Ser mujer, ser joven y ejercer un puesto de liderazgo: los desafíos que Mariela de la Guardia Oteiza convirtió en carrera

Mariela de la Guardia Oteiza.
Mariela de la Guardia Oteiza.
La presidenta de la AmCham Panamá analiza los obstáculos del liderazgo femenino en las firmas legales y las oportunidades que ofrece Panamá a la inversión extranjera.
Fecha de publicación: 13/04/2026

Hay personas que esperan que el momento sea perfecto antes de actuar. Mariela de la Guardia Oteiza no es una de ellas. Se graduó de su maestría en Northwestern un 15 de mayo y el 16 ya estaba en su escritorio. Esa cadencia lo dice todo: en más de quince años de carrera en Panamá nunca esperó a que le abrieran la puerta, sino que encontró la manera de estar ya adentro cuando otros todavía estaban esperando su turno. Hoy es socia de Icaza, González-Ruiz & Alemán, una de las firmas más prestigiosas del país; referente regional en derecho comercial y propiedad intelectual; y presidenta de la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá (AmCham Panamá), la organización que articula la relación entre el empresariado panameño y el socio comercial más importante de la región, los Estados Unidos.

Pero lo más interesante de de la Guardia no es lo que ha acumulado, sino lo que ha entendido. Que ser experta en un área no es suficiente si no puedes ver el negocio completo del cliente. Que el liderazgo femenino no es un concepto abstracto sino algo que se demuestra o se niega en una reunión, en un pasillo, en la forma en que alguien te mira cuando entras a una sala. Y que Panamá, con toda su estabilidad y su geografía privilegiada, tiene una ventana de oportunidad que no va a estar abierta para siempre. Una conversación sobre carrera, liderazgo y compromiso con el país.

LexLatin: Tiene usted más de quince años de carrera en Panamá, una práctica consolidada en derecho comercial y propiedad intelectual, y acaba de asumir la presidencia de la Junta Directiva de la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá (AmCham). ¿Cómo describe ese recorrido desde el principio hasta hoy en sus propias palabras?

Mariela de la Guardia Oteiza: Todo empezó muy temprano. Me gradué joven de la facultad, entré con veintiún años a una maestría en Chicago, y al día siguiente de graduarme, el 16 de mayo de 2009, ya estaba trabajando. No es una exageración: literalmente al día siguiente. Esa maestría fue determinante, no solo por el conocimiento sino por la perspectiva que me dio. Éramos un grupo muy diverso, de todas partes del mundo, y eso abrió una forma de ver el derecho, los negocios y la vida que no hubiera conseguido de otra manera. Antes de las redes sociales, viajar y estudiar afuera era la única forma de conocer realidades distintas, y yo aproveché cada momento de eso.

Al regresar a Panamá me incorporé a la firma y empecé en el área de propiedad intelectual, que me apasionó desde el principio. Atendía desde servicios hasta productos de consumo, software, campañas de lanzamiento, estrategias comerciales. Entendías el negocio del cliente desde adentro, lo que a cada sector le preocupaba, cómo pensaban. En algún momento la firma me dijo que para crecer necesitaba ver más áreas de práctica y no quedarme solo en propiedad intelectual. Yo escuché, hice la transición, pero nunca dejé el área: hoy sigo siendo socia del departamento de marcas y sigo activa en la INTA y en todas las organizaciones de propiedad intelectual de Panamá.

Con el tiempo fui incorporando la parte comercial y corporativa, especialmente todo lo relacionado con la atracción de empresas extranjeras a Panamá. Cuando una multinacional llega al país, necesita orientación en múltiples frentes al mismo tiempo: el establecimiento legal, los permisos, los temas migratorios, laborales, fiscales. Yo me convertí en ese primer punto de contacto, trabajando en conjunto con los equipos especializados de la firma para ofrecerle al cliente un servicio integral. Panamá tiene además la Ley de Sede de Empresas Multinacionales, que ofrece beneficios importantes tanto a las empresas como a sus empleados de alto nivel, y eso genera una demanda muy específica de servicios legales que he ido desarrollando con los años.

