A los 15 años, Diomedes Santos buscaba un espacio para crecer. Estudiaba en un colegio público y participaba en concursos, sin imaginar que un taller de Ciudadanía Responsable definiría su vocación. La pregunta que escuchó entonces —“¿Qué problema ves en tu comunidad y qué harías para resolverlo?”— lo impulsó a verse a sí mismo como un agente de transformación. Ese ejercicio lo llevó a diseñar su primer proyecto comunitario, organizar la primera competencia de debate en Panamá Oeste y, más tarde, ganar el Concurso Nacional de Oratoria.
Hoy, con 23 años, trabaja como analista en el Ministerio de Economía. Su trayectoria refleja solo una de las muchas historias que muestran el impacto de Fundamorgan, brazo social de Morgan & Morgan. A lo largo de un cuarto de siglo, la organización fomentó una ciudadanía activa y abrió oportunidades para que jóvenes de contextos diversos fortalecieran habilidades, lideraran iniciativas y aportaran a sus comunidades. Su efecto también se evidencia en mujeres que accedieron a procesos legales que no habrían podido asumir sin un especialista.
En un contexto regional donde más firmas jurídicas adoptan prácticas de responsabilidad social estructuradas, Fundamorgan destaca por sostener un modelo integral que vincula la práctica legal con la acción comunitaria de forma continua y estratégica.
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Un modelo construido desde la vocación jurídica
Creada en el año 2000 como homenaje a Eduardo Morgan Álvarez —abogado autodidacta y defensor del Estado de derecho—, la fundación nació con el propósito de acercar el estudio del derecho a jóvenes de escasos recursos. Con el tiempo, amplió y perfeccionó su estructura hasta consolidar dos líneas estratégicas: Acceso a la Justicia y Educación en Ciudadanía, ambas alineadas con la práctica jurídica de Morgan & Morgan y su política de sostenibilidad.
Según Marina Pérez, directora ejecutiva de Fundamorgan, la organización actúa con la convicción de que la justicia y los derechos humanos no deben convertirse en un privilegio. Esta visión permitió acumular, en 25 años, miles de atenciones legales, más de 23.000 jóvenes formados en ciudadanía responsable y becas para estudiantes sobresalientes de Derecho en Panamá.
“Su propósito inicial era promover el estudio del Derecho entre estudiantes con recursos limitados y brindar asistencia legal y económica a organizaciones sin fines de lucro. Durante estos 25 años, el modelo de financiamiento de Fundamorgan se ha basado principalmente en los aportes de los socios de Morgan & Morgan y las diferentes empresas relacionadas. Adicionalmente, la Fundación ha recibido subsidios estatales destinados al programa de asistencia legal. Asimismo, se gestionan subvenciones y se establecen alianzas estratégicas con diversas fundaciones y empresas, lo que ha permitido ampliar el alcance de nuestras iniciativas y potenciar su impacto social”, recuerda Camila de Vengoechea, VPA de Sostenibilidad y miembro de la JD de Fundamorgan.
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Acceso a la justicia para mujeres
El Programa de Asistencia Legal Comunitaria constituye uno de los aportes más relevantes de la fundación y una política clave dentro de la firma. El programa ofrece asesoría y representación legal gratuita a mujeres sobrevivientes de violencia doméstica en procesos penales y de familia, con un equipo especializado que atiende principalmente a mujeres con ingresos inferiores a B/.800 mensuales.
En 25 años, gestionó más de 3.800 procesos legales y brindó más de 8.990 orientaciones a personas de escasos recursos. Asimismo, desarrolló actividades de sensibilización que alcanzaron a más de 18.000 personas en materia de prevención de violencia de género. Este enfoque integral ahora incorpora iniciativas de Generación de Medios de Vida que buscan fortalecer la autonomía económica de las beneficiarias.
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Educación ciudadana y sostenibilidad jurídica
La segunda línea estratégica, Educación en Ciudadanía, también alcanzó una escala significativa. Desde 2014, el Programa de Ciudadanía Responsable formó a más de 23.000 jóvenes en derechos humanos y valores democráticos, mediante más de 920 talleres. A esto se suma la Beca “Eduardo Morgan Álvarez”, que apoyó a más de 40 estudiantes destacados de Derecho.
De manera complementaria, el Programa Pro Bono que desarrollan los abogados de Morgan & Morgan representa otro pilar de impacto. Desde 2011, la firma destinó más de 17.000 horas legales gratuitas a organizaciones sociales y proyectos de interés público. Es la primera firma panameña que firmó la Declaración Pro Bono de las Américas (2011) y acumula 12 años consecutivos como “Leading Lights” en la región.
“Como empresa, Morgan & Morgan mantiene un fuerte compromiso con el desarrollo social y el acceso a la justicia, no solo a través de Fundamorgan, sino con otros compromisos que ha ido adquiriendo en el tiempo. Morgan & Morgan se adhirió al Pacto Global de las Naciones Unidas en 2002, fue la primera empresa panameña firmante de la Declaración Pro-Bono de las Américas en 2011. Los socios son mentores de los becarios de la fundación, que está comprometida con los principios de Empoderamiento de la Mujer de ONU Mujeres, entre otros”, remarca Yurisel Quintero, sub-gerente de programas comunitarios de Fundamorgan.
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Una mirada regional
¿Cómo se compara Fundamorgan con iniciativas similares en América Latina? De acuerdo con Marina Pérez, muchas firmas de la región desarrollan programas centrados en donaciones o voluntariado aislado, mientras que Fundamorgan opera con ejes temáticos claros, métricas definidas y una articulación directa con la práctica jurídica de la firma.
“En comparación con firmas de la región que cuentan con programas de responsabilidad social empresarial centrados en donaciones puntuales o voluntariado interno, la labor de Fundamorgan se distingue al contar con ejes temáticos estratégicos y sustentada con indicadores claros... Esta estrategia incluye iniciativas ambientales, para colaboradores y de gobernanza incluyendo políticas (medio ambiente, de diversidad, entre otras) que refuerzan el compromiso de la firma comparado con otras que quizás ejecutan acciones más atomizadas o menos vinculadas al negocio”, sostiene Marina Pérez.
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El camino hacia una acción social sostenible
¿Qué aconsejan a las firmas que desean institucionalizar su responsabilidad social? Camila De Vengoechea señala que el punto de partida es reconocer que el éxito empresarial no puede darse en contextos sociales debilitados. Las firmas son un reflejo directo de su entorno y, por ello, requieren estrategias de sostenibilidad que incluyan a todos sus grupos de interés: colaboradores, clientes, proveedores, comunidades y autoridades.
El recorrido de Fundamorgan durante un cuarto de siglo confirma que el compromiso social no debe limitarse a acciones aisladas, sino transformarse en una estructura sostenida y alineada con la misión jurídica social de la firma.




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