La transformación cultural de la profesión legal desde la perspectiva de Sarah Carnegie

Sara Carnegie.
Sara Carnegie.
Las firmas legales deben replantearse desde la ética, la salud mental y la igualdad.
Fecha de publicación: 28/07/2025

Con más de dos décadas dedicadas a la justicia penal y las políticas públicas, Sarah Carnegie (S.C.) no es solo una observadora más de los cambios que atraviesa la profesión legal. Esta abogada británica ha construido una perspectiva única desde los más altos niveles del sistema judicial internacional. Desde su rol como directora de política estratégica del Servicio de Fiscalía de la Corona y desde el liderazgo en investigaciones penales de relevancia global, Carnegie ha sido protagonista y testigo privilegiado de transformaciones que hoy definen el ejercicio del derecho a nivel global.

Además, como directora de la Unidad de Política Jurídica e Investigación de la International Bar Association (IBA, por sus siglas en inglés), Carnegie se encuentra en el epicentro de los debates más urgentes que enfrenta la profesión, por ejemplo, la crisis de salud mental que afecta a miles de abogados, la persistente brecha de género en posiciones de liderazgo, el impacto disruptivo de la inteligencia artificial en el trabajo jurídico y las expectativas de nuevas generaciones que buscan un propósito vital más allá del prestigio económico. Sus proyectos actuales abarcan desde empresas y derechos humanos hasta ciberseguridad, colaborando con organismos como las Naciones Unidas, la OCDE y el Banco Mundial.

En esta conversación exclusiva con LexLatin, Carnegie comparte algunas conclusiones respaldadas por investigaciones empíricas de la IBA que abarcan múltiples jurisdicciones y ofrece una hoja de ruta práctica para navegar una profesión en transformación. Sus reflexiones incluyen iniciativas efectivas para retener talento femenino y los valores que pueden hacer del derecho una carrera con propósito, en un mundo donde la tecnología redefine el trabajo tradicional, entre otros temas. Esta es una entrevista esencial para entender hacia dónde se dirige la abogacía y cómo los profesionales latinoamericanos pueden liderar ese cambio.


Te puede interesar: La continuidad de las políticas DEI en el escenario mundial


LexLatin: La salud mental es un problema realmente apremiante para los abogados. Hay un reciente estudio de la IBA que refleja que el bienestar profesional es una de las principales preocupaciones de los abogados en este momento, lo que es predecible en una profesión tan exigente. En su experiencia, ¿qué tipo de iniciativas serían efectivas para crear un ambiente más estimulante en las firmas de abogados y atraer a las nuevas generaciones a esta profesión?

S.C.: Esa es una pregunta realmente importante. Así lo revela el informe mencionado, hecho en épocas de pandemia. Sin duda, el problema es de máxima prioridad. Lo que encontramos es que hay dos factores cruciales para todos los profesionales del derecho: el deseo de tener un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal y la necesidad de sentirse apropiadamente apoyados y supervisados.

Creo que todo parte de la satisfacción que se pueda extraer del lugar de trabajo. Esto es, si la persona se siente apoyada, si entiende la importancia de lo que está haciendo, si siente que puede hablar y ser escuchado, y si se le da cierto margen de autonomía, pero siempre con orientación. Con esto, esa persona sentirá que trabaja en un ambiente psicológicamente seguro.

Mis recomendaciones inmediatas serían: garantizar una supervisión apropiada y motivante, así como garantizar el equilibrio en el trabajo y la vida personal. En otras palabras, que los abogados sientan que están siendo tratados como individuos y no solo como una pieza en el engranaje.

Es, por supuesto, un desafío de liderazgo: necesitamos lideres que prioricen el bienestar de las personas; que entiendan que no es saludable preservar las demandas tradicionales de las horas que debes destinar al trabajo. Es decir, que ha llegado la hora de cuestionar el modelo de facturación por horas o al menos de estructurarlo con mayor sensatez y consideración con la vida personal de cada profesional. 

Otra de las prioridades inaplazables en las firmas es cómo cerrar la brecha de género, que no solo persiste, sino que, en regiones como Latinoamérica, sigue siendo muy pronunciada, a pesar de los avances incuestionables en la materia. La paradoja es que hoy vemos muchas más mujeres en roles de asociadas, y que en las facultades de Derecho el porcentaje de mujeres tiende a ser mayor que el de hombres, pero los cargos de liderazgo siguen estando, en su mayoría, en manos masculinas. ¿Cuáles son, en la práctica, las intervenciones más efectivas para cerrar esta brecha?

