En abril de este año, la Universidad de Stanford reveló en su informe The 2025 AI Index Report no solo que la influencia de la inteligencia artificial en la sociedad es más pronunciada actualmente que nunca sino que, en esta carrera global para ponerse a la saga en esta materia, “la competencia está más reñida que nunca y nadie lleva la delantera”, aunque los dos primeros lugares los disputan (prácticamente nariz a nariz) Estados Unidos y China, fuertes competidores por convertirse en el líder en inteligencia artificial generativa (GenAI) en una carrera en donde ya no son los únicos sino en la que Europa está acortando distancias.
Según este informe, en 2024, EE. UU. había producido 40 modelos de IA destacados, mientras que China 15 y Europa (Francia, específicamente) 3. Pero, aunque China tiene un número inferior de modelos los suyos (evaluados por Stanford) alcanzaron todos los parámetros de paridad con los estadounidenses en dos indicadores de rendimiento: la Comprensión Masiva del Lenguaje Multitarea –MMLU–, que evalúa el conocimiento y la capacidad de resolución de problemas, y HumanEval, que evalúa la capacidad de generación de código.
Entonces, no se trata solo de cantidad sino, sobre todo, de calidad, especialmente si tomamos en cuenta que algunos modelos, como Grok, colapsan a la vista de todos. China no solo destaca en calidad, sino que, a pesar de que Estados Unidos cuenta con tecnológicas dedicadas a la GenAI como OpenAI, Google, Meta, xAI y Anthropic su modelo DeepSeek R1 está muy cerca de los modelos de OpenAI y Google en rendimiento y lo supera en precio (es más barato). Además, el gigante asiático supera en algo al gigante norteamericano: ha publicado más patentes de IA, seguida de Corea del Sur y Luxemburgo.
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El AI Index también destacó algo fundamental: el desarrollo de modelos de IA es cada vez más global y a este se han sumado Oriente Medio, América Latina y el Sudeste Asiático.
En medio de este panorama, Donald Trump ha sabido ver la importancia de mantenerse a la vanguardia y por eso ha destacado varias veces que su país necesita levantar las restricciones que la Administración Biden impuso sobre el desarrollo de modelos de IA generativa, a pesar de que muchas de estas restricciones en realidad se basaban en no abrir espacio para que haya infracciones de derechos de propiedad intelectual o violaciones a la seguridad nacional y ciudadana.
No obstante, el espíritu competitivo aparentemente ha ganado, muestra de esto es el Plan de Acción de IA, revelado el 23 de julio por la administración actual y que, en 28 páginas, presenta una hoja de ruta para el desarrollo de la IA, con el objetivo de impulsar la innovación en Estados Unidos y eliminar la “burocracia” y “sesgo ideológico” que la frenan. Con un total de 90 políticas, que esperan implementar a lo largo de 2026, este plan desea:
En su primer pilar: Acelerar la innovación en IA, liderar el mundo en la aplicación creativa y transformadora de estos sistemas e inventar y adoptar usos de IA que mejoren la productividad y que el mundo desee emular. Para lograrlo esto proponen eliminar la burocracia y la “regulación onerosa”, garantizar que la IA de vanguardia proteja la libertad de expresión “y los valores estadounidenses”, fomentar la IA de código abierto y de peso abierto, facilitar la adopción de la IA, invertir en ciencia basada en IA; invertir en avances en interpretabilidad, control y robustez de la IA; acelerar la adopción de la IA en el gobierno y “combatir los medios sintéticos en el sistema legal”, entre otras.
En su segundo pilar: Construir una infraestructura estadounidense de IA; optimizar los permisos, fortalecer y expandir la red eléctrica (en la que planean usar IA para administrarla) y crear la fuerza laboral necesaria para construirlo todo; crear permisos optimizados para las instalaciones de fabricación de semiconductores y restablecer la fabricación estadounidense de semiconductores (recordemos que la Administración Biden tuvo una larga lucha en este tenor con China); construir centros de datos de alta seguridad para uso de la comunidad militar y de inteligencia; reforzar la ciberseguridad de la infraestructura crítica y promover tecnologías y aplicaciones de IA seguras por diseño, entre otras.
