REPORTAJES


¿El fin del milagro colombiano?

La firma del acuerdo de paz en Colombia parece inminente. Esto ha traído una serie de consecuencias en la economía del país que, junto con las condiciones macroeconómicas actuales, podrían significar el fin del milagro colombiano.

Tras casi sesenta años del inicio del pulso entre las FARC y el Gobierno colombiano, todo apunta a que será en 2016 cuando definitivamente se firme el acuerdo de paz. Este es uno de los ingredientes que, junto con la coyuntura económica internacional, el precio del petróleo, la ausencia del país en el TPP, y la devaluación del peso, sitúan a Colombia en un punto relevante de su historia.

Aunque durante los últimos 25 años el país ha consolidado notables transformaciones en materia de crecimiento económico, en disminución de la pobreza, reducción de la inseguridad y promoción de políticas para mejorar la infraestructura, el empleo, la educación, la salud y el comercio exterior, el país afronta una encrucijada decisiva para poder consolidar lo que algunos llaman ‘el milagro colombiano’.

Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), durante el tercer trimestre de 2015, Colombia tuvo un crecimiento del PIB de 2,8%; lo que evidencia una desaceleración de la economía con respecto a años anteriores. Curiosamente, aunque Colombia no registraba un crecimiento tan bajo desde el primer trimestre de 2013, continúa siendo el país con mayor crecimiento de América Latina.

Carlos Urrutia, socio de Brigard & Urrutia

Carlos Urrutia, socio de Brigard & Urrutia

A pesar del panorama general que presentan las cifras oficiales, los juristas son, cuanto menos, optimistas. Carlos Urrutia, socio de Brigard & Urrutia y ex embajador de Colombia en Estados Unidos, afirma: “Yo no diría que hoy la situación es peor que hace unos años. Colombia está pasando por una situación más de desaceleración de la economía pero no es un estancamiento ni es una recesión siquiera. El problema tiene que ver con que Colombia entre 2005-2009 aumentó su producción de petróleo y minería; fundamentalmente, pasó de producir 530.000 barriles diarios de petróleo a 1 millón de barriles diarios y de 60 o 70 millones toneladas de carbón a cerca de 100 millones de toneladas. Y eso trajo unos ingresos fiscales muy importantes. Las finanzas públicas recibieron un empujón enorme durante esos años proveniente no solo de regalías de las empresas sino también de los impuestos sobre la renta que pagan las empresas petroleras, empezando por Ecopetrol, de la que el Estado es el principal accionista”.

Aclara que: “Eso no quiere decir que sea todo color de rosa. Pero el desempeño económico es bastante mejor que el resto de países de la región con muy pocas excepciones; tal vez la única sea Panamá”.

José Luis Suárez-Parra, de Gómez Pinzón Zuleta Abogados

José Luis Suárez-Parra, socio de Gómez-Pinzón Zuleta Abogados

A su vez, José Luis Suárez-Parra, de Gómez-Pinzón Zuleta Abogados, opina: “Hemos tenido un crecimiento constante en los últimos 10-15 años que ha permitido, primero, modernizar la economía en todos los aspectos y, segundo, un crecimiento muy importante de la clase media, que ha hecho posible que un porcentaje importante de la población salga de la pobreza. Quizás uno de los problemas más grandes de Colombia es la falta de equidad”.

Suárez-Parra está de acuerdo en que la desaceleración económica actual “se debe al ajuste que han tenido los precios del petróleo y, por otro lado, a la devaluación del peso durante los últimos 18 meses -consecuencia de que los ingresos del país en dólares eran en gran parte originados por el petróleo-”. Y reconoce: “Sin ser un país realmente petrolero, nos habíamos creído que lo éramos y los ingresos de ese sector empezaron a ser muy importantes para el país, por lo que la caída del precio del crudo tiene que tener un efecto sobre la economía, como estamos viendo.”

Considera que Colombia está en un momento de ajuste, pero que la economía es sólida y que, como contrapeso a esa desaceleración, “hemos visto el plan más agresivo de los últimos 50 años en términos de infraestructuras.” Así, opina que “la apuesta tiene que ser a la diversificación en otros productos e industrias que lentamente vayan sustituyendo los ingresos petroleros. No podemos creer que somos un país petrolero porque no lo somos”.

Sobre el futuro de la industria petrolera, Urrutia introduce un factor relevante a la hora de plantearse cómo apoyar al sector: el cambio climático. “Colombia no está contenta con que su sector externo dependa en tan alto grado del petróleo y la minería. El énfasis que viene de aquí en adelante será para las energías limpias y renovables; de manera que a largo plazo los combustibles fósiles no tienen mucho futuro”.

Martín Acero, jurista de Philippi Prietocarrizosa & Uría Abogados

Martín Acero, socio de Philippi Prietocarrizosa & Uría Abogados

Por su parte, Martín Acero, socio en Philippi Prietocarrizosa & Uría, admite que “la economía está peor que hace unos años y no es un secreto. Hay mucha entidades internacionales y organizaciones que han mostrado que hay una desaceleración de la economía en general en Latinoamérica. Y ha empezado por Brasil, que para mi es la China de este lado del mundo, porque lo que le pasa a Brasil, influye a lo que nos pase al resto de países de la región”. A pesar de ello, vaticina un 2016 “complejo aunque similar a este año; no va a haber recesión aunque sí puede que la economía se resienta hasta 2017 por todo lo que está ocurriendo internacionalmente”.

Mientras, Suárez-Parra insiste: “No creo que la economía esté peor que hace 25 años. Pero sí creo que este fue el primero de unos años de ajustes que están por venir. Y, como consecuencia de la caída de los precios del petróleo, tendremos que irlo compensando con otros ingresos de divisas que son más lentos de desarrollar”.

