OPINIÓN


Transformar ideas en dinero: la alquimia de la Propiedad Intelectual

En 1986, el bioquímico chileno Fernando Fischmann compró 60 hectáreas de costa chilena con la intención de construir un resort vacacional playero. Muchos pensaron que estaba loco. La corriente Humboldt hace que las costas de Chile y Perú sean lugares fríos y nublados claramente indeseables para el veraneo. Sin embargo, Fischmann tenía un secreto bien guardado: su tecnología de depuración del agua salina a costo reducido, a través de ultrasonido. Esto, sumado al uso eficiente de energía (2 % del usual costo de mantenimiento de temperatura en piscinas) ayudó a que Fischmann construyera en San Alfonso del Mar el lago de agua cristalina más grande del mundo, según el Libro Guiness (2007), a una temperatura 26 grados más caliente que el mar adyacente.

La historia no termina ahí. Este habría sido un caso interesante, pero no excepcional dentro de la vivencia de emprendedores innovadores latinoamericanos, de no haber tenido Fischmann la visión de comercializar su tecnología a nivel internacional. Aquí fue donde comenzó el verdadero milagro. Una vez finalizado su primer resort, Fischmann inició una estrategia de comercialización internacional de su tecnología. Apenas un año después (2008) la empresa de Fischmann ya tenía un valor calculado en 1.8 mil millones de dólares, derivados no de los activos físicos de su resort en San Alfonso, sino de las 160 patentes registradas en todo el mundo, que le dio cabida a más de 300 proyectos similares en 60 países. Fischmann sabía que un secreto bien guardado rara vez se transforma en dinero contante y sonante; lo que necesitaba era saber cómo utilizarlo estratégicamente. La alquimia institucional hizo el resto.

Lamentablemente, en América Latina la historia de Fischmann es una excepción. En mi más reciente libro explico por qué los startup innovadores se abstienen de utilizar la propiedad intelectual estratégicamente y, por tanto, fracasan al escalar sus negocios internacionalmente. Pongamos en perspectiva este problema: en los Estados Unidos el ingreso por concepto de transferencia tecnológica asciende a 80 mil millones de dólares (AUTM, 2012). Esta suma equivale al doble de lo invertido por el gobierno federal en investigación universitaria. Es claro que saber comercializar las ideas es tan importante como crearlas. La pregunta es ¿por que Latinoamérica no sabe hacerlo?

Nuestro libro utiliza datos de 357 empresas en 6 países latinoamericanos donde se evidencia que el emprendedor latinoamericano innovador (ELI) sufre de un prejuicio cognitivo que condiciona su percepción sobre la utilidad del sistema de protección a la propiedad intelectual. Para decirlo más claramente, el startup latinoamericano cree que la propiedad intelectual, antes que una oportunidad para ganar dinero, representa una amenaza. El startup latinoamericano es muy suspicaz sobre registrar su propiedad intelectual, haciéndola pública, pues desconfía de la capacidad del Estado para protegerla y, en todo caso, no tiene una clara noción de cómo hacer para utilizar estratégicamente el título (la patente) a fin de sacarle valor comercializándola. En otras palabras, a la desconfianza sistémica se suma la ignorancia de cómo sacar provecho del título obtenido. Este prejuicio le induce a no hacer uso del único sistema que puede hacerle atraer las miradas de los inversionistas de capital de riesgo. Dicho de otro modo, al guardar su conocimiento debajo del colchón, a la espera de algún inversionista, el startup latinoamericano se sustrae del mercado de tecnologías, que es la vitrina para exhibir su talento. Esto, inexorablemente, devalúa su creación. Su propia abstención le lleva, así, al convencimiento de que el sistema no es más que un problema, en vez de una solución.

