En el marco del Día Internacional de la Mujer, la conversación con Lourdes Dávalos arroja mucha luz sobre las complejidades que enfrentan las mujeres en el ámbito jurídico, donde persisten estructuras tradicionalmente dominadas por hombres. Como abogada cubana, con doble nacionalidad, dirigiendo su propia firma en España, Dávalos personifica la transformación que está ocurriendo en el sector y lo hace no mediante la adaptación de moldes preestablecidos, sino a través de la creación de nuevos espacios donde la diferencia se convierte en ventaja competitiva.
La trayectoria de la abogada, desde Uría Menéndez y hasta la fundación de Dávalos Abogados, revela que el verdadero avance no está precisamente en acceder a posiciones de poder, sino en redefinir cómo se ejerce ese poder desde perspectivas diversas.
A pesar de que las firmas tradicionales incorporan múltiples políticas de inclusión, las mujeres abogadas siguen enfrentándose a una disyuntiva que sus contrapartes masculinas raramente experimentan: la elección entre ascender profesionalmente o atender otras dimensiones de la vida.
"El nivel de eficiencia que llega a lograr una mujer multitasking es impresionante, pero el coste es alto", sentencia Dávalos, poniendo sobre la mesa lo que muchas piensan, pero pocas verbalizan.
Su experiencia al frente de una firma en la que el 80 % son mujeres extranjeras ilustra posibilidades alternativas: estructuras más flexibles, liderazgo participativo y un enfoque en la persona completa, no solo en su dimensión profesional. En un mundo donde 'la mujer seguirá teniendo que exigirse mucho más que el hombre', Dávalos demuestra que es posible crear entornos donde la excelencia no esté reñida con la equidad y con el reconocimiento de la humanidad compartida.
La conversación con esta abogada disruptiva nos invita a imaginar una profesión jurídica en la que el éxito no se mida por la capacidad de encajar en moldes preestablecidos, sino por el valor de romperlos.
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LexLatin: En un sector tradicionalmente dominado por hombres, especialmente en el ámbito de las transacciones internacionales, ¿cuáles son las claves para destacarse entre la competencia?
Lourdes Dávalos: En mi caso particular, el poder destacar en una firma grande se centraba precisamente en ser yo misma, no intentar encorsetarme en estándares clásicos. No hay duda de que contratar alguien como yo (mujer, extranjera y que luego se convirtió en madre con una hija con autismo) se puede ver desde fuera como símbolo de inclusión y de diversidad. Ser una abogada con una licenciatura de Derecho en Cuba y con una crianza y cultura completamente distante del resto de abogados de mi promoción en los inicios de mi carrera, implica tener un perfil que es diferente de los demás candidatos. Es un perfil disruptivo, muy distinto a lo que buscan las firmas más conservadoras, que tiene ventajas, pero también presenta retos. En cualquier caso, es un perfil necesario, y hay que saberlo valorar.
En Uría Menéndez logré destacar con la creación de una práctica nueva, que no tenía la firma, y que con apoyo de otros compañeros se convirtió en una pequeña práctica exitosa. Trabajé duro año tras año y llegué a counsel dirigiendo mi práctica. Una realidad inevitable es que siempre sentí que me veían diferente. Sin embargo, eso no me causó para nada un problema; de hecho, nunca quise que se me viera de otra forma. Mi ventaja competitiva dentro de cualquier firma, y en el mercado legal español en general, está precisamente en la diferencia que me caracteriza desde el punto de vista personal y con la práctica profesional que emprendí.
Mi paso por una gran firma internacional fue una experiencia muy exitosa y enriquecedora: ofrecí mucho y me nutrí enormemente de las personas que me enseñaron a ser la abogada que soy hoy. Esto se ve en el hecho de que son pocos los abogados que, luego de varios años, salen de una firma grande y pueden abrir una firma propia que crezca desde el inicio. Dávalos Abogados es un caso de éxito sin muchos precedentes: en poco más de un año hemos tenido un crecimiento que prácticamente está fuera del alcance de la mayoría de firmas boutique. Lo que hice fue sacarle partido a esa diferencia creando mi propia práctica, mi propia manera de trabajar, creando una marca que ya sonaba por sí sola, que es el apellido Dávalos. Esa diferencia hoy en nuestra pequeña firma es el valor agregado y personalizado que ofrecemos.