S.C: Es un desafío realmente importante. Un desafío que parte de entender que vivimos en una época diferente. Suena obvio, pero hay quienes no lo han interiorizado. Es como decir "dado que yo hacía las cosas en papel antes de que llegaran las computadoras, pues las seguiré haciendo en papel".

Las cosas cambiaron para siempre y, para las firmas de abogados, la gestión del talento no puede seguir siendo un factor accesorio y no estratégico. Parte del problema que ha preocupado a nuestro equipo a lo largo de los años es ver cuánto se prioriza en las firmas de abogados el negocio y la rentabilidad sobre las personas. Los tiempos cambiaron: hoy las personas deben ser el mayor activo de las firmas.

Desde la IBA hemos hecho estudios analizando 12 jurisdicciones, incluyendo México, Brasil y Chile. En efecto, hay un mayor porcentaje de mujeres entrando en niveles más bajos. ¿Por qué no hay tantas mujeres en niveles más altos? Influye mucho que el momento del ascenso llega a la par del momento en el que decidimos o no tener hijos. En el momento en que también debemos encarar frecuentes cuestiones de salud: la menopausia, por ejemplo, afecta el bienestar entre mujeres de edades entre 45 y 60.

Lo más efectivo, en consecuencia, es que cada firma ofrezca a las mujeres programas de trabajo flexible. Es lo que se ha demostrado que logra atraer y retener al talento femenino y generar un entorno más meritocrático en el que las oportunidades de ascenso están disponibles para todos. El otro factor que resulta muy efectivo es un adecuado proceso de coaching y mentoría.

Al respecto, es interesante mencionar que, en medio del vértigo de los cambios en la profesión, vivimos una especie de crisis de mentoría. Esto se debe, entre otras razones, a que los modelos de trabajo híbridos o virtuales dificultan las condiciones en las que se transmite el conocimiento y la experiencia. Pero para muchos abogados jóvenes, no hay vuelta atrás. A eso se suma que, en Latinoamérica, el proceso de coaching excluye —en no pocos casos— a las mujeres..

S.C.: Coincido, es un problema de raíces históricas. No ha sido mi caso porque, como penalista, trabajé en muchos años en tribunales y luego en el gobierno, sectores que tienen muy buena representación femenina. Sé que en el ámbito corporativo las cosas pueden ser distintas.

Lo que hace que mi campo sea más equitativo es que la mentoría no se hace jugando golf o en los bares, que son hábitos más acentuados en el derecho privado. También trabajo en un campo que tiene mucho mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Pero por supuesto, no está tan bien pagado. Muchas veces, en el sector privado todo se reduce al dinero. Las grandes firmas de abogados quieren maximizar las ganancias y exigirán al máximo a las personas; la pregunta es si la exigencia va a la par del apoyo que reciben

Para hacer más incluyente se requiere que los colegios de abogados generen comunidades de mentoría femenina. Algunas de esas organizaciones —los colegios en México, por ejemplo, donde dos de los tres grandes colegios están dirigidos por mujeres—realmente están tratando de alentar a las mujeres a ser apoyadas y obtener más oportunidades.

Ante todo, se trata de permitirle a las mujeres apoyar a otras mujeres, y que los hombres sean aliados en ese proceso.


Nota relacionadaDiversidad en firmas latinoamericanas: entre presiones globales y realidades locales


Ha mencionado el aspecto económico, una de las razones principales por las que muchos se incorporan a firmas de abogados y trabajan 80 horas —o más— a la semana. Pero un fenómeno interesante que está ocurriendo ahora es que las nuevas generaciones tienen otras expectativas y prioridades. No es que el dinero no sea importante, pero no es suficiente. ¿Cómo pueden convivir personas con perspectivas distintas en firmas de abogados tradicionales?

S.C: El dinero quizás fue el gran pretexto por el cual la gente se dedicaba al derecho privado. Pero lo que emerge cada vez con más fuerza es el reconocimiento de que, a la par del dinero, los abogados deben sentir un sentido de propósito en lo que hacen. Deben saber que lo que hacen tiene un impacto real. Que no solo están contribuyendo a hacer más ricos a los ricos. Que trabajan con empresas que tienen una huella social y ambiental positiva. Para los más jóvenes, estas cuestiones son cruciales.

Tanto los más jóvenes como los más experimentados deben adaptarse a pensar más allá de jurisdicciones nacionales. Tienen que saber qué esperar y qué hacer cuando trabajan con empresas de diversos países, más allá de la jurisdicción a la que se acostumbraron. Los estándares internacionales contribuyen a que haya más sentido de propósito de la profesión. Por ejemplo, la ley de la Unión Europea sobre debida diligencia de derechos humanos tiene impacto en empresas en el Sur Global, y en empresas de América Latina con cadenas de suministro en el extranjero.

