ENTREVISTAS


María Luisa Cánovas: “Hay mayor compromiso social en las firmas latinoamericanas”

En un salto, sin retorno de momento, pasaron ya más de 20 años desde que María Luisa Cánovas iniciase su carrera como abogada en Estados Unidos. Es socia de Jones Day y está especializada en la práctica de fusiones y adquisiciones.

Estudió Derecho y Económicas en España, pero lleva mucho tiempo ejerciendo bajo las leyes del Estado de Nueva York. Su trayectoria le permite conciliar las diferencias entre lo que esperan clientes de todos lados y ajustarse al modus operandi de cada mercado. Responde a nuestras preguntas en Rompiendo moldes.

¿Cuál es su carta de presentación como abogada?

— Soy socia del despacho americano Jones Day y llevo más de veinte años en EE.UU. trabajando como abogada de fusiones y adquisiciones en Nueva York. He participado en algunas de las mayores transacciones de América Latina en energía, medios de comunicación y hostelería, y represento a clientes españoles y latinoamericanos en sus transacciones en Estados Unidos. He trabajado, entre otros, para los siguientes clientes: Macquarie, News Corporation, Playa Hotels & Resorts, Morgan Stanley y BDT Capital Partners. 

María Luisa Cánovas

Cuando mira atrás y hace una valoración de lo que ha andado hasta ahora en su carrera, ¿qué experiencias y qué personas han tenido mayor impacto en lo personal y lo laboral?

— En ambos sentidos, sin duda alguna, mi abuela materna, mi madre y mi marido.  Siempre han tenido una gran fe en mí y me han animado a comerme el mundo. 

Además, tengo mucho que agradecer a los abogados que me han apoyado y que me han dado alas. Bernardo Cremades me dio mi primer trabajo. Timothy Foarde me enseñó a pensar como un abogado americano cuando trabajé en Vinson & Elkins. Warren Gorrell me puso al frente de la cartera de M&A para América Latina en Hogan Lovells. Por último, recientemente Luis Riesgo y Larry Ricciardi de Jones Day, que se han convertido en un punto de referencia en mi desarrollo profesional y personal

De mis clientas destacaría a Claudia Marmolejo de Morgan Stanley, Josefa Marzo de Investa y Katherine Mogg de Macquarie, que se convirtieron en amigas y guías.

De no haber sido abogada, ¿qué otra profesión cree que habría desempeñado con éxito y pasión?

— Me habría gustado ser diplomática. Creo que me habría dedicado en algún momento de mi vida a la política, siempre me ha apasionado.  También me encanta escribir y el mundo de la enseñanza.  En mi caso, sin embargo, la abogacía siempre ha sido más una vocación que una profesión.  Soy también economista, estudié Derecho y Económicas en Madrid. Podría haberme ¨reinventado¨ con cierta facilidad, pero nunca sentí la necesidad.  He negociado con gobiernos, he tenido la suerte de participar en foros internacionales, dirijo la academia de Foreign Associates de nuestro despacho de Nueva York y la de abogados de M&A de nuestro despacho de México….En fin, la abogacía en una carrera tan internacional como la mía, ¡da para mucho!

¿Qué es lo más satisfactorio y lo más frustrante de trabajar en el área de M&A en un mercado tan diferente a América Latina y España como lo es el estadounidense?

— Lo más gratificante, independientemente de la jurisdicción con la que trabaje, es cuando el cliente se queda satisfecho, y vuelve a contratarnos y nos recomienda. Un buen abogado se deja la piel en las transacciones con el único objetivo de entender y cubrir las necesidades del cliente, las que el cliente conoce y las que descubren juntos.  Los hay que me han llamado al retirarse, para darme las gracias por haberles ayudado en el pasado a comprar un negocio, vender su empresa, o negociar sus condiciones de salida. Esa llamada a toro pasado es inolvidable y muy de agradecer. 

Lo más desafiante es cuando estamos creando precedentes, estructurando operaciones que no se han hecho antes o que son poco frecuentes y difíciles. Cuando la complejidad es tal, que necesitamos un equipo de varios socios en distintas jurisdicciones para sacar la operación adelante. Las transacciones complejas son, quizás, las que más recuerdo al final. Por constituir un reto son las más apasionantes de todas.

¿Qué impacto ha tenido en su trabajo el giro político que dio EE.UU. al llegar Donald Trump a la presidencia?

— En los primeros meses hubo gran incertidumbre en el mercado, y se pararon varias transacciones.  Sobre todo en lo referente al NAFTA y a México.  Poco a poco, sin embargo, la actividad volvió a su cauce habitual. El último trimestre del 2017 y el comienzo del 2018 se caracterizaron por una gran actividad en el mercado de capitales y M&A.

En los últimos años se ha intensificado la aplicación de la FCPA, ley anticorrupción estadounidense que de alguna manera ha marcado una tendencia más vanguardista en algunas jurisdicciones latinoamericanas. Pensando en cómo se percibe la corrupción fuera de la profesión legal, ¿qué opina de los juicios paralelos que se están emitiendo en este momento? ¿Dónde cree que está el equilibrio para que la gente exija transparencia sin distorsionar las decisiones que toma el poder judicial en un país?