Específicamente, ¿en qué consiste esa diferencia y cuáles fueron algunos de los desafíos que menciona?
Uría Menéndez fue mi hogar muchos años, y fui muy feliz, porque me impuse siempre el estándar más alto de excelencia en el derecho y la aspiración de hacer cosas únicas, novedosas, de las que no se olvidan. Quizás el mayor reto fue, dentro de una gran marca corporativa, ir gestionado mi propia marca personal como abogada. Es inevitable: siempre va a haber personas que al destacarse se labran un nombre propio y eso no tiene por qué ser incompatible necesariamente con los objetivos de la firma.
En cualquier caso, yo siempre me he considerado un “producto Uría” con apellido Dávalos. Y esto último se lo debo a mi padre, que no solo es una eminencia del derecho en Cuba, sino que es un grande de la abogacía en Latinoamérica. Así que yo me siento honrada de dignificar y poner en alto su apellido como name partner de la firma.
En mi opinión, la mayoría de las firmas hispanoamericanas hoy todavía no tienen la capacidad, ya sea mental o estructural, para sacar el mejor provecho de las personas distintas que se forjan una marca personal. No lo digo como una crítica sino como una invitación, sobre todo a sacar el mejor partido del talento femenino y diverso. Muchas mujeres aportamos una personalidad y un modo de ver las cosas distinto al del hombre clásico, más tradicional: solemos ser más perfeccionistas, más críticas con lo que vemos, más empáticas y pasionales, más proclives a intentar cambiar las estructuras tradicionales.
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Como fundadora y socia directora, ¿qué políticas o iniciativas ha implementado en Dávalos Abogados para fomentar el desarrollo profesional de otras abogadas y crear un ambiente más inclusivo?
La diversidad no es algo que hayamos tenido que forzar aquí en Dávalos Abogados. Es un elemento esencial de la firma. Somos mujeres en un 80%. Somos, además, mujeres extranjeras; la única española soy yo y tengo doble nacionalidad.
Por otra parte, somos una firma pequeña, muy enfocada en la persona. Aquí los perfiles no son fungibles o fácilmente reemplazables, como ocurre en firmas más grandes. Si un día me falta una de las personas del equipo, las consecuencias son enormes. La atracción y retención de talento es aquí fundamental. Cada persona que se integra al equipo es una parte esencial de ese ADN de excelencia que nos caracteriza y de lo que estamos intentando construir como despacho joven. Los abogados que se integran a la firma, no se integran solo como empleados. Se integran como seres humanos, con una vida personal más allá de su faceta laboral. La firma lleva mi apellido, pero la idea es que cada persona de la firma se sienta responsable de su destino como si fuera suya también.
Por supuesto que tenemos una estructura de trabajo y, personalmente, soy muy partidaria de las ventajas del trabajo presencial. No aprendes este oficio a través de una pantalla. Dicho lo anterior, entiendo que las personas del equipo tienen otros intereses fuera de la firma. Tenemos personas con familia en otras partes del mundo; tenemos grandes responsabilidades familiares; de hecho, mi propia directora de comunicaciones tiene gemelas. Mi responsabilidad como líder de la firma es aceptar y respetar que el trabajo va a salir bien así se haga a veces a la distancia. Es la de buscar un equilibrio que le funcione a cada uno en su vida privada y que, al mismo tiempo, le funcione a la firma. Una estructura muy rígida no le sirve a nadie.
Por último, es esencial para mí ejercer un liderazgo participativo. Aunque yo tenga la última palabra como socia directora, siempre quiero y necesito la participación y las ideas del equipo. Que los miembros del despacho sientan un sentido de pertenencia, es indispensable más aun cuando de los que estamos hoy va a depender lo que somos y lo que queramos ser a futuro. Además, abogo por un liderazgo que sea empático: hay que entender las preocupaciones y necesidades de las otras personas. La ventaja de que sea un despacho pequeño es que podemos estimular un ambiente más familiar: que sepamos qué pasa con el hijo de una o con el abuelo del otro.