¿Y cómo llegó a la presidencia de la AmCham Panamá?

Fue un proceso gradual que empezó alrededor de 2015, cuando varios socios consejeros de la firma que participaban en cámaras y organizaciones empresariales nos dijeron que era momento de que la siguiente generación tomara esas riendas. Me involucré en la Cámara Americana de Comercio, primero en el comité de legislación e impuestos, y fui asumiendo más responsabilidades. Al cabo de un tiempo me pidieron que me postulara a la junta directiva. Salí electa por los miembros de la cámara, tengo siete años en la junta directiva, ocupé los cargos de secretaria y vicepresidente, y hubo incluso un año en que, por el período de pausa obligatoria entre mandatos, la presidenta de ese año me pidió que me mantuviera como asesora. Cuando volví a ser elegida para la junta, ya había un consenso claro: era el momento de asumir la presidencia.


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Confieso que al principio dudé, y que mi edad fue uno de los factores. Cuando uno empieza temprano siempre hay alguien que dice que prefiere a alguien con más experiencia, con canas. Pero con el tiempo aprendí que la trayectoria no se mide en años sino en lo que has hecho con ellos. Lo que me dio confianza para dar ese paso fue el ejemplo de las mujeres que me precedieron, empezando por mi mentora, y las seis presidentas de la cámara que estuvieron antes que yo. Ellas me mostraron que era posible y que yo estaba lista.

Menciona que la edad siempre fue un factor con el que tuvo que lidiar. ¿Cómo logró que la valoraran por sus méritos en entornos donde la experiencia se mide en canas?

Lo que me dio seguridad fue siempre el conocimiento. Una amiga mía me lo dijo alguna vez de manera muy directa: tú no le tienes miedo a hablar frente a personas de muy alto nivel. Y tiene razón. Cuando sabes de lo que hablas, la edad deja de ser el tema central. No soy la única en haberlo vivido: mi primo fue presidente de la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá a los treinta y cinco años, y ya ha habido otros millennials asumiendo posiciones de liderazgo en organizaciones similares. El mérito se abre camino, aunque cueste más al principio.

Lo viví de manera muy concreta cuando me preparé para la toma de posesión como presidenta de la AmCham. Estaba muy nerviosa. Pero cuando llegué al evento, no hubo una sola persona que no me dijera que me lo merecía. La propia viceministra de Comercio e Industria, que me conoce de años de trabajo conjunto, lo dijo en su discurso: no hay nadie más elegible para esta posición que tú, desde que te conozco respiras AmCham. En ese momento entiendes que lo que para ti era una duda, para los demás era una evidencia.

Hablemos del liderazgo femenino desde adentro. ¿Qué atributos siente que aporta como líder que tal vez no encontraríamos en un liderazgo más tradicional?

Hago mucho énfasis en el factor humano. Me intereso genuinamente por las personas de mi equipo, por lo que les pasa, por lo que necesitan. Si alguien tiene un problema de salud, si alguien está atravesando una dificultad familiar, yo necesito saberlo. No porque sea un requisito del trabajo, sino porque creo que un equipo funciona mejor cuando las personas sienten que hay alguien que les importa de verdad. Me han venido a decir, “licenciada Mariela, no tengo a quién más contarle esto, se lo cuento a usted”. Para mí eso es enorme. Significa que hay confianza, y la confianza es la base de cualquier equipo que quiera rendir bien.

Dicho eso, el liderazgo femenino también enfrenta resistencias que el masculino no enfrenta. La semana pasada viví algo que lo ilustra perfectamente: un cliente llegó a la firma y prefirió enfocar su atención y dirigirse a otra persona, no hacia mí, que era la experta en el tema. Ese tipo de situaciones siguen ocurriendo, y son una de las razones por las que muchas mujeres terminan abandonando las firmas. No es un problema menor ni anecdótico.

¿Qué consejo entonces le daría a la Mariela que empezó su carrera el día después de graduarse en Chicago para enfrentarse con estos desafíos?

