Inteligencia artificial: Val Kilmer y la inmortalidad de los actores como el nuevo negocio de la imagen póstuma

Val Kilmer y su conversión de un actor muy expresivo a una copia sintética / Imagen extraída de la cuenta oficial en Facebook del actor.
Val Kilmer y su conversión de un actor muy expresivo a una copia sintética / Imagen extraída de la cuenta oficial en Facebook del actor.
Val Kilmer fue recreado digitalmente para “actuar” en una película dramática y su “resurrección” hace cuestionar si se acerca el fin de las actuaciones vivas.
Fecha de publicación: 26/03/2026

Una expresión muy común que se usa desde hace décadas es que las estrellas de Hollywood son inmortales. Existen artistas del panteón del cine que aún son recordados años después de su fallecimiento, especialmente si se convirtieron en leyendas, por su escandalosa vida o prematura muerte, como Valentino, James Dean y Marilyn Monroe. Que sus rostros, gestos y voces hayan sido registrados en un soporte permanente como el celuloide también ha contribuido a la construcción de esa oración.

Hasta hace poco, decir esto era más una metáfora que una realidad específica, a pesar de que la reconstrucción digital de actores ya fallecidos (o envejecidos) es una práctica estándar en la industria. Tanto que, cuando Carrie Fisher murió, su familia advirtió que no permitirían la “resurrección” digital de la actriz para incluirla en la tercera película de la muy olvidable historia de Rey, Finn, Poe Dameron y Kylo Ren. 

Aunque en la saga de Star Wars no es la primera vez que se usa un recurso como este. En Rogue One (la mejor película de todas las de la Guerra de la Galaxia, valga decir), Grand Moff Tarkin, el militar que lideró la destrucción de Alderaan, interpretado por Peter Cushing, fue resucitado para una escena pivotal del film. En esta ocasión, el truco se hizo captando el movimiento de un actor y poniendo sobre este un molde digital del rostro de Cushing. Otro actor resucitado fue Ian Holm, en Alien: Romulus, mientras un caso de rejuvenecimiento en pantalla fue el de Jeff Bridges en Tron: Legacy. Los últimos dos casos muy mal ejecutados. 

Pero, y hay que hacer mucho énfasis en este pero, hasta ese momento eran reconstrucciones digitales, con tecnología avanzada, con base en las expresiones y cuerpo de otro actor, metraje reusado o retoques sobre la imagen recientemente captada del propio actor. Hasta este año que, luego de diversas advertencias de parte de actores y guionistas, al fin un actor ha sido completamente recreado con IA generativa, a menos de un año de su muerte y con la venia de su familia: Val Kilmer, quien “protagonizará” un drama en el que “interpreta” a un sacerdote católico que acompaña a dos arqueólogos en tierras indígenas.


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As deep as the grave

Irónicamente, el nombre de la película que recreó a Kilmer se traduce como “tan profundo como la tumba”, pero si algo han demostrado la IA generativa, las ansias de lucro y, ¿por qué no?, las inquietudes artísticas de creadores como Coerte Voorhees (el director de As deep as the grave), es que ya no hay tumba ni reposo tan hondos que impidan que la imagen personal de un actor fallecido sea explotada comercialmente. 

Al final del día, aunque Mercedes Kilmer, la hija de Val y titular de su patrimonio, dio el permiso para que se recreara a su padre en el nuevo film (del que no llegó a filmar ninguna escena a pesar de estar comprometido con el proyecto antes de morir), el resultado será el mismo: la “aparición” (nunca mejor dicho con doble intención) generará lucro… e interés del público, claro está. 

La pregunta, entonces, no es si es legal usar la imagen personal de un actor fallecido, que sí lo es si hay autorización, y ya tampoco si es ético o no, porque, si bien no se sabe con certeza si quien fue el inolvidable Madmartigan (Willow) sí estuvo o hubiese estado de acuerdo en ser resucitado para una película, la única verdad es que la heredera de sus derechos de imagen dio permiso, los cineastas siguieron los pasos correctos para “usar” al actor y la tecnología existe y está dando resultados.

Las cuestiones se centran ahora es en qué tan adelantada está la ley para proteger los derechos de imagen personal de los demás actores, bailarines, cantantes y otras figuras artísticas y públicas; qué tan interesada va a estar la audiencia en ver de nuevo a alguien que ya falleció, en un formato que también está (tristemente) languideciendo, y cuánto mejorará la tecnología hasta que ya ni siquiera sea necesario representar a personas que vivieron o viven. ¡Ah!, también residen las dudas en cómo se comparan las leyes estadounidenses que permitieron el uso de la imagen de quien destacó como Iceman Kazansky (Top Gun) con las de otros países.

Volviendo al principio, a la luz de las leyes estadounidenses, los derechos de imagen (o Right of Publicity) no están protegidos por una única ley federal sino por leyes estatales y jurisprudencia nacional, establecida mediante precedentes judiciales; lo que significa que, para usar la imagen (físico, voz, nombre legal, apodos o nombres artísticos y likeness –o semejanza–, representada en fotografías, caricaturas, siluetas y rasgos distintivos) de alguien, debe obtenerse el consentimiento expreso de dicha persona o, si se trata de alguien como el intérprete de Doc Holliday (Tombstone), de los herederos de sus Rights of Publicity, como Mercedes Kilmer.  


