Netflix vs. Paramount: ¿Qué implica la compra de Warner Bros Discovery?

El plan de Netflix es convertirse en una megaempresa de propiedad intelectual / Unsplash, Dmitry Kropachev.
El plan de Netflix es convertirse en una megaempresa de propiedad intelectual / Unsplash, Dmitry Kropachev.
Puede que la empresa que dijo que ir al cine es “obsoleto” se haga dueña de parte de las sagas cinematográficas más exitosas del S. XXI.
Fecha de publicación: 10/12/2025

La compra de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix —valorada en aproximadamente 82.700 millones de dólares— ha desatado una disputa estratégica con Paramount Global y encendido las alarmas regulatorias en Estados Unidos. Más que una simple operación de M&A, la transacción podría redefinir el mercado global de streaming, alterar el modelo tradicional de exhibición cinematográfica y activar un complejo escrutinio antimonopolio bajo las Directrices de Fusiones de 2023.


27 de febrero de 2026. Actualización: Netflix se retiró de la puja por la compra de Warner Bros. Discovery, por lo que Paramount, con una oferta de 111.000 millones de dólares sería la streaming ganadora de la contienda adquisitiva. La oferta de Netflix constaba de 83.000 millones de dólares.


La “saga” Warner Bros. Discovery - Netflix - Paramount ha sido tan intensa en los últimos días, con el anuncio del acuerdo de compra entre Netflix y WB del viernes 5 de diciembre (que dio final a varios meses de ofertas de Comcast y Paramount también) y la oferta de “adquisición hostil” de Paramount, del lunes 8, por 18.000 millones de dólares más en efectivo, que una búsqueda rápida en Google sobre el acuerdo arroja más de 500 mil resultados en 0,30 segundos. 

A esto se le suman las millones de publicaciones que ya existen sobre esto en las plataformas de social media. Todas reacciones “virales” lógicas si nos ponemos a pensar que, si la transacción supera todos los escrutinios regulatorios y antimonopolio, incluida la “punta” que el Presidente Trump (muy amigo del nuevo dueño de Paramount y quien “amenazó” con participar en la revisión regulatoria) lanzó sobre la adquisición, se formará “un Netflix mejor a largo plazo”, como dijo su codirector ejecutivo Ted Sarandos, y crecerá aún más el que sigue siendo (a pesar de la competencia que se creó en los últimos años) el mayor servicio de streaming del mundo.

¿Qué significaría la concreción de la compra por 83.000 millones de dólares? En lo inmediato, que Netflix se hará dueño de los estudios de WB y algunas de las franquicias/propiedades intelectuales más exitosas del mundo audiovisual: Harry Potter, el Universo DC, Juego de Tronos, Willy Wonka, El Señor de los Anillos, The Last of Us, y Looney Tunes además de los catálogos (totales o parciales) de Seven Arts Productions, Lorimar Motion Pictures, HBO, National General Pictures, Orion Pictures, Hanna-Barbera Productions, Cannon Films, Castle Hill Productions, Morgan Creek Productions, Castle Rock Entertainment, New Line Cinema y Television, Metro-Goldwyn-Mayer, United Artists, Associated Artists Productions, Ruby-Spears Enterprises, TNT, truTV y Cartoon Network, entre muchas otras.  


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A mediano y largo plazo implicará que Netflix obligará, indirectamente, a reformular la industria, bien sea por medio de otras fusiones entre empresas más pequeñas, que deberán unirse para competir, o por medio de replanteos de las salas de cine, ya golpeadas por el streaming, heridas de muerte durante la pandemia y agonizando en medio de una dinámica en la que los estudios apenas colocan las películas por pocos días en los teatros antes de enviarlas casi inmediatamente a las plataformas en línea.

De hecho, esta fue una de las preocupaciones principales de WB al aceptar la oferta de Netflix: La compañía de streaming se comprometió a seguir estrenando películas en salas de cine, lo cual igualmente se ha puesto en duda debido a que hace menos de un año Sarandos dijo que ir al cine es “una idea obsoleta”. No solo eso, Netflix ha hablado varias veces de sus planes de acelerar la desaparición de las salas de cine, como ha sido tendencia en los últimos años, mediante la reducción paralela del número de estudios independientes.

El plan de Netflix, que parece que se cristalizará, es convertirse en una megaempresa de propiedad intelectual que no solo lidere el mercado de plataformas de contenido pago sino que además pueda plantarle cara a grandes tecnológicas, como Twitch, Amazon y YouTube, particularmente este último, que ha avanzado en los gustos del público y se ha posicionado como una de las primeras opciones de visionado de productos audiovisuales, para las generaciones Z y Alfa, en 2025. De hecho, The Economist afirma que YT atrajo a 28 % del streaming en EE. UU., en 2024, mientras Netflix atrajo a 19 %.


