OPINIÓN


Los inmigrantes y la propiedad intelectual

Hace unos días, un parlamentario chileno emitió ciertos comentarios en su página personal de Facebook. Además de reflejar una fatal ignorancia en materia de los fundamentos de la propiedad intelectual, resultan bastante preocupantes debido a que reflejan un serio cuestionamiento a derechos avalados por nuestra Constitución. El diputado de Revolución Democrática, Giorgio Jackson, comienza describiendo determinadas situaciones ocurridas con los nuevos inmigrantes indocumentados, precisamente aquéllos que se dedican al comercio ambulante. Relata la situación que día a día viven estas personas para poder sustentarse, la cual sería un círculo vicioso por su situación irregular, ya que ello les impediría acceder al trabajo formal. ¿Qué tiene que ver todo esto con el derecho de propiedad intelectual y/o industrial? El parlamentario ingeniosamente los une.

Textualmente relata la siguiente situación:

…Se consiguen prestadas 300 lucas (con prestamistas/mafia) para comprar unas zapatillas que poner en la manta. Hay varios días en los que no venden ni un par en las cerca de 8 horas en las que repiten “barato, barato”, mientras observan atentos que no vengan carabineros porque, además de arriesgar deportación, les incautan todo sin opción a recuperarlo, por las disposiciones de “propiedad” intelectual asociada a la marca de las zapatillas…

Desconoce el diputado que los derechos de propiedad intelectual e industrial, en este caso específico, de las marcas comerciales (garantizados por la Constitución Política de Chile, en su artículo 19 N° 25, inciso 3°), no solo se han establecido con el fin de proteger a sus titulares -quienes han invertido tiempo y recursos en su creación- para impedir que terceros las utilicen sin su consentimiento; sino que también amparan a toda la población. Gracias a la existencia de un instrumento eficaz –como una marca- para distinguir diferentes productos y servicios en el mercado, es posible diferenciarlos, evitando así la confusión entre los consumidores, respecto al origen, calidad y otras características que puedan tener.

La naturaleza de la propiedad intelectual e industrial, por tratarse de un activo intangible, es muchas veces incomprendida. Sin embargo, gracias a su resguardo, se genera un círculo virtuoso, ya que produce efectos positivos para el empleo, el crecimiento y la prosperidad, amparando no solo a las grandes compañías, sino también al pequeño emprendedor.

Adicionalmente, la propiedad intelectual es, directa o indirectamente, una fuente inimaginable de empleos. Un ejemplo a nivel internacional lo expone el informe de octubre de 2016, de la Oficina Europea de Patentes y la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). Más del 42 % de la actividad económica total de la Comunidad Europea la generaron sectores intensivos en DPI, correspondiendo al 38 % de la totalidad del empleo -82 millones de puestos de trabajo-, siendo además sus salarios un 46 % superiores a la media.

Asimismo, a nivel latinoamericano, de acuerdo con datos entregados por el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INAPI) en diciembre de 2016, a partir de un estudio comparado en cinco países: Chile, Colombia, México, Panamá y Perú, se concluyó que las actividades económicas que registran y usan las marcas intensivamente aportan el 15 % del Producto Interno Bruto y el 26 % de las importaciones, generando unos 18,5 millones de puestos de trabajo, los cuales, al igual que en el viejo continente, pagan salarios más altos que el resto de la economía.

La infracción a estos derechos implica un aprovechamiento ilícito del prestigio de los productos y servicios de terceros, siendo la existencia de estas normas una mala excusa para justificar la falta de oportunidades, pues nada impide acceder a ofrecer un producto en el mercado sin tener que aprovecharse de aquéllos creados por terceros.

Del mismo modo, perjudica la calificación e imagen internacional de un país en el cumplimiento de estas normas, afectando su economía y, a la larga, el trabajo honesto de muchos, lo que evidentemente empeora la situación en lugar de mejorarla.

Por lo tanto, resulta de particular relevancia y quisiera expresar la esperanza de que tanto nuestros parlamentarios -como los de todo el mundo- tengan una actitud más responsable a la hora de emitir declaraciones, aunque sea a través de canales propios –pero ampliamente abiertos, propagables y conocidos- como Facebook.

Si se pretende mantener la competitividad en la economía global, mejorar la calidad de vida y otorgar mejores oportunidades laborarles -tanto a nacionales como a extranjeros que aporten positivamente al país que los recibe-, debemos proteger y promover aún más el desarrollo y el uso de nuevos emprendimientos, tecnologías e innovaciones, en lugar de recurrir a argumentos sentimentales y populistas.


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ARTICULO ESCRITO POR:

Camilo Cammás

Abogado en Silva, Chile.

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