REPORTAJES


Los Xennials: ¿Nacidos para dirigir?

Quizás sea por una fijación innata del ser humano o por un reciente ‘virus’ contagiado por las redes sociales, pero lo cierto es que etiquetarlo todo se ha convertido casi en una obsesión, especialmente cuando hablamos de personas. Según su nivel económico, su profesión, su estilo de vestir, su procedencia y hasta su edad.

No es que nunca se hubiera usado el término treintañero, cincuentón, o hablado de una franja de edad con un nombre concreto —ahí parecen haber estado eternamente los Baby Boomers. Sin embargo, parece que los hashtags constantes nos han llevado a referirnos cada vez más a las generaciones por un nombre y a usar este nombre como definitorio de la personalidad de millones de nacidos en esa franja temporal.

Los nombres generacionales ya no son cosa de los libros de historia sino que están en las noticias, en la calle y sí, en las entrevistas de trabajo y despachos de abogados. 

El nacimiento de los Xennials

Probablemente, muchos de nuestros lectores no conozcan este término. No en vano se dice de los Xennials, en tono de broma, que es la generación que ha llegado tarde a su propio nombre. Y es que llevamos años hablando de los Millennials como los jóvenes nativos digitales nacidos ya en la era de la tecnología. En 2014, Sarah Stankorb fue una de las primeras en plantearse que existía una franja de adultos que no se sentían identificados en las generaciones ya existentes. ¿Cómo es posible que saltáramos desde la Generación X —predominantemente analógica— a los Millennials sin un paso intermedio? Ese paso intermedio, de personas que tuvieron una niñez analógica, pero que por su edad se adaptaron sin problemas a la era online, es justo lo que representan los Xennials.

Se podrían definir los Xennials como los nacidos entre 1977 y 1983. Aunque en realidad, y a pesar de ser una generación, lo que los define no es tanto su año de nacimiento sino su experiencia vital en relación a la evolución de la tecnología. Los Xennials han visto cómo su mundo analógico se hacía trizas con el despertar del mundo digital. Y no solo eso, sino que han sobrevivido a ese salto y han crecido profesionalmente en la era de los ordenadores y la conectividad.

Para el Doctor Marco Alarcón –socio de Echecopar y parte del Comité de Gestión de Talento de la firma— esa vivencia les ha otorgado una de sus mayores ventajas: la adaptabilidad. “La ventaja de los Xennials es haber vivido esos cambios en la tecnología porque esto les ha acostumbrado a ser flexibles y poder adaptarse más al cambio, que creo que es una ventaja frente a los Millennials y a la Generación X”, dice.

De ahí han desarrollado una “gran tolerancia a la frustración”, reconoce el Dr. Alarcón que, aunque sabe que un grupo así no es homogéneo en características o cualidades: “según lo que veo en la oficina, creo que una desventaja de los Millennials es la rápida frustración cuando algo no les funciona bien; están muy acostumbrados a la facilidad que les viene dada de la tecnología”.

Por eso, para él, lo mejor al crear sus equipos de trabajo es “la mezcla de varias generaciones; esto acaba dando un resultado positivo, donde las faltas de unos son compensadas por las fortalezas de otros y creo que ayuda a que el equipo se complemente, funcione mejor y se consiga un mejor trabajo”. Algo que apoyan con capacitaciones internas continuas en temas de tecnología y ciberseguridad, para que todos los miembros del equipo sigan actualizados.

Xennials y tecnología en el sector legal

El socio de Von Wobeser & Sierra, Diego Sierra, acepta la importancia de la tecnología en el entorno legal, pero “aunque las TICS son una herramienta excelente para desarrollar el conocimiento, considero que nunca van a poder sustituir el intelecto humano”. Por eso, a la hora de formar un equipo, “no busco conformar un equipo multigeneracional, sino un equipo basado en distintas características y aptitudes que enriquezcan el equipo; sí existen diferencias generacionales entre los miembros del equipo, pero más que dificultades, son virtudes”.  

Concuerda con esta idea Luciana Tornovsky, socia de Demarest Advogados, y Xennial. “En las firmas, la experiencia seguirá contando más que las habilidades digitales en muchas situaciones. Dicho esto, es un gran error creer que la experiencia por sí misma será suficiente e ignorar la necesidad de ponerse al día con las tecnologías”.

Tornovsky prefiere centrarse en lo que la tecnología les puede aportar. Y no solo lo dice como instrumento para el desarrollo de la profesión, sino “debido al rol crucial que las habilidades digitales van a jugar en la comprensión y resolución de los problemas de los clientes”. No hay más que ver el auge de la práctica legal en referencia al entorno digital.

En junio de este año, Microsoft España y la división Legal & Regulatory de Wolters Kluwer España celebraron un encuentro con abogados para analizar las claves para afrontar la transformación digital en las firmas legales. Allí, Helena Pons-Charlet, responsable de la Unidad de Delitos Digitales (DCU) de Microsoft EMEA, destacaba que, acorde a las previsiones del Informe McKinsey, “la ciberseguridad tendrá un valor de más de tres trillones de dólares (2.500 millones de euros) en 2020”.

Pero ¿esta necesidad de digitalización de los profesionales significa que los Millennials dominarán la profesión cuando alcancen la experiencia suficiente? Para Luciana, no. Cree que los Xennials son capaces de conectar con ambas generaciones con las que comparten este tiempo y se muestra totalmente contraria a la opinión de algunosque consideran que los Xennials han nacido para ser ‘eternos empleados’ y nunca jefes, superados por los Millennials. “Los Millennials necesitan construir su carrera y obtener experiencia antes de convertirse en jefes. No es suficiente tener una gran capacidad tecnológica”.

