Hay una paradoja que la profesión jurídica arrastra desde hace años y que nadie termina de resolver: las mujeres son mayoría en las aulas de Derecho y una proporción enorme entre quienes lo ejercen, pero cuando uno mira la mesa donde se toman las decisiones estratégicas, siguen siendo minoría. Mónica Mora y Luisa Fernanda Torres, presidenta y Young President de Women in a Legal World México, lo saben bien.
En esta conversación con LexLatin, a propósito de la llegada por primera vez a América Latina del Legal Leadership Development Program, que Women in a Legal World organiza junto a Harvard Law School Executive Education y que tendrá su primera edición regional del 26 al 30 de octubre de 2026 en la Ciudad de México, ambas hablan de esa brecha y de por qué la solución no pasa por dar cosas a las mujeres por ser mujeres, sino por potenciar un talento que ya existe.
Pero la entrevista va más allá del programa. Mora y Torres se meten en las preguntas que no siempre se plantean en voz alta: qué hacemos con las horas que la inteligencia artificial promete devolvernos, por qué la tecnología puede ser una aliada inesperada para las mujeres que lideran, y hasta dónde vale la pena sacrificar la vida personal en el altar del éxito profesional.
Con una franqueza que sorprende, se cuestionan a sí mismas, cuestionan a su generación y también a la que viene, y terminan lanzando una invitación que interpela por igual a mujeres y hombres: la de atreverse a poner en duda las propias creencias sobre lo que significa triunfar en el Derecho.
Lexlatin: Después de cuatro ediciones en Madrid, el programa cruza por primera vez el Atlántico y elige a la Ciudad de México como puerta de entrada a la región. ¿Qué tiene el momento actual de América Latina —y de México en particular— que volvió oportuno traerlo ahora? ¿Qué esperan que este programa cambie en la conversación regional sobre liderazgo jurídico femenino?
Mónica Mora (MM): Hay varias. La primera, y creo que puedo hablar por las mexicanas, es que cuando nos preguntan si hacemos algo, lo hacemos bien. Cuando me buscaron para llevar la presidencia de Women in a Legal World México, aun cuando no soy socia y soy más joven que todas las demás presidentas, yo dije: lo voy a hacer bien. Nos dimos primero a la tarea, Luisa y yo, de armar un plan de trabajo. El primer paso fue formar un consejo, e identificar a mujeres clave que nos pudieran ayudar, de todos los sectores: la que está en una universidad, la que está en una empresa, la que dirige una firma. Distintos perfiles y distintas edades.
En México, definitivamente, hay mucho interés. Nos pusimos a pensar por qué, y creo que es porque nosotras, más que otros países de la región, necesitamos esas herramientas. Este es un programa para toda América Latina, pero México es una jurisdicción estratégica, porque de verdad las necesitamos aquí. La generación anterior a Luisa y a mí, la que abrió la puerta para que hubiera socias en las firmas, la dejó entreabierta. A nosotras nos toca dar el empujón para que quede completamente abierta.
Y si hablamos de América Latina en general, el momento es muy particular. La región está viviendo una transformación en la profesión jurídica: hay más mujeres que nunca liderando direcciones jurídicas corporativas, hay cada vez más firmas que entienden que la diversidad no es un tema de imagen sino de competitividad, y al mismo tiempo los mercados se están sofisticando con operaciones cross-border que exigen equipos más diversos y con perspectivas distintas. Pero esa energía todavía no se traduce en una conversación articulada a nivel regional.
En Europa, Women in a Legal World ya logró construir esa narrativa común; en América Latina aún no existe un espacio que conecte a las abogadas de México con las de Colombia, de Brasil, de Argentina, y les diga: "Tenemos los mismos retos y podemos aprender unas de otras". Ese vacío es justamente lo que hace oportuno traer el programa ahora.