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En contraste, Paramount desea revivir a la industria cinematográfica y estrenar más de 30 películas al año en salas de cines, si tan solo su anhelo de comprar WB (y su extenso catálogo) se concreta. Por este motivo se arriesgó a la oferta pública de adquisición hostil, y llevó su propuesta directamente a los accionistas, luego de eludir a la junta directiva de Warner Bros. Discovery. Con su ofrecimiento de 30 dólares por acción en efectivo, que resultaría en un pago de cerca de 108.000 millones de dólares y la absorción de la deuda, Paramount designó a su OPA como una propuesta superior que, además, no tendrá que pasar por tantas aprobaciones regulatorias como sí lo hará el acuerdo Netflix-WB. 

La junta directiva de Warner hizo lo siguiente: recomendó a sus accionistas que no tomen decisiones inmediatas, dijo que estudiará la oferta de Paramount y la responderá en 10 días hábiles, y aclaró que la OPA hostil no hizo cambios inmediatos, por lo que “el Consejo de Administración no modifica su recomendación con respecto al acuerdo con Netflix” que, además, surgió de una licitación de varias semanas. 

Por ahora, mientras se superan las evaluaciones antimonopolio, se obtienen las aprobaciones de los accionistas y la junta directiva y concluyen todas las condiciones precedentes típicas para este tipo de M&A, las empresas seguirán trabajando independientemente y no habrá cambios en las plataformas de cada una. 


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Entretanto, la oferta de Netflix sigue siendo la ganadora: Pagará 82.700 millones de dólares en efectivo y acciones, asumirá la deuda existente y contempla la segregación de los canales de cable (CNN, TNT y Discovery) mediante la creación de una empresa controladora pública independiente. Puede que esta segregación se concrete hacia el tercer trimestre de 2026. 

Mecanismos de revisión antimonopolio en Estados Unidos

Ante las evaluaciones regulatorias, Netflix puede esgrimir que no alcanza el umbral de ocupación de 30 % tope para el mercado, especialmente porque no será dueño de la división de cable (solo está adquiriendo las divisiones de cine, televisión y streaming de WB, representados en los estudios de creación de contenido para cine y televisión y su biblioteca de contenidos) que nacerá luego de esta transacción y que separará definitivamente el negocio streaming del de televisión por suscripción. Además, según Netflix, el mercado de consumo de contenidos en línea es mucho mayor que el de la emisión televisiva continua. 

La adquisición es, sin duda, crucial en el mercado audiovisual actual y un momento decisivo en la guerra de plataformas y, sobre todo, en el modelo cinematográfico y de entretenimiento global, por lo que podría convertirse en una batalla por el modelo de distribución, ya bastante cambiado en comparación con inicios de siglo. Además, se trata de un acuerdo macro, en volumen de obras y en cantidad de dinero en juego, lo que le confiere un alto perfil de riesgo que derivará (al margen de la anunciada intervención presidencial) una investigación rigurosa y prolongada por parte de la Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Departamento de Justicia (DOJ) de Estados Unidos.


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La evaluación regulatoria se hará con base en las Directrices de Fusiones de 2023 en el mercado de Streaming de Vídeo a la Carta (SVOD) y bajo el supuesto de que podría ser una presunción estructural de daño anticompetitivo según estas directrices. Especialmente porque, aunque Netflix diga que no alcanzará el umbral de 30 %, lo cierto es que su cuota de 18 %, sumada a la de 12 % de HBO creará una entidad con el control de 3 0% del mercado de streaming.  

Además, la combinación plantea serias preocupaciones sobre una exclusión de contenido que, indefectiblemente, perjudicará de una manera u otra a otros distribuidores y estudios mientras suprimirá –o reducirá drásticamente– la competencia. Dado que ya se trata de un choque entre intereses políticos (Trump es aliado del dueño de Paramount y los dueños de Netflix están relacionados con los Obama y otros demócratas), además de un choque de concepciones encontradas sobre el cine, la aprobación regulatoria seguramente forzará a las partes a llegar a un acuerdo que requiera un alivio estructural significativo, como la desinversión obligatoria o la separación operativa forzada de HBO Max u otros activos.

En el ínterin, los mecanismos de revisión antimonopolio en EE. UU. son el Mandato Hart-Scott-Rodino (HSR), relacionado con el alcance y procedimiento; la Ley Clayton, en su artículo 7, y las ya nombradas Directrices de Fusión de 2023, aplicadas de manera más estricta por esta Administración y que rescindieron las Directrices de Fusión Vertical de 2020 sobre las supuestas eficiencias de las integraciones verticales, especialmente en industrias de contenido.