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Para lograr dicho consentimiento, el interesado en explotar la identidad de un tercero debe firmar un consentimiento escrito o acuerdo de licencia, particularmente porque, como en el resto de las naciones, Estados Unidos protege la imagen como un derecho personal que otorga a los individuos la facultad de controlar la explotación comercial de su identidad, activo sobre el cual solo ellos tienen la autoridad exclusiva de licenciar. El derecho de imagen se concibe, básicamente, como una marca personal, independientemente de si fue registrada como marca comercial ante la ley. Ergo el uso del actor de Simon Templar (El Santo) en una nueva película es absolutamente válido. 

La legitimidad de esto también puede explicarse mediante la Ley AB 1836 y AB 2602 de California, en vigor desde el 1° de 2025. La primera prohíbe la creación o distribución de réplicas digitales (deepfakes) de personalidades fallecidas sin el consentimiento previo de sus herederos (como en el caso del Bruce Wayne de Batman Forever) y que nació, entre otras cosas, de la huelga de SAG-Aftra de 2023 que, entre sus principales demandas, señalaba el creciente uso de la IA para reproducir a los actores. La segunda prohíbe las cláusulas contractuales que permiten el uso de réplicas digitales sin el consentimiento informado y la representación adecuada del artista. 

Adicionalmente, SAG-Aftra impuso entre sus nuevas protecciones que quienes funjan de dobles digitales (como en el caso de Guy Henry, quien sirvió de modelo para Peter Cushing en Rogue One) deben no solo recibir una compensación justa, ajustada a cuantas veces se use su imagen, sino que firmen un consentimiento informado al ceder sus derechos de imagen. El proyecto de As deep as the grave cumple para los herederos del intérprete de Simon Templar (El Santo) estas cláusulas. 

A estas normas se sumarán otras como la No Fakes Act (o Ley contra las Falsificaciones), introducida al Congreso de Estados Unidos este mes, que protegerá la voz e imagen individual, estableciendo de esta manera un nuevo derecho federal de propiedad intelectual contra la reproducción digital no autorizada. Esta ley está dirigida a los deepfakes, aunque contempla excepciones para usos legítimos como la remasterización o edición autorizadas. 

Esta norma es parte de un capítulo de gobernanza sobre la IA generativa que está tomando forma en Washington, como el Marco Nacional de Política de IA de la Casa Blanca, que contempla la seguridad infantil, los derechos de autor y la competitividad de la IA en la nación, entre otras varias propuestas de este tenor que han introducido los congresistas. La No Fakes Act establece una norma de responsabilidad civil tanto por la distribución, exhibición u oferta pública de productos o servicios que utilicen réplicas digitales no autorizadas como por la distribución de herramientas diseñadas para crearlas.


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En otros lares

Tratando de ponerse al día con los avances, la Unión Europea tiene su Ley de Inteligencia Artificial cuya vigencia total empezará en agosto de este año y que exige transparencia en el uso de deepfakes, como el que reproduce al reconocido Nick Rivers (Top Secret!) en la industria audiovisual. Dicha transparencia se basa en que toda obra que utilice una réplica digital debe indicar sin duda que lo que se está mostrando en pantalla fue generado por una IA.

A esta ley la complementa el Código de Buenas Prácticas sobre la Transparencia del Contenido Generado por IA, hecho para facilitar el etiquetado y la identificación de los videos, audios, imágenes y textos creados o manipulados con IA, cumpliendo con las exigencias de transparencia establecidas en la Ley de Inteligencia Artificial de la UE.

Este código, aún en etapa de preparación, será finalizado entre mayo y junio de este año, y establecerá, al fin, estándares y prácticas comunes de autorregulación, guiadas por directrices sobre etiquetado, marcas de agua, metadatos y otras medidas técnicas. El Código se aplicará únicamente a los deepfakes lícitos, como el que rescatará para la pantalla a Perry Van Shirke (Kiss Kiss Bang Bang) y no a los que son en sí mismos una infracción de la ley (deepfakes usados para pornografía no consentida, difamación, violaciones de la privacidad, fraude financiero o para discursos de odio).

El Código es, ante todo, un marco de derecho indicativo no vinculante de manera directa que establece estándares y que, ante todo, orienta sobre los mecanismos técnicos que permiten la detección de contenido generado o manipulado por IA y, después, las medidas de divulgación que el público necesita para identificar claramente los deepfakes y otras obras generadas por IA.

En una onda similar, el Reino Unido está actualmente en una fase de consulta centrada en la discusión de los cambios en los derechos de personalidad, impulsada por Equity, el sindicato de actores británico, preocupado, como otros, del avance de las reproducciones sintéticas. La meta de estos es llegar a un paraguas de protección similar al de SAG-Aftra y evitar la suplantación de identidad. Pero esta es una lucha que apenas acaba de empezar para ellos. 

¿El arte murió, mutó o se democratizó?