Y sobre lo que esperamos que cambie en la conversación regional: queremos que deje de ser una conversación país por país, aislada, donde cada quien enfrenta los mismos obstáculos como si fuera la primera vez. El programa busca crear una comunidad latinoamericana de mujeres líderes en el Derecho, que comparta experiencias, estrategias y contactos. Que una socia en Lima sepa que puede llamar a una directora jurídica en Ciudad de México porque se conocieron en Harvard, y viceversa. Eso cambia la conversación: ya no es las mujeres en mi firma o las mujeres en mi país, sino un movimiento regional con voz propia. Esa es la huella que queremos dejar desde esta primera edición.
Hay una paradoja que el programa no ignora: las mujeres son mayoría, o casi, entre quienes ejercen el Derecho, y entre quienes lo estudian ahora en la facultad. Sin embargo, siguen siendo minoría en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas. Desde su experiencia, ¿dónde exactamente se rompe ese recorrido, y qué puede hacer una formación como esta frente a barreras que muchas veces son estructurales y no de preparación?
MM: El programa ataca justamente ese tipo de problemas, porque nuestros tres pilares son visibilidad, networking y educación. En los rankings vemos que somos de los países con menos mujeres rankeadas, algo que ya es medible. Incluso algunos rankings tuvieron que poner medidas para forzar la inclusión de una mujer. Han tenido que hacer eso para empezar a visibilizar el talento femenino, porque en los demás países de América Latina hay más mujeres en firmas que han llegado a posiciones de liderazgo y tienen esa visibilidad.
Lamentablemente, seguimos invisibilizando el talento femenino. Pero, curiosamente, en México (y me atrevería a decir que en Latinoamérica) hay una tendencia: estas mujeres talentosas, que las hay y muchas, no dejan de trabajar; se hacen directoras jurídicas. Y esa es hoy una gran ventaja competitiva para nosotras. ¿Por qué? Porque si hay una directora jurídica, ella puede pedir que haya mujeres en el equipo que la atiende. Tiene la oportunidad de decir: "No me armes un equipo de puros hombres, mézclalo". Entonces las firmas empiezan a ver: "Me pidieron una mujer, me voy a llevar a Mónica a la junta"; y luego:"Mónica lo hizo muy bien, hay que seguirle dando asuntos". Y eso nos abre puertas.
¿Qué pasa con los hombres? "Fui al colegio con él, vamos a jugar golf"; y existe esa camaradería. Entre mujeres, en cambio, no; por lo menos a las mexicanas, nos educan distinto.
En muchos contextos, a las mujeres nos educan en que tienes que ser la más bonita, la más lista, la única, porque hay un solo lugar, y entonces compites y compites, mientras que los hombres tienden a construir redes de camaradería incluso cuando compiten entre sí. ¿Qué pasa entonces si nos conocemos todas y nos hacemos amigas? De esa pregunta nacieron todas estas iniciativas.
Y este tipo de programas te da esas herramientas: inteligencia artificial, marca personal, todo lo que necesitas para liderar. Está muy enfocado. Es más: como el perfil elegido es de mujeres de más de quince años de experiencia, vamos a tener hasta una clase sobre cómo los cambios hormonales en distintas etapas de la vida impactan el desempeño profesional, y cómo gestionarlos. Son temas que rara vez se abordan en el ámbito corporativo, pero que forman parte de la realidad de muchas profesionales y conocerlos te da una ventaja.
Esa misma lógica aplica a la comunidad: la camaradería que se construye en Women, y creo que las mujeres mexicanas y latinoamericanas tenemos que replicar, porque algo que nos hemos encontrado es que todas las que se han afiliado traen esas ganas de hacer comunidad, de decir: "Va, tú y yo hacemos lo mismo, pero aun así vamos a hacer esto para darte la visibilidad que necesitas".