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Las Directrices de Fusión de 2023 se centran, sobre todo, en acuerdos que crean mercados altamente concentrados (horizontales) o implican una integración sustancial en diferentes niveles del mercado (verticales). Por su parte, el HSR pondrá el foco en el pago de 82.700 millones de dólares, sujeto a los requisitos de notificación previa como la presentación de documentación exhaustiva sobre la fusión tanto a la FTC como al DOJ, para que sean examinados los posibles efectos de la combinación propuesta antes de que se concrete.  

Estas M&A masivas suelen pasar por dos etapas, a la luz del HSR: la de notificación, que conlleva un período de espera inicial de 30 días, y la emisión de una “segunda solicitud”, que exige una extensa entrega de datos y documentos, y que tradicionalmente abre una investigación exhaustiva por meses.

El Artículo 7 de la Ley Clayton, que rige las fusiones y adquisiciones, prohíbe aquellas cuyo efecto “pueda ser reducir sustancialmente la competencia o tender a crear un monopolio”, ergo abre la puerta a que los reguladores impugnen acuerdos basándose en la probabilidad de un futuro perjuicio competitivo. 


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También es muy probable que se aplique el índice Herfindahl-Hirschman (HHI) para medir la concentración del mercado, y que –dependiendo del puntaje obtenido– crea una presunción estructural de que la transacción es anticompetitiva. Como el mercado de SVOD es estrecho por naturaleza, el HHI previo a la fusión ya está altamente concentrado, por lo que la unión de Netflix y WB Discovery se estima en más de cuatro veces el umbral requerido para activar la presunción estructural de efectos anticompetitivos.

Es aquí donde Netflix debe asumir la carga de la prueba para demostrar que no incurrirá en umbrales anticompetitivos y esto podría hacerse mediante la ampliación de la definición del mercado relevante (si es exitosa) y convencer a los reguladores de que el SVOD no es un mercado independiente, sino que compite con la televisión abierta y los servicios de cable tradicionales, por lo que el umbral de 30 % no será alcanzado, ya que no se refiere solo al visionado en streaming.

Netflix también podría argumentar que la definición de mercado (bajo el término paragua de “tiempo total de visualización de televisión”) debería abarcar todas las actividades que requieren el uso de una pantalla, lo que abarcaría a los métodos tradicionales de distribución de televisión así como a las redes sociales (YT, TikTok y Twitch, por nombrar algunas) y a los proveedores de videojuegos. Al final de todo, Netflix compite directamente por la atención de los usuarios ante una pantalla cuando tienen tiempo de ocio, lo que reduciría su cuota de mercado global lo suficiente ante el escrutinio antimonopolio.

Aquí entran las soluciones estructurales (como la desinversión forzosa o la separación operativa forzada), que son las que mayor probabilidad tienen de ser aplicadas por las autoridades, porque defienden la competencia al eliminar o reducir las actividades anticompetitivas.


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Sin embargo, todo caería en la determinación de los límites del mercado de SVOD, para la que, si los tribunales aceptan la definición restringida, la transacción es presuntamente ilegal, pero, si se acepta la definición “tiempo total de visualización de televisión”, la impugnación horizontal se tambalea más allá del escrutinio vertical y el riesgo de exclusión de contenido, que le dará a Netflix la capacidad de poner en desventaja estratégica a sus rivales, especialmente porque, una vez se haga dueño del catálogo de WBD, puede dejar de licenciarlo a la competencia (canales de distribución, otras plataformas de streaming, canales de cable y cines), como hace actualmente la empresa comprada.

Si Netflix decidiera negarse a licenciar el contenido o empezara a ofrecerlo a precios prohibitivos, obligará a los competidores a replegarse o subir sus precios, lo que redirigiría a los consumidores a la nueva plataforma. Iguales preocupaciones reposan sobre la distribución física a salas de cine, si la nueva empresa decidiera usar las capacidades de producción de WBD exclusivamente para su plataforma de streaming limitando a la industria de la exhibición.

El contraargumento de Netflix en este ítem podría ser el mensaje a los mercados de Ted Sarandos, quien aseguró que Netflix mantendrá los estrenos de WBD como están al momento, lo cual debería también implicar que no se reducirán los tiempos en salas para acelerar la llegada al streaming.

En esa “batalla cultural” (en la que estamos viendo morir al cine tradicional) y de distribución Paramount tiene el mejor argumento: Están enamorados de las salas de cine y aún las ven como un vehículo no solo de exhibición sino también de prestigio, por eso su defensa de “ventanas tradicionales saludables” de exhibición en teatros y de decenas de estrenos en estas por año, si logra fusionarse con WBD. El último enfrentamiento (independientemente de las decisiones de los reguladores) es fundamental: ¿quién ofrece mejores condiciones para la narrativa en salas y quién (y sobre todo cómo) definirá el próximo modelo de entretenimiento audiovisual?

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