Antes que nada, no soy de la creencia de que el arte no es democrático. Puede que los grandes círculos artísticos (y los redituables) no lo sean, pero el arte per se sí lo es, todos podemos crear y la tecnología, no solo la IA generativa actual sino todas las herramientas que la precedieron le han dado una plataforma a millones de creadores para –valga la redundancia– crear. Pero ahora entramos a una etapa “complicada”, por decirlo de alguna manera, y esta es la de cuidado.

Obviamente, la aparición de la réplica hiperrealista del actor de Chris Shiherlis (Heat) en una nueva película, de la que no llegó a recitar ni siquiera la primera línea antes de que su enfermedad se lo llevara, generará (ya lo está haciendo) un enorme interés, primero de los estudios (esta es, finalmente, la prueba piloto), segundo de los creadores y tercero del público, que aún queda ver si acudirá en masa a ver a alguien por quien ya hicieron un duelo.


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Se verá si son posibles las “carreras póstumas”, más como un obvio ejercicio de los derechos de los herederos de los derechos de imagen de un artista y la explotación comercial de su legado que de una expresión naturalmente artística o comunicativa, pero “carrera” al fin o si, como otras burbujas (o géneros cinematográficos, ¿qué tan bien le ha ido a las versiones live action?), terminará explotando y convirtiéndose solo en una tendencia temporal. También plantea la cuestión de si esto significará que los actores nuevos, jóvenes y vivos ya no despertarán interés o verán reducirse aún más la brecha que les permite entrar al mundo del espectáculo.

Entretanto, los expertos discuten dos cuestiones fundamentales y prácticas: la IA hace más eficientes ciertos procesos de pre y postproducción (especialmente la última) y ayuda a disminuir el esfuerzo y tiempo que se le dedica a tareas meramente artesanales, como el rejuvenecimiento de un actor, la creación de escenas CGI o la renderización de gráficos. 

Uno de estos expertos es Ben Affleck, quien a principios de este año dijo en el podcast de Joe Rogan que estas son las tareas “tediosas y costosas” para las cuales debe usarse la IA. Para él, la IA es una herramienta técnica que transformará los procesos de producción y no un sustituto total de la cinematografía. Cree que la escritura por IA es inherentemente mediocre y que al cine siempre le faltará, por más avanzada que esté la tecnología deepfake, la intensidad y dolor que solo las actuaciones vivas pueden dar.


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Asimismo, en dicha entrevista, dijo que el temor de que la IA acabará con la industria es “una narrativa promovida por las empresas tecnológicas para justificar las altas valoraciones y las enormes inversiones de capital ante los inversores”, mientras la curva de mejora de los modelos de IA se está aplanando.

Además, ve con cierta positividad que las leyes actuales de Right of Publicity protegen el uso de la imagen de un artista sin autorización al tiempo que sindicatos como el SAG-Aftra están gestionando la integración de la IA en la industria. Uno de los remates de Affleck es que la creación de contenido hecha solo mediante de IA será siempre mediocre o caerá por debajo de la creación meramente humana, por lo que el cine humano y en vivo podría convertirse en un lujo en un futuro y una forma de arte muy superior a la que se está haciendo más común. 

Irónicamente, poco después de prácticamente menospreciar la creación de personajes e historias con IA, procedió a venderle InterPositive, su startup de desarrollo de herramientas de IA aplicadas a la producción cinematográfica, a Netflix, por 600 millones de dólares. Esta se entrenó, según el propio actor, para seguir con fidelidad el lenguaje cinematográfico y responder a problemas puntuales de los rodajes, como una mala iluminación. 


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El asunto es que también asumió un rol como asesor sénior de Netflix, reconocida por querer reducir el papel del arte en el cine, acusada de “matar” sistémicamente a las salas de cine y creadora del terrible Netflix Lightning, un “estilo” que enfatiza la atmósfera en lugar de una buena iluminación y colores distinguibles, lo que termina oscureciendo y aplanando la fotografía de sus obras y empezó a extenderse a otras plataformas y películas de estudio.

Affleck insiste en que InterPositive apoyará el proceso creativo sin sustituir las personas y que su IA tiene restricciones para proteger la intención creativa y mantener las decisiones finales en manos de los creadores pero, por 600 millones de dólares, el público se ha permitido dudarlo.

Finalmente, el recordado Jim Morrison (The Doors) es el primer ejemplo de la resucitación total en un film, gracias a su hija, que a diferencia de la de Robin Williams y los de Christopher Reeve, sí está de acuerdo en el uso de la imagen de Val Kilmer, como lo estuvieron el hijo de Audrey Hepburn (resucitada para un comercial), los descendientes de James Dean (también resucitado para un comercial) y Marlon Brando (resucitado para una secuela de Superman). Queda ver qué tanto querrá verse de alguien que está más en el recuerdo de cuarentones y cincuentones que de nuevas generaciones y cuánto interés le prestará un público extenuado con las precuelas, secuelas, live actions y spin offs que plagan el cine actual. 

…También, entre tantos buenos papeles que nos dio en vida, ¿por qué querríamos ver una actuación plana y plástica de alguien que nos dejó actuaciones sentidas y profundas?

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