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Marcos Ibargüen: “El desafío es aterrizar las decisiones y ejecutarlas”

Además de conocer las claves de la dirección de QIL+4 Abogados, la conversación dio para repasar la actualidad de Guatemala y rendir tributo a los seres queridos que forjaron la carrera de Marcos Ibargüen
por Lara Valencia
publicado el17/09/2018

El socio director del bufete guatemalteca habla en nuestra #SerieMP de las ideas que dieron paso a la creación de QIL+4 Abogados y del gran secreto para progresar en el trabajo y en la vida: saber escuchar.

— ¿Podría identificar alguna cualidad o habilidad suya que haya sido el catalizador que le permitió llegar a donde está?

— Creo que es muy importante saber escuchar. Tener la habilidad de poder ponerte en los zapatos de la persona que te está hablando, que esa persona sienta que la estás escuchando genuinamente. Eso no quiere decir que no puedas tener tu propio criterio respecto a lo que se está hablando. Pero, creo yo que eso te permite tener una plataforma de confianza. Desde ahí, se pueden construir cosas muy buenas. Tanto en una relación profesional, cuando estás hablando con un cliente, como cuando hablas con tus socios. Uno de los roles del socio administrador es precisamente mantener la hegemonía entre todos.

Tengo un amigo chileno que fue varios años socio administrador. Yo también lo había sido por unos años, antes de que QIL se fusionara con 4 Abogados. Tal vez, por la comodidad me había separado de la administración. Este año el socio director anterior pidió un relevo, y los socios me pidieron que yo fuera la persona encargada. Le pedí consejo a mi amigo chileno y él me dijo “¡Felicitaciones, renuncia cuanto antes!”. Lógicamente esto es una broma, pero la reflexión es que el rol de un managing partner (MP) no es fácil. 

Marcos Ibargüen
Marcos Ibargüen

— ¿Cuáles han sido sus principales retos como MP de la firma?

— Los retos son similares a los de cualquier persona que asume un cargo de gran responsabilidad. El principal es lograr que, en la medida de lo posible, se logren tomar decisiones de consenso y que cuando eso no suceda, se tenga el reconocimiento y la legitimación como socio administrador para ejecutar todas las decisiones.  Todas las firmas pueden caer en la trampa de perderse en “sobreanalizar” las cosas. El desafío es aterrizar las decisiones y ejecutarlas.

Un segundo reto es poder comunicar esa estrategia internamente, para que todo el equipo esté alineado. Con franqueza, no es fácil llegar a consensos, pero es muy importante.

— ¿Hay alguna persona a quien considere que haya sido clave en el desarrollo de su carrera?


— Sí. Puedo pensar en varias personas. Yo tuve un tío que falleció cuando tenía mi edad, 50 años. Él trabajó en una firma en Guatemala que, por entonces, era la más importante del país. Él me inspiró a ser abogado.

Después mi hermano Giancarlo, que también murió. Él fue una persona que siempre me siguió de cerca. En buena medida le debo la confianza. Él fue presidente de una universidad importante en Guatemala y me motivó a emprender.

No es fácil tomar la decisión de fundar una firma. Yo veo que los jóvenes de hoy no se lo están planteando.

— ¿Por qué cree que los jóvenes ni se plantean formar un despacho?

— Justo hace poco unos colegas nos comentaban a Alejandro Cofiño y a mí sobre este tema. Yo no sé si es que la juventud no lo ve posible, si es que creen que es mucho riesgo o que no quieren invertir el esfuerzo.

Formar una organización lleva mucho tiempo y las garantías no son certeras. Eso puede ser un factor. La reflexión que hacía mi colega mexicano Leopoldo Hernández es que, nosotros crecimos en un tiempo donde podíamos montar bicicleta, salir a la calle en nuestros barrios… tuvimos un poquito más de libertad. Nuestra generación, como padres, se ha preocupado por brindar más seguridad. Esa era la teoría de él. Yo creo que los cambios también tienen que ver.

Cuando nosotros empezamos este experimento con José, el país había firmado la paz con la guerrilla. Había un presidente que promovió la inversión y vino mucho trabajo. En ese momento veníamos con maestrías de fuera, dominio de inglés y en mi caso,  era abogado también de Nueva York. Se vinieron oportunidades que probablemente no se repitan. Uno no puede dejar de reconocer que en aquel momento convergieron circunstancias que nos ayudaron mucho.

— La presencia de firmas internacionales y el surgimiento de firmas regionales es una nueva tendencia que ha surgido en el mercado legal latinoamericano. ¿Sobrevivirá la firma independiente?

— Definitivamente van a sobrevivir las firmas independientes, no tengo ninguna duda. Toda firma relevante en la región debe tener una capacidad de atención de clientes regionales, de eso no hay duda.

Si entiendes firma regional como una marca, un despacho que tiene un extenso conocimiento y que puede organizar desde un solo punto de entrada todo el trabajo que llega a la región, son formas válidas. El cliente busca un punto de contacto que le dé confianza y una respuesta efectiva que le permita gestionar casos en la región. Para eso no necesitas tener una oficina en cada país.

No hay que caer trampas. Una firma local importante que no tenga una marca en cada país puede que esté trabajando regionalmente con la misma o incluso mejor efectividad. Porque pueden buscar el abogado idóneo, con más flexibilidad. Lo importante es proyectar la capacidad de dar servicios regionales y que el cliente no tenga que preocuparse de lo que se coordina entre los diferentes países. Es un hecho que se nos ve como una región, pero la realidad es que tenemos culturas muy distintas.

