OPINIÓN


Las hijas de la revolución

“La revolución será feminista o no será”. La marea de pañuelos verdes tomando calles, plazas y medios de comunicación es imparable. La decisión de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras 14 semanas, avanza contra viento y marea en la Argentina y promete otra sesión de infarto en la votación en la Cámara de Senadores el 8 de agosto.

Que en un país futbolero como Argentina el día en que empezaba el Mundial en Rusia, estuviera en vilo mirando la votación en la Cámara de Diputados – que dio media sanción a la despenalización del aborto por el sistema de plazos – es toda una señal. La presión social logró que el debate final ocurriese en menos de un mes y medio, aun cuando se buscaron maniobras dilatorias y el recuento de votos tarda en definirse.

Han sido meses de encendida argumentación y debate, en audiencias públicas, instancias académicas, políticas, educativas. Se debate en las redes sociales, en los medios de comunicación, en las escuelas, en la calle y en la gran mayoría de los hogares. Se discute entre amigas, entre amigos y en el trabajo. Pero también han sido meses de chicanas, insultos, campañas de desprestigio y una descarnada y absurda violencia verbal, sobre todo de grupos autodenominados “pro vida”, para quienes “asesina” es la única palabra concebible hacia los que no comparten su postura.

Pero, asimismo, en estos meses ha quedado en evidencia que la educación en derechos, la lucha por la igualdad y la integración de la diversidad tienen el poder de cambiar el escenario político y social velozmente.

Y no, no se trata de  ser “políticamente correcto”, se trata de que las adolescentes y jóvenes de hoy no conciben otro trato que la equidad ni más ley que la que una se da a sí misma; a ellas les resulta imposible aceptar pacíficamente que nuestros cuerpos sigan siendo un espacio de lucha y colonización de hombres opresores y leyes obsoletas.

Muchos amigos varones me han contado, con una mezcla de pudor y orgullo, que han tenido que aprender del feminismo a través de sus hijas adolescentes, quienes los han obligado a repensar sus privilegios y a ponerse las lentes del género, quiéranlo o no.

Ellas abrazan la diversidad. Se permiten experimentar el despertar de su sexualidad, sin el corset lesbofóbico que muchas padecimos a su edad. Aceptan abiertamente a otra persona, sin reparar en cómo está diseñado su cuerpo o cuál es su preferencia erótica, y no van a quedarse sentadas esperando que alguien les de permiso para abrir la puerta y salir a marchar.

En la calle nos encontramos generaciones de mujeres con orígenes, filiaciones, biografías y cuerpos muy distintos, pero un mismo anhelo y un solo objetivo: cambiar el mundo, cambiar la historia. Conquistar todas y cada una de las parcelas de libertad negadas o retaceadas a las mujeres por el solo hecho de serlo. El primer espacio de lucha a recuperar es el cuerpo, y la libertad de decidir un hecho tan trascendental como llevar adelante o no un embarazo.

En la calle nos encontramos y cada mujer a mi lado es una hermana, una guerrera, una inspiración, una compañera de lucha. Hay, entre las que llevamos muchos años en estas trincheras, una emoción incontenible de sentirnos acompañadas y apoyadas luego de décadas de soledad en los espacios marginales de la academia, la militancia o las organizaciones sociales. De estar enlazadas en un abrazo sororo mientras se siente cada vez más cerca el cambio inevitable.

La marea verde abrió compuertas hasta hoy prohibidas, para develar secretos familiares y hablar de los abortos de madres, tías, hermanas, abuelas, amigas, de los abortos propios, callados y cargados con vergüenza tantos años. Un espacio para soltar y hablar con la crudeza y claridad que usamos las mujeres para hablar entre nosotras, llamando a las cosas por su nombre.

Ese abrazo es una cálida marea sanadora también. Un bálsamo en las cicatrices de nuevas o viejas heridas causadas por la incomprensión y la violencia. Esa obstinación por la igualdad, la terca convicción de sabernos dignas y rebeldes que a muchas nos ha costado la expulsión del hogar, el amor de nuestros padres, la compañía de nuestras parejas, infinitas miradas de desaprobación, comentarios condenatorios, exilios varios.

A algunas nos criaron madres sometidas al sistema y a sus maridos, mientras por lo bajo nos alentaban a desafiar las reglas. A otras nos criaros madres aguerridas y contestatarias que pagaron cara su osadía. Algunas nacimos en los años de sangre y fuego y podríamos haber sido esas hijas robadas por la dictadura. Algunas son esas hijas robadas que recuperaron su identidad a punta de coraje y de dolor. Las mujeres que crearon los puentes que las trajeron de vuelta marchaban en la misma plaza con pañuelos blancos y su valor logró cambiar la historia. Todas somos hijas de la revolución.

La voz de las mujeres ya no podrá ser callada. Todas tenemos derecho a decidir cómo, cuándo y de qué manera ser o no madres. Todas tenemos derecho a decidir si deseamos o no llevar adelante un embarazo. Le pese a quien le pese, la autonomía no es un privilegio sino un derecho y nos corresponde.

Aborto legal, seguro y gratuito. ¡Que sea ley!


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Un comentario

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  1. Nicolas Ricciardi
    Jul 02, 2018 - 10:29 AM

    Absurda violencia verbal, sobre todo de los Provida? Me parece que realmente Ud. vive otra realidad. Los que sostenemos una posición contraria al proyecto aprobado en Diputados hemos tenido que soportar de los pro-choice insultos, pintadas en contra de convicciones religiosas y morales, violencia verbal de todo tipo, hasta lanzamiento de excrementos en defensa de templos religiosos. Y no circunscribo dichos hechos a este debate únicamente, porque el reclamo por la despenalización del aborto viene de largo y esas situaciones de violencia se vienen dando en varias de las manifestaciones de Niunamenos y similares. Por otra parte, jamás los partidarios de la despenalización se han mostrado flexibles en un centímetro para modificar cuestiones graves en el proyecto aprobado, como la objeción de conciencia regulada mediante lista negra y negada a instituciones, como la posibilidad de abortar por cualquier cuestión de salud (y no sólo la que ponga en riesgo de vida a la madre), etc. Todo ello, basadas en cifras “estimadas” por cálculos que han sido justamente criticados por llevar a resultados absurdos. Hijas de la revolución? de cual? de la Francesa? de la Rusa? Lamento leer un panfleto como este en un órgano que se supone es de comentario y reflexión jurídica, lo que menos abunda en el mismo.

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Paula Siverino Bavio

ARTICULO ESCRITO POR:

Paula Siverino Bavio

Doctora en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Miembro del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO.

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