En su tercer pilar: Liderar la diplomacia y la seguridad internacionales de la IA e impulsar la adopción de sistemas, hardware informático y estándares estadounidenses de IA en todo el mundo. Para la nación es “imperativo” que Estados Unidos aproveche su posición como líder mundial en construcción de centros de datos, rendimiento y hardware informático para “crear una alianza global duradera, a la vez que evita que nuestros adversarios se aprovechen de nuestra innovación e inversión.” La meta es exportar la IA propia a aliados y socios, contrarrestar la influencia china en los organismos de gobernanza internacional, solucionar las lagunas en los controles de exportación existentes para la fabricación de semiconductores, invertir en bioseguridad y garantizar que el gobierno de EE. UU. esté a la vanguardia en la evaluación de los riesgos para la seguridad nacional en los modelos fronterizos, entre otras.
A grandes rasgos, el plan de IA también se dedicará a construir infraestructura para centros de datos y promover la tecnología estadounidense y exigirá que las agencias federales deroguen las políticas que obstaculizan el desarrollo de modelos IA mientras busca erradicar lo que Trump ha descrito como sistemas de IA “con sesgos ideológicos”.
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El Plan se acompañó con la firma de tres órdenes ejecutivas: Una para promover el desarrollo y la exportación de la “Arma de Tecnología de IA Estadounidense”; una para agilizar el proceso federal de permisos para la construcción de centros de datos, y otra para acelerar la adopción de los “Principios Imparciales de la IA”, que priorizan la neutralidad ideológica en las contrataciones del gobierno federal.
Sobre la posición que la Administración Trump ha tenido ante la carrera IA, expertos como John N.T. Shanahan, ex director inaugural del Centro Conjunto de Inteligencia Artificial del Departamento de Defensa de los EE. UU., y Kevin Frazier, becario de Innovación en IA y Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas, apuntan que el país que aproveche los avances en IA para establecer y mantener ventajas económicas y militares sustanciales “no será necesariamente el que desarrolle los modelos más avanzados en el menor tiempo posible” sino aquel que supere la brecha entre la invención y la adopción generalizada por la sociedad.
Con una perspectiva a largo plazo, Estados Unidos puede tomar decisiones más inteligentes sobre cómo alinear el progreso tecnológico con la seguridad nacional y el bienestar público. Si continúa considerando la IA principalmente como una carrera a corto plazo hacia hitos técnicos, corre el riesgo de quedarse atrás de sus pares y adversarios globales, dijeron.
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Para ellos, lograr un enfoque integral para toda la sociedad pasa forzosamente por obtener y mantener una ventaja competitiva a largo plazo en IA que requerirá más que una superioridad técnica y debe basarse en reorientar la educación y la capacitación de la fuerza laboral, modernizar las instituciones y establecer una visión nacional basada en una amplia participación pública.
Al adoptar esta estrategia, Estados Unidos puede lograr lo que otros países podrían tener dificultades para replicar: un enfoque integral de la IA para la sociedad. (....) Los beneficios de la planificación a largo plazo son evidentes. Estados Unidos debe dejar de correr como si sólo se tratara de una carrera de 100 metros y empezar a actuar como un maratonista estratégico: moviéndose con urgencia, claridad y compromiso sostenido, concluyen.
La desregulación es la clave
Sidley Austin LLP resaltó que este enfoque en la desregulación subraya un contraste entre la administración Trump, que está enfatizando la desregulación, y ciertos estados que están fortaleciendo la regulación y la aplicación de la IA, como Nueva York, en donde la gobernadora Kathy Hochul planea convertir al estado en el primero en exigir a los desarrolladores de IA la creación de protocolos de seguridad para evitar que sus sistemas permitan amenazas como ciberataques y armas biológicas.
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Esta divergencia es particularmente notable a la luz de un intento fallido de imponer una moratoria de 10 años en la regulación de la IA a nivel estatal en la Ley One Big Beautiful Bill, que el presidente Trump promulgó el 4 de julio de 2025, dice la firma.
La desregulación y el apoyo al código abierto se basa en desviar la financiación federal de los estados con regulaciones de IA que la Casa Blanca considera “onerosas”, para esto, la Comisión Federal de Comunicaciones evaluará si las normas estatales de IA interfieren con la autoridad federal. También se basa en cerrar cualquier investigación, decreto de consentimiento u orden final que la Comisión Federal de Comercio considere que “promueve teorías de responsabilidad que obstaculicen indebidamente la innovación en IA”.
