Durante años, la práctica del derecho fiscal fue entendida como un ejercicio esencialmente técnico: interpretar normas, asegurar el cumplimiento de obligaciones y, en ciertos casos, optimizar cargas tributarias. Sin embargo, esa visión resulta hoy insuficiente.
Quienes nos dedicamos a la práctica fiscal, hemos visto como en los últimos años, el alcance de nuestro trabajo ha cambiado de manera significativa. La fiscalidad ha dejado de ser una función aislada para convertirse en un componente central de la gobernanza corporativa.
En un contexto marcado por el intercambio de información entre jurisdicciones, el fortalecimiento de estándares internacionales y un escrutinio público creciente, las decisiones fiscales inciden directamente en la reputación, sostenibilidad y viabilidad de las empresas. Este cambio no solo transforma la práctica, sino también el perfil de quienes participan en ella.
El liderazgo que se construye en el tiempo
De la técnica al corazón de la gobernanza corporativa
La evolución de la función fiscal ha llevado a que los equipos fiscales participen cada vez más en la definición de políticas de cumplimiento, en la implementación de controles internos y en la gestión de riesgos que trascienden lo estrictamente normativo.
Hoy, una decisión fiscal difícilmente puede evaluarse únicamente desde su validez técnica. En la práctica, implica también considerar sus efectos reputacionales, su alineación con estándares de transparencia y su impacto en la percepción de inversionistas, autoridades y otros grupos de interés.
Esta transformación ha obligado a los fiscalistas a desarrollar una visión más integral del negocio y a interactuar de manera constante con otras áreas, como compliance, auditoría interna y dirección financiera. En estos espacios de intersección —cada vez más estratégicos— la diversidad de perfiles empieza a jugar un papel relevante.
Liderazgo de las mujeres: una presencia cada vez más estratégica
En este contexto, la participación de mujeres en la práctica fiscal ha evolucionado de forma consistente, particularmente en espacios vinculados con la toma de decisiones y la definición de políticas internas.
Cada vez es más común ver a fiscalistas involucradas en la construcción de marcos de cumplimiento, en la evaluación de riesgos complejos y en la alineación de la estrategia fiscal con principios de ética corporativa. Esta evolución refleja un cambio importante: de un rol tradicionalmente técnico hacia una participación más directa en decisiones con impacto organizacional.
Desde mi experiencia, esta transición no responde únicamente a una mayor presencia femenina, sino a la necesidad misma de la práctica de incorporar perspectivas más amplias. La complejidad actual exige algo más que especialización técnica: requiere criterio, sensibilidad al riesgo y capacidad de anticipación.
Diversidad: cuando la técnica no es suficiente
La toma de decisiones en materia fiscal se ha vuelto, en muchos casos, un ejercicio de equilibrio.
No es raro ver que, en el contexto de una reestructura internacional, una alternativa resulte completamente viable desde el punto de vista técnico e incluso eficiente en términos fiscales, pero al mismo tiempo plantee riesgos reputacionales relevantes o posibles cuestionamientos por parte de autoridades o inversionistas.
Quienes participamos en este tipo de decisiones sabemos que la pregunta ya no es únicamente si una estructura “funciona”, sino si es consistente con el perfil de riesgo de la organización y con sus estándares de gobernanza.
Es en este tipo de escenarios donde la diversidad dentro de los equipos deja de ser un concepto abstracto y se vuelve un elemento práctico. Distintas perspectivas permiten cuestionar supuestos, identificar riesgos que podrían pasar desapercibidos y construir soluciones más completas.
La técnica sigue siendo indispensable, pero ya no es suficiente por sí sola.
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Cultura de cumplimiento: decisiones que trascienden la norma
La construcción de una cultura de cumplimiento sólida no depende únicamente de la existencia de políticas o controles internos, sino de la calidad de las decisiones que se toman en el día a día.
En la práctica, esto implica que los equipos fiscales —y quienes los lideran— tienen un rol clave en definir no solo qué es legalmente posible, sino qué es institucionalmente sostenible.
La integración de distintas perspectivas dentro de los equipos favorece procesos de análisis más completos y decisiones más consistentes en el tiempo. En un entorno donde la transparencia y la rendición de cuentas son cada vez más relevantes, esta aproximación contribuye directamente a la credibilidad de las organizaciones.
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Los retos que aún persisten
A pesar de estos avances, el derecho fiscal continúa siendo una de las áreas con menor representación de mujeres en posiciones de liderazgo.
Las razones son diversas: desde la percepción histórica de la práctica como un campo altamente técnico y tradicionalmente masculino, hasta las exigencias propias de una especialización que requiere actualización constante y que suele desarrollarse en entornos de alta presión.
Sin embargo, la tendencia es clara. Cada vez más mujeres se especializan en derecho fiscal, participan en asuntos estratégicos y acceden a espacios de decisión. Este proceso no solo transforma la composición de los equipos, sino también la forma en que se ejerce la práctica.
Una oportunidad para redefinir la práctica fiscal
La evolución de la fiscalidad hacia un rol más estratégico dentro de la gobernanza corporativa representa, en realidad, una oportunidad.
Impulsar una mayor diversidad —y particularmente el acceso de mujeres a posiciones de liderazgo— no debe entenderse únicamente como una agenda de inclusión, sino como una vía para fortalecer una función que hoy es crítica para las organizaciones.
Desde la práctica, resulta cada vez más evidente que las decisiones fiscales requieren algo más que precisión técnica: exigen juicio, visión de negocio y una comprensión amplia de los riesgos.
En ese contexto, contar con equipos diversos, capaces de integrar distintas perspectivas, no es solo deseable. Es, cada vez más, una necesidad.
*Margarita Álvarez Jiménez es asociada de SMPS Legal







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