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Es tiempo de rediseñar y redefinir la estrategia del negocio legal y más vale que en ese crucial paso el abogado no intente ir solo / Pixabay
Es tiempo de rediseñar y redefinir la estrategia del negocio legal y más vale que en ese crucial paso el abogado no intente ir solo / Pixabay

Hacia un nuevo modelo de las firmas de abogados

Ante el coronavirus, las firmas enfrentan tres principales retos: la pulverización del espacio físico tradicional, la necesidad de contar con tecnología de gestión y la presión económica que cambiará las reglas del juego
por Juan Carlos Luna Barberena*
publicado el20/05/2020
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La realidad de la práctica legal acaba de sufrir un impacto que la obligará a ajustar ciertas formas de operar. Este golpe tienes tres caras: 1) La pulverización del espacio físico tradicional; 2) La urgencia de contar con tecnología de gestión y comunicación y 3) La presión económica que va a alterar las reglas del juego.

Como nunca antes nos ha tocado ser testigos de cómo -al igual que muchos otros sectores- la industria legal tuvo que dar un brinco precipitado para intentar operar virtualmente. Lo que hace que la realidad de los conceptos de virtualización y automatización ya no sea un tema a debate, sino un requisito de sobrevivencia en el ejercicio profesional.

En las últimas semanas hemos visto cómo se han destruido las barreras de los argumentos en contra de la innovación y la tecnología en al ámbito del mundo de los abogados. Aquellos que pretendían negar que el sector legal puede operar bajo la lupa con que se mide la eficiencia de otras actividades profesionales, simplemente han quedado sin argumentos. Los argumentos de que la profesión es tan singular que no debe o puede ser transformada por los efectos de los avances tecnológicos -como sucede en todas las demás industrias y sectores- es insostenible.

Hay que enfocarse en la urgente necesidad de innovar. Pero antes de pensar en pretender enchufar mágicamente un sistema que nos convierta en abogados y despachos digitales, el primer paso lógico que debe darse es innovar mediante la inclusión, la sinergia y la colaboración interprofesional, bajo métricas de eficiencia.

Hoy en día el gran desarrollador del sector legal es y tiene forma de un ecosistema colaborativo, en el que participan distintos jugadores, quienes agregan un valor fundamental en la dimensión del negocio legal y su influencia en los distintos ámbitos en que contribuye. Quien no entienda esto, corre el riesgo de perder relevancia en la nueva economía digital y ante los retos de una nueva realidad que enfrentaremos postpandemia.

Es precisamente en ese contexto donde confluyen dos fuerzas que hoy son la base de los requerimientos y de las oportunidades de transformación de la industria legal, (i) por una parte, la coexistencia de distintos profesionales que se han sumado a las labores del negocio legal y (ii) por la otra, el efecto que el avance de las tecnologías ha generado en la forma como la práctica del derecho se hace más estratégica.

De ahí que sea tan necesario expandir los ecosistemas colaborativos y, al mismo tiempo, profundizar en el conocimiento de las soluciones tecnológicas aplicadas al mundo del derecho, reconociendo que el crecimiento y desarrollo del LegalTech ha marcado un claro camino hacia una mayor eficacia de los servicios legales.

Ese compromiso de transformación a través de la innovación y la tecnología no es sencillo, requiere de condiciones especiales para que se tenga éxito en su absorción y en su adopción, hasta llegar a la mejoría de procesos de automatización y de digitalización de actividades, que es el estado de mayor desarrollo que las mejores prácticas y las tendencias actuales nos marcan como los objetivos prioritarios.

Como industria hay que reaccionar ante las nuevas exigencias de los usuarios de servicios legales y más ahora que enfrentaremos una severa crisis económica, en la que las exigencias de eficiencia y ahorro de costos serán una máxima constante, que exigirá nuevos modelos de servicio, nuevas fórmulas y nuevos jugadores.

La irrupción de la tecnología en el ámbito legal está llamada a cambiar las reglas del juego, aunque deberá superar la reticencia del sector a abrazar estos nuevos procesos y comprender que estamos viviendo el momento clave, donde los ecosistemas colaborativos son la nueva forma de innovar. Cambiar es el requisito indispensable para poder transformar a la industria legal y mantener así la relevancia de los distintos jugadores que en ella participan.

La velocidad de adaptación al cambio ante las nuevas expectativas de los clientes será más importante que el tener un plan perfecto. La clave será dar un primer paso hacia la evaluación y el diagnóstico de cómo se está operando actualmente, para determinar las áreas prioritarias para empezar a trabajar en ellas.

La innovación digital -por naturaleza- se relaciona con un proceso de reaprendizaje. El paso inicial debe ser la identificación de ineficiencias operativas, junto con la revaloración de un plan de negocio, si es que existe. Esto será la base para poder avanzar en forma correcta y evitar la frustración de intentar cambiar por la presión de cambiar cuando no se tiene claro dónde, cuándo y para qué. En pocas palabras, habrá que reinventar partes del negocio legal y, en el proceso, evitar caer de nuevo en una operación sumida en los malos hábitos. Ha llegado otra oportunidad para dar un verdadero golpe de timón revitalizador a la práctica legal.

Hay que empezar a comprender que la inteligencia de negocios, el análisis de datos y la capacidad de medir el valor agregado de los servicios y de su proceso de gestión serán los parámetros que todo cliente va a esperar tener y poder validar.

Es tiempo de rediseñar y redefinir la estrategia del negocio legal y más vale que en ese crucial paso el abogado no intente ir solo. La colaboración es el nuevo modelo de la operación legal.

Juan Carlos Luna Barberena es abogado, fundador de la firma Lawgistic y cofundador de la consultoría en innovación y tecnología LawIT Group.

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