¿Qué consejo daría a las abogadas que salen de las universidades y buscan ampliar sus horizontes profesionales en una firma de abogados?
Le aconsejaría a esa chica enfocarse en las razones por las cuales su trabajo y su esfuerzo es importante para los clientes, que son la esencia de nuestra profesión. Estamos aquí por y para los clientes. Comprender la relevancia de tu rol es clave y las mujeres tenemos habilidades blandas que aportan mucho en múltiples contextos. Le aconsejaría también que aprenda a siempre estar disponible. De los hombres en general se percibe que están más disponibles que las mujeres, y eso hay que contrarrestarlo, porque de alguien en una firma se espera completa disponibilidad, sin importar si es hombre o mujer.
Cuando una mujer logra mostrarse siempre disponible no es porque esté haciendo menos cosas en su vida; es porque maneja el tiempo de una forma mucho más eficiente que un hombre. Nos toca hacer más cosas en el mismo tiempo. Quizás es una obviedad, pero tengamos en cuenta que el día no ofrece horas extra a las mujeres por ser mujeres. Tenemos el deber de volvernos casi máquinas perfectas de la eficiencia para exprimir el tiempo y llegar a todo, preferiblemente con una sonrisa en la cara, sin quejarnos. La ventaja es que el nivel de eficiencia que se llega a lograr en una mujer multitasking es impresionante, pero el coste es alto.
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Sin duda en las últimas décadas ha habido avances en igualdad de la mujer, pero es cierto que las cargas están lejos de ser equitativas. Las mujeres dedican hoy el doble o triple de tiempo a labores domésticas que los hombres, lo que llaman cuidado no remunerado. Las oportunidades laborales aumentaron, pero las responsabilidades domésticas no disminuyeron. Eso ha obligado a muchas mujeres a tener que elegir entre su carrera y su familia, porque no hay forma de encontrar un balance en las condiciones actuales. ¿Cuál ha sido su experiencia al respecto?
No nos engañemos, no somos superheroínas. Cuando tienes éxito o estás haciendo muy bien algo, probablemente es porque estás descuidando otras cosas o estás pagando para que otra persona las haga.
¿Para qué quieres ser abogada? ¿Es solo por cuestiones económicas? Si es por eso, creo que entonces no vale la pena que estudies Derecho. A la chica que sale hoy de la universidad le diría que se dedique a esto porque es un trabajo importante para muchas empresas y muchas personas, no porque es un trabajo bien remunerado. Si luego eres mamá, el dinero que gastas para que otros cuiden a los hijos mientras tanto no se puede ver como un gasto; debe entenderse como una inversión en tu profesión.
Es un tema complejo: cada quien debe tener claro a qué está dispuesto o dispuesta a renunciar o no para lograr determinadas cosas.
No veo que vaya a llegar una situación de igualdad muy pronto, si bien hay que intentarlo. La mujer, por ahora, seguirá teniendo que exigirse mucho más que el hombre. No solo la mayoría de los líderes en las firmas siguen siendo hombres: la mayoría de los clientes (empresas) para los que prestamos servicios en las firmas son hombres. Es un sistema inequitativo que le exige a la mujer mantener siempre el rigor y la autoexigencia, hacer un esfuerzo extra al que hacen los hombres, sobre todo en las firmas más grandes.
Los hombres siguen teniendo sesgos hacia las mujeres, en muchos casos inconscientes. Hasta la gente más destacada intelectualmente discrimina a veces sin darse cuenta. Mientras que las cosas cambian, lo que me propongo es hacer todo lo posible por ser percibida como mujer líder que motive e inspire a los demás dentro de mi propio equipo a mantener ese estándar de excelencia que explica la reputación y el crecimiento que hoy tenemos, a poco más de un año de creación de la firma.




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