
En los últimos dos o tres años llevamos leyendo y escuchando en medios y redes sociales que algunas empresas y corporaciones, de todas características, incluyendo empresas transnacionales, han decidido suspender definitivamente la implementación de políticas, prácticas y procedimientos que buscan promover la diversidad, equidad e inclusión (DEI). Es decir, estas empresas ya no van a tener como objetivo el crear entornos que reduzcan las brechas y actos discriminatorios que aún persisten respecto del origen, sexo, género, raza, edad, orientación sexual y habilidades de las personas, entre otras características.
Esta decisión es resultado de varias situaciones. Por un lado, observamos la sentencia de la Suprema Corte de los Estados Unidos que determinó que las acciones afirmativas establecidas por universidades resultaban inconstitucionales, por ser discriminatorias. Esta decisión del tribunal constitucional, integrado en su mayoría por ministros conservadores, protegió a personas que históricamente no se habían considerado como sujetos de discriminación por las razones arriba señaladas. Como resultado de dicha sentencia se han instaurado más de 68 acciones judiciales que han cuestionado las políticas DEI.
Por otro, declaraciones hechas por organismos que buscan impactar en las políticas públicas y sociales, como el National Center for Public Policy Research, sostienen que las políticas DEI podrían escalar o incrementar las hostilidades y las discriminaciones en los lugares de trabajo.
En épocas recientes, con la llegada de gobernantes provenientes de partidos conservadores, estamos viendo políticas públicas de rechazo contundente de la implementación de políticas DEI desde el orden estatal, así como la promoción, desde las instituciones públicas, de la no continuidad de las políticas DEI en el sector privado. Esto ha sucedido en países como Estados Unidos de América, Argentina, Hungría, Italia y otros más.
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Estas circunstancias nos invitan a reflexionar sobre las razones por las que se está dejando de reconocer o aceptar que muchas personas sean discriminadas de manera consistente y continúa, simplemente por razón de su origen, sexo, género, raza, edad, orientación sexual y habilidades.
Es entendible que ciertas personas o grupos de personas consideren que las políticas DEI las discriminan al permitir que dentro de una organización se prefiera a quien ha sido sujeto de discriminación. Sin embargo, me pregunto si de manera objetiva puede haber discriminación entre personas que no están en circunstancias iguales.
Todo lo que queda por hacer
Durante varios siglos, las mujeres fueron y continúan siendo discriminadas por el simple hecho de ser mujeres. Las mujeres no tenían reconocidos sus derechos políticos, económicos, sociales ni familiares, como sí los tenían reconocidos los hombres. Esa falta de reconocimiento colocó a las mujeres en una posición de sometimiento con los hombres, ya que, al no tener esos derechos de forma legal, eran dependientes de uno o más hombres. Si bien, legalmente, en muchos países, se reconoce la igualdad de todas las personas, independientemente de su sexo, culturalmente, las mujeres siguen siendo discriminadas y violentadas por el hecho de ser mujeres.
No ha sido suficiente el reconocimiento en la letra de las leyes de la igualdad entre las personas, todavía hay que cambiar las preconcepciones culturales que se viven en muchos lugares, incluyendo todo tipo de organizaciones, desde los hogares, las escuelas y las redes sociales, y hasta en la inteligencia artificial que se alimenta de información discriminatoria que existe en el internet.
Continuamos viviendo en un mundo donde las mujeres se enfrentan a situaciones violentas todos los días, en la mayoría de los casos, infringida por un hombre que es su pareja, un pariente o persona cercana. A estas mujeres les es imposible o les cuesta escapar de esos contextos porque no encuentran oportunidades para salir adelante. No reciben un salario igual por trabajo igual, y en muchos de los lugares donde trabajan son víctimas de discriminación, acoso y violencia.
¿Nos parece razonable que hoy existan organizaciones privadas y públicas que no reconozcan estas circunstancias respecto de las mujeres y que decidan no establecer ni implementar políticas que generen lugares de trabajo seguros para ellas?, ¿no es razonable acaso que las mujeres reciban el mismo sueldo que los hombres por trabajo igual?, ¿es razonable que no sean consideradas para una promoción porque son madres y, en muchos, son casos las encargadas de cuidar a menores, personas enfermas y mayores de edad? La misma razón aplica para personas que son discriminadas por su preferencia sexual, raza, religión, capacidades diferentes.
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