— Creo que el equilibrio se da cuando el ciudadano confía en la Justicia. En un Estado democrático de Derecho, el Poder Judicial es independiente del Ejecutivo y del Legislativo, y desde luego de la opinión pública.  Sin embargo, es imposible negar el papel crucial que ha tenido la opinión pública en el fortalecimiento del Poder Judicial en América Latina, sobre todo en el ámbito de la corrupción.

La ciudadanía ha tomado conciencia de que es importante que haya una mayor transparencia en las instituciones públicas. Eso ha actuado como palanca de presión en países como Brasil, México y Perú, permitiendo el desarrollo de un poder judicial más independiente y con los atributos necesarios para aplicar la ley y corregir las desviaciones de poder.  Llega un momento, sin embargo, en que la misma opinión pública puede – como apunta la pregunta – desvirtuar la independencia del poder judicial. Creo que solo se consigue el equilibrio cuando los jueces hacen su trabajo con objetividad, imparcialidad y transparencia. También cuando los medios de comunicación, que tanta influencia tienen sobre la opinión pública, hacen el suyo con independencia y calidad. 

En un texto – publicado junto a su socio Nicholas E. Rodríguez en Jones Day – en forma de guía para cumplimiento de leyes anticorrupción, dedican un apartado a “Considerar si la comunicación a las autoridades estadounidenses es necesaria”. ¿Podría explicar a qué se refieren en concreto con esto? ¿Es una crítica o advertencia respecto al uso de la colaboración premiada en un proceso judicial?

— Es solo una llamada de atención, por las opciones que tiene un comprador en caso de que durante una investigación interna  – en el marco de una adquisición – se descubra que la empresa a adquirir haya incumplido la FCPA. 

La autoinculpación, mediante la presentación de informes y la cooperación con la autoridad estadounidense, conlleva incentivos significativos para el comprador y la sociedad adquirida, que pueden manifestarse en una reducción de la condena o multas aplicables, e incluso en que no se imponga cargo alguno.  Este resultado es particularmente atractivo. El comprador de una empresa que incumplió la FCPA con anterioridad a la adquisición, es potencialmente responsable solidario de dichas actuaciones, aun cuando se produjeron antes de su compra. 

Por todo ello, es importantísimo contar desde un principio con  asesoramiento legal americano en transacciones que entrañen para el comprador riesgo de haber incumplido la FCPA.

Como abogada de origen español, que vive en Nueva York y trabaja muy de cerca con clientes de América Latina, ¿cuál es la importancia del eje EE.UU. – América Latina – España para el sector legal? ¿Se imagina a Madrid compitiendo en el futuro con ciudades como Londres y Nueva York?

El eje EE.UU. – América Latina – España tiene cada vez mayor protagonismo.  Muchas de las grandes empresas españolas operan aquí y en América Latina. Lo mismo ocurre con empresas americanas en España y Latinoamérica y viceversa. 

Los abogados seguimos a nuestros clientes, así que prácticamente todos los días trabajo con mis socios de México, Brasil o Madrid. Lo mismo sucede con los más de 100 abogados de nuestra firma que integran nuestra práctica latinoamericana.  Jones Day es el despacho más grande de los Estados Unidos.  Nuestra posición de liderazgo en el marco transaccional nos ha llevado a conocer muy bien el sector legal en la región, y desde luego en España. 

Los despachos españoles con negocio en América Latina se han centrado hasta ahora, en establecer alianzas, abrir oficinas o fusionarse con estudios locales.  Pocos se han atrevido con el mercado americano más allá de abrir oficinas de representación y coordinación, y no creo que eso cambie en el futuro.  En relación con el eje Nueva York – Londres, en general hace referencia al mercado de capitales. Es cierto que puede que desde el Brexit haya un desplazamiento de Londres. Sería magnífico que Madrid pasara a un primer término con Nueva York.      

Usted ha hablado sobre las diferencias entre inversores estadounidenses y españoles. Cuando dice que para negociar “los inversores españoles se centran más en todo aquello que pueda tener un impacto directo en el negocio”, mientras que los estadounidenses “son muy sensibles con los aspectos regulatorios y todo aquello que pueda tener una repercusión legal”, ¿está concluyendo que el marco regulatorio en España es muy débil?; ¿por qué importan más las repercusiones legales para el inversor de EE.UU.?

— Cuando hice esa comparación estaba hablando de que un gran número de transacciones en EE.UU. – más del 90% de las adquisiciones de compañías públicas americanas por ejemplo – terminan en los tribunales. Los clientes americanos tienden a ser más sensibles a los riesgos legales implícitos en toda transacción que los españoles o los latinoamericanos, que operan en sociedades menos litigiosas.  Mi labor en estos casos es señalar las diferencias entre los distintos marcos legales y culturales, y la forma de mitigarlas o afrontarlas, a fin de que la toma de decisiones las tenga en consideración.

Por último, ¿cómo observan desde Jones Day en Estados Unidos la evolución de la firma latinoamericana?

— De forma muy favorable.  La calidad de los servicios legales es cada vez más alta y uniforme entre las distintas áreas de práctica profesional, y el número de prácticas dentro de un mismo despacho se ha incrementado.  Todo ello es necesario, porque las transacciones en las que trabajo son cada vez más complejas y en muchos casos, si no la mayoría, multidisciplinares y transfronterizas. Así mismo, estamos viendo un mayor compromiso social en las firmas latinoamericanas con las que trabajamos, que se manifiesta por ejemplo en su participación en proyectos pro bono, y que concuerda muy bien con nuestro compromiso en Jones Day.


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