OPINIÓN


El lenguaje inclusivo en el sector legal

El debate sobre la diversidad y la necesidad de iniciativas que la potencien son defendidos a capa y espada por una amplia mayoría de profesionales de distintos sectores. Cualquiera de nuestras lectoras y lectores habrá percibido la importancia que para LexLatin ha tenido el poder hablar e informar sobre los programas de diversidad en general, e igualdad de género en particular.

Les contaré sin embargo algo que no deja de sorprenderme. Las personas a las que hemos entrevistado para abordar cuestiones de diversidad conocen muy a fondo las cifras de la brecha de género, hablan del techo de cristal, o de cómo aumentar el impacto de sus jornadas de flexibilidad para que la maternidad y la paternidad no aumenten estas brechas.

Pero en medio de todo esto, sigo escuchando y leyendo a abogadas que utilizan expresiones como “soy abogado”, “soy socio”, o “mi hermana es médico”, por poner algunos ejemplos. Utilizar el masculino en estos casos no solo es llamativo —esas tres profesiones tienen su equivalente en femenino: abogada, socia y médica—, sino que es además gramáticamente incorrecto: caso de “mi hermana es médico”.

Si nos hemos subido al tren de las iniciativas de igualdad, deberíamos recurrir a una herramienta gratuita para ponerlas en práctica: el lenguaje inclusivo. Han leído bien, sí. El lenguaje inclusivo es gratis y sin embargo, su impacto podría ser de largo alcance, ya que sin necesidad de desembolsar grandes cantidades de dinero, con nuestras palabras estaríamos expandiendo la rentabilidad de todos estos programas de diversidad que tanto tiempo, energía y esfuerzo conllevan.

Este argumento me parece además de gran relevancia para todos aquellos que ejerzamos profesiones como la abogacía y el periodismo. El lenguaje, tan poderoso, es nuestra herramienta más básica y necesaria de trabajo. Con ella nos representamos y promovemos cambios en el imaginario de las personas. Según la organización Aequales —consultora que promueve el empoderamiento laboral de las mujeres a través de servicios de consultoría— “la importancia del uso de un lenguaje no sexista es fundamental. La comunicación inclusiva se realiza para crear un diálogo positivo en el entorno social que promueva la diversidad e inclusión”.

¿Cuáles son entonces los obstáculos o motivos por los que el lenguaje inclusivo no se mueve con soltura en el sector legal? Pensemos en los escenarios y argumentos más comunes para desmontarlos y buscar soluciones alternativas.

El genérico vale: claro que vale, pero es excluyente. Una forma de fomentar la visibilidad de las mujeres es precisamente el uso del desdoblamiento. De esta manera, cambiaríamos frases como “los abogados” por “los abogados y las abogadas” o “todos y todas”, cuando efectivamente nos estemos refiriendo a grupos o colectivos formados por mujeres y hombres.

La economía del lenguaje: podríamos aceptar que el desdoblamiento no contribuye a la llamada “economía del lenguaje”. Podría argumentarse que estamos alargando frases u oraciones y por consiguiente entrando en un sinfín de vocablos redundantes. Optar por el desdoblamiento del lenguaje en su totalidad podría ser ciertamente agotador. Ante este dilema, tenemos dos opciones válidas. Una sería optar por palabras de género neutro cuando sea posible. Algunos de los ejemplos que nos ha sugerido Aequales son que cuando se habla de “los abogados” se puede neutralizar expresando “el personal jurídico”. Además, al hablar de grupos poblacionales “se deben utilizar palabras como ‘personas’ o ‘población’ y evitar términos como ‘los hombres’.”

Una segunda opción sería aplicar una sencilla regla de tres: si aceptamos tomar lo masculino como genérico ¿por qué no aplicar el femenino como genérico cuando las mujeres sean mayoría en un colectivo? De esta forma, hablaríamos de “nuestras abogadas” cuando en un grupo haya más abogadas que abogados.

¿Somos los hablantes quienes reproducimos el sexismo del lenguaje o viceversa?: aquí hay teorías y opiniones para todos los gustos. Cada vez somos más las que defendemos que el lenguaje no transita por un camino independiente al desarrollo económico, político y social. En esta misma línea Aequales añade que:

El lenguaje inclusivo no es solo el escrito. Es importante también evaluar el lenguaje visual. Es común que la abogacía vaya representada de hombres con traje y corbata, observándose a su vez la exclusión de mujeres en la profesión. Por esto, un buen cambio empieza por reproducir esta profesión con la imagen de ambos géneros. El lenguaje es un agente de socialización que, al igual que la educación, los medios de comunicación, la cultura y la familia, fue y es utilizado para controlar y perpetuar un orden social.

Los códigos que nos rigen: en el Manual de Estilo Igualitario en el Lenguaje Jurídico de la Doctora Eglys Esmurdoc Castellanos se habla del Código Napoleónico de 1804, el cual “rige la legislación civil” en varios países de la región latinoamericana. Este apunte nos lleva hasta los tiempos de Revolución e Ilustración en la Francia de finales del siglo XVIII y principios del XIX. En aquel momento de la historia, cuando se empezaban a defender las ideas de “libertad, igualdad y fraternidad”, se cuestionaban las relaciones de poder sustentadas en privilegios para empezar a hablar del principio de igualdad. Sin embargo, y a pesar de algunas modificaciones, “las mujeres fueron asimiladas a los incapaces y a los menores y sólo los hombres disponían de facultades y derechos sobre la persona y bienes de la mujer”. Sería anacrónico entonces no querer analizar y debatir sobre la importancia de cómo utilizamos el lenguaje, ya que tal y como explica Esmurdoc, “No ha bastado el reconocimiento jurídico de los derechos de la mujer para que esa función ideológica del lenguaje predominantemente patriarcal haya permeado también desde su surgimiento la legislación penal”.

¿Son todos estos factores una visión exagerada de cómo reproducimos el lenguaje?: el debate sobre el lenguaje inclusivo comenzó hace años y no ha pasado desapercibido para quienes investigan y construyen las normas que vertebran a las lenguas.

Dentro de los hallazgos del último ranking PAR realizado en julio de 2017 por Aequales —Informe de Resultados para Colombia— “se evidenció que solamente el 36.75 % de las organizaciones incluyen a hombres y mujeres en sus comunicaciones escritas e imágenes, y que solo el 22.22 % cuenta con manual de comunicaciones para evitar sesgos de género. Se debe reconocer que la equidad de género también se alcanza desde el lenguaje que se utiliza internamente en una organización. Cada palabra e imagen transmiten un mensaje que puede ayudar a reforzar estereotipos de género o por el contrario, desarmarlos y promover roles diversos”.

La abogacía es y será una profesión respetada con capacidad de generar tendencia. La necesidad de utilizar el lenguaje inclusivo, cuando hablamos en español, se hace inminente ante el crecimiento de popularidad de nuestro idioma y la autoridad que representa la profesión.


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ARTICULO ESCRITO POR:

Lara Valencia

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