Por esto, no sorprende que casi un cuarto de siglo después del refuerzo del sistema internacional de protección a la propiedad intelectual (recogido en el emblemático Acuerdo Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio de 1994), el nivel promedio regional de registros de patentes sea hoy menor que entonces. Se esperaba que, al cambiar los incentivos para facilitar el registro y establecer una protección más fuerte de la propiedad intelectual (particularmente, las patentes), el número de patentes registradas por ELI aumentaría significativamente. Esto no sucedió, tal como muestra la tabla No. 1 abajo:

Fuente: BID

Por tanto, los ELI hacen descansar sobre su reputación y branding su valor comercial; por eso el nivel de registros de marcas es la estrategia preferida de uso de propiedad intelectual. Pero es su conocimiento técnico, el secreto de la salsa, lo que mantienen fuera del comercio, por temor o ignorancia. Incluso, es solo una minoría la que utiliza acuerdos de confidencialidad para proteger su conocimiento técnico. La mayoría, en cambio, no sabe siquiera su uso, lo que es necesario para formalizar la protección legal del secreto comercial. Por ello, suponer que hay una estrategia en la inacción de las ELI respecto de la protección legal es un eufemismo. Más bien cabe hablar de ignorancia.

Esta ignorancia puede tener consecuencias funestas. Marie Sharp es una empresaria beliceña cuya salsa picante uno puede encontrar en cualquier fuente de soda, restaurant o lugar de comidas en ese país. Pero su historia no comenzó siendo feliz. Luego de emprender con mucho sacrificio la ardua tarea de arrancar con su empresa, Marie entregó la comercialización de su salsa a una empresa comercializadora en los Estados Unidos, quien de mala fe registró su nombre comercial “Melinda” en ese país, excluyéndola. Ese branding actualmente valorado en 6 millones de dólares anuales, es ahora comercializado por los empresarios que engañaron a Marie. Por su parte, esta emprendedora tuvo que reiniciar su operación desde cero, construyendo su nuevo branding, “Marie Sharp”.

Nuestro libro “Innovation, Startups and Intellectual Property Management” pone en perspectiva la abstención de comercializar propia de la región latinoamericana con la riqueza de opciones de estrategia que uno puede apreciar en otras regiones. Emprendedores de otras regiones utilizan el sistema activamente para construir un dominio sobre el mercado, vía monopolio legal; o bien como medio litigioso para impedir a competidores alcanzar una posición competitiva estratégica; o bien sencillamente, para obtener un beneficio comercializándolo. Los resultados de estas estrategias se traducen en una creciente utilización del sistema, que gesta un círculo virtuoso de registros de patentes cada vez mayor, pero también de creación de mercados secundarios.

Desde luego, el sistema de comercialización está lejos de ser perfecto. La raíz de este problema subyace en las dificultades prácticas para valorar la propiedad intelectual. Existen múltiples métodos para hacerlo (nuestro libro identifica veinticinco), y su empleo en casos particulares es controvertido, dadas las características del sistema. El sistema, por lo tanto, adolece de un profundo e inherente grado de incertidumbre institucional que resulta imposible erradicar. Un buen ejemplo de ello es la naturaleza económica de las patentes, cuya efectividad real es incierta, pues la declaración de la oficina de patentes apenas crea una pátina de certeza sobre la asignación de un derecho de exclusividad, dado el impredecible ambiente judicial que rodea su implementación, la incierta resolución de casos según la jurisdicción, según opinión particular del juez, o la concurrencia de distintas autoridades administrativas en la conformación efectiva del derecho. Por ello, lejos de ser un derecho, las mismas deben ser consideradas “opciones financieras”, o más coloquialmente, impredecibles tickets de lotería. Eso hace que los litigios sobre patentes no sean certezas sobre la propiedad intelectual predeterminadas por la ley, sino simples apuestas de inversión que, como tales, dan oportunidad para comportamientos oportunistas como los trolls (que otros verían como la resolución institucional del nivel de incertidumbre del sistema), e imposible el desarrollo de mecanismos institucionalizados de comercio de patentes, como lo muestra la quiebra del mercado de patentes IPXI de Chicago en 2015.

Es aquí donde nuestro libro examina el eje temático de los programas de incubación emprendidos en América Latina, más allá de la inicial –e insuficiente- provisión de conocimiento de cursos sobre uso de los sistemas de registro de la propiedad intelectual, tarea a la cual dedicamos el último capítulo del libro.

Fischmann y Sharp representan las colas opuestas de emprendedores que, uno a través de una premeditada estrategia racional y la otra, a través de la experiencia traumática, llegaron a un mismo puerto de destino: la comercialización de la propiedad intelectual es tan importante como la propiedad intelectual misma. Dicho de otro modo, sin estrategia comercializadora de la propiedad intelectual, no tiene sentido alguno innovar, más allá de la diversión personal.


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ARTICULO ESCRITO POR:

Ignacio L. De León

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