A veces, al hablar de igualdad de género, corremos el riesgo de limitar el debate a una cuestión de mérito corporativo o de acceso a cargos directivos. Sin embargo, al reflexionar sobre la segunda edición de nuestro foro Más Allá del Techo de Cristal, me convenzo de que la equidad es un compromiso mucho más profundo.
Para quienes hemos tenido el privilegio de formarnos y liderar organizaciones, el éxito personal es apenas una parte de la ecuación. No basta con derribar el techo de cristal en nuestras empresas si no comprendemos que la desigualdad en Venezuela es sistémica. No es posible hablar de igualdad integral cuando persisten cifras alarmantes de violencia de género o cuando la deserción escolar sigue hipotecando el futuro de nuestras jóvenes.
Organizar esta edición en el marco del 40 aniversario de Araquereyna, tiene un significado muy especial: cuatro décadas nos han enseñado que la sostenibilidad de una firma no depende únicamente de su excelencia técnica, sino de su compromiso con el entorno en el que opera, que en el caso de Venezuela ha sido, durante muchos años, retador e incierto.
Y si algo nos ha caracterizado, ha sido la vocación de mantenernos firmes, presentes y de participar activamente en la transformación del país. Por eso, como empresa signataria de los Principios WEPS en Venezuela, nos unimos a un objetivo más trascendental: contribuir a la sociedad en la que nos desenvolvemos.
El foro partió de dos ejes fundamentales:
- La educación: estamos convencidos de que, a mayor nivel educativo, mayor será el terreno ganado para una sociedad más justa. Es aquí donde se siembran —muchas veces de forma silenciosa— las creencias que luego condicionan nuestras decisiones; es en la infancia donde aprendemos qué se espera de nosotros, qué roles debemos asumir y cuáles son nuestros límites.
- La corresponsabilidad, pero entendida más allá de la conciliación corporativa que las empresas, acertadamente, han promovido hasta ahora. Durante demasiado tiempo hemos abordado la equidad desde una perspectiva incompleta, y este cambio de enfoque implica también invitar activamente a los hombres a formar parte de la conversación.
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Todavía queda mucho por hacer en materia educativa. Sabemos que actualmente, 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes están excluidos del sistema educativo, sobre todo en el sector de los hogares más vulnerados, donde las jefas de hogar (que representan cerca del 60% de los hogares venezolanos) enfrentan mayores dificultades para garantizar la asistencia regular de sus hijos e hijas debido a la precariedad económica.
Aproximadamente 4 de cada 10 alumnos asisten a clases de manera irregular, afectando, sobre todo, a las niñas en entornos rurales o de pobreza extrema, donde el trabajo doméstico y de cuidado compite con el tiempo escolar.
Y en materia de corresponsabilidad, también es necesario evolucionar, pero no solo en el sector empresarial -donde la conciliación ha sido la herramienta que las mujeres hemos abanderado en pos de la igualdad. Al ahondar en las iniciativas He for She aprendemos que la verdadera corresponsabilidad exige que los hombres se integren al movimiento de igualdad de forma activa, no solo en la empresa, sino en la cotidianeidad del hogar.
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La igualdad es un concepto inmanente a la condición de humanidad y es un ejercicio de libertad. No se trata de sacrificar la familia para triunfar, ni de que el entorno familiar sea un obstáculo que solo la mujer debe gestionar. Necesitamos formar hombres y mujeres, desde que son niños, capaces de entender que la gestión del hogar y el cuidado de los nuestros es un espacio donde también se construye capital social. Así, no solo liberamos potencial humano: estamos sembrando una sociedad más equilibrada.
En Araquereyna entendemos que nuestro rol va más allá del derecho. Nuestra red —ese capital social que logramos reunir con invitados de tantos sectores— debe servir para pasar de la intención a la acción. Queremos que la igualdad deje de ser una batalla de unos pocos y se convierta en una arquitectura compartida. Si logramos que hombres y mujeres asuman esta corresponsabilidad como un valor intrínseco, habremos hecho mucho más que derribar techos: habremos despejado el camino para que la excelencia profesional sea, finalmente, un reflejo de nuestra plenitud como seres humanos.
Organizar Más allá del Techo de Cristal ha sido, para mí, una reafirmación de ese compromiso. Un recordatorio de que el ejercicio del liderazgo, en el derecho y en cualquier otro ámbito, implica no solo alcanzar metas individuales, sino contribuir activamente al bienestar colectivo.
Si algo espero que haya dejado esta experiencia es una certeza compartida: que todos podemos ser parte del cambio, que cada decisión, cada conversación y cada acción cuenta. Y que avanzar hacia una sociedad más equitativa no es un ideal lejano, sino una construcción diaria que nos involucra a todos.
El desafío que nos queda por delante es pasar de la retórica de la igualdad a la práctica de la corresponsabilidad; ese es el verdadero camino más allá del techo de cristal.
*María Carolina Cano es socia de Araquereyna.








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