Pero más allá de las herramientas individuales, el programa también apunta a lo estructural. Cuando tienes una masa crítica de mujeres formadas en liderazgo, con una red sólida y con visibilidad, empiezan a cambiar las dinámicas dentro de las organizaciones. Ya no es una sola mujer pidiendo que se revisen los criterios de promoción o que se mida el sesgo en la asignación de asuntos: son muchas, y se conocen, y se respaldan. Eso tiene un efecto multiplicador.
Las políticas de diversidad en las firmas muchas veces existen en el papel, pero no se ejecutan porque no hay quien las empuje desde adentro con la autoridad y la preparación suficientes. Este programa busca formar justamente a esas mujeres, las que van a llegar a la mesa donde se deciden las políticas y van a decir: “Esto hay que cambiarlo, y sé cómo”.
Marketing legal en México: la comunidad que impulsa la evolución del sector
En tu caso, Luisa, empezaste como pasante hace no tanto. Hay una labor de mentoría que es la que nos vuelve buenos abogados: uno no se vuelve buen abogado en la facultad, sino en la mentoría, haciendo lo que acá en México llaman la talacha. ¿Cómo ha sido tu experiencia con esa mentoría y ese respaldo que mencionaba Mónica, no solo en lo técnico, que se adquiere, sino en el apoyo colectivo que necesitas para saber que las puertas están abiertas, para saber que si quieres quedarte en una firma vas a ascender de forma equitativa con un hombre en circunstancias similares?
Luisa Fernanda Torres (LFT): Muchas otras asociaciones se centran más en mujeres líderes, pero aquí nos dan mucha visibilidad a las jóvenes. En Women in a Legal World he aprendido que no solo importa lo jurídico, sino las habilidades blandas. Con la inteligencia artificial, la talacha pasa a segundo plano: la redacción jurídica ya te la hace la herramienta. Pero la parte humana, tener conexiones, saber hacer networking, eso nadie te lo enseña, y mucho menos en un despacho. Nadie te da una clase sobre cómo negociar, por ejemplo.
Conocer mujeres es clave. Son herramientas que no se traducen solo en tengo el contacto, sino en preocuparte genuinamente por esa persona, conocerla, tener una buena conexión; y si además esa persona te puede ayudar a crecer, mejor: "Quiero hacer una maestría, le escribo a X a ver si me conecta"; "Tengo un asunto que es fiscal y Fulana es fiscalista". Ese tipo de conexiones personales hace toda la diferencia.
Y también me encanta el pilar de trabajar la mentalidad de las abogadas: cómo hacer que a una mujer joven no la veas como una amenaza, sino que te preguntes: "Yo ya soy exitosa, ¿cómo le transmito a esta abogada joven las herramientas que a mí me sirvieron?". A Mónica la eligieron para Women in a Legal World justo por eso, porque vieron que tenía esa chispa de querer ayudar a las mujeres, no solo un puesto.
A mí me fascina que te quieran incluir en cosas en las que no te incluirían si estuvieras en un lugar de puros hombres. Un ejemplo sencillo: ahora vamos a hacer un evento de verano con muchísimas directoras jurídicas y socias de despacho, y a ese evento van a ir hasta las pasantes que nos están ayudando en la asociación.
Yo lo pienso y me digo: "De pasante, a mí nadie me invitó a algo así, nadie me dijo: 'Vente para que conozcas mujeres´". Ese networking, esas puertas, nadie te las abre. Y no es solo para las jóvenes: el programa te da herramientas para competir en un medio donde a lo mejor otros no tienen formación en inteligencia artificial y tú sí. El mundo del derecho está cambiando, ¿y quién te da esas herramientas? Un programa que te enseñe cómo hacerlo, aterrizado además al liderazgo jurídico femenino. Te permite decir: "A lo mejor estoy en una carrera para ser socia con otras siete personas, pero yo tengo este programa donde me formaron en ESG y en inteligencia artificial, estoy súper capacitada en ese tema".