Sí es consciente de que la evolución no se detiene. E igual que los pertenecientes a la Generación X que no se adapten al mundo actual “serán gradualmente expulsados y reemplazados por generaciones más jóvenes, capaces de comunicarse más eficazmente”, lo mismo les sucederá a las siguientes generaciones cuando surjan profesionales aún más jóvenes, con sus propias características únicas”.

Mientras esto no suceda, Luciana vive en el presente. No hay más que mirar su bufete para comprobarlo. Demarest es una firma joven con un gran porcentaje de socios y socias que caen dentro de la categoría Xennial a los que les gusta apostar por las herramientas tecnológicas. “Usamos Skype for Business para conectarnos internamente, como con clientes”, lo que les permite facilitar el contacto y agilizar la agenda, así como compartir documentos. “Invertimos mucho en tecnología y nuestros softwares son muy avanzados, como SAP para cuestiones financieras”. Todo esto les permite trabajar desde cualquier sitio tan solo con tener acceso a Internet. “Es muy diferente a cómo nuestros padres solían trabajar”.

Precisamente de este mundo pre-digital habla con algo de nostalgia el Dr Alarcón.

Estoy en el estudio Echecopar desde que era practicante. Y recuerdo que, cuando entré a la oficina, éramos un grupo pequeño con una sola computadora. Era el inicio de los años 90. Usábamos aún máquinas de escribir, aunque eléctricas. Pero no recuerdo rechazo al cambio por parte de los abogados mayores, sino más bien una suerte de expectativas positivas sobre lo que se venía y lo que podía implicar esto en ahorro de tiempo, de eficiencia… de cara al trabajo.

Décadas después, esas expectativas se han hecho realidad.

Un poco de contexto: Xennials y #etiquetas

Lo bueno —y malo— de la época en que vivimos es que –casi- todo queda registrado de una u otra forma. Y no iba a ser distinto con el nacimiento del término Xennials, que data de 2014 de la mano de Sarah Stankorb.

“La idea general de una generación de puente ha existido desde 2011 aproximadamente, y el nombre “Xennial” desde 2014”, dice Dan Woodman, un sociólogo australiano y Profesor de Sociología en la Universidad de Melbourne que se ha hecho conocido por popularizar el concepto –“sin querer”, según afirma- tras una entrevista en la que analizaba en detenimiento a los Xennials.

Durante años, ha analizado las generaciones predominantes hoy en día en su país y cómo transitan de la juventud a la edad adulta. Por eso, reflexiona: “Hay algo de cierto en hablar de estas generaciones como grupos, porque es cierto que estamos modelados por el tiempo en que vivimos. Pero también hay etiquetas borrosas, homogeneizantes, que juegan con la desigualdad y que, a menudo, funcionan como desagradables estereotipos”, critica.

Woodman reconoce que hacer afirmaciones sobre generaciones enteras como si de un solo individuo se tratara es una tentación y tiene “ciertas pruebas que las sostienen” pero, a la vez, insiste: “Ninguna generación debe ser caracterizada como si tuviera un único tipo de personalidad, con un solo conjunto de disposiciones y actitudes. Decir “los Millennials son narcisistas” puede sostenerse en ciertas evidencias, pero es una generalización criticada con frecuencia por centrarse demasiado en pequeños cambios promedio y convertirlos en rasgos que definen grupos enteros, ignorando en cambio otras cuestiones más significativas”. Y alerta: “Necesitamos mantener una cierta dosis de escepticismo hacia los que definen generaciones y tendencias”, afirma, a pesar de ser él uno de ellos.

Considera que para que un relato sociológico sobre las generaciones sea convincente, debe cumplir tres requisitos: “Especificar las condiciones sociales que han cambiado en relación con las generaciones anteriores y que tendrán efectos en la etapa adulta; identificar las múltiples formas en que la gente responde a dichas condiciones; y mostrar cómo la generación no es homogénea”. Ante lo que subraya que el término Xennials aún no cumple con estos criterios. “Estamos ante una generación en construcción, aunque ya ha sido sobrepasada por su descendiente Millennial, cuyo término ya tiene toda una trayectoria vital a sus espaldas”.

¿Por qué, entonces, le presta atención y difunde estas teorías sociológicas? Sencillo. Su enfoque es “usar el concepto de generaciones para meditar sobre cómo las desigualdades (por clase, raza, género, etc.) se están construyendo de nuevo en estos tiempos cambiantes”. Es decir, cómo repetimos una y otra vez la creación de diferentes etiquetas sociales asociadas a un valor, nos esforzamos por marcar quién está por encima de quién en la sociedad y, en muchas ocasiones, lo planteamos como nuevas ideas que solo son refritos de décadas anteriores.

Woodman cita a la socióloga estadounidense Barbara Risman, quien hace un análisis de la perspectiva de género en las nuevas generaciones. “Ella muestra que las actitudes han cambiado rápidamente; pero hay mucha variación, desde los rebeldes que rechazan cualquier diferencia entre géneros hasta los nuevos conservadores Millennials que retoman conceptos tradicionales”.

Entonces ¿estamos condenados a repetirnos a pesar de que todo a nuestro alrededor evolucione?


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