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Herman Duarte quiere que la profesión legal se involucre más en la defensa de la democracia

Herman Duarte: “Es necesario que los abogados despierten”

El socio fundador de la firma costarricense HDuarte Legal habla de los peligros para la democracia a nivel global
por Lara Valencia
publicado el05/11/2018
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Hablar del resultado de las elecciones en Brasil y de la victoria de Jair Bolsonaro es abrir una caja de Pandora. El presidente electo levanta odios y pasiones difíciles de obviar. Ni el análisis más técnico y sosegado ayuda a olvidarse de los desafíos que se ciernen sobre América Latina con la llegada del ultraderechista al poder.

El abogado salvadoreño Herman Duarte comparte sus reflexiones al respecto en esta entrevista. Duarte es conocido por su compromiso personal y profesional con la defensa de los derechos humanos, pero puntualiza antes de comenzar:

“Hablo de forma personal y en mi calidad de fundador de HDuarte Legal y de la Fundación Igualitxs. Ostento otros cargos, pero no voy a hablar en nombre de ellos.”

— Ganó en Brasil el ultraderechista Jair Bolsonaro. ¿Qué opina de quienes defienden que la fortaleza de las instituciones será un muro de contención ante ideas que muchos tildan de misóginas, homofóbicas y racistas? Ya hay registro de un aumento de la violencia. Aliança Nacional LGBTI  informó, antes de la segunda vuelta de las elecciones, que “de los 41 informes de violencia electoral registrados por dicha organización entre fines de septiembre y el 18 de octubre, 26 (63 %) se relacionan con situaciones ‘LGBTIfóbicas”.

— Más que mirar hacia Brasil y concluir que la democracia brasileña es intocable, hay que observar el fenómeno global. Los estados liberales están sumergidos en una crisis de confianza en las instituciones a raíz de la corrupción, tanto por los gobiernos de izquierda como de derecha. Lo hemos visto en México y ahora lo vemos en Brasil, que son polos opuestos.

No se puede subestimar el poder de los grupos ultraconservadores y la amenaza que representan. Hasta el psicólogo e intelectual Steven Pinker coincide en afirmar que las democracias liberales están en mayor riesgo que nunca. Estamos regresando a los nacionalismos, a culpar a lo extranjero y lo ajeno. Según los grupos conservadores la liberación de la diversidad sexual es también culpable de los males de la sociedad.

Se han ido creando anticuerpos, políticos sin propuestas. Creo que Bolsonaro, al igual que Fabricio Alvarado en Costa Rica, no tiene ni educación superior. Lo peor es que los contrincantes no saben explotar sus habilidades. Dos graduados de Harvard se quedaron fuera de la carrera política en Costa Rica, contra un pastor evangélico que solo sabía cantar. Son personas que llegan con lo que yo llamo la “discursiva peligrosa”. Discursos de odio que vienen envueltos en un lenguaje inocente. Ellos piden que se respeten las convicciones de sus grupos, pero es que son prácticamente convicciones de exterminio al prójimo. La estrategia es generar discursos como los que utilizó Hitler para llegar al poder, para crear divisiones en la población, generando odio entre nosotros. Para ponerlo en perspectiva, yo siento que estamos como en el año 1920. Todavía no ha llegado Hitler al poder, pero va a llegar.

Herman Duarte
Herman Duarte

— Las pasadas elecciones en Costa Rica presentaron un escenario similar al que se ha vivido en Brasil. La realidad de estos dos países (por su historia, por su propia geografía y demografía) no sirve para hacer un paralelismo. Sin embargo, ¿cree que se podría haber aprendido alguna lección de Costa Rica en este tiempo? ¿Existe suficiente conciencia de cuáles son los modelos más exitosos en América Latina en lo que a derechos humanos se refiere?

— Esa es muy buena pregunta. Mire, yo creo que sí hay un paralelismo porque hay un principio recurrente. De un lado hay un partido de izquierda en el Gobierno que tuvo algunos escándalos de corrupción y del otro lado una derecha sin propuestas. Una derecha que le deja espacio al fundamentalismo religioso.

Ahora, usted tiene razón en señalar que hay grandes diferencias. Brasil tiene como 205 millones de habitantes y Costa Rica unos 5 millones. El impacto que un individuo puede generar acá es muy diferente al impacto que un individuo puede generar en Brasil. No obstante, me parece que la gran diferencia fue el desgaste del Partido de los Trabajadores (PT) y sus exagerados escándalos de corrupción. Ese es un factor que da para escarmentar, para que otros países vean qué está pasando. En Costa Rica tenemos un Gobierno de izquierdas en continuidad, que hizo una especie de coalición para gobernar. Si la Administración actual no aprende de sus errores, en las siguientes elecciones cualquiera mínimamente preparado puede ganar. ¿Se pueden sacar lecciones? Me parece que sí. Sobre todo en el plano de la corrupción.

— Una de las cuestiones que más le preocupa a usted es la deforestación en el marco de la crisis climática. Bolsonaro quiere fusionar los ministerios de agricultura y medioambiente, planteamiento que ha sido profundamente criticado por expertos que advierten que esto pondría en peligro al Amazonas. ¿Cómo se puede gestionar esto desde el derecho medioambiental?

— Yo no soy experto en planificación urbana ni en políticas públicas, pero sí le puedo decir que no me extrañaría que se convierta en una especie de "Trump latino" y que empiece a negar la realidad del cambio climático. El Acuerdo de París fue un gran esfuerzo que puso en orden a las empresas que producen petróleo para frenar el desastre medioambiental. Donald Trump niega el cambio climático y creo que algo así va a decir Bolsonaro, que destruir el Amazonas no es para tanto, cuando sabemos lo importante que es para el planeta. Habrá que esperar y preguntar a los juristas brasileños si sus tribunales tienen el mismo prestigio que la Corte Suprema de los Estados Unidos, porque ahí sí se ha visto cómo funciona la institucionalidad. De todos modos, me gustaría ver mejor esos planes antes de seguir opinando. Queremos organizar una conferencia en la International Bar Association (IBA) sobre precisamente medioambiente.