Nosotros no estamos casados para ser exclusivamente una firma local e independiente. Como explicaron Alejandro Cofiño y José E. Quiñones, nosotros no descartamos que la estructura actual pueda revisitarse. El planteamiento que hacíamos en enero sigue vigente. Nosotros somos muy estructurados. Analizamos bien las cosas, si hacemos algo no va a ser algo cosmético, sino que será una decisión bien pensada.

— Si bien la presencia de la mujer en el ejercicio de la abogacía en América Latina es significativamente alta, su posicionamiento como socia y en cargos directivos en las firmas latinoamericanas es muy bajo. ¿Cuál es la situación actual en QIL +4 Abogados?

— Lo primero es que quiero comentar con mucho orgullo que sin que fuera algo planificado, conseguimos una participación muy similar de hombres y mujeres. No solo entre asociados y administración, sino también como socias. Tenemos varias abogadas socias en la firma, como Ana Gabriela Roca, María Isabel Luján, Eva Cacacho y Evelyn Rebuli; todas líderes en sus distintas áreas, además de muy reconocidas en el país y en otros medios. Son cuatro socias mujeres y cinco hombres. Ganamos por uno ¡pero no fue deliberado!

Tenemos un comité de asociados y asistentes, hay dos mujeres y un hombre en ese comité. La gerente general y la gerente de operaciones son mujeres. Este no es un bufete típico de América Latina en ese aspecto.

— ¿Podría compartir una anécdota o momento definitorio de sus primeros años como abogado que lo haya puesto en el camino que lo trajo hasta aquí?

— Se me ocurren muchas cosas. Tal vez lo que más incidencia haya tenido - aunque no querría que se malentienda, pues les estoy muy agradecido – es lo que viví en otras firmas de Guatemala, antes de tomar la decisión de emprender una nueva firma. Aquellas eran firmas familiares o condominios legales, donde había claramente oportunidades de carrera para los hijos de los fundadores y en algunos, casos los nietos. No había, sin embargo, una institucionalización, ni un enfoque de gestión empresarial. 

La historia de Alejandro Cofiño es un tanto diferente a la de José  E. Quiñones y yo. Antes de haber fundado 4 Abogados,  Alejandro venía de Rodríguez, Archila, Castellanos, Solares y Aguilar (ahora Consortium Legal Guatemala), tal vez la única firma no familiar en la que sí veíamos institucionalización. Sin embargo, la experiencia que yo tuve era la de firmas familiares, donde no había plan de carrera. En lo personal me llevó a tomar una decisión cuando tenía 29 años, con una hija ya y responsabilidades. Con el apoyo de mi esposa y la inspiración de mi hermano Giancarlo - que fue uno de mis mentores como ya te dije, - informé a la última firma donde estuve que quería probar a hacer algo solo. Quería hacer una firma institucionalizada, donde para crecer hubiese un plan, unas normas claras. José tenía reflexiones muy similares y se enteró de mi plan, se puso en contacto conmigo y el resto es historia.

En nuestra firma, por ejemplo, no pueden entrar parientes. Mi hija está terminando Derecho y me reclama mucho, porque no puede trabajar acá. Pero es debido a nuestra experiencia que optamos por ese camino, y en mi caso particular, sobre todo después de haber estado en Nueva York, de donde llegué con ideas nuevas. Esa es, en parte, la raíz de haber logrado una plataforma basada en atraer el mejor talento.

— La noticia de la prohibición de entrada en Guatemala de Iván Velasquez ha encendido las alarmas entre los activistas y organizaciones por los derechos humanos. ¿Qué cree que supone este suceso en medio de la imperante necesidad de acabar con la corrupción a nivel regional y global? ¿Cuál cree que puede y debe ser el papel de los operarios del Derecho?

— La situación de Guatemala no es distinta a la de muchos otros países. Nadie puede negar que hay que luchar contra las estructuras que hacen redes de corrupción, las cuales son enormemente nocivas para la sociedad.

Creo que Guatemala tomó en un momento dado una decisión muy novedosa. Acudió a la ONU y reconoció que no tenía las instituciones ni la estructura de administración de la justicia lo suficientemente fuertes como para poder desarticular estas redes. Ese experimento es el que constituye el acuerdo con la Cicig.

El actual comisionado Velásquez ha llevado muchos casos de gran relevancia nacional. Nadie puede negar que fue muy efectivo. Pero cuando ves objetivamente lo que está pasando, creo que mucha gente sintió que algunos de los siguientes casos tenían agenda. Yo no estoy diciendo que ese sea mi criterio, pero sí creo que muchas personas lo vieron así. Se pensó que había por ejemplo otras estructuras que no se estaban investigando. Eso generó una división muy grande.

Hay mucha polarización también en torno a la conveniencia, o no, de someter la soberanía nacional a un ente como la Cicig. Creo que la situación es bastante delicada. Desde luego, lo que no le conviene ahora a Guatemala es generar otra crisis constitucional. El Consejo de Seguridad Nacional ha dado orden a distintas oficinas de inmigración de que el comisionado no entre al país. Eso ha generado una serie de amparos que se van a resolver por la Corte de Constitucionalidad. En un momento dado podríamos ver un choque de decisiones. Hasta ahora eso no se ha dado y el Ejecutivo ha respetado las decisiones de la Corte.

Respecto a la Cicig, el presidente Jimmy Morales expresó que no se va a renovar el mandato. El acuerdo de Estado acaba en septiembre de 2019. No era algo diseñado para quedarse permanentemente, sino para lograr capacitar a las instituciones guatemaltecas y que el Estado pudiera retomar la responsabilidad que le corresponde.

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