Para expertos de Skadden, Arps, Slate, Meagher & Flom LLP and Affiliates, el Plan establece un rumbo “ambicioso y detallado para la política estadounidense de IA” y depende de que muchas de las iniciativas propuestas sean implementadas mediante las agencias, la coordinación intergubernamental y una posible participación legislativa.
El Plan de Acción de IA refleja un cambio radical en el enfoque del desarrollo, la expansión y la regulación de la IA a nivel federal en EE. UU. Contrasta marcadamente con el enfoque más cauteloso impulsado por la administración Biden, que se centra en la innovación y la acción federal en materia de desregulación, permisos, adquisiciones y control de las exportaciones para facilitar la rápida adopción de las tecnologías de IA estadounidenses, publicó el despacho.
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Impacto en la investigación, el desarrollo y el avance tecnológico
Se espera que el Plan tenga un impacto a mediano plazo y multifacético sobre la investigación y el avance tecnológico. Por ejemplo, Sujai Shivakumar, investigador principal y director de Renovando la Innovación Estadounidense, explicó que hoy día la velocidad de la innovación es una ventaja decisiva que tiene el poder de acelerar los plazos de investigación y desarrollo (I+D) y producción, por lo que los países que implementen estas herramientas primero liderarán la competitividad económica. En su opinión, para que Estados Unidos pueda desarrollar un ecosistema de innovación integrado debe ser eficiente el objetivo del Plan de “Invertir en Ciencia Positiva por IA”. Para traducir esta visión en un liderazgo significativo, Estados Unidos debe actuar estratégicamente y a gran escala en campos emergentes como los laboratorios autónomos (SDL), para los que Estados Unidos aún no cuenta con una política o programa de financiación claro.
Si Estados Unidos pretende capturar y capitalizar estos avances, no solo debe invertir en nuevas tecnologías de IA, sino también sentar las bases para aprovecharlas a medida que se desarrollan. El fortalecimiento de las bases para la automatización experimental y la ciencia basada en IA comienza con inversiones estratégicas y sostenidas y con la coordinación en una infraestructura de I+D segura y escalable, indicó.
Esto no significa que promover la IA de código abierto mientras se pretende controlar la exportación de tecnología no sea una dinámica compleja y un arma de doble filo para la I+D, donde el acceso abierto a modelos y datos puede fomentar la colaboración y la innovación, pero los controles a la exportación podrían limitar las alianzas y el intercambio global de conocimiento.
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No se debe perder de vista, como publicó el Centro Europeo de Economía Política Internacional (Ecipe), que si bien los controles a las exportaciones suelen actuar como un mecanismo regulador para que los gobiernos protejan sus intereses económicos y de seguridad nacional, la intensificación de los controles a las exportaciones marca una nueva era de supervisión burocrática que pone de relieve una coyuntura crítica en las relaciones multilaterales.
La implementación del Plan abre la puerta a varios futuros potenciales cuyo resultado final depende de cómo respondan las distintas partes involucradas. Por ejemplo, podría ocurrir que la combinación de una profunda desregulación, la inversión masiva en infraestructura y el apoyo a los modelos de código abierto impulse a la industria privada estadounidense y sus aplicaciones comerciales de IA, lo que lo llevaría a consolidar su liderazgo en productos y servicios.
También podría pasar que haya un estancamiento derivado de cualquier contradicción que tenga el Plan y que podrían derivar de y en la politización de las subvenciones públicas a la investigación, lo que produciría un declive del descubrimiento científico y el I+D, a largo plazo, básicamente porque tener una IA “imparcial” podría frenar a startups e investigadores independientes que, además, podrían verse involucrados en una batalla ideológica y cultural.
Después de todo, coaccionar a los estados con la cesión o no de fondos federales no suele ser una buena estrategia en estados como Nueva York (o Colorado y California), donde una estructura bipartidista, con acceso a recursos legales y políticos para defender su autonomía regulatoria, maneja el estado. Esto podría conducir a una dinámica divisiva y contraproducente para la innovación tecnológica.




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