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"Emular a un enjambre de abejas no es siempre la mejor idea", Jaime Fernández Madero / Bigstock

Sobre colmenas, escisiones y liderazgo

El modelo de organización de las abejas en una colmena sirve para hacer un interesante análisis del manejo de firmas de abogados
por Jaime Fernández Madero
publicado el26/10/2018
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“O abelha rainha, faz de mim um instrumento de teu prazer, sim, e de tua gloria”. Mel, Maria Bethânia.


 

Una de las cosas que me motivó a seguir estudiando la gestión en firmas de abogados fue intentar comprender por qué los mercados legales en Latinoamérica son tan inestables. Cuando comencé como abogado en los años 80, había firmas líderes en Argentina. Tras 20 años, el escenario ha cambiado dramáticamente. Desde una perspectiva puramente de mercado, podría decirse que las escisiones (así como las fusiones) son consecuencia de las necesidades del mercado y las oportunidades, por lo que no tienen nada de inapropiado.

Lo cierto es que para muchas firmas una escisión no es consecuencia de decisiones estratégicas y frías, sino de luchas internas e impulsos egoístas, que producen dolores de cabeza y perturbaciones para los despachos involucrados y para los clientes. Más allá del típico comunicado de prensa divulgado por los socios durante las escisiones - donde la calidad de servicio y el interés de los clientes parecen ser los principales motivadores - es obvio que un número significativo de estas separaciones no son causadas por el mercado o por requerimientos de los clientes. Además, en muchos casos hacen la vida más difícil a todas las partes involucradas. Cuando uno mira hacia cualquier mercado legal en América Latina, se encuentra con que las fusiones o consolidaciones son poco comunes (dejando de lado las contrataciones laterales, que son otra cosa). Las separaciones, sin embargo, son bastante habituales. En mercados como México se han convertido en una especie de deporte nacional del que a los abogados mexicanos les gusta reírse. Entonces, separarse es algo que a los abogados les gusta hacer de vez en cuando, aunque tengan percepciones negativas al respecto.

Me he encariñado con las abejas y las colmenas como modelo organizacional desde que David Maister las usara para describir a los abogados y las firmas que están dispuestos a trabajar como un equipo e invertir a largo plazo. Parecen ser estables y trabajar mucho por el bienestar de la comunidad. Recientemente tuve la oportunidad de aprender más acerca de las abejas y sus colmenas en una conversación con un apicultor. Lo que me impactó particularmente (quizás me llevé una desilusión) fue descubrir que las abejas también se separan, igual que los abogados. Sus razones son bastante interesantes, así que veamos qué podemos aprender de ellas.

Si bien estos insectos son adictos al trabajo en el desarrollo de sus colmenas, también producen regularmente “enjambres”, donde parte de la colmena se va con otra “abeja reina” para formar otra colmena. De acuerdo al apicultor, esto pasa por dos razones principales: (i) demandas ecológicas, como sufrir un ataque externo o condiciones climáticas que hacen que la propia colmena se vuelva inestable o peligrosa para todas las abejas; (ii) demandas de crecimiento, porque la primavera produce nuevas flores donde pueden conseguir comida y la colmena existente no es suficientemente capaz de absorber esa necesidad de crecer. Las dos razones son biológicas y responden a los mecanismos de supervivencia de las abejas. Mientras permanezcan en enjambres, son inestables y débiles, ya que no han encontrado un lugar donde vivir y formar su nueva colmena. En este contexto, las abejas son menos peligrosas para elementos externos. No pican porque no tienen una colmena que proteger.

El apicultor mencionó que los productores de miel tratan de conseguir y desarrollar abejas que no tengan el instinto para formar enjambres y abandonar la colmena (las “abejas salvajes”) ya que eso es más costoso e ineficiente. En ese punto salté de mi silla y grité “¡Esas son las abejas institucionales!”. Me miró con desaliento y sorpresa, para responderme: “No las describimos de esa forma”.

Puede que ustedes hayan reaccionado como yo lo hice, luego de reflexionar sobre el párrafo anterior: ¡no solo somos similares a los monos, sino que a las abejas también! De hecho, si lo piensan, son incluso más avanzadas y liberales de lo que somos nosotros. Todas son comandadas por las hembras, mientras que el liderazgo femenino es algo aún extraño en nuestras excesivamente conservadoras industrias. Los abogados buscan proyectos alternos cuando las condiciones del mercado parecen adecuadas para tomar esa clase de riesgos. Usualmente vienen en momentos de condiciones o bien pobres (peligro) o bien prósperas (crecimiento). Cuando observamos el mercado argentino, por ejemplo, vemos que un número extraordinario de firmas nació en los 90 y que algunas de estas firmas llegaron a lo más alto en un período de tiempo relativamente corto. En los años difíciles que llegaron tras el 2008 (e incluso antes), también un buen número de firmas jóvenes apareció, únicamente para encontrarse con que aquel mercado lento no tenía espacio para nuevos líderes. Fue así que permanecieron —hasta ahora— como firmas de segundo nivel, buenas, amenazantes y esperando mejores oportunidades en el futuro.

En consecuencia, emular a un enjambre de abejas no es siempre la mejor idea. Nos quedamos sin hogar por un tiempo tratando de encontrar nuestro lugar en el mercado y puede ser difícil encontrar un árbol tan bueno como el que teníamos antes. Probablemente permaneceremos a la deriva por un tiempo, hasta descubrir el lugar y la dirección adecuados… si es que los hayamos alguna vez. Aquí es donde el elemento de liderazgo entra en juego.

A veces la abeja reina no es la mejor líder y crear un enjambre es la excusa para acomodar sus propias expectativas y deseos. Cuando eso ocurre, los peligros y las oportunidades se interpretan erróneamente y las decisiones carecen de bases. Tal cual como las abejas reinas, los abogados —especialmente los jóvenes— tienden a confiar en sus líderes y seguirlos en este tipo de aventuras, pero la verdad es que las separaciones solo son lo correcto algunas veces. Como las “abejas institucionales”, la estabilidad es más productiva en el desarrollo de capital profesional paso a paso (talento, calidad y reputación), que comenzar todo desde cero.

La naturaleza individual de los abogados crea la fantasía de que podemos abrir nuestra propia firma con poco esfuerzo, tan solo con nuestro porte y conocimiento personal, pero el “capital organizacional” se desarrolla con el tiempo y no es fácil de replicar en otros sitios. El “impulso del ego” podría producir una sensación excitante sobre la apertura de una nueva firma, pero las “abejas institucionales” siempre van a tener una ventaja, especialmente en un mercado que se está volviendo más colaborativo y menos basado en la individualidad.

Los líderes deberían hacer un esfuerzo para evitar comportarse como esas abejas reinas que, como en la hermosa canción de Maria Bethânia, quieren que sus abejas trabajen para su gloria y placer. Los líderes de verdad hayan placer en engrandecer a sus firmas y, para ese propósito, están dispuestos a reducir su poder y su gloria. Están dispuestos a crear “colmenas institucionales” donde los enjambres son innecesarios e ineficientes. Espero que ustedes puedan descubrirlo por sí mismos.

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