Que confíe más temprano en lo que sabe. Hay un conocimiento que uno va acumulando sin darse cuenta, de manera implícita, y que tarda en reconocer como propio. Ese conocimiento es el que te sostiene cuando tienes que pararte frente a alguien importante y defender una posición. El trabajo duro y la preparación constante son los que te permiten estar ahí. Yo me preparé toda la vida para ese momento, aunque no lo supiera.

Menciona que en algún momento le pidieron salir de su área de especialidad para conocer otras prácticas. ¿Cómo fue esa experiencia de salir de la zona de confort?

Fue incómodo, no voy a mentir. En el departamento de propiedad intelectual yo era una maquina: sabía exactamente lo que hacía, lo hacía bien, y me sentía segura. Salir de ahí implicó desempolvar los cuadernos de la universidad, estudiar cosas nuevas, conocer personas nuevas, leer y revisar materias que no dominaba. Fue desordenado al principio. Pero con el tiempo entendí el valor de esa decisión. Cuando un cliente llegaba diciéndome que quería establecerse en Panamá, yo podía acompañarlo en todo el proceso: el establecimiento legal, los permisos, el registro sanitario del producto, y dirigirlo con mis colegas expertos en los temas migratorios y laborales. La interdisciplinariedad no es una opción hoy, es una necesidad.


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Eso me llevó también al mundo de la protección de datos. Cuando Panamá empezó a discutir su ley, me involucré desde el principio: estudié la normativa, conversé con la autoridad de control, participé en foros técnicos mensuales donde se analizaba lo que estaba pasando en cada país de la región. Ahora que llegó la inteligencia artificial, ya tengo ese recorrido, y pude contribuir al trabajo de una guía ética multisectorial que elaboramos el año pasado liderado por Niurka Montero Presidenta de Amcham 2025 y contamos con la participación del sector público y el privado. No es un código, es una guía práctica y visual sobre los valores éticos que deben guiar el uso de la inteligencia artificial. Ese tipo de trabajo solo es posible si uno no se queda encerrado en su área de práctica.

¿Cómo ve el futuro de la profesión en ese contexto de cambio acelerado?

El abogado que se prepara va a poder salir adelante. El que decide que ya aprendió lo suficiente, no. Yo nací en 1986, usé máquina de escribir, usé enciclopedias, escribí trabajos a mano. Y cuando llegó el internet al final de la primaria, lo incorporé. Así tiene que ser con cada nueva herramienta. La inteligencia artificial no va a reemplazar al abogado, pero sí va a reemplazar a quien no sepa usarla. Lo que me preocupa es que esa herramienta no llegue a tomar decisiones que corresponden al criterio humano: en una junta de accionistas, en un caso legal, en una negociación compleja. Ahí el abogado con experiencia y criterio sigue siendo irremplazable. Pero tiene que estar preparado para alimentar esa herramienta, para cuestionarla y para saber cuándo no usarla.

Para cerrar: ¿cómo ve las perspectivas de Panamá en este entorno geopolítico tan incierto?

Panamá tiene una bendición que a veces no valoramos suficientemente: estabilidad política real, alternancia del poder, y una posición geográfica que nos convierte en un hub de comunicaciones, logística y negocios para todo el continente. Aquí convergen culturas, religiones y razas de todo el mundo sin conflictos, y eso nos hace ricos de una manera que va mucho más allá de lo económico. Desde los años ochenta y noventa no hemos tenido un candidato político que amenace seriamente la institucionalidad, y eso le da una confianza enorme a los inversionistas extranjeros.

El entorno internacional es desafiante, no voy a negarlo. Tenemos un Tratado de Promoción Comercial con Estados Unidos que enfrenta presiones, y el tema de las tarifas afecta naturalmente algunos sectores. Pero el gobierno actual tiene una actitud muy abierta al diálogo: cuando hablo con algunas autoridades la pregunta que me hacen es dónde están los cuellos de botella, qué piedras hay en los zapatos que están frenando la inversión. Esa actitud, combinada con todo lo que Panamá ofrece estructuralmente, me hace ser optimista. Los desafíos son reales, pero las bases son sólidas.
 

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