Para Suárez-Parra, la industria local se beneficia de esa situación: “Se ha vuelto más competitiva, simplemente como consecuencia de la tasa de cambio actual. Y creo que se seguirá produciendo un efecto de sustitución de importaciones en el medio plazo”.

Los beneficios de la paz

En 2016, se planea la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno. Desde que se iniciaron formalmente las conversaciones en el verano de 2012, se han alcanzado acuerdos sobre cuatro de los seis puntos puestos en agenda. Quedan pendientes dos: el fin del conflicto y el desarme, y los mecanismos de refrendación, implementación, y verificación de los acuerdos.

Sin embargo, ya se están planteando las consecuencias económicas del mismo. El informe Dividendos económicos de la paz del Departamento Nacional de Planeación asegura que la firma de ese acuerdo permitiría triplicar la inversión extranjera directa en el país. Pero tanto Suárez como Urrutia y Acero tildan este documento de “exagerado.”

Para Urrutia “el documento dice que los dividendos serán más inmediatos de lo que la gente esperaría. Sí pienso que va a haber dividendos de la paz -y uno ellos será motivar a la gente a invertir en lugares que estaban fuera del radar de los inversionistas- pero probablemente no de manera tan inmediata como dice el informe.”

El exembajador colombiano pinta un 2016 con “igual desempeño económico que 2015” y cree que “la industria de la construcción sigue generando mucho empleo y va a ser la palanca que va a sostener el ritmo de la economía”.

Para Suárez-Parra, “Colombia pasa por una encrucijada por todos los costos que va a traer el proceso de Paz y cómo lo vamos a financiar. Y con una tasa impositiva corporativa que creo que no resiste más ajuste. Por ello, creo que el país va a tener que aumentar los impuestos en el futuro pero creo que va más por el lado de aumentar la base de personas que tributan, más que aumentar las tasas a los que ya hoy en día pagan”. Y añadió: “El verdadero mal de nuestra economía es el gran despilfarro y corrupción”.

Acero sí reconoce que la paz traerá un crecimiento “de aproximadamente un 1,5%” lo que “va a implicar un desarrollo rural y de infraestructuras y eso quiere decir políticas que generan empleo. Pero eso hay que acompañarlo con medidas que promuevan la inversión y eso tiene que ver con los impuestos, que en Colombia están muy altos. El Gobierno tiene en la cabeza hacer una reforma tributaria que permita de alguna manera racionalizar y promover la inversión”.

El mercado legal en 2016

El socio de Brigard & Urrutia se muestra ilusionado con las perspectivas de la firma. “Están llegando firmas extranjeras y no nos preocupa; pensamos que eso le da mayor dinamismo al mercado legal y que contribuye a subir el nivel de las firmas locales. Creemos que la estrategia para nosotros es trabajar con nuestros clientes tradicionales y tener relaciones estrechas con las firmas globales sin estar casados con ninguna firma en particular. Le damos mucho valor a la independencia como firma y a la ilusión de tener relaciones de colaboración comercial con todas las firmas importantes en los centros financieros en Europa, EEUU, Asia e incluso en la región”.

También ha sido un buen año para Philippi Prietocarrizosa & Uría, que en 2015 concretó la fusión entre la española Uría Menéndez, el estudio chileno Philippi, Yrarrázaval, Pulido & Brunner, y la firma colombiana Prietocarrizosa. “Nuestra fusión ha implicado un esfuerzo gigante de institucionalización para crear una sola firma. Esperábamos resultados buenos este año, pero han sido espectaculares”, indica Acero.

En su opinión, “Lo que está ocurriendo en el mercado legal es una depuración. Y quienes tienen mejores posibilidades de sobrevivir son quienes se adaptan a los cambios. El mercado legal local implica una serie de desafíos de modificar sus nichos, reorganizar sus estructuras y reinventarse para competir en un mercado cada vez más difícil y en un entorno económico que no es el más favorable”.

Y, aunque José Luis Suárez-Parra también mira con esperanza el 2016, afirma que: “Vendrán unos años de ajuste y es difícil seguir creciendo a ese ritmo. Pero yo soy muy positivo. En 2016 lo tendremos un poco más difícil pero habrá tiempo de hacer muchas cosas; y, afortunada o desafortunadamente, cuando se quieren hacer cosas, se necesita a los abogados,” bromea.


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Un comentario

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  1. Alvaro Ramirez Bonilla
    Ene 28, 2016 - 03:52 PM

    La economía colombiana históricamente no ha sido petrolera y siempre ha tenido un crecimiento muy estable.
    En la última década los elevados precios del petróleo y las materias primas junto con una mayor percepción de seguridad y una mayor bancarización permitieron un flujo importante de dólares. Sin embargo, la enfermedad holandesa no tardó en aparecer. Esa gran cantidad de dólares hizo que fuera más barato importar que producir localmente así que hubo una gran cantidad de importaciones y una caída de la producción nacional. Esto no era grave porque al haber ingresos petroleros y un gobierno irresponsable con el gasto empezó la feria del consumo. Porciones importantes de la población tuvieron acceso a productos a los que nunca antes habían tenido acceso. Una fiesta total.
    Ahora viene la resaca. Seguramente será un despertar un poco duro. Los colombianos están descubriendo que no eran tan ricos como creyeron por un momento. Sin embargo, la fortaleza de Colombia no está en el petróleo sino en la voluntad de su gente. Apenas se reajuste el mercado Colombia seguirá su senda de crecimiento.

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