Hay formas de hacer que el derecho siga siendo atractivo y desafiante para las nuevas generaciones. Por ejemplo, son muy interesantes los roles que los abogados cumplen para garantizar la vigencia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, o de los principios rectores de la ONU sobre empresas y derechos humanos. Son principios alineados con sus propios valores como personas, como miembros de una generación más joven que quiere proteger el clima y eliminar la esclavitud moderna. ¿Cuál es el rol de las firmas para atraerlos? Compartir sus mismos valores.

Y viene la pregunta inevitable, la que no tiene ninguna respuesta más allá de la especulación: ¿qué ocurrirá con el trabajo del abogado en el futuro, sobre todo con los trabajos de los asociados, amenazados por la implementación de la IA, que hace muchas cosas de forma más rápida y económica, aunque no siempre sea confiable?

S.C: Sí, nadie tiene la respuesta. La IBA ha estado involucrada en un proceso examinando el impacto de la IA y lo que eso puede significar para el personal, las horas facturables y la profesión en general.

Algunos creen, efectivamente, que habrá menos trabajo para los abogados más jóvenes, reemplazados por máquinas y plataformas de IA. Pero en la cima está claro que la IA no siempre tiene las respuestas necesarias: se requiere el factor humano para trabajar con los clientes, generar relaciones de confianza y corroborar que lo que produce la máquina sea preciso y riguroso.

No estamos aún en una especie de apocalipsis laboral, y no creo que lleguemos a ese punto. Tal vez haya una reducción inevitable de trabajo en varios rubros, y la única opción sería reentrenar a la gente en otras áreas con demanda.

En ese sentido, ¿qué habilidades serán esenciales para navegar con éxito un futuro lleno de incertidumbre? ¿Qué les recomienda a las mujeres jóvenes que aspiran a tener un recorrido similar al suyo?

S.C.: Todo empieza por ser fiel a uno mismo y sentir una pasión inextinguible por eso a lo que uno se dedica. No puedes pedir que todo sea apasionante: habrá en cada trabajo partes aburridas y desafíos difíciles. Pero la lealtad a tus convicciones éticas es lo que más importa.

Hay que ser muy exigente a la hora de evaluar con quién vas a trabajar. Si quieres trabajar en una firma, es imprescindible saber de entrada con qué tipo de clientes trabaja esa firma y hacer tu propia investigación, tu propio due dilligence, saber si tu lugar de trabajo tiene tus mismos estándares éticos, si comparte tu propósito de vida. Como abogada penalista llegas inevitablemente a ciertas encrucijadas éticas. El ejemplo clásico es cuando debes decidir si representas a cierto tipo de personas. La pregunta que siempre nos hacen es ¿cómo puedes representar a alguien que sabes que es culpable? Es difícil aceptar para mucha gente que, en un Estado de derecho, hasta el más culpable de todos merece consejo legal apropiado y competente.

Como abogados, ya se trate de penalistas o de corporativos, tenemos el reto de asegurar que el Estado de derecho se preserve en todos los casos. El derecho tiene mucho valor en nuestra sociedad. También lo tiene el ejercicio del derecho de una forma inteligente, que va más allá de aplicar la ley en forma tajante y literal, como si fuera algo que no admite matices. La ley no viene en blanco y negro. Siempre hay un espacio para entender cómo puedes interpretar la ley minimizando tanto los perjuicios a tus clientes como los daños al bienestar general. Es un enorme privilegio y una gran responsabilidad. Detrás de la ley están todas las democracias que pueden preciarse de ser funcionales. En el corazón de la democracia estamos los abogados. 

Independientemente de qué rama del derecho es la que más atrae a cada uno, es necesario reconocer esa responsabilidad y hacer una especie de juramento hipocrático. Los abogados tampoco podemos hacer daño. Tenemos que hacer todo lo que está a nuestro alcance para asegurar que los resultados de nuestro trabajo tengan un impacto positivo. Si este es el norte al que apunta tu brújula, tendrás una carrera llena de propósito y con muchas satisfacciones.

Add new comment

HTML Restringido

  • Allowed HTML tags: <a href hreflang> <em> <strong> <cite> <blockquote cite> <code> <ul type> <ol start type> <li> <dl> <dt> <dd> <h2 id> <h3 id> <h4 id> <h5 id> <h6 id>
  • Lines and paragraphs break automatically.
  • Web page addresses and email addresses turn into links automatically.