Personalmente, me impactó mucho leer sobre los planes de privatización de Jair Bolsonaro. Yo estoy a favor de la privatización, pero depende mucho de en qué ámbitos. El Amazonas no es solamente un bien de los pueblos indígenas, sino un bien para la supervivencia de la humanidad.

— Efectivamente, Bolsonaro ha dicho que Brasil podría retirarse del Acuerdo de París. Tras la salida de EE.UU. algunos quisieron mandar un mensaje tranquilizador, diciendo que no se podría detener un acuerdo ya firmado por 146 países. ¿Cree que esto podría tener un efecto dominó?

— Yo creo que sí. Fabricio Alvarado decía que nos iba a sacar de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) y Bolsonaro dijo que iba a sacar a Brasil de la ONU. Después rectificó y aclaró que solo quería sacar al país del Consejo de Derechos Humanos, porque había "algunos comunistas dentro". En este sentido, no me extrañaría que se vayan armando grupos alrededor de esto.

Ahora bien, hay pesos y contrapesos. Hay acciones disponibles para activistas, hay procesos de denuncia en los tratados, etcétera. Pero cosas trágicas ya han pasado, como la salida de Venezuela de la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH) y de la jurisdicción de la Corte IDH. Si uno se pone a revisar lo que ha producido la victoria de Jair Bolsonaro en la región, se encuentra con políticos populistas empoderados. Una cosa son las leyes y otra la sociedad.

Río de Janeiro / Bigstock
Río de Janeiro / Bigstock

— Otro tema polémico parece ser la bienvenida que los mercados financieros daban y dan a Bolsonaro, ahora que ya es presidente electo. ¿Qué opina?

— Por lo que me dice, entiendo que los mercados fueron favorables a Bolsonaro, que en teoría se mostraba como un liberal. Los liberales conservadores son falsos liberales. Aquí es donde entran en escena la ONU y la importancia de los objetivos de desarrollo sostenible.

Ya seguimos una vez el Consenso de Washington y nos fue muy mal. El capitalismo extremo no es la solución. Ojo, creo que el capitalismo sí es la mejor solución de las que tenemos, pero no sirve llevado al extremo. Ya vimos los desastres y los descalabres financieros a los que nos lleva. Por eso creo que es importante la agenda de la ONU con los objetivos de desarrollo sostenible, son una causa noble y muy necesaria para el desarrollo de la humanidad y de los negocios. No podemos continuar en el modelo de hacer plata por hacer plata. Hay que respetar cuestiones que no se han respetado, como el medioambiente por ejemplo. Todavía falta mucho trabajo en esa área, porque los mercados se siguen moviendo por la confianza. Quizás los mercados financieros estén confiando más en Bolsonaro porque apunta a un sistema basado en liberar la economía, pero ya veremos cómo va a impactar eso en la productividad, en las personas que se sientan restringidas y reprimidas.

— Hace unos días supimos del nombramiento del juez Sergio Moro como ministro de justicia. ¿Qué cree que va a suponer esto en la acción contra la corrupción en Brasil y el resto de la región? 

— Es un acto que evidencia todo un problema ético, de conflicto de intereses. Independientemente de las acciones de Lula, su juicio ha estado cargado de tintes políticos. El juez a cargo tendría que haberse mantenido al margen de la política. Me recuerda, en cierta forma, a Eugenio Chicas en El Salvador. Él fue presidente del Tribunal Supremo Electoral en la campaña presidencial del 2014, en la que quedó electo Salvador Sánchez Cerén. Chicas jugó un rol totalmente parcial a favor del partido de Sánchez Céren, sancionando a sus contrincantes. Luego entró como secretario de comunicaciones de presidencia, evidenciando un problema ético en sus actuaciones.

Moro debió quedarse como juez. Falta a la ética, pone en duda su independencia e imparcialidad, generando dudas razonables. ¿Es Lula realmente culpable de lo que se le recrimina? También vale la pena preguntarse qué habría pasado si no hubiese entrado en prisión. No olvidemos que los aires de fascismo que trae Bolsonaro pueden dar una apariencia falsa de progreso en materias de seguridad y corrupción, pero ello en muchos casos es producto de la censura a la prensa y eliminación de enemigos.

— ¿Cuál va a ser el foco de su trabajo a partir de ahora? ¿Qué tipo de alianzas le gustaría ver en la profesión legal para promover el Estado de derecho de forma efectiva?

— Yo quiero dar conferencias en todas las escuelas de derecho de América Latina y sobre mi libro en todos los bufetes aliados de la región. Mi trabajo va a estar en el área de campañas, en denunciar las falacias atroces. Ahora estoy en contacto con activistas de Brasil para buscar espacios. Es necesario que los abogados en toda la región despierten. No posicionarse por miedo a perder clientes es ponerse del lado de los opresores. Van a terminar perdiendo más clientes cuando tengan una dictadura, porque sin Cortes se les va a acabar el negocio. Miren BLP, me parece una oficina bien ejemplar. Actúan con convicción y son la número uno en Centroamérica.

Necesitamos empoderar a la gente. Si queremos vivir en democracia, no podemos dejar ese trabajo solo a los activistas.  Todos nos tenemos que involucrar, si no esta democracia se nos va a acabar.

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