Liderazgo femenino: por qué el networking ya no es suficiente para las abogadas
Se estima que tres de cada cuatro líderes jurídicos creen que la IA generativa transformará sus organizaciones. Pero el programa no se plantea como un curso de tecnología, sino de liderazgo. ¿Por qué es importante convertir la irrupción de la inteligencia artificial en una oportunidad de liderazgo para las mujeres del sector, en lugar de tratarla solo como un desafío técnico más a resolver?
MM: Al final, la inteligencia artificial es una realidad. Cuando hablo con personas mayores que yo, me dicen que no confían. Pero antes, en un due diligence, te ibas a San Luis Potosí, a la planta, a ver las copias, los documentos escritos a mano, y luego regresabas, escaneabas, mandabas y hacías tu reporte.
Nosotros vamos a usar, y ya estamos usando, la inteligencia artificial en el día a día para la talacha. Pero ese componente de decir: "Esto está mal, esto está bien, hazle por aquí" hay que conocerlo, y hoy es una ventaja competitiva. El otro día cenaba con Legora, que es nuestro patrocinador, en un evento, y justo decían que ya no va a haber clientes que contraten firmas que no usen inteligencia artificial.
Son cosas que llegan para quedarse y para hacer más fácil el desarrollo de las personas. Y eso también nos va a dar un poco más de tiempo y de herramientas para plantearnos: "Quiero crear mi marca personal, ¿cómo hago que la inteligencia artificial me ayude y me de tips?". Es una herramienta que tenemos que utilizar.
Por eso es un rubro que ha estado en los programas de España y está en el nuestro. Y una mujer, sobre todo una mujer que además es madre, enfrenta una carga adicional; la IA puede ayudar a cualquier profesional a optimizar su tiempo, y para quienes compaginan con labores de cuidado y/o crianza con la práctica jurídica el impacto es todavía mayor. Nos ha hecho la vida más sencilla y nos la va a seguir haciendo. Si no tenemos herramientas, como el programa de Harvard, vamos a tardar más de cien años en llegar a la paridad en este sector.
LFT: Y otra parte importante es el factor humano. Lo más valioso de Harvard, además de la educación que te da, es la red que se forma. Se hace una comunidad, y lo hemos visto en las cuatro ediciones de España. Además de ser un programa enriquecedor, te conecta con mujeres de tu mismo perfil, una conexión que no sabías que necesitabas.
MM: Y justo por eso no lo tratamos como un tema técnico. La inteligencia artificial está redefiniendo cómo se lidera en el sector jurídico; y cada vez que hay una transformación así, se abre una oportunidad para quien la entienda primero. La IA democratiza el acceso a herramientas que antes dependían de tener un equipo grande o muchos años de carrera: hoy una abogada con dominio de la tecnología puede entregar resultados con una rapidez y una precisión que hablan por sí solas. Y cuando los resultados son medibles, es más difícil que te pasen por alto.
Pero lo más interesante para nosotras es lo que viene después: si la IA se encarga de la parte operativa, la revisión de documentos, el análisis de contratos, la talacha del día a día, te libera tiempo para invertir en lo que realmente te diferencia como líder, que son las habilidades blandas. Negociación, comunicación, construcción de relaciones, marca personal, pensamiento estratégico.
Esas son las competencias que te llevan a la mesa de decisiones, y son las que históricamente las mujeres hemos tenido menos espacio para desarrollar, no por falta de capacidad, sino de tiempo. La IA nos devuelve ese tiempo. Y el programa está diseñado justamente para eso: para que las mujeres que lo cursen usen esas horas recuperadas en potencializar las habilidades que las van a posicionar como líderes, no solo como buenas ejecutoras.
El programa entrega una certificación de Harvard, pero ustedes insisten en que el valor va más allá del certificado. Cuando esta primera generación de participantes regrese a sus firmas y departamentos legales, ¿en qué señales concretas les gustaría medir, dentro de unos años, que el programa realmente dejó huella y no fue solo una credencial más en el CV?
