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Imagen referencial / Jim Reardan
Imagen referencial / Jim Reardan

Fraude ocupacional, de las amenazas más grandes para las empresas

Se estima que las organizaciones de todo el mundo pierden el 5 % de sus ingresos anuales por este delito
por Alfonso Crespo
publicado el15/04/2020
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fraude

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El Informe a las Naciones, Estudio Mundial sobre Fraude y Abuso Ocupacional 2018 (Report to the Nations, 2018 Global Study on Occupational Fraud and Abuse) realizado por la Asociación de Examinadores de Fraude Certificados (Association of Certified Fraud Examiners, ACFE) detalló que entre los diversos tipos de fraude que las organizaciones podrían enfrentar, el fraude ocupacional es la amenaza más grande y frecuente. 

El fraude ocupacional es aquel cometido contra la organización por sus propios funcionarios, directores o empleados. Constituye un ataque contra la organización desde adentro, por las mismas personas a quienes se les confió la protección de sus activos y recursos. 

Desde que la ACFE comenzó a rastrear datos sobre casos de fraude ocupacional en 1996, ha registrado miles en los que los informantes robaron colectivamente millones de dólares a sus empleadores.

Se estima que las organizaciones de todo el mundo pierden el 5 % de sus ingresos anuales por fraude. La pérdida total causada por los casos en el estudio ACFE excedió los 7.000 millones de dólares, con una pérdida promedio por caso de 130.000 dólares. En un 22 % de los casos se reflejan pérdidas de al menos un millón de dólares. 

En promedio, antes de ser detectados, los fraudes se llevaron a cabo durante 18 meses. Por cierto, el tipo más común de fraude ocupacional es el esquema de apropiación indebida de activos, mismo que representa el 89 % de los casos del estudio en mención.

Las industrias que experimentaron fraude con mayor frecuencia fueron los sectores de energía (53 %), manufactura (51 %) y gobierno y administración pública (50 %).

Pero, ¿quiénes son los perpetradores? 

Los perpetradores a menudo señalaron sus acciones por adelantado con "banderas rojas" reveladoras. El comportamiento más común fue:

  • Vivir por encima de sus posibilidades – 41 %.

  • Dificultades financieras – 29 %.

  • Asociación inusualmente cercana con proveedores o clientes – 20 %.

  • Problemas de control y falta de disponibilidad para compartir sus tareas – 15 %.

  • Divorcio/ problemas familiares – 14 %.

Ahora bien, en cuanto al perfil del perpetrador, según el estudio anteriormente citado, tenemos que:

  • Casi en el 70 % del total de casos reportados, las edades de los perpetradores fue de entre 31 y 50 años.

  • En cuanto a sexo biológico, el 69 % de los fraudes fue cometido por hombres. 

  • Los empleados con títulos universitarios participaron con mayor frecuencia, el 61 %.

  • La mayoría de los perpetradores cometieron fraude por primera vez: el 89 % nunca había sido acusado o condenado anteriormente.

Otro dato importante se encuentra en su perfil de empleo:

  • Alguno de los dueños y o ejecutivos de confianza fueron responsables de más del 70 % de los casos de fraude reportados.

  • Entre más tiempo trabaja el perpetrador para una organización, las pérdidas por fraude tienden a ser mayores. La pérdida media de los fraudes cometidos por perpetradores con más de 10 años de antigüedad en las organizaciones fue de 241.000 dólares. La pérdida media de los fraudes cometidos por perpetradores durante su primer año en el trabajo fue de 40.000 dólares.

  • Cinco departamentos sufrieron más del 60 % de los fraudes reportados: contabilidad, con 14 %; operaciones, con 14 %; ventas, con 12 %; alta administración, con 11 % y servicio al cliente, con 8 %.

En una empresa, ¿cuáles son las condiciones para cometer un fraude? 

El criminólogo Donald R. Cressey desarrolló en la década de 1950 el "triángulo del fraude" para responder esto. A su ver, los tres componentes son incentivo o presión, oportunidad y racionalización

El incentivo o presión se encuentra cuando la gerencia y otros empleados están bajo presión de alcanzar metas y objetivos, lo que proporciona una razón para cometer fraude, incluso las personas honestas pueden cometer fraude si sufren suficiente presión. Cuanto mayor sea el incentivo o la presión, más probable es que un individuo acepte cometer un fraude.

Para considerar, se cae en esta situación cuando existen: metas de crecimiento o de ventas poco realistas o inalcanzables, mercados y territorios por dominar, resultados financieros mayores con igual o menor cantidad de recursos y bonos de desempeño anclados a cifras financieras. También las obligaciones financieras personales (como viajes, adicciones, placeres) pueden generar presión para malversar efectivo u otros activos susceptibles de robo.

La oportunidad es la circunstancia. La ausencia de controles, controles ineficaces, ausencia de auditorías o revisiones o la capacidad de la gerencia para anular los controles, dan, por ejemplo, esa oportunidad.

En cuanto a la racionalización o actitud algunas personas la presentan naturalmente, pero para otras se desarrolla por ciertas ideas o razones: disgusto o insatisfacción con la entidad, su giro, su ubicación; culpar a la organización por su falta de ascenso o promoción o señalar que la empresa no colocó los controles debidos ni señaló lo que no estaba permitido. 

Los líderes empresariales deben comprender cuánto está en juego al evaluar sus riesgos y tomar decisiones que lleven a disminuir el costo de las pérdidas por fraude y acortar el tiempo de detección de estos. El cumplimiento juega un papel importante en estos esfuerzos.

*Alfonso Crespo es Socio de Forensic & Integrity Services - EY Centroamérica, Panamá y Rep. Dominicana

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