos de clientes.

Así entonces, no se trata del COVID-19 ni de la tecnología, se trata de una mayor competencia que ha venido presionando a la industria legal. Y la mayor competencia da espacio para que los clientes tengan más opciones con las que satisfacer sus requerimientos de asesoría y asistencia legal. De allí que las firmas de abogados que triunfarán en el futuro son las que pongan al cliente en el centro del negocio.


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Parece una obviedad, pero poner en el centro del negocio a los clientes implica tener un verdadero conocimiento del negocio de estos, adaptar los servicios para satisfacer la evolución de las demandas del mercado y adelantarse a las necesidades. 

Los abogados suelen reaccionar tarde y si no lo han hecho otros, no se mueven de su zona de confort. 

Si pudiéramos subirnos al DeLorean y pedirle al Dr. Emmett L. Brown que nos lleve al 2040, seguramente nos encontraremos con un mundo muy distinto al de hoy y, aunque muy pocos recordarán la pandemia del COVID-19, es probable que los abogados sigan siendo abogados, pero los ganadores serán quienes hayan innovado, incorporado tecnología, entendido que el servicio legal es un negocio y en el centro de todo deben estar los clientes.

Al igual que en los primeros años del siglo XX fueron los clientes quienes obligaron a los abogados a asociarse en firmas legales y dejar atrás la práctica individual, serán los mismos clientes quienes obliguen a los abogados a buscar la fórmula de cómo satisfacer con éxito sus necesidades legales en las próximas décadas del siglo XXI.

*Rafael Mery es director para LATAM en Mirada 360º.

Contacto: rmery@mirada360.es

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