LFT: Es desafiante resumirlo, pero yo diría: un programa que dio las herramientas para afrontar el mundo que viene.
Algo que me fascina de Women in a Legal World es que no se trata de darle cosas a las mujeres por ser mujeres, sino de cómo potencializar el talento femenino. La verdadera huella es cómo nos potencializamos entre todas. Como decía Moni, hay mujeres que dirán: "La verdad no me interesa llegar a socia", "No quiero ser abogada, quiero tener un hijo y retirarme". Y perfecto, aquí no vamos a criticar lo que quieras hacer. Pero si una mujer dice: "Me fascina el networking, quiero llegar a socia, soy ambiciosa, ¿cómo me puedes ayudar?". Perfecto, le preguntaremos: ¿A qué te dedicas: derecho corporativo? Métete a este webinar, a este comité, viaja a esto. El programa trata de responder: ¿Cómo te doy las herramientas para potencializar tu talento?
MM: Y yo diría: un programa que me abrió las puertas que necesitaba, no solo con herramientas académicas, sino con la red que se formó. A mí me encantaría que el día de mañana alguien diga, como ya lo hemos visto en las ediciones de España: "Cambié de trabajo a algo mucho mejor, porque una de Harvard me recomendó". Eso me parece la mejor medida del programa exitoso.
Para terminar: ¿los hombres podemos aprender a incorporarnos a ese mundo en el que entendemos que la mujer lidera y pone el ejemplo o vamos a resistir, donde hay una crisis masculina fuerte, en parte por el éxito de las mujeres, con hombres que quedaron relegados, la soltería, los incels? ¿Nos adaptaremos a ese mundo más incluyente o lo resistiremos?
MM: También tenemos que evolucionar nosotras, porque el machismo se reproduce en la crianza, en la familia y en la cultura. Una madre, un padre, el entorno, todos participan. Si alguien va a tener hijos, tiene la responsabilidad de educarlos de otra manera, porque tanto hijos como hijas pueden reproducir actos de machismo. Tener esa conciencia social y quitarnos los sesgos es responsabilidad de cada una de nosotras. Va a haber resistencia, y no solo de hombres: también hay muchas mujeres que se resisten.
Cada quien tiene sus creencias, hay que respetarlas. Pero al final tenemos la obligación, y esto me gustaba mucho plantearlo en mi clase de deontología jurídica, no de cambiar tu opinión, sino de invitarte a cuestionar. Porque yo pensaba que a los dos años de trabajar iba a renunciar y casarme, que para qué una maestría en el extranjero si me iba a casar y tener hijos. Cuando te cuestionas y ves qué es lo que realmente crees, ahí empieza el cambio.
Y a los hombres les diría lo mismo: cuestiónense. Si te incomoda que una mujer lidere tu equipo, pregúntate por qué. Los hombres que ya están en posiciones de liderazgo tienen la capacidad de abrir espacios, de recomendar a una mujer para un consejo, de exigir equipos diversos. No se trata de resistir o adaptarse: se trata de ser parte activa del cambio.
Yo invitaría a quien lea este artículo a cuestionar sus creencias: "¿Por qué no quiero que esa mujer crezca?". En muchas firmas nos han dicho: "Esa mujer es muy mandona". ¿Por qué piensas que es mandona? Y cuando te cuestionas, dices: "Es mandona igual que el hombre". Ah, entonces a lo mejor la mujer es asertiva. El tema es cuestionarnos. Como asociación, el primer paso es ese, y dar herramientas para que nos cuestionemos, nos eduquemos, seamos visibles, hagamos networking. Va desde referir un cliente: "Tengo un hombre y una mujer, ¿por qué no se lo daría a la mujer?". Un liderazgo mucho más incluyente, el que ejercen las mujeres.
(El plazo para inscribirse en el programa se ha ampliado: